Descubre los Principios Bíblicos que Transformarán tu Salud Financiera para Siemprepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Dios nos dio instrucciones y reglas específicas para administrar el dinero, el tiempo y todos los recursos (espirituales y seculares) que tenemos porque nos ama y se preocupa por nosotros. El Señor sabía que necesitaríamos sabiduría para usar el dinero, por eso reveló en la Escritura los principios acerca del trabajo, las ganancias, los gastos, los ahorros, las inversiones, el dar, el salir de deudas y la enseñanza que se les debe dar a los hijos sobre cómo manejar el dinero. Actualmente el manejo del dinero es un tema muy importante, a tal nivel que se han producido muchos libros, seminarios y cursos para educar a las personas sobre este tema.

Sin embargo, la Biblia nos habla claramente sobre las finanzas; Dios nos enseña que según manejamos nuestro dinero, es un reflejo de lo que hay en nuestro interior (corazón). Así que, como manejemos nuestras finanzas en nuestro diario vivir, nos afectará positiva o negativamente. El manejo de las finanzas es una de las áreas que crea más tensión entre las familias y las amistades. ¡Gracias a Dios que en la Biblia encontramos consejos financieros sabios! La Biblia, es considerada como un libro sagrado por millones de personas alrededor del mundo, pues no sólo ofrece orientación espiritual, sino también sabiduría práctica en diversos aspectos de la vida, protección y consejos sobre el cuidado de las finanzas personales. A lo largo de sus libros, se pueden encontrar y apreciar varios versículos que recalcan la importancia y enseñan principios fundamentales para administrar el dinero de manera sabia y responsable.

Dios es el Dueño de Todo

El primer gran principio respecto al dinero y a los bienes materiales es éste: Dios es el dueño de todo. La Biblia deja muy en claro que este mundo y todo lo que hay en él, pertenece a Dios. Dios es Quien creó todas las cosas; por lo tanto, todas las cosas le pertenecen. Nunca debemos olvidar que Dios es el verdadero dueño de todas las cosas. Podemos poseer muchas cosas, pero su dueño es Dios.

David reconoció a Dios como propietario de todas las cosas, afirmando: "Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas" (1 Crónicas 29:11). También se nos recuerda: "Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados." (Salmos 50:10).

El segundo gran principio respecto al dinero y a las posesiones es éste: todas las cosas provienen de Dios. No sólo Dios es el dueño de todas las cosas, sino que todo lo que recibimos proviene de Él. Es Dios quien nos da las fuerzas para trabajar. David dijo: "Las riquezas y la gloria provienen de ti" (1 Crónicas 29:12). La Escritura nos exhorta: "Sino acuérdate de Jehová tú Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas" (Deuteronomio 8:18).

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Además, nosotros pertenecemos a Dios por creación: "Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado" (Salmos 100:3). También nosotros pertenecemos a Dios por redención: "¿O ignoráis que… no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Corintios 6:19-20). Puesto que nosotros mismos pertenecemos a Dios, todo lo que tenemos también Le pertenece. Cuando reconozco que todo lo que tengo pertenece a Dios y le entrego todo a Él, me libro de grandes preocupaciones. Dios nos concede muchas cosas, como el dinero, de acuerdo con su voluntad y propósito, pero lo hace con una encomienda clara: que cuidemos y administremos bien todo lo que nos permite tener. Nuestro esfuerzo debe enfocarse en gobernar, cuidar y administrar bien todas las cosas que Dios nos concede.

La Mayordomía Fiel de los Recursos

Ser buenos mayordomos de las posesiones de Dios es fundamental. Mayordomía significa administrar las pertenencias de otro. La Biblia dice: "... todo lo pusiste debajo de sus pies..." (Salmos 8:6). Dios es dueño de todo lo que nosotros tenemos, y nos ha dado la responsabilidad de administrar nuestras cosas de una manera fiel, de acuerdo a los principios de la Escritura acerca de las finanzas. La forma en la que administramos nuestras finanzas es una expresión externa de una condición espiritual interna. La manera en que administramos el dinero afecta la intimidad de nuestra comunión con Cristo. "¿Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?" (Lucas 16:11).

Un principio que se recalca en la Biblia es que si somos sabios al manejar pequeñas cantidades de dinero, Dios nos confiará una mayor cantidad. Ser fiel a Dios, nos trae infinitas bendiciones. "Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel" (1 Corintios 4:2). No debemos gastar el dinero de una manera que desagrade a Dios porque esto nos conduciría a ser mayordomos infieles. En nuestro corazón hay una gran lucha entre el dinero y Cristo; ahora bien, ¿a quién dejaremos sentar en el trono? "Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mateo 6:24).

Principios para la Administración Sabia del Dinero

Aprender a Contentarse y Rechazar la Codicia

El primer principio para controlar nuestros gastos es el del contentamiento. La doctrina del contentamiento dice que: "Cada uno de nosotros debemos aprender a ser feliz en el lugar económico en el que Dios nos ha colocado". El apóstol Pablo "aprendió" a contentarse, afirmando: "He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez" (Filipenses 4:11-12).

Nuestra meta en la vida no debe ser acumular riquezas ni vivir para satisfacer todos nuestros sueños materiales. Nuestro mayor anhelo debe ser vivir para Dios y permitir que se cumpla en nosotros el propósito para el cual nos creó. De ahí debe venir nuestro contentamiento. Asimismo, es crucial rechazar la codicia, que significa desear profundamente lo que otra persona tiene, algo que la Escritura prohíbe. No debemos codiciar lo que le pertenece a otra persona.

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En el mismo espíritu, se nos insta a aprender a vivir una vida simple y a resistir la influencia de la publicidad. "Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente" (Eclesiastés 5:10). Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero solo si uno está satisfecho con lo que tiene. "Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos" (1 Timoteo 6:6-7).

La Planificación y el Presupuesto

Desarrollar y poner en práctica un plan de gastos, es decir, un presupuesto, es una herramienta fundamental. El presupuesto familiar es un documento que se utiliza para controlar las cuentas del hogar. Gracias a él se puede emplear el dinero de una forma responsable, sin gastar más de lo que se gana. Un presupuesto mensual ofrece como resultado un saldo final que informa sobre la diferencia entre lo que se ha ingresado y lo que se ha gastado. Por ello, sea cual sea la situación económica de una familia, el presupuesto es una herramienta imprescindible para controlar las finanzas domésticas.

Planificar tus finanzas es vital. "Los planes bien hechos llevan al éxito, pero los planes apresurados llevan a la pobreza" (Proverbios 21:5). Una de las mayores enseñanzas que nos da la Biblia es la planificación como una herramienta que te guiará para tomar las decisiones más acertadas. Hacer un presupuesto es como construir una torre: "¿Quién de ustedes que quiere construir una torre no se sienta antes a calcular los gastos y ver si tiene lo suficiente para terminarla?" (Lucas 14:28).

Para un manejo efectivo, es necesario saber en qué se gasta el dinero. Hacer un seguimiento de los gastos y ser consciente de ellos evita derrochar el capital y ayuda a ahorrar. También se deben dar prioridad a ciertos gastos, para limitar o suprimir los menos necesarios. Cuando uno se ve obligado a vivir con menos, es más importante que nunca saber a dónde va el dinero. Para eso es importante elaborar un presupuesto realista que contemple los ingresos que esperan recibir y todos los gastos, hasta aquellos que parecen de poca importancia. Denise Chambers dice en su libro Budgeting: “Todos los miembros de la familia deben participar en su planificación para que se sientan comprometidos”.

Evitar y Reducir Deudas

La Biblia nos llama a ser muy cautelosos en cuanto a asumir deudas. La mejor opción siempre será no endeudarnos. La Biblia no se refiere a la deuda como un pecado, pero sí nos advierte que nos esclaviza económicamente. "El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta" (Proverbios 22:7). Dios no quiere que Su pueblo tenga deudas. Cuando nos endeudamos, perdemos un poco de nuestra libertad.

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Aunque adquirir una deuda no debe ser visto como algo intrínsecamente negativo, esto conlleva una serie de compromisos que debes cumplir para poder seguir teniendo acceso a los beneficios del sistema financiero. Sin embargo, algunas veces, en la premura por obtener liquidez aceptamos tasas de interés altas o adquirimos responsabilidades que en un futuro no podremos enfrentar; por ello, siempre debes tener presente cuánto es lo que puedes destinar al pago de deudas. Se sugiere reflexionar sobre la integridad financiera y evitar la avaricia.

Para enfrentar y salir de deudas, el primer paso es determinar la cantidad que se puede destinar al pago. Los expertos consideran que debes hacer un balance entre tu nivel de ingresos y gastos (fijos y variables). Si entre el 31% y el 60% de tus ingresos se destinan a deudas, tu salud financiera se encuentra comprometida. Es importante tomar una decisión: nunca huiré de mis deudas. No es una deshonra endeudarse, pero sí es una deshonra evadir una obligación honesta. Un cristiano jamás puede justificar su falla en no enfrentar honradamente sus obligaciones.

Para un plan de salida de deudas, se recomienda: anota la compañía, banco o persona a quien le debes, junto con su dirección y la cantidad adeudada. Haz una lista de todos los gastos necesarios en orden de importancia, enumerando solo las cosas realmente necesarias. Determina la cantidad que ha quedado después de hacer los gastos imprescindibles. Decide pagar a cada acreedor cierta cantidad regularmente, hasta que la deuda esté pagada, y pon una fecha estimada de cancelación para cada deuda. Para que tu plan funcione, debes suprimir cualquier gasto que no sea preciso para vivir y acabar con las compras a crédito. Paga por las cosas que vayas comprando.

También, habla personalmente con cada acreedor. Explícales tu situación y dales a conocer tu plan. Es importante que cumplas tu palabra y hagas lo que has prometido hacer. Si sigues tu plan empezarás a salir de tus deudas. Cada vez que una deuda esté completamente saldada, indícalo en tu lista. No debemos aceptar la filosofía del mundo de “Compre ahora y pague después”.

La Biblia advierte explícitamente sobre ser "fiador" por las deudas de otra persona, lo que hoy llamamos "aval". "No seas de aquellos que se comprometen, ni de los que salen por fiadores de deudas. Si no tuvieras para pagar, ¿Por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?" (Proverbios 22:26-27). Cuando avalamos la firma de alguien, asumimos la responsabilidad del pago de esa deuda. Si la otra persona no paga, entonces tenemos que pagarla nosotros. No debemos avalar la firma de otra persona porque Dios nos dice claramente que no lo hagamos. El pagar las cuentas pronto honra al Señor y también te ayuda a tener una buena reputación y buen crédito.

El Ahorro y la Previsión

La Biblia nos anima a ahorrar para evitar las deudas y en previsión a futuras necesidades. Aunque solo podamos ahorrar una pequeña cantidad cada mes, el ahorro debe ser una de nuestras prioridades. Todo cristiano debe ahorrar algo de lo que gana para tener recursos en caso de emergencias. En toda familia hay siempre momentos en que las cosas van mal y hay emergencias, como un gasto inesperado con el auto o algún gasto médico. Ahorrando cada día de pago, algo para emergencias, tú puedes enfrentar estas cuentas inesperadas sin salirte de tu presupuesto.

Sin embargo, lo que no debemos hacer es acaparar sin sentido o poner nuestra confianza en nuestros ahorros. Nuestra dependencia y nuestra seguridad deben estar siempre ancladas en Dios. El dinero puede esfumarse en un segundo: nos lo pueden robar, los bancos pueden quebrar o bloquear nuestros ahorros. En contraste, se nos insta: "No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar" (Mateo 6:19-20). El Señor Jesús nos insta a hacernos tesoros en el cielo en vez de juntarnos tesoros en la tierra.

Proverbios nos anima a la diligencia en el ahorro, diciendo: "¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría!" (Proverbios 6:6). Por otro lado, la Biblia nos anima a suplir las necesidades de otros hermanos y esto lo podemos hacer cuando tenemos algo ahorrado. No ahorramos solo para nosotros.

La Generosidad y el Dar

La Biblia enseña la importancia de dar generosamente y con alegría. Hay muchos versículos que nos animan a compartir lo que tenemos con los que tienen necesidad. "Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas; así tus graneros estarán llenos y tus bodegas rebosarán de vino nuevo" (Proverbios 3:9-10). Este versículo menciona la importancia de honrar a Dios con las finanzas, reconociendo que todo lo que se tiene proviene de Él. Al dar generosamente y con gratitud, se abrirán las puertas a bendiciones económicas.

Uno de los distintivos de los hermanos de la iglesia primitiva es que eran muy generosos entre ellos. Lo que le sobraba a uno se usaba para suplir la necesidad de otros y de esa forma, todos tenían lo necesario para subsistir. Es bueno seguir el ejemplo de ellos y buscar oportunidades para compartir los recursos que Dios nos ha provisto con nuestros hermanos en Cristo, con nuestra familia y con todos los necesitados. "Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían" (Hechos 4:32). El modelo bíblico es el de dar, no el de recibir. "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9:7).

El Trabajo Diligente y la Honestidad

El Trabajo es para el servicio a Cristo. La Biblia nos brinda sabiduría sobre la pereza y la ruina financiera que sucederá de manera inevitable. "Un "holgazán" es una persona perezosa y negligente que prefiere descansar antes que trabajar. Su fin está asegurado: la pobreza y la miseria." Proverbios 6:6-11 nos dice que consideremos a la hormiga laboriosa que trabaja para almacenar alimento para sí misma. El pasaje también advierte contra el sueño cuando deberíamos estar trabajando en algo rentable.

También somos responsables de proveer para los de nuestra propia casa. "Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo" (1 Timoteo 5:8). En los negocios, la Biblia habla de la importancia de ser honesto y de no engañar a los demás. "El Señor aborrece las balanzas deshonestas, pero los pesos exactos le son agradables" (Proverbios 11:1).

Riesgos de la Avaricia y la Búsqueda de Riquezas

La Biblia nos advierte una y otra vez contra el peligro del dinero. Jesús lo llamó “riquezas injustas” porque el dinero es parte del injusto sistema mundial y muy a menudo lleva a la gente lejos de Dios. El amor al dinero ha destruido más gente tal vez que ninguna otra cosa. "Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males" (1 Timoteo 6:10). No tienes que ser rico para amar el dinero.

El dinero da a la gente un sentido de poder e importancia, pero no ofrece seguridad verdadera. La Biblia nos advierte contra los planes rápidos y fáciles de hacerse rico. "El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones, mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa" (Proverbios 28:20). El mundo mide el éxito de acuerdo a la cantidad de dinero o de posesiones de una persona, pero ésta no es la forma verdadera de medir el éxito. Jesús mismo nos enseñó el camino al verdadero éxito: buscar “primeramente el reino de Dios”, lo que significa poner a Dios y Sus intereses primero en nuestra vida.

Un ejemplo histórico de la fragilidad de la riqueza y el amor al dinero se vio en 1921, cuando nueve de los hombres de negocios más expertos en ganar dinero se reunieron en el Edgewater Hotel de Chicago. Estos hombres centraron sus vidas en el dinero, y sus destinos finales ilustran la vanidad de poner la confianza en las riquezas:

  • Ivar Krueger, jefe del monopolio más grande, se suicidó.
  • Jessie Livermore, el especulador de más éxito de Wall Street, se suicidó.
  • Charles Schwab, presidente de la compañía de acero independiente más grande, murió en bancarrota.
  • Samuel Insull, el presidente de la empresa eléctrica más grande, murió sin un dólar, siendo un fugitivo de la ley, en un país extranjero.
  • Howard Hopson, presidente de la compañía de gasolina más grande, se volvió loco.
  • Arthur Cotton, el máximo especulador en trigo, murió en el extranjero, arruinado.
  • Richard Whitney, presidente del mercado de acciones de Nueva York, fue condenado a la Penitenciaría de Sing Sing, convicto por fraude.
  • Leon Fraser, presidente del Banco Internacional de Liquidaciones, se suicidó.

Estos hombres centraron sus vidas en el dinero. Cuando su riqueza se esfumó, no tenían por qué vivir.

Si ponemos verdaderamente a Dios y sus intereses primero en nuestra vida, tenemos Su promesa de que Él proveerá nuestras necesidades. Si tenemos a Dios y lo que Él provee, tenemos todo lo que realmente necesitamos. Este versículo ofrece consuelo y confianza en que Dios proveerá las necesidades de acuerdo con su abundancia. Anima a confiar en Él y a buscar su provisión en todas las áreas de nuestra vida, incluyendo nuestras finanzas. "Mi Dios, pues, os proveerá de todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:19).

Es importante diferenciar entre lo que necesitamos y lo que deseamos. Dios ha prometido suplir todas nuestras necesidades, pero no ha prometido darnos todo lo que deseamos. Debemos distinguir bien entre ambos. Muchas veces vemos algo que queremos y lo compramos antes de considerar si está a nuestro alcance o no. Una regla útil es: no hagas compras de ningún tipo bajo la presión del parloteo de un vendedor. Cuando el vendedor haya terminado su “discurso”, solo contesta: “Gracias, regreso en uno o dos días”.

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