En los últimos años hay una insistencia cada vez más fuerte en la evaluación formativa. Aparece continuamente mencionada en documentos, normas de evaluación y propuestas pedagógicas. Sin embargo, es muy difícil llevarla a la práctica dentro del paradigma educativo del que formamos parte. Es muy difícil hacer evaluación formativa, en primer lugar, porque la calificación sigue estando presente como elemento central del sistema educativo, más allá de cambios superficiales en las denominaciones o escalas empleadas para calificar. En segundo lugar, por la sobrecarga de estudiantes y de demandas curriculares que el docente debe atender. En este contexto, es fundamental comprender la diferencia entre conceptos clave como la retroalimentación y la devolución.
La Retroalimentación: Origen y Evolución del Concepto
Muchas veces se entienden como sinónimos los conceptos de retroalimentación y devolución en la evaluación formativa. La evaluación formativa suele ser planteada como sinónimo de “retroalimentación”. Esta palabra es una traducción literal del término inglés «feedback», acuñado en torno a 1920 con relación a los circuitos eléctricos y adoptado luego en la cibernética y la ingeniería. Por ejemplo, se identifican las desviaciones en la trayectoria de un satélite y se comunican las correcciones necesarias para “recalcular” la ruta y lograr que llegue a su objetivo.
A partir de mediados del siglo XX este concepto fue incorporado al ámbito educativo, bajo la influencia de la psicología conductista, a partir del interés de corregir y mejorar comportamientos en contextos de enseñanza. Con la evolución de la psicología educativa y el desarrollo de los enfoques constructivistas del aprendizaje, la retroalimentación comenzó a entenderse no solo como corrección, sino sobre todo como un elemento orientado a apoyar la reflexión y la autorregulación del estudiante. Investigadores como Sadler, Hattie y Black & Wiliam contribuyeron a expandir esta visión, destacando que la retroalimentación efectiva no se limita a decir si algo está bien o mal, sino que ofrece información orientada a que el alumno comprenda por sí mismo la brecha entre su desempeño actual y el buscado.
Una cuestión central en este punto es: ¿quién dirige el proceso? La noción original de retroalimentación tiene dos connotaciones importantes: i) el objetivo al que se dirige el satélite está prefijado; ii) el satélite no tiene nada que hacer por sí mismo, no toma decisiones, es un objeto. En educación la situación es completamente otra: el aprendizaje lo hace un sujeto, un ser humano que tiene deseos, motivaciones y libertad de decisión. Para que el aprendizaje ocurra necesitamos que el estudiante quiera aprender. Muchas veces perdemos de vista esta cuestión. Tenemos un objetivo predefinido por el currículo, damos por sentado que el estudiante tiene que querer llegar allí -aunque solo sea para aprobar el curso-, y nos limitamos a corregir su rumbo.
“En la introducción a su libro ‘Guitarra’, Dan Morgan (1965) escribió, ‘Nadie puede enseñarte a tocar la guitarra’. De todas formas, Morgan aclaró esto agregando, ‘Pero te pueden ayudar a aprender’. Esto es bastante obvio. Ya sea aprender a tocar un instrumento musical, jugar un deporte, o una amplia gama de otras actividades humanas, podemos darnos cuenta intuitivamente de que los docentes no crean el aprendizaje; solamente los aprendices pueden crearlo. Y, sin embargo, nuestras aulas parecen basadas en el principio opuesto: que si realmente se esfuerzan, los docentes pueden “hacer” el aprendizaje por los estudiantes” (Wiliam 2011: 145. Embedded Formative Assessment).
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Como muy bien lo expresó Philippe Meirieu, “No hay aprendizaje sin deseo. Pero el deseo no es espontáneo, el deseo hay que hacerlo nacer. Es responsabilidad del educador crear situaciones que favorezcan la emergencia de este deseo. No nos podemos contentar con dar de beber a quienes ya tienen sed, también hay que dar sed a quienes no quieren beber”. Esta es probablemente la mayor dificultad del oficio docente, porque está fuera de nuestro control.
La Devolución: Un Proceso Orientado a la Autonomía
En este contexto, es esencial diferenciar entre dos tipos de retroalimentación: la que genera dependencia y la que fomenta la autonomía. La retroalimentación que genera dependencia es aquella en la que los estudiantes se vuelven pasivos y esperan siempre que el docente corrija sus trabajos y les diga qué deben hacer. Ante cada tarea esperan que el docente defina si está bien o no. Es aquí que resulta de interés introducir el concepto de devolución.
Este término tiene su origen en el verbo «devolver», que proviene del latín y significa «hacer rodar hacia atrás» o «volver algo al lugar de donde salió». En psicología, especialmente en el ámbito clínico y terapéutico, la devolución se refiere al proceso mediante el cual el profesional comunica al paciente o cliente observaciones, hipótesis, diagnósticos o interpretaciones surgidas durante el trabajo terapéutico. No se trata solo de transmitir información técnica, sino de hacerlo de forma empática y comprensible, facilitando que la persona pueda integrar esa información en su proceso de autoconocimiento y sanación. En las disciplinas artísticas la idea de devolución suele vincularse a instancias de crítica constructiva que surgen en espacios como talleres creativos o procesos de formación. Aquí, la devolución no se entiende como una corrección externa, sino como una respuesta que devuelve al autor o creador una mirada sobre su propio trabajo y un intercambio de impresiones y sugerencias que ayudan al creador a tomar distancia de su obra, reconsiderar decisiones y abrir nuevas posibilidades de exploración. De allí mi preferencia por el concepto de devolución.
La devolución implica ayudar al estudiante a construir autoconciencia, a “darse cuenta” por sí mismo de lo que está logrando y lo que no. Implica partir de la base de que necesito cultivar en el estudiante el deseo de aprender y mejorar. La retroalimentación muchas veces ignora la subjetividad del estudiante. La devolución implica una apuesta al involucramiento del estudiante con el aprendizaje -in-volucrar: dar una vuelta hacia adentro, envolver-, del mismo modo que un artista o un deportista quieren mejorar sus producciones y desempeños. En educación la devolución es un acto de cuidado y respeto, en el que quien ofrece comentarios asume la responsabilidad de ser claro, constructivo y sensible a la subjetividad del otro.
Una devolución implica además que el estudiante tendrá la posibilidad de hacer algo con ella, no tiene sentido si no hay un momento siguiente de reelaboración. Es parte de un proceso en marcha que continúa. Muchas veces damos una explicación de las insuficiencias en un trabajo, pero el estudiante ya no tendrá oportunidad para mejorarlo. La devolución es percibida por la persona que la recibe desde su subjetividad. Puede ocurrir que brinde una muy buena devolución, pero que la otra persona la perciba como una agresión, o la sienta como algo lejano, incomprensible o irrelevante. Una buena devolución implica cierto grado de empatía con el estudiante. Necesito entrar en contacto en un nivel afectivo, involucrarme, traspasar la superficie del mero cumplimiento de la obligación de corregir y hacer comentarios. El estudiante necesita sentir esa empatía y un vínculo que lo convoca a algo nuevo, a salir de sí.
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Lo expresado hasta aquí no implica, en modo alguno, que esté mal corregir o indicar errores. Hacerlo es necesario en muchos momentos. Lo importante es que el conjunto de nuestro modo de trabajar ayude a los estudiantes a comprender lo que aprenden y a apropiarse de su propio trabajo. Volverse “autores”. Lo que necesitamos evitar no es el señalamiento de errores sino la construcción de relaciones de dependencia del alumno respecto del docente en tanto única autoridad que continuamente define lo que está bien y lo que está mal.
Componentes Esenciales de una Devolución Efectiva
La devolución y retroalimentación como proceso siempre ha estado presente en el ámbito educativo. Desde un enfoque formativo se concibe la retroalimentación como un aspecto clave en la relación planificación - enseñanza y evaluación en los procesos de aula, debido a que es este proceso el encargado de unir lo que se diseña, lo que se implementa y los resultados que se obtienen, con acciones concretas que promueven el alcance de la meta final de aprendizaje. Sadler (1989) sostiene que, si no proporcionamos estrategias de cómo mejorar el proceso de aprendizaje, la retroalimentación puede verse como datos aislados o que no conducen al estudiante a realizar ninguna acción. Por eso, en la medida en la que hagamos más y mejores devoluciones a los estudiantes y los involucremos en los procesos evaluativos, podremos observar en ellos conductas autónomas para mejorar los procesos de aprendizaje.
Sadler plantea tres componentes esenciales en una retroalimentación efectiva traducidos a las siguientes preguntas:
- ¿A dónde voy? Como primera pregunta para reconocer y comprender de forma conjunta la meta de aprendizaje. En este primer paso es válido la comunicación de los objetivos como un primer acercamiento a los procesos de devolución.
- ¿Cómo voy? ¿Dónde estoy? Es la segunda pregunta que busca brindar información sobre el nivel alcanzado en la actividad que se pretende retroalimentar. En este punto son indispensables los comentarios que hace el docente y el lenguaje que usa. Pues una devolución centrada “en lo que se hizo mal” fomentará en el estudiante el refuerzo de su conducta negativa. No se trata de indicar que todo fue o está muy bien, se trata del lenguaje que se emplea para indicar que el desarrollo de una actividad no se dio como esperaba. Por eso, es fundamental en los procesos de devolución acompañarlos de la rúbrica evaluativa elegida para ese proceso, pues a la luz de estos elementos es que se considera que un ejercicio no fue completamente exitoso.
- ¿Cómo sigo avanzando? Esta tercera pregunta pretende cerrar la brecha entre el objetivo y los desempeños alcanzados hasta el momento. A través del establecimiento de una ruta o de estrategias concretas se sugieren prácticas para mejorar los desempeños, en relación con los puntos o evidencias que se han detectado como susceptibles de mejora.
Una retroalimentación efectiva y formativa debe ser entregada antes de la evaluación sumativa, de esta manera garantizamos tener tiempo y espacio para realizar ajustes en caso de ser necesarios. Cuando la devolución se hace después de asignar la calificación, los estudiantes pueden encontrarla como un sin sentido, pues no tendría efectos en la mejora de sus aprendizajes, perdiendo la pertinencia para realizar ajustes en el proceso del estudiante y del docente. La información contenida en las evaluaciones debe ser priorizada en grado de importancia. Es así como diversos autores como Zepeda (2017) han establecido siete prácticas asociadas a una retroalimentación efectiva, expresadas así:
7 Prácticas para una Devolución y Retroalimentación Efectiva
- Definir explícitamente los objetivos de aprendizaje y los criterios de evaluación: Entregar de forma escrita a los estudiantes los objetivos y criterios sería una buena práctica para este primer paso. Además, permitirles la discusión y reflexión respecto a ellos previo al desarrollo de la actividad evaluativa.
- Facilitar la reflexión del estudiante respecto al nivel que está alcanzando: Pedir a los alumnos que reconozcan las fortalezas y debilidades en su propio trabajo en relación a los criterios ya conocidos, previo a la entrega final al docente, permite un grado de conciencia mayor respecto a lo desarrollado. Además de que propicia la corrección de lo que se está llevando a cabo antes de hacer una entrega final.
- Entregar información de alta calidad a los estudiantes: Entregar un asesoramiento que corrija, implica no solo hablar de fortalezas y debilidades, sino que también debe apoyarlos con estrategias concretas para mejorar las dificultades encontradas.
- Promover diálogos en torno al aprendizaje con el profesor y compañeros: La retroalimentación efectiva es entendida más como un diálogo que como la transmisión de información. Por eso una estrategia que puede ser usada para comenzar un diálogo es al final de una sesión o unidad, proponer un par de preguntas que el estudiante debe responder por escrito de forma individual y luego socializar para saber cómo les pareció la clase, cómo se sintieron, qué estrategias usaron para mejorar y comenzar a dialogar en relación a los procesos llevados en clase.
- Potenciar y fortalecer las creencias motivacionales positivas y la autoestima: La devolución debe estar centrada en el desempeño de una actividad en un contexto determinado, más no en la persona. Un buen ejemplo de esto es permitirles en caso de tener bajos desempeños, reelaborar la tarea pues esto ayudará a que el estudiante transforme sus expectativas y habilidades frente a esta.
- Proporcionar información a los profesores para ayudar a enriquecer la forma y las estrategias para la enseñanza: Entregarles a los estudiantes una pauta con los criterios evaluativos y pedirles que señalen aquellos que consideran relevantes y necesarios para la devolución que debe hacer el docente. De esta manera observamos sus percepciones respecto a los criterios que establecemos o las tareas que asignamos, esto nos será útil en la medida en que transformemos estrategias y sean cada vez más adecuadas al tipo de estudiante.
Prácticas para una Devolución que Sirva a su Objetivo (Anijovich y González, 2011)
Para evitar situaciones donde la devolución no sea efectiva, Anijovich y González (2011) proponen una serie de prácticas:
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- Compartir las expectativas de logro con los alumnos: Comenzar los procesos de devolución haciendo hincapié en los criterios y objetivos que se tienen para realizar una actividad o proceso en particular, contribuye en gran medida a establecer hacia dónde vamos, por qué y para qué.
- Identificar los problemas: Permitir que sean los mismos estudiantes quienes en el desarrollo del ejercicio puedan identificar en qué se están equivocando, desarrollando habilidades de autorregulación de los aprendizajes. Solo cuando el docente identifica que las conclusiones a las que llegan los estudiantes son erróneas, deberá intervenir con las preguntas adecuadas para que sean los estudiantes los encargados de identificar en qué punto se están desviando del objetivo.
- Ofrecer criterios o construirlos con los alumnos: Se pretende que, conociéndolos los estudiantes después de finalizar la actividad o el proceso puedan autoevaluarse o evaluar a sus pares a la luz de los criterios previamente construidos.
- Mostrar buenos ejemplos y contraejemplos: Además de demostrar un resultado exitoso y otro no tanto, el docente podrá ofrecer ejemplos en tiempo real que permitan que éste pueda expresar en voz alta un procedimiento o la racionalización de la tarea desde la construcción personalizada del docente.
- Plantear la retroalimentación en un tiempo cercano a la producción de la tarea: Los estudiantes pierden rápidamente el interés por la devolución si ésta no tiene efectos sobre el proceso o si se realiza tiempo después a la actividad, cuando no exista mayor oportunidad para efectuar cambios.
- Focalizar algunos aspectos del desempeño: El docente deberá seleccionar aquellos aspectos de mayor relevancia para ser comunicados y con base en esto poder establecer un plan de seguimiento que realmente vaya a ser asumido por el estudiante.
- Ofrecer preguntas: Se destacan las preguntas que realiza el docente para que sus estudiantes reflexionen sobre sus procesos de aprendizaje de forma autónoma.
- Impulsar nuevas y variadas oportunidades: Este aspecto hace alusión a los distintos escenarios y posibilidades donde los estudiantes podrán demostrar sus avances, sus dudas o formulen preguntas.
Desafíos de la Devolución en Clases Remotas
Proporcionar comentarios efectivos puede ser aún más desafiante en clases remotas. La dificultad obvia es que no es posible moverse entre los estudiantes de manera rápida y eficiente para verlos y escucharlos en actividades de producción lingüística. En un salón de clases físico, podemos caminar, monitorear y dar explicaciones de forma personalizada según sea necesario, ayudar a los estudiantes y recopilar información para compartir con toda la clase después, de modo que es más fácil reaccionar a sus necesidades. Cuando un docente está monitoreando salas de grupos reducidos, no sabe qué están haciendo los estudiantes en otras salas. Los estudiantes no pueden ver a sus otros compañeros de clase mientras están en las salas de grupos reducidos, por lo que no se benefician de su producción.
Oliver Sandon, Master Lead de Inglés sin Fronteras en Colombia, comparte estrategias para abordar estos desafíos:
- Debe ser significativa: Esto se puede lograr abordando ejemplos que hayan sido producidos por los propios estudiantes, ya sea de forma escrita o hablada, y relacionando los comentarios con la forma en que les puede servir para usar el idioma fuera del aula, en su contexto, teniendo en cuenta sus metas de aprendizaje.
- Debe desarrollar la toma de autoconciencia de los estudiantes: La devolución efectiva ayuda a los estudiantes a reflexionar sobre su aprendizaje y progresar, para lo cual deben ser parte del proceso de retroalimentación.
- Debe ser oportuna y regular: Hay una tendencia a proporcionar comentarios al final de una clase.
- Monitorea lo más sistemáticamente posible: Recorriendo las salas para grupos reducidos y tratando de distribuir la atención de la manera más uniforme posible.
- Toma decisiones estratégicas sobre si tener tu cámara encendida: Mantener la cámara apagada puede ser menos intrusivo, pero puedes decidir encenderla cuando quieras que te presten atención para brindar devoluciones o apoyo.
- Realiza correcciones inmediatas: A través de interjecciones y mediante el uso del chat, que también es efectivo para correcciones menos intrusivas ya que no interrumpe el flujo.
- Recoge datos: Ya sea utilizando las diapositivas de la clase, la pizarra digital, un bloc de notas tradicional u otras herramientas digitales como Padlet o Jamboard, es importante recopilar datos sobre lo que ves y escuchas en las salas para grupos reducidos para poder llevarlo a la sesión plenaria y compartirlo.
- Usa apoyo visual: Algún tipo de soporte visual ayuda a estructurar las devoluciones y esto a menudo se puede complementar con comentarios y palabras escritas en el chat.
Además, hay una serie de herramientas digitales que proporcionan devoluciones interactivas automáticas. Tenemos que ser estratégicos a la hora de seleccionarlas. Estas herramientas pueden complementar el trabajo del docente.
El Impacto de una Devolución de Calidad
Dar devoluciones efectivas es una de las acciones más potentes que los docentes pueden hacer para influir en el desempeño de los estudiantes. Aunque brindar devoluciones es una de las acciones de enseñanza con mayor potencial de impacto sobre los aprendizajes, no toda devolución es efectiva. Esto significa proporcionar comentarios sobre los que los estudiantes puedan actuar, lo que se puede lograr centrándose en cómo los estudiantes completaron la tarea y cómo podrían hacerlo mejor la próxima vez en lugar de centrarse en los propios estudiantes. Esto los ayudará a darse cuenta de que su nivel actual de competencia comunicativa no es fijo, pueden seguir mejorando, y desarrollarán un sentido de autoeficacia.
Los elogios y las calificaciones pueden desviar la atención de los estudiantes de la tarea y enfocarlas hacia ellos mismos como personas. Hay investigaciones que sugieren que incluso si los docentes dan una devolución detallada, cuando esta va acompañada de calificaciones, los estudiantes no se concentran en ella y se puede crear la idea de habilidad fija en ellos. El estudiante es un participante activo en el proceso. Diferentes estudiantes responderán de diferentes maneras. Si la retroalimentación es procesable, la forma en que actúen dependerá del estudiante. La devolución es mucho más amplia que la corrección de errores. La corrección de errores puede ser una buena fuente de ejemplos para ilustrar que los objetivos lingüísticos de los estudiantes también deberían influir en los procesos de retroalimentación.
En resumen, la devolución es un aspecto clave de la enseñanza con un gran potencial para impactar positivamente en el proceso de aprendizaje de los estudiantes. Los docentes toman muchas decisiones en relación con esto a diario.
