La carrera política de Jair Bolsonaro se ha caracterizado por un patrón constante de declaraciones controvertidas y una retórica polarizante, que ha influido significativamente en el panorama político brasileño. Su trayectoria, desde su ascenso como figura marginal hasta la presidencia y sus posteriores desafíos legales, está marcada por afirmaciones que han generado amplio debate y repercusión.
Orígenes y Carrera Política: Un Historial de Declaraciones Polémicas
Jair Bolsonaro, diputado desde el año 1991, ha pasado varias décadas bajo el ojo público. Su carrera está llena de entrevistas polémicas y declaraciones controvertidas, sobre todo contra mujeres, homosexuales o negros. Durante sus años como congresista, Bolsonaro ganó una reputación por su fuerte conservadurismo y elogios al antiguo régimen autoritario, así como por sus inflamatorias declaraciones sobre mujeres, personas LGBT, pueblos indígenas y comunidades quilombolas, descendientes de personas esclavizadas fugitivas.
Entre sus muchas declaraciones controvertidas, se lo recuerda sobre todo por afirmar que «la única razón por la que no violó» a una congresista fue «porque ella no se lo merecía» -explicó más tarde que no se lo merecía porque «era muy fea»-. En 2014, Bolsonaro dijo que la diputada Maria do Rosário «no merecía ser violada» por ser «muy fea». Y dos años después, lo volvió a repetir en el Congreso, después de que Maria do Rosário hiciera un discurso en defensa de las víctimas de la dictadura militar. Cuando ella abandonaba la cámara, Bolsonaro le lanzó: «Quédate ahí, Maria do Rosário, quédate. Hace pocos días me llamaste violador, en el Salón Verde, y yo dije que no iba a violarla a usted porque usted no se lo merece. Quédate aquí para oír».
El colectivo homosexual ha sido blanco de Bolsonaro en numerosas ocasiones. En una entrevista en Playboy, afirmó que preferiría ver a sus hijos morir en un accidente que ver a uno de ellos «aparecer un día con un chico con bigote», y que si veía a «dos hombres en la calle tomados de la mano» les «daría su merecido». En otra entrevista de 2014, sostuvo que los homosexuales «deberían inclinarse» ante la mayoría. En noviembre de 2010, en un programa de televisión aseguró que si «el hijo empieza a estar así medio gay, lleva una zurra (golpiza) y cambia su comportamiento». En 2016, Bolsonaro dio una entrevista a la actriz lesbiana estadounidense Ellen Page en la que ella le preguntó por sus opiniones homofóbicas. «Cuando yo era joven, hablando de porcentajes, había muy pocos [homosexuales]. Pasado el tiempo, debido a los hábitos liberales, las drogas, las mujeres trabajando también, el número de homosexuales aumentó bastante», aseguró Bolsonaro. «Yo suelo decir, si tu hijo empieza a ir con ciertas personas, con ciertos comportamientos, adoptará ese tipo de comportamiento. Pensará que es normal». En una entrevista con la revista Playboy en 2011 aseguró que «sería incapaz de querer a un hijo homosexual».
También ha dirigido su retórica hacia otras minorías y grupos sociales. En una charla en el Club Hebraica, en abril de 2017, Bolsonaro arremetió contra la población afrodescendiente en Brasil. «Yo fui a una quilombola en Eldorado Paulista. Miran, el afrodescendiente más delgado allí pesaba siete arrobas. ¡No hacen nada! Creo que ni para procrear sirve ya. Más de 1 billón de reales gastado al año en ellos». Los «reservas quilombolas» son comunidades de descendientes de esclavos. Posteriormente, Bolsonaro dijo que la frase fue desafortunada, pero que estar contra las quilombolas no es ser racista, sino que estas demarcaciones son descomunales y no son razonables, afirmó. Según él, siendo Brasil «un país cristiano», los no cristianos no deberían intervenir en la vida política, ya que no son «verdaderos ciudadanos». El islam y las religiones africanas deberían estar prohibidos, ya que son antitéticos con la «fe nacional» y operan como una «puerta abierta a los terroristas».
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Bolsonaro ha sido un defensor a ultranza de la dictadura militar brasileña y de las actuaciones a menudo violentas de la actual policía militar. Algunas de sus afirmaciones más atrevidas se refieren al periodo oscuro de 1964-1985. En 1999, cuando era diputado por el Partido Progressista Reformador, Bolsonaro aseguró en el programa de televisión Câmera Aberta: «Yo soy favorable a la tortura, tú lo sabes». El golpe de Estado de 1964 fue, según él, «una revolución», y no duda en elogiar a Carlos Brilhante Ustra, el más infame de los torturadores brasileños durante los 21 años de régimen militar, como uno de los mayores héroes del país. En su opinión, el error de la dictadura no fue utilizar la tortura, sino no haber liquidado a los «rojos». Bolsonaro, por coherencia, defiende a los demás regímenes militares latinoamericanos del pasado reciente. En 1998 dijo que el error de Augusto Pinochet fue no matar a suficientes personas. También dijo que la policía, que mató a 111 prisioneros en el centro de detención de Carandiru en 1992, «debería haber matado a 1.000».
Su ideología ultraderechista provocó que medios como el semanario británico The Economist lo califiquen de «amenaza para la democracia» por afirmaciones como que cerraría el Congreso el primer día tras ser elegido presidente. En 1999, en ese mismo programa, Bolsonaro aseguró que «a través del voto, no va a cambiar nada en este país. Solo va a cambiar, desafortunadamente, cuando nos partamos en una guerra civil. Y haciendo el trabajo que el régimen militar no hizo: matando a unos 30.000, comenzando por FHC». FHC son las siglas del por entonces presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso, crítico de Bolsonaro.
Bolsonaro también ha hablado de impuestos. En 1999 en Câmera Aberta dijo: «Bobos somos nosotros, que estamos pagando impuestos. Incluso, consejo mío, y yo lo hago: yo evado todo lo posible. Si puedo no pagar impuestos, no pago». Cuando este año Folha de Sao Paulo le preguntó por este tema, contestó: «Cuando yo dije que evadía...¿Quién, hoy en día, nunca se indignó con su carga tributaria? Hoy el pueblo, como un todo, no evade lo que no puede». «Fue un desahogo», afirmó.
Aunque estos comentarios le trajeron cierta notoriedad y apoyo de la franja ultraderechista, fue considerado una figura ineficaz y marginal en la política brasileña. Sus fans lo llaman «el Mito» y su apoyo popular no para de crecer. De una intención de voto de 6,5% en octubre, Bolsonaro pasó a 13,7% en febrero, superado solo por el ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Al igual que Trump, Bolsonaro cuenta con el apoyo inquebrantable de una población joven que cree que sus derechos y su «legítimo lugar» están siendo usurpados por las minorías y la «corrección política». La mayoría de los partidarios de Bolsonaro lo alaban porque «lucha contra la corrección política» y «la inmoralidad». Algunos lo siguen por su postura proarmas.
La Presidencia y el Cambio de Discurso (2018-2022)
Las primeras palabras de Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil, además de estar cargadas de referencias religiosas, buscaron enfatizar que su gobierno «será defensor de la Constitución, la democracia y la libertad». El entonces presidente electo dijo que su gobierno «será defensor de la Constitución, la democracia y la libertad». «Eso es una promesa, no de un partido, no es la palabra vana de un hombre, es un juramento a Dios», dijo el exmilitar en un mensaje televisado desde su casa en Río de Janeiro.
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También prometió reformas económicas y cambios en política exterior: «Liberaremos a Brasil y a Itamaraty (la Cancillería) de las relaciones internacionales con sesgo ideológico a que han sido sometidos en los últimos años». Esta referencia al «sesgo ideológico» fue interpretada como una confirmación de que tomará distancia de países como Venezuela y Cuba, a los que se aproximaron los gobiernos del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) entre 2003 y 2016. Poco después de asumir el cargo, Bolsonaro redujo las protecciones para los pueblos indígenas, como la detención de la demarcación de tierras y la colocación de los asuntos indígenas bajo el ministerio de agricultura. También facilitó el desarrollo agrícola y minero, buscó flexibilizar las restricciones sobre la propiedad de armas y autorizó grandes proyectos de infraestructura en la selva amazónica.
Durante la pandemia de coronavirus de 2020, Bolsonaro restó importancia notablemente a la gravedad de la infección respiratoria, socavó las intervenciones de salud pública estatales y federales, temiendo repercusiones económicas, y difundió desinformación e intentó bloquear el acceso público a los datos de salud. El total anual de deforestación terminó superando la cifra del año anterior en un 30%, pero sigue ubicándose dentro de la media de las dos últimas décadas. El daño a la imagen nacional ya estaba hecho. Bolsonaro reaccionó impulsivamente y despidió al director del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE), acusándole de favorecer a la oposición y de conspirar en su contra.
En 2019, los planes de Bolsonaro de formar un nuevo partido político fracasaron cuando no logró reunir suficientes firmas según lo estipulado por los tribunales electorales brasileños. Bolsonaro fue objeto de una investigación gubernamental en agosto de 2021 después de afirmar que el sistema de votación electrónica en Brasil es fraudulento y que muchas de las elecciones pasadas de Brasil habían sido amañadas. Bolsonaro anunció su intención de buscar la reelección en 2022.
Cuestionamiento Electoral y Alegaciones de Fraude (2022)
Casi dos días después de perder las elecciones ante Lula, el 30 de octubre, Jair Bolsonaro pronunció su primer discurso tras la derrota. Poco más de un mes después de reconocer su derrota en las urnas, Bolsonaro señaló a sus partidarios que «no había nada perdido» y declaró que las Fuerzas Armadas eran «el último obstáculo para el socialismo». El discurso se pronunció en el Palacio de la Alvorada. En ese contexto, las manifestaciones a favor de Bolsonaro se extendían por todo el país, con más de 300 bloqueos de carreteras.
El Partido Liberal (PL), a través de su presidente, Valdemar Costa Neto, y Jair Bolsonaro, impugnó los resultados electorales ante el Tribunal Superior Electoral (TSE), solicitando la invalidación de los votos contabilizados en cinco modelos diferentes de máquinas de votación. La solicitud se basó en un informe del Instituto del Voto Legal que contenía información falsa. En una reunión en el Palacio de la Alvorada, Jair Bolsonaro presentó al entonces comandante de la Fuerza Aérea Brasileña, el general de brigada Batista Júnior, y al coronel Wagner Oliveira Silva, miembro de la Comisión de Supervisión del Sistema de Votación Electrónica, un estudio elaborado por el Instituto del Voto Legal (IVL) que denunciaba fraude en las máquinas de votación electrónica.
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En esta fecha, según la Fiscalía General de la República, se redactó la «Carta al Comandante del Ejército de parte de los Altos Oficiales del Ejército Brasileño», con el objetivo de presionar al entonces comandante del Ejército, general Freire Gomes, para que se uniera al golpe. Ese mismo día, Mauro Cid recibió un mensaje del coronel del Ejército Bernardo Romão Corrêa Neto: «¿Algún avance que nos dé optimismo?». Cid respondió: «Hasta ahora… nada. Según las investigaciones, el documento detallaba el equipo de seguridad de Moraes e indicaba que podría ser asesinado por disparos, explosivos o envenenamiento en un acto público oficial».
Bolsonaro y su asesor de asuntos internacionales, Filipe Martins, presentaron un borrador de decreto golpista a los comandantes del Ejército (General Freire Gomes) y la Armada (Almirante Almir Garnier Santos), así como al ministro de Defensa (General Paulo Sérgio). Este decreto incluye disposiciones para la convocatoria de nuevas elecciones y el arresto de los magistrados del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes y Gilmar Mendes, así como del presidente del Senado, Rodrigo Pacheco. Las investigaciones indican que esta era la fecha prevista para el golpe de Estado.
Con Lula ya juramentado como presidente, Jair Bolsonaro recibió un mensaje del general de brigada Maurício Pazini Brandão: «El plan se ha complementado con las contribuciones de su equipo. Lo aguardamos con la esperanza de que se implemente. Buenos días. ‘Mis tropas’ (jejejeje) todavía tienen ‘sangre en los ojos’ … Buenos días. Feliz Año Nuevo. Hable con Amir hoy». Dos días después, el teniente coronel Sérgio Cavaliere y el ex ayudante de campo Mauro Cid intercambiaron mensajes. Cavaliere preguntó: «¿Todavía va a pasar algo? ¿Algo bueno o algo terrible?». Cid respondió: «Depende para quién».
Post-Presidencia: Consecuencias Legales y Acusaciones de Golpe de Estado
En enero de 2023, los partidarios de Bolsonaro atacaron varios edificios del gobierno brasileño, intentando llevar a cabo un golpe de Estado para devolver a Bolsonaro al poder. Bolsonaro posteriormente condenó los ataques y negó la responsabilidad por el intento de golpe. El expresidente respondió calificando la acusación de «golpe de Estado», en referencia a que se encontraba en Estados Unidos el 8 de enero de 2023.
En marzo, Bolsonaro se convirtió en el primer expresidente brasileño acusado de liderar un intento de golpe de Estado. Momentos después de ser imputado ante el Supremo Tribunal Federal, Bolsonaro negó haber participado en un intento de golpe de Estado y declaró: «Espero poner fin a esto hoy. Parece que hay algo en mi contra. La acusación es muy grave». La Suprema Corte comenzó a escuchar a los testigos del caso. Primero, se escucharon los nombres de la Fiscalía (PGR) y del Teniente Coronel Mauro Cid, quien firmó el acuerdo de culpabilidad. El Supremo Tribunal Federal (STF) aprobó el acuerdo de culpabilidad del teniente coronel Mauro Cid. El exayudante de campo de Jair Bolsonaro se encontraba en prisión desde el 22 de marzo de 2024, cuando el Supremo Tribunal Federal (STF) dictaminó que violó medidas cautelares y obstruyó la justicia al filtrar grabaciones de audio a la revista Veja.
La Primera Sala del Supremo Tribunal Federal (STF) comenzó a interrogar a los ocho acusados de participar en la conspiración golpista. Los demás fueron interrogados posteriormente en orden alfabético. Jair Bolsonaro fue el sexto interrogado por el Supremo Tribunal Federal, en orden alfabético. Durante su testimonio, el expresidente negó haber considerado un golpe de Estado: «De mi parte, o de la de los comandantes militares, nunca se habló de un golpe. Un golpe es algo abominable. Sería fácil incluso empezarlo». También se disculpó por atribuir delitos a los magistrados del Supremo Tribunal Federal y afirmó que sus críticas al sistema electoral formaban parte de su «retórica», una forma de expresión. Bolsonaro invitó en broma a Moraes a ser su compañero de fórmula en una fórmula conjunta.
A raíz de una solicitud de la Policía Federal y una opinión favorable de la Procuraduría General de la República, el juez Alexandre de Moraes del Supremo Tribunal Federal ordenó medidas cautelares contra Jair Bolsonaro. Además de usar un brazalete electrónico en el tobillo, al expresidente se le prohibió salir de su casa entre las 7 pm y las 6 am, de lunes a viernes, y a tiempo completo los fines de semana y feriados. Moraes ordenó el arresto domiciliario de Jair Bolsonaro. El juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, ordenó a la Policía Penal del Distrito Federal vigilar la residencia de Jair Bolsonaro, donde se encuentra bajo arresto domiciliario, las 24 horas del día. El presidente de la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal, ministro Cristiano Zanin, programó la primera sesión del juicio penal sobre el intento de golpe de Estado para el 2 de septiembre. El juicio está programado para los próximos 10 días en el Supremo Tribunal Federal de Brasil.
Declaraciones sobre Seguridad y Justicia
La problemática del crimen en Brasil ha sido un foco constante en las declaraciones de Bolsonaro. En diferentes momentos enfatizó la idea de que los brasileños pudieran portar armas y usarlas para defenderse ante posibles crímenes. De igual forma, externó la necesidad de ampliar las capacidades de las fuerzas de seguridad para actuar sin restricciones y proteger a los uniformados frente a acusaciones de uso excesivo de la fuerza, al tiempo que reiteradamente mencionó que, desde su óptica, la protección a los derechos humanos beneficiaba a los delincuentes por encima de la ciudadanía. El modelo de seguridad bolsonarista asume la premisa de que los marcos legales que regulan el accionar de las policías actúan en los hechos como barreras que dificultan su labor. No resulta menor que el ahora presidente haya afirmado en reiteradas ocasiones que «el mejor delincuente es el delincuente muerto» y propuesto que a un policía que dispara primero y pregunta después no hay que castigarlo sino premiarlo.
Lejos de restarle votantes, esta visión a favor de la mano dura se convirtió en una de las razones de peso para que muchos terminaran apoyando a Bolsonaro, lo cual deja en evidencia que un sector de la población brasileña no sólo se muestra entusiasmada por el así denominado «populismo penal», sino que incluso está dispuesto a tolerar ciertos niveles de violación a los derechos humanos y «daños colaterales» en el combate contra el crimen a cambio de orden y seguridad. Entre los factores que explican este descenso de la criminalidad violenta, destaca principalmente la mayor integración entre las diferentes instituciones de fuerzas de seguridad del Estado (federales, de los estados y municipales). También ha influido la transferencia de jefes de bandas a presidios de mayor nivel de aislamiento, impidiendo así su posible comunicación con los demás integrantes del crimen organizado. Frente a esos avances también hay que mencionar el aumento de los muertos accidentales en operaciones policiales.
Impacto en la Política Exterior y Nacional
En política exterior Bolsonaro puede distinguirse retóricamente de sus predecesores, pero no en cuanto a sus acciones. Aunque en ese ámbito le gustaría aplicar su ideología, él mismo ha aceptado que no es posible hacerlo. Un buen ejemplo del pragmatismo brasileño es el acercamiento económico a China, pese a al rechazo de la ideología comunista por parte de Bolsonaro. Pese a su apoyo a la apertura económica, el equipo de Bolsonaro en ningún momento se ha mostrado excesivamente favorable al comercio con Mercosur -su bloque comercial multilateral regional-, llegando incluso Guedes a afirmar que este suponía un peso para Brasil, ya que lo consideraba una alianza más ideológica que económica.
Sin embargo, esta aversión a Mercosur, y principalmente a Argentina, parece haber terminado tras la firma del acuerdo comercial Mercosur-UE, dado que el potencial volumen de comercio que se generaría con dicho pacto sería enormemente beneficioso para los productores agrícolas y ganaderos brasileños. El hecho de que las relaciones comerciales multilaterales no parezcan haber avanzado demasiado, debido a las trabas impuestas desde Europa, no ha impedido que Brasil expandiera su actividad comercial. Al contrario de lo que se pensaría, por la cercanía ideológica con Donald Trump y su política exterior, el acercamiento en materia económica no se ha dado con EEUU, sino con el antagónico gigante asiático.
En cuanto a políticas sociales, no ha habido progreso en áreas clave, pero tampoco ha habido cambios notables en cuanto a política social respecto a 2018. El ministro del ramo, Abraham Weintraub, achacó el bajo resultado en el informe PISA a la «educación de talante marxista progresista de administraciones anteriores». Como resultado del fracaso del sistema público ordinario, e incluso la falta de seguridad de algunos centros, el gobierno ha promovido abiertamente la construcción de nuevos centros de educación cívico-militares por parte de los gobiernos de los estados. En materia de sanidad lo más destacable de este año ha sido el fin del programa de cooperación sanitaria con Cuba, Mais Médicos. Bolsonaro rompió el acuerdo, causando así vacantes de personal sanitario que pudieron cubrirse en poco tiempo. A los profesionales cubanos se les dio la oportunidad de permanecer en Brasil bajo asilo político si revalidaban su titulación en medicina en el sistema brasileño.
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