La inflación, uno de los grandes males económicos, puede dañar la economía de cualquier país, y también su competitividad exterior. La subida generalizada de precios conlleva muchos problemas, siendo el más evidente la pérdida de poder adquisitivo.
La Inflación es Injusta e Ineficiente
La inflación obliga a dedicar recursos a defendernos de sus efectos. Tenemos que pensar dónde poner nuestros ahorros para evitar su depreciación, y dedicar más tiempo a informarnos sobre los precios que pagaremos. Cuando los precios cambian continuamente, resulta más difícil comparar entre alternativas. Algo similar ocurre para quienes venden sus productos; en un entorno con inflación e incertidumbre, tienen que decidir frecuentemente a qué precios vender y ocuparse de informar a su clientela.
Además de ser injusta, la inflación hace que la economía funcione peor, porque las señales que los mercados nos transmiten vía precios resultan más confusas e inciertas, complicando la toma de decisiones. Estos efectos se agravan cuanto mayor y más variable es la inflación, porque la incertidumbre crece.
En los casos extremos de hiperinflación, los resultados son dramáticos y pueden acabar con la confianza en el dinero. Es muy difícil fiarse de tu moneda si ves que los precios suben cada día.
Impacto en la Competitividad Exterior
Siempre que una economía sufre inflación, y la consiguiente pérdida de eficiencia, se resiente su competitividad exterior. Cuando los precios aumentan, los clientes buscan proveedores más baratos en otros lugares y, por tanto, bajan las exportaciones. Asimismo, con los precios al alza, los ciudadanos tratarían de comprar más barato en el extranjero, aumentando entonces las importaciones y empeorando el saldo de la balanza comercial.
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Para medir la competitividad no basta con fijarnos en la inflación, ya que muchos países también experimentan inflación. El indicador de competitividad de una economía simplemente compara la evolución de la inflación dentro y fuera del país.
Pero, ¿y si queremos comparar los resultados con los de países que no usan la misma moneda? En ese caso, no basta con comparar los niveles de inflación, sino también tener en cuenta qué sucede con el tipo de cambio. Si una moneda se aprecia frente a otra, las exportaciones serán más baratas para quien las pague en esa moneda, mientras que será más caro importar productos facturados en esa moneda. Así, combinando las tasas de inflación con los tipos de cambio, obtenemos otro indicador de competitividad exterior.
El Caso de México: Estrategias Económicas y Desafíos
En el comercio exterior de México influyen más factores que la competitividad de precios, desde el crecimiento económico hasta las preferencias de la gente, pasando por las políticas económicas. En cualquier caso, los últimos datos disponibles indican cierto empeoramiento del saldo comercial, con un crecimiento mayor de las importaciones que de las exportaciones.
Los problemas de crecimiento y la elevada inflación que México vivió durante la década de 1980 condujeron a los responsables de la política económica a realizar ajustes radicales, adoptando un modelo de Crecimiento Guiado por Exportaciones (ELG) y adhiriéndose al Régimen de Metas de Inflación (RMI).
Desde antes de 1994, la prioridad del Banco de México radicó en contener el proceso inflacionario que se desató a partir de la crisis de deuda, manejando el tipo de cambio nominal y la tasa de interés. En una economía abierta a bienes y capitales, como es el caso de México, manipular la tasa de interés sirve para regular la entrada de divisas más que para estimular o inhibir la actividad económica. El manejo del tipo de cambio y de las tasas de interés ha resultado efectivo para atraer capitales, más allá de los estrictamente necesarios para financiar la cuenta corriente.
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En 1999, México adoptó el RMI como estrategia para controlar la inflación. En el RMI se da poca importancia al tipo de cambio; sin embargo, en economías como la mexicana, la tasa de interés es un instrumento de control indirecto, dado que un incremento de ésta aprecia el tipo de cambio, lo que abarata los insumos importados y contiene el traspaso a los precios; en economías con alta dependencia a ello es complicado ignorarlo.
En septiembre de 2018, por cada dólar que se gastó en la producción de bienes de exportación, 73 centavos fueron pagados a proveedores extranjeros. Lo anterior sugiere que esta estrategia de crecimiento contiene implícito un inhibidor externo del mismo, pues para exportar se requiere importar. Por esta razón no es posible usar un tipo de cambio competitivo; pues, aunque quizá ocurriría un aumento en las exportaciones, éstas vendrían acompañadas de más importaciones, pero más costosas.
Con una moneda mexicana más fuerte, las importaciones de alimentos, petroleras y bienes de consumo se abaratan, lo cual ayuda a reducir las presiones inflacionarias. La apreciación del dólar frente al peso, también hace más competitivas las exportaciones mexicanas, pues son compradas por más pesos por dólar.
Efectos de los Aranceles y la Inflación en los Consumidores
En medio de la discusión sobre el impacto de nuevos aranceles, es fundamental considerar cómo prepararse si estos aranceles se mantienen, ya que podrían generar ajustes estructurales en los precios, la inflación y la economía doméstica. Si los precios suben más rápido que los salarios, el dinero de las familias alcanzará para menos.
Las empresas que dependen de las exportaciones podrían verse obligadas a recortar gastos para enfrentar las pérdidas, lo que podría traducirse en despidos o congelación de salarios. Si la incertidumbre económica provoca una depreciación de la moneda o un aumento en la inflación, el banco central podría detener la bajada en las tasas de interés o incluso incrementarlas marginalmente si la inflación se aleja de su objetivo.
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En este escenario, los consumidores enfrentan un reto importante: por un lado, los precios suben y, por otro, sus ingresos pueden estancarse o incluso disminuir. Por ello, será esencial replantear los hábitos de consumo, priorizar gastos esenciales y adoptar estrategias para mantener la estabilidad financiera.
Algunas recomendaciones incluyen:
- Evitar endeudarse en dólares.
- Reducir gastos innecesarios y ahorrar en bienes no esenciales.
- Pagar créditos y deudas con altas tasas de interés.
Aunque los aranceles surgen en el ámbito del comercio exterior, sus consecuencias pueden trasladarse rápidamente a la vida cotidiana de los consumidores.
Apertura Comercial y Política Económica en México
A partir de 1982, México inició la ruta de la liberalización de la economía. Entre 1983 y 2017 las exportaciones crecieron a una tasa promedio anual de 7.3%, superando el período 1940-1982. Sin embargo, las exportaciones netas son menores que las exportaciones brutas, reduciendo el impacto de las exportaciones manufactureras sobre el PIB mexicano debido a la gran demanda de importaciones que estas generan.
Con la apertura comercial y los compromisos adquiridos con la firma de tratados comerciales internacionales, se abandonó la posibilidad de tener una política comercial y una política industrial, así como la posibilidad de regular la inversión extranjera directa.
Otra consecuencia de la apertura comercial es la perdida de la efectividad de la política fiscal como instrumento para regular el ciclo económico. Con la apertura comercial, y la consecuente desindustrialización del país, ha crecido la demanda de importaciones. Esto tiene importantes efectos sobre el llamado multiplicador de inversiones, tanto públicas como privadas, y ello ha provocado que la política fiscal pierda importancia como instrumento anticíclico.
Tradicionalmente, se entiende por política monetaria el conjunto de instrumentos manejados por el banco central para controlar y mantener la estabilidad de precios, o para lograr la estabilidad económica, o para ambas cosas.
