¿QUÉ es el éxito? Si les hacemos esta pregunta a distintas personas, obtendremos distintas respuestas. La frase «La belleza está en los ojos del observador» argumenta que aquello que alguien llama «hermoso», otra persona podría no considerarlo de la misma manera. Pensando en esto, ¿qué es el éxito para los cristianos?
Para muchas personas, el éxito consiste en sobresalir en el ámbito económico, profesional o académico. Otras lo miden en función de sus relaciones personales, es decir, los lazos que los unen a sus familiares, amigos o compañeros de trabajo. Los "tesoros sobre la tierra" no necesariamente tienen que consistir en dinero; también es posible ambicionar las cosas sobre las que Salomón escribió y que el mundo considera señales de éxito, como prestigio, fama o poder. Estos tesoros de este mundo no son duraderos, son temporales y pueden perderse con facilidad. Muchas personas que aman el dinero siempre ambicionan más. El creyente sabe que el éxito no está en las retribuciones materiales, posiciones ministeriales o en la reputación de grandeza que pueda lograr. Dios no define el éxito de la misma manera que nosotros.
Por el contrario, lo que de verdad importa es cómo nos ve Jehová, pues nuestra vida depende de que tengamos su favor. En las Escrituras he aprendido mucho sobre lo que es el éxito. Comprendemos que quienes realmente aprecian los placeres genuinos son los que cuentan con la aprobación divina, los que tienen una buena relación con Jehová.
Ejemplos Bíblicos de Éxito y Fracaso
La Biblia nos ofrece valiosos ejemplos sobre la naturaleza del éxito. Cuando Dios le encomendó a Josué la gran responsabilidad de dirigir a los israelitas a la Tierra Prometida, le mandó que leyera la Ley mosaica “día y noche” y obedeciera con cuidado lo que estaba escrito en ella. Le aseguró: “Entonces tendrás éxito en tu camino y entonces actuarás sabiamente” (Jos. 1:7, 8). Como bien sabemos, Josué tuvo éxito.
Salomón tuvo muchísimo éxito en varios sentidos. Durante unos años temió y obedeció a Jehová, quien lo colmó de bendiciones. La sabiduría de Salomón era más vasta que la sabiduría de todos los orientales y que toda la sabiduría de Egipto. Su fama se extendió por “todas las naciones” (1 Rey. 4:30, 31). Y en cuanto a sus riquezas, tan solo de oro recibía más de 22 toneladas al año (2 Crón. 9:13). Fue un brillante diplomático, constructor y comerciante. En efecto, Salomón tuvo éxito mientras fue fiel a Dios (2 Crón. 6. 6 Durante años, Salomón anduvo en el temor de Dios. La Biblia señala que “continuó amando a Jehová, andando en los estatutos de David su padre” (1 Rey. 3:3). Con la guía divina construyó un imponente templo para la adoración verdadera y escribió tres libros bíblicos. No se engañó pensando que los logros y la felicidad solo están al alcance de los ricos o prominentes. Él afirmó: “He llegado a saber que no hay nada mejor para ellos que regocijarse y hacer el bien durante la vida de uno; y también que todo hombre coma y realmente beba y vea el bien por todo su duro trabajo. Es el don de Dios” (Ecl. 3:12, 13). Aquel sabio rey declaró con toda razón: “La conclusión del asunto, habiéndose oído todo, es: Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque este es todo el deber del hombre” (Ecl. 12:13).
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No obstante, el caso de Salomón también nos sirve de advertencia. Por desgracia, Salomón terminó abandonando la senda de la fidelidad. ¡Qué lástima! Aunque Salomón había tenido éxito en muchos sentidos, acabó decepcionando a Jehová. Le falló en el aspecto más importante, el de serle fiel.
La vida del apóstol Pablo fue muy distinta a la de Salomón. Pablo no se sentó en un trono de marfil ni disfrutó de banquetes con reyes. Más bien, tuvo que soportar hambre, sed, frío y desnudez (2 Cor. 11:24-27). Pablo amaba a Jehová y deseaba su aprobación más que las riquezas o la admiración de los hombres. Cuando aprendió la verdad con exactitud, llegó a valorar bendiciones que el mundo en su mayoría desprecia, como el rescate, el ministerio cristiano y la esperanza de la vida celestial. Sin importar las dificultades que tuviera que afrontar, estaba decidido a ser leal a Dios y perseverar en la adoración verdadera.
Las 7 Declaraciones del Éxito desde una Perspectiva Divina
Desde la perspectiva de Dios, el verdadero éxito se mide por principios eternos y el impacto en nuestra relación con Él. A continuación, exploraremos siete declaraciones o aspectos fundamentales que definen el éxito a los ojos de nuestro Creador.
1. Ser Fiel y Leal a Dios
Una persona de éxito es fiel. Esto significa hacer lo que Dios te ha llamado a hacer y usar todo lo que te ha dado para hacerlo. Lo que se busca en los mayordomos es que al hombre se le halle fiel (1 Cor. 4:2). Y debemos seguir siendo fieles, pues Jesús prometió: “El que haya aguantado hasta el fin es el que será salvo” (Mat. 10:22). La fidelidad a Dios no tiene nada que ver con la prominencia, el nivel académico, la situación económica o la posición social; tampoco depende de nuestra inteligencia, talento o habilidades. Sean cuales sean nuestras circunstancias, todos podemos ser fieles. Nosotros tenemos la misma oportunidad y la misma responsabilidad. Debemos ser fieles y “ricos en obras excelentes”. Así triunfaremos a los ojos de nuestro Creador y tendremos el gozo de saber que le estamos agradando (Prov. 12:2). Tenga la certeza de que Jehová lo colmará de bendiciones, ahora y por toda la eternidad. Nunca olvide las palabras que Jesús dirigió a los cristianos ungidos: “Pruébate fiel hasta la misma muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Rev. 2:10).
2. Ser Fructífero en Carácter e Influencia
Una persona de éxito es fructífero. ¿Qué tipo de fruto debemos buscar? Uno es el Carácter de Cristo, o "el fruto del Espíritu". El otro es la Influencia de Cristo. Como lo ejemplifica Jesús, que causó un impacto en la gente que lo rodeaba y fue reconocido por los demás. Incluso al principio de su vida, oímos que “Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia ante Dios y los hombres” (Lucas 2:52).
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3. Experimentar Plenitud y Gozo Verdadero
Una persona de éxito es cumplido. Dios desea llenarnos de un sentido de estima, valor y significado. Quiere que experimentemos la alegría. Jesús dice a sus discípulos: “Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa” (Juan 15:11). La alegría de la plenitud fluye del ministerio fiel y fructífero, como las 70 personas que Jesús envió al ministerio y que luego “volvieron con alegría” (Lucas 10:17). El Salmo 16:11 dice: "Me darás a conocer la senda de la vida; en Tu presencia hay plenitud de gozo; en Tu diestra hay deleites para siempre".
4. Hacer Famoso a Dios y Glorificarlo
Una persona de éxito hace famoso a Dios. El verdadero éxito trae la gloria de Dios. Cuando la gente vea nuestras buenas obras, glorificará a Dios (Mateo 5:16). Por eso debemos ejercer plenamente nuestros dones espirituales: “para que Dios sea glorificado en todo por medio de Jesucristo. A él pertenecen la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (1 Pedro 4:10-11).
5. Conocer a Dios y a Jesucristo
Dios define el éxito de manera muy sencilla. En Juan 17:3, Jesús declara: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. La vida eterna en este pasaje no es solo una duración de tiempo, sino una calidad de vida. La vida eterna es maravillosa porque somos conocidos por Dios y estamos en Su presencia, donde hay plenitud de gozo. Jesús dice a sus discípulos: "Sin embargo, no se regocijen en esto, de que los espíritus se les sometan, sino regocíjense de que sus nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20).
6. Guardar los Mandamientos y Buscar la Voluntad Divina
Para ellos, el éxito significaba ser fieles en obedecer los mandamientos del Señor. Sólo si obedecemos los mandamientos del Señor y hacemos Su voluntad nos sentiremos totalmente seguros. Para el cristiano, el éxito siempre debe entenderse en relación con la voluntad de Dios reflejada en Su Palabra, para discernir las buenas obras que Él preparó de antemano para que andemos en ellas (cp. Ef 2:10).
7. Acumular Tesoros en el Cielo
Jesús aconsejó: “Dejen de acumular para sí tesoros sobre la tierra, donde la polilla y el moho consumen, y donde ladrones entran por fuerza y hurtan. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni polilla ni moho consumen, y donde ladrones no entran por fuerza y hurtan. Porque donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón” (Mat. 6:19-21). Nuestro principal deseo debe ser tener éxito a los ojos de Jehová. Sigan, pues, buscando primero el reino y la justicia de Dios, y todas estas otras cosas les serán añadidas” (Mat. 6:33).
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Usted tal vez no pueda dominar por completo sus circunstancias, pero sí puede controlar cómo se enfrenta a ellas. Procure ser fiel sea cual sea su situación, pues el esfuerzo vale la pena.
