Mario Draghi: Descubre el Liderazgo que Está Transformando el Futuro de Europapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En esta XVII edición, el jurado ha decidido otorgar el Premio Europeo Carlos V al Excmo. Sr. D. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (2011-2019) y presidente del Consejo de Ministros de la República de Italia (2021-2022). Este reconocimiento se concede por su liderazgo al frente del Banco Central Europeo, el cual permitió afrontar una de las mayores crisis que ha vivido la Unión Europea desde su creación. Draghi puso en marcha una serie de medidas contundentes y arriesgadas que lograron, en plena recesión de la economía europea, mantener la fortaleza del euro y la autonomía del BCE, así como salvar la moneda única, permitiendo que Europa saliera fortalecida de dicha crisis.

Cabe igualmente destacar la manera ejemplar a través de la cual ha promovido los principios éticos europeos como ejes centrales de la gobernanza económica, destacando su extraordinaria capacidad, previsión y diálogo al servicio de una Europa unida, así como su atención y apuesta por la juventud como garante del futuro de Europa, cometidos que van más allá del ámbito estrictamente económico.

Trayectoria Profesional y el Banco Central Europeo

Mario Draghi, economista italiano, presidió el Banco Central Europeo desde el 1 de noviembre de 2011 hasta octubre de 2019. Previamente, fue gobernador del Banco de Italia desde 2006 hasta 2011. Entre 1991 y 2001 fue director general del Tesoro italiano y presidente del comité de privatizaciones. Entre 2002 y 2006 fue vicepresidente para Europa de Goldman Sachs. En su mandato en el BCE, dentro de la lucha contra los efectos de la crisis económica de 2008, se puso en marcha el Plan Draghi de expansión monetaria.

El "Whatever it takes" y la crisis de la eurozona

Significativas fueron sus palabras el 26 de julio de 2012, en plena crisis de deuda soberana, cuando anunció que «el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente». Estas palabras marcaron un punto de inflexión en la crisis de la eurozona, calmando a los mercados. El poder de la comunicación de los bancos centrales queda bien ilustrado. Dos días más tarde de que la prima de riesgo de la periferia de la eurozona alcanzara los 605 puntos básicos, el máximo histórico, en medio de dudas sobre la continuidad del euro, el presidente del BCE, Mario Draghi, puso fin a estos miedos con esa simple frase. Desde ese mismo día, las primas de riesgo iniciaron un descenso vertiginoso y el discurso de Draghi pasó a la historia de la política monetaria como el llamado «whatever it takes».

Medidas no convencionales y el final de su mandato

Las medidas no convencionales, bautizadas inicialmente con el nombre genérico de Medidas de Apoyo Reforzado al Crédito, han supuesto que el Banco Central Europeo expandiera su balance para acometer, mediante una política de cantidades, la ruptura del mecanismo de transmisión monetaria y la consecución del objetivo de estabilidad de precios. Entre las medidas no convencionales acometidas por Mario Draghi destacan: inyecciones masivas de liquidez y Operaciones Monetarias Directas (OMD).

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En diciembre de 2011 y febrero de 2012 se llevaron a cabo dos operaciones de liquidez a 3 años, mediante operaciones de financiación a plazos más largos (LTRO), con las que Draghi inyectó más de 1 billón de euros al sistema y a plazos más largos de lo que se venía haciendo hasta ese momento. El instrumento de Operaciones Monetarias Directas (OMD) no se ha utilizado todavía, pero el efecto del anuncio de este programa, en septiembre de 2012, consiguió rebajar la prima de riesgo y romper el círculo vicioso de la deuda de Italia y España.

Al final de su mandato, Draghi se enfrentó a uno de los dilemas más enrevesados en sus ya de por sí enrevesadísimos ocho años frente al Banco Central Europeo (BCE). Las muestras de estancamiento en la eurozona eran ya evidentes, con Alemania al borde de la recesión, las amenazas de la guerra comercial y del Brexit duro disparadas y unos datos de inflación que se resistían a levantar el vuelo. Ante esta situación, a mes y medio de abandonar el cargo, Draghi decidió actuar de forma contundente.

El jueves, en su penúltimo movimiento como jefe del BCE, anunció un ambicioso paquete para estimular una economía renqueante. El eurobanco avanzó por el camino de los tipos negativos, retomó el programa de compra de deuda abandonado hacía solo nueve meses y pospuso sine die la subida de tipos. El BCE rebajó la facilidad de depósito del -0,4% actual al -0,5%, siendo esta la primera bajada de tipos en la eurozona desde marzo de 2016. De mayor calado fue la decisión de retomar el programa de compra de deuda que parecía condenado a extinguirse a finales del año pasado, y que ahora renace por culpa de los problemas que atraviesa la economía europea. La cuantía de las compras, de 20.000 millones al mes, fue inferior a la esperada, pero a cambio no tuvo fecha de caducidad: las adquisiciones terminarían «poco antes de que comiencen a subir los tipos de interés», dice el comunicado.

Las novedades no quedaron aquí. Un cambio en la formulación del comunicado anunció que la época de tipos ultrabajos se alargaría más de lo esperado: «Los tipos de interés del BCE continuarán en sus niveles actuales o más bajos hasta que la perspectiva de inflación converja de forma robusta a un nivel cercano, pero por debajo del 2%». Esto significaba que la primera subida no se produciría a partir de 2020, como el organismo aseguraba hasta entonces, sino que la perspectiva de subidas se aplazaba sine die. Draghi admitió el jueves que veía las orejas al lobo cada vez más cerca, asegurando: «Todavía creemos que la probabilidad de una recesión en la zona euro es pequeña. Pero esta va en aumento».

Para llegar hasta aquí, Draghi se tuvo que enfrentar a una dura batalla contra los que consideraban que el deterioro de la situación económica no era tan grave como para justificar sacar de nuevo todo el batallón de armas de las que dispone la política monetaria. Con su decisión, Draghi redujo considerablemente el margen de maniobra de su sucesora. Draghi no dio una cifra concreta de opositores, pero sí dijo que no fue necesaria someter la medida más controvertida, la de reestablecer las compras de deuda, a votación porque era evidente que contaba con una mayoría de apoyos en el Consejo del Gobierno.

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La medida más controvertida era la de reestablecer las compras de deuda. Fue la más criticada por algunos miembros del BCE. Al mismo tiempo, se extendía la idea de que el margen de la política monetaria era cada vez más escaso y los efectos de sus medidas, cada vez menores. Draghi, con un lenguaje cada vez más claro, descargó sobre los hombros de los Gobiernos la responsabilidad de tomar medidas para evitar este negro escenario. En el Consejo de Gobierno del BCE hubo unanimidad de que la política fiscal debería convertirse ahora en el principal instrumento.

La Comunicación en la Política Monetaria

El poder de la comunicación procede del hecho de que la política monetaria no solo se transmite a través de su configuración presente, sino también mediante las expectativas que inversores y ahorradores tienen sobre su configuración futura. En los últimos años, los bancos centrales han hecho un uso creciente de la comunicación, no solo con intervenciones públicas, sino también con la publicación de previsiones económicas y artículos académicos. Además, los objetivos de inflación también forman parte de la comunicación, en tanto que, al ser públicos, permiten anticipar la reacción de la política monetaria a los distintos acontecimientos.

Tras llevar los tipos de interés de referencia hasta niveles alrededor del 0%, los bancos centrales han seguido influenciando los tipos de interés a medio y largo plazo mediante la «orientación futura», es decir, el curso probable de la política monetaria. El aumento de la comunicación ha ido asociado con una mejor comprensión, por parte de analistas y consumidores, de los fundamentos teóricos sobre los que los bancos centrales basan sus decisiones. La evidencia también indica que los comunicados de la Fed y del BCE tienen poder predictivo sobre sus decisiones futuras y, por lo tanto, reducen la incertidumbre alrededor de las decisiones de política monetaria. Distintos estudios demuestran que el uso de la comunicación y, en particular, la «orientación futura» reduce la sensibilidad de las cotizaciones financieras a la publicación de datos macroeconómicos, lo que, por un lado, denota confianza en las promesas del banco central y, por el otro, reduce la volatilidad financiera.

Sin embargo, un uso más intensivo de la comunicación también puede provocar episodios de mayor inestabilidad cuando comunicados de prensa más complejos generan mayor volatilidad financiera. Otro caso en el que la comunicación puede generar volatilidad es cuando, a raíz de las pistas que da el banco central, los inversores centran su atención en la evolución de unas pocas variables económicas y no las interpretan en profundidad. Este repaso al papel de la comunicación de los bancos centrales es especialmente relevante en la actualidad porque la comunicación del BCE ha sido y será clave en los próximos trimestres.

Mario Draghi al frente del Gobierno de Italia

Después de unos años de inestabilidad política, Italia estrenó a mediados de febrero de 2021 un Gobierno en principio más fuerte, presidido por Mario Draghi. Fue presidente del gobierno de Italia desde febrero de 2021 hasta su dimisión en julio de 2022. La gota que colmó el vaso fue la oposición de Renzi al plan propuesto por Conte para el uso de las ayudas provenientes del Fondo de Recuperación puesto en marcha por la Unión Europea para hacer frente a la crisis causada por la pandemia de Covid-19.

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En el arranque de su mandato, Mario Draghi estableció sus objetivos. El 17 de febrero, Mario Draghi obtuvo la confianza del Parlamento, registrando una de las mayorías más amplias desde la Segunda Guerra Mundial. Draghi formó entonces un Gobierno integrado por diferentes fuerzas políticas, con el propósito de afrontar en un marco de unidad nacional la gestión de las consecuencias de la pandemia. El Gobierno Draghi se propuso como prioridad la campaña de vacunación y la reactivación económica, así como reformas en el sistema fiscal y en la administración pública y de la Justicia.

En cuanto a la campaña de vacunación, Draghi aplicó maximización y firmeza. Para entonces la dosis suministradas diariamente llegaban 170.000, pero Figliuolo, junto con el director de la Protección Civil, Fabrizio Curcio, y el ministro de Salud, Roberto Speranza, pusieron como objetivo triplicar ese número. También el Gobierno Draghi adoptó mayor firmeza a nivel internacional, como fue la decisión de bloquear la exportación a Australia de 250.000 dosis de la vacuna AstraZeneca. La agenda económica del nuevo Gobierno se caracterizó por reformas estructurales para promover la productividad, así como por la aplicación de ayudas económicas dirigidas a los más afectados por la crisis, con el objetivo de relanzar el país y luchar contra las nuevas desigualdades sociales. Durante su mandato como presidente del BCE Draghi promovió reformas estructurales en varios países europeos; por consiguiente, su liderazgo fue clave para la promoción de reformas que miraran al aumento de la productividad, la reducción de la burocracia y la mejora de la calidad de la educación.

Más allá de Europa, las prioridades de Draghi fueron principalmente dos: el nuevo acercamiento a Washington -en el marco de un convencido atlantismo, dentro del multilateralismo- y el refuerzo de la política italiana en el Mediterráneo. Italia es la tercera economía de la UE y la octava del mundo, por lo que su desempeño económico tiene cierta repercusión internacional. Draghi aseguró su compromiso con la recuperación y sus contactos con las élites europeas pudieron ayudar a rebajar la tensión en las discusiones con los demás miembros de la UE sobre el reparto de fondos, especialmente el llamado Next Generation EU.

Draghi declaró que “sin Italia no hay Europa, pero sin Europa hay menos Italia” y se propuso hacer de Italia un sujeto más activo y comprometido en Europa, al tiempo que trataba de equilibrar los intereses de Francia, Alemania y Países Bajos. El nuevo Gobierno Draghi supuso la oportunidad para Italia de poder alcanzar cierta estabilidad política después de unos años de vaivenes.

El Informe Draghi: El Futuro de la Competitividad Europea (2024)

El Informe Draghi, presentado en septiembre de 2024 por el economista y expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi, es una llamada a la acción. El documento analiza los retos que afronta la Unión Europea en la próxima década, propone soluciones y cuantifica la inversión necesaria para ponerlas en práctica. Conocido popularmente como informe Draghi, es un documento que analiza la situación de la Unión Europea en la economía global y apunta posibles pasos para favorecer su competitividad en el futuro. Es el resultado de la petición que la Comisión Europea, liderada por Úrsula Von der Leyen, hizo en 2023 a Mario Draghi para iniciar una reflexión estratégica sobre la competitividad y el crecimiento de la UE.

El economista identifica también los desafíos a los que se enfrenta la industria europea con una clara conclusión: cada año que la UE relega el impulso de la competitividad, aumenta la distancia estratégica que la separa de grandes potencias, en especial de Estados Unidos. Draghi apunta a un debilitamiento del crecimiento de la productividad, lo que pone contra las cuerdas la capacidad de Europa para cumplir sus ambiciones. En las dos últimas décadas, el crecimiento económico de la UE ha sido notablemente más lento que el de EE. UU. Aunque los países de la UE están respondiendo a este nuevo entorno, lo están haciendo de forma fragmentada, lo que mina la actuación común del mercado único.

Desafíos clave para la competitividad europea (Informe Draghi 2024)

La competitividad de la UE está sufriendo una doble presión. Por un lado, las empresas de la UE se enfrentan a una demanda exterior más débil y al crecimiento de la competitividad china. Por otro, la posición europea en tecnologías avanzadas disminuye.

Área de Desafío Situación en la UE Comparativa y Contexto
Innovación Cuota en ingresos tecnológicos mundiales cayó del 22% al 18% (2013-2023). Especializada en tecnologías maduras. Baja inversión en áreas innovadoras. El 30% de "unicornios" europeos trasladaron sus sedes al extranjero (2008-2021). EE. UU. y China han tomado la delantera con mayores inversiones en I+D, impulso a startups y desarrollo de IA/5G. Las regulaciones restrictivas de la UE llevan a actores clave a buscar financiación en EE. UU.
Precios de la Energía Empresas de la UE aún se enfrentan a precios de gas natural hasta cinco veces superiores a EE. UU. Elevada fiscalidad energética. Inversión lenta y subóptima en infraestructuras para renovables y redes. Necesidad de desplegar energías renovables y reducir impuestos/cargos sobre precios de energía para mejorar la eficiencia y competitividad.
Interdependencia Estratégica La UE necesita a China para obtener minerales críticos. Entre el 75% y el 90% de chips se fabrica en Asia, lo que agrava la vulnerabilidad en el sector tecnológico. La UE debe fortalecer su cadena de suministro de materias primas con nuevos socios.

Para financiar esta estrategia, Draghi estima que será necesaria una inversión anual adicional a la actual de, como mínimo, entre 750.000 y 800.000 millones de euros, lo que equivale a casi el 5 % del PIB de la UE en 2023. El economista italiano expresó en una rueda de prensa posterior a la publicación del informe que los "activos comunes", como se refiere a la emisión de deuda conjunta, "son un instrumento" para financiar este plan e impulsar la competitividad de la UE. Aunque fueron percibidos negativamente tras la crisis financiera, Draghi cree que sería positivo utilizarlos para financiar proyectos vinculados a la investigación y al desarrollo y también a la defensa.

Soberanía, Ética y Gobernanza Económica

La verdadera soberanía no reside en el poder de hacer la ley, según una definición jurídica, sino en un mayor control sobre los acontecimientos a fin de satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos, lo que John Locke define como “paz, seguridad y bien público”. En tal entorno, los países deben trabajar juntos para ejercer la soberanía. Y esto es aún más cierto dentro de la UE. Las estructuras e instituciones europeas comunes limitan los efectos de contagio, garantizan la igualdad de trato y protegen contra comportamientos injustos. El argumento de que la cooperación refuerza la soberanía también se aplica a la relación entre la UE y el resto del mundo. Pocos países europeos son lo suficientemente grandes para soportar los efectos secundarios generados por las grandes economías o influir en las negociaciones comerciales internacionales. Por todo ello, estar fuera de la UE puede ir de la mano de una mayor independencia en política económica, pero no necesariamente de una mayor soberanía.

La crisis actual confirma la necesidad de una relación entre ética y economía, muestra la fragilidad de un modelo propenso a los excesos que han llevado a su fracaso. Toda decisión económica tiene consecuencias morales. El desarrollo a largo plazo no es posible sin ética.

El desempleo es un elemento esencial de la dinámica macroeconómica que determina la inflación a corto y a medio plazo, por lo que también afecta a los bancos centrales. Para la orientación general de la política, sería útil que la política fiscal pudiera tener mayor relevancia junto con la política monetaria, y existe margen para ello. En segundo lugar, existe margen para una composición de las políticas fiscales más favorable al crecimiento. Para empezar, debería poder reducirse la carga impositiva de manera que no afecte al presupuesto. En tercer lugar, paralelamente, sería útil mantener un debate sobre la orientación general de la política fiscal de la zona del euro.

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