Descubre la Importancia Clave de la Persona Moral en la Protección de los Derechos de los Niñospost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Introducción al Desarrollo Moral Infantil

El bienestar de cualquier sociedad depende en gran medida de la salud moral de sus miembros individualmente.

En el post de hoy, queremos hablarte sobre el desarrollo moral en los niños.

La moral es lo que nos permite distinguir entre el bien y el mal, el desarrollo moral incluye aspectos como el respeto y la tolerancia y estos se inculcan en los niños a través de su entorno.

El sentido moral consiste en un conjunto de valores que rigen el comportamiento de las personas, es decir, saber qué está bien y qué está mal.

Este sentido moral precisa de las funciones superiores del encéfalo, de las emociones y la cognición. Implica a amplias redes neuronales y su expresión depende del nivel de desarrollo del lenguaje y de los circuitos neuronales de la sociabilidad.

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Si tuviera que crear una lista con las aptitudes que los niños necesitan de manera que puedan desarrollarse como adultos sanos y equilibrados, ¿qué incluiría? Podría usted pensar en un sinnúmero de atributos importantes, salvo que la mayoría probablemente cabrían dentro de las cinco grandes categorías identificadas por las investigadoras Nancy G. Guerra y Catherine P. Bradshaw en su estudio en 2008.

En números anteriores de Visión hemos cubierto todos, excepto la última de estas «aptitudes básicas para el desarrollo positivo de la juventud», que incluyen un sentido positivo de sí mismo, auto-control, buena destreza en la toma de decisiones, y la conexión prosocial. La aptitud final es un sistema moral de creencias.

La Moralidad desde una Perspectiva Científica

Esta última pudiese parecer extraña viniendo de psicólogos: la mayoría de las personas no esperan que los investigadores de cualquier tipo comenten sobre la moralidad.

Sin embargo, es importante entender que en lugar de definir el sistema ideal de la creencia que podría ser considerado como «moral», los psicólogos simplemente se dispusieron a observar el comportamiento humano y describir sus efectos.

En palabras de los investigadores canadienses Lawrence J. Walker y Jeremy A. Frimer, «históricamente la moralidad ha quedado fuera del ámbito de la ciencia, más a menudo expresado por figuras religiosas, comentaristas sociales, filósofos y líderes sociales».

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Explican que la moralidad establece el comportamiento, en tanto que la ciencia meramente lo describe.

Alison Gopnik, quien se especializa en el desarrollo cognitivo lo pone de la siguiente manera: «Las preguntas morales son acerca de la forma en que el mundo debería ser y lo que debemos de hacer. Las científicas se refieren a la forma en que el mundo es en realidad y lo que realmente hacemos».

«Los niños participan en las relaciones sociales desde muy temprano, prácticamente desde el nacimiento. Al estudiar el valor de un sistema moral de creencias, estos investigadores observan cómo el cerebro humano considera las cuestiones morales y se preguntan cuánta de esa capacidad es innata y cuánta tiene que ser aprendida.

De las creencias y comportamientos que deben ser aprendidos, pueden llegar hasta el punto de preguntarse si algunos contribuyen a la salud mental más que otros.

Sin embargo, estos no pretenden hacer más que observar el valor de las conductas específicas para contribuir a una sociedad sana.

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Walker y Frimer son rápidos en reconocer los linderos entre la ciencia, la religión, o la filosofía: lo que los investigadores estudian es el «funcionamiento psicológico de las personas que experimentan, forman y reaccionan a su moralidad».

En otras palabras, cuestionan qué aspectos de la moralidad contribuyen a la salud mental y emocional individual y al bienestar de la sociedad.

Para Walker y Frimer, los sistemas morales pueden describirse como conjuntos de valores internalizados -creencias y normas sobre cómo debela gente comportarse con los demás -la gente, las criaturas, el medio ambiente.

Sin embargo los investigadores suelen dejar a Dios fuera del marco y se centran en cómo las personas interactúan entre sí a partir de los valores que poseen.

El Desarrollo de la Moralidad: De lo Innato a lo Aprendido

Con esta perspectiva científica en mente, ¿qué aspectos del pensamiento moral son conocidos para beneficiar a niños y adolescentes, y qué tanto papel juegan los padres en ayudar a desarrollar un sistema de creencias morales?

La Historia de Fondo: Teorías Antiguas vs. Nuevas Investigaciones

Es importante entender desde el principio que algunas teorías antiguas sobre cómo los niños desarrollan un pensamiento moral están siendo cuestionadas.

El psicólogo suizo de mediados del siglo 20 Jean Piaget creía que, hasta la adolescencia, los niños eran esencialmente amorales y que sus ideas sobre el bien y el mal dependían casi totalmente de la recompensa y el castigo.

Su capacidad para adaptarse se dijo que estaba basada en el deseo egoísta de evitar el castigo o conseguir una recompensa.

Otros teóricos han argumentado que una «gramática moral universal» es innata y afecta a nuestro pensamiento desde el nacimiento.

Una nueva investigación sugiere que la verdad se encuentra en algún lugar entre estos dos puntos de vista opuestos.

«Piaget pensaba que los niños no tenían un conocimiento moral genuino, pues pensaba que estos no podían tomar la perspectiva de los demás, inferir intenciones, así como seguir reglas abstractas», escribe Gopnik.

«La ciencia moderna muestra simplemente que no es verdad. Literalmente los niños desde el momento que nacen son empáticos. Se identifican con otras personas y reconocen que sus propios sentimientos son compartidos por otros. De hecho, reciben los sentimientos de los demás».

No obstante, advierte, esto no significa que están predeterminados con una «gramática moral» inalterable.

Los investigadores, más bien, ahora dicen que nacemos con una capacidad general para establecer la diferencia entre el bien y el mal, y con un poco de preferencia por el bien sobre el mal.

Esto es compensado en cierta medida por el instinto de la ira vengativa y nuestra tendencia a ver nuestros propios grupos sociales como «buenos» en comparación con otros.

Aunque afortunadamente, también nacemos con la capacidad tanto para cambiar y crecer en la manera de hacer juicios morales como de aplicar las normas, por ejemplo, que ayudan a extender empatía más allá de nuestras inclinaciones naturales.

Reducido a su esencia, la investigación actual indica que existen dos tendencias en nuestra facultad innata para el pensamiento moral: la capacidad de empatía, junto con la predisposición a entender y seguir las reglas.

Gopnik describe estos orígenes de moralidad como «amor y ley».

Según Guerra y Bradshaw, ellas incluirían las ideas sobre el daño, la imparcialidad, la integridad y la responsabilidad.

Jonathan Haidt y Craig Joseph agregan «el respeto a la autoridad» y la «pureza» a su lista, centrando esta última en la «regulación del comer y la sexualidad».

En otras palabras, dicen que tenemos una tendencia innata a adoptar ciertas virtudes de limpieza y de castidad, evitando comportamientos desagradables o tabúes como el canibalismo o el incesto.

Haidt y Joseph también señalan un segundo nivel de moralidad, al cual llaman «virtudes»-aspectos de razonamiento moral socialmente reforzados que se necesitan aprender.

Por ejemplo, las virtudes de la bondad y la compasión serían la aplicación aprendida de la intuición moral innata relacionada con daño o sufrimiento.

Las virtudes, al igual que otras normas sociales, son típicamente aprendidas a través del ejemplo establecido por los guías y guardianes del niño-generalmente los padres.

«Con frecuencia», escribe Haidt y Joseph, «estos ejemplos provienen de la experiencia cotidiana del niño al interpretar, responder y recibir retroalimentación, pero también provienen de las historias que impregnan la cultura».

La Construcción de la Identidad Moral

Claro está que, transmitir historias moralistas no es suficiente, los niños necesitan practicar aplicando sus principios en la vida real.

A medida que aprenden a ejercer la empatía y seguir las reglas, su experiencia cotidiana-sobre todo los comentarios positivos que reciben de aquellos que admiran-deja una huella emocional que afecta qué tan central sus valores se convierten a su sentido del yo.

Esto construye su identidad moral, tal vez el aspecto más importante del desarrollo infantil.

Guerra y Bradshaw escriben que «la identidad moral puede ser el cemento que une el pensamiento moral a la acción moral».

Lo que quieren decir es que si un sistema de creencia moral no está profundamente arraigado en la manera en que nos vemos a nosotros mismos, muy probablemente no vamos a practicar dichos valores.

Inculcando una Identidad Moral Sólida

La Importancia de Reglas y Empatía

Muchos métodos en la crianza de los hijos se centran en implementar conductas morales simplemente recompensando al niño por cumplir las reglas, y sancionándolo cuando las quebranta.

Esto pareciera funcionar a corto plazo con algunos niños, al menos cuando alguien está mirando y existe una amenaza clara y presente de castigo.

Salvo que, un niño cuya conducta moral sólo es reforzada de manera externa no tiene la oportunidad de desarrollar la identidad moral necesaria para hacer frente a una vida llena de desafíos.

Poseer la mera capacidad de seguir las reglas no es el sello distintivo de la identidad moral.

Sin embargo, esto no menoscaba la importancia de las normas.

Las reglas son necesarias para el funcionamiento de la sociedad, y son una parte importante del razonamiento moral: nos dan accesos directos para tomar decisiones morales que se hacen con frecuencia y ayudan a coordinar las decisiones con los demás.

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