Descubre Cómo la Oposición Activa Desafió el Régimen Porfirista y Cambió Méxicopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El Porfiriato fue un período de la historia política de México durante el cual la nación estuvo bajo el control autoritario del militar oaxaqueño José de la Cruz Porfirio Díaz Mori (1830-1915). Fue una etapa de estabilidad política basada tanto en el establecimiento de acuerdos como en el autoritarismo, la represión política y la censura de prensa. La política durante el Porfiriato estuvo mayormente subordinada a la voluntad del dictador y a su alianza con los militares.

Los inconformes al régimen de Porfirio Díaz nunca pudieron hacer pie ante el régimen sino hasta su final. Sin embargo, no se trató de un movimiento unificado, sino de diversas corrientes. Más que un movimiento político que hiciera contrapeso al oficialismo, lo que existieron fueron grupos contrarios a la administración de Porfirio Díaz; en lugar de una, varias oposiciones. Cada una de estas, inconforme con aspectos diferentes del gobierno; muchas veces, enemigas entre sí. La pervivencia de las expresiones opositoras a lo largo de más de 30 años de gobiernos porfiristas da cuenta del apoyo que recibieron del público y la importancia de su rol en el ambiente político.

La Prensa Independiente como Voz de Oposición

En los primeros pasos del porfiriato, la oposición era poca, aunque diversa, sostenida y organizada. Para buscar aquellas notas disonantes es preciso dirigir la vista hacia la prensa independiente. Hasta los últimos años del porfiriato no se habían presentado grandes oposiciones durante las elecciones, ni existía el sistema de partidos institucionalizado hoy en día. Los primeros críticos encontraron en la prensa un espacio donde pudieron ejercer la libertad de expresión, aunque esta fuera limitada. La función de estos periódicos fue más allá del mero quehacer noticioso; dieron voz a los grupos políticos segregados, evidenciaron la censura sistemática, denunciaron los presuntos desfalcos y los obvios atropellos a las libertades, mostraron su compromiso social y construyeron la opinión pública.

La Oposición Liberal

Los liberales adversos al nuevo rumbo que tomaba su ideología bajo el manto porfiriano no se imaginaban salir de su partido para formar otro; reconocían diferencias, pero su discurso, muchas veces, era lograr el cambio desde dentro. En cierto sentido, estos opositores eran privilegiados, pues su abierta adhesión al credo liberal los absolvía de los 400 motes y descalificaciones que la prensa pagada lanzaba a sus contrarios. Además, sus manifestaciones encontraron respuesta en la forma de debates.

La primera de las ovejas descarriadas fue El Monitor Republicano, anciano venerable y miembro distinguido del liberalismo más recalcitrante. Este periódico defendió los principios liberales durante los momentos de mayor confrontación con los conservadores; era un superviviente de múltiples guerras que no se hallaba en los nuevos tiempos, cuando descubrió que el liberalismo por el que había peleado no se parecía al que se adjudicaba el triunfo en el gobierno. Aunque de misma ideología que el oficialismo, El Monitor Republicano era prensa independiente y sus páginas representaban al mismísimo liberalismo de la Reforma. Los redactores no simpatizaban con el positivismo, ni con la tendencia de ensalzar el progreso materialista por encima de las libertades y el cultivo de los valores sociales. Advertían, pues, que frente a las ideas con las cuales coqueteaban los más jóvenes liberales, la sociedad estaba en peligro de decadencia.

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Sus mayores preocupaciones eran otras. Por una parte, denunciaban que los hombres alrededor del presidente se aprovechaban de un corazón generoso y buenas intenciones para cometer abusos y atropellos legales. Por otra, acusaban a las reelecciones como una inconsecuencia de los tuxtepecanos y los principios liberales. En aquella misma sintonía escribió El Diario del Hogar, de Filomeno Mata, periodista comprometido con el oficialismo hasta 1887, cuando se modificó la constitución para que Porfirio Díaz se reeligiera sin obstáculos. Esto fue juzgado por el periódico como un retroceso en las instituciones liberales, que no necesariamente era culpa de Porfirio Díaz. Semejante práctica antiprogresista, escribió El Diario del Hogar, no podía venir del intelecto, ni las intenciones del presidente; se trataba de un plan maquiavélico orquestado por los funcionarios públicos de mediano rango, aquellos vividores del erario que pretendían alargar sus carreras políticas con el fin de mantener su cómodo estilo de vida. Otra gran preocupación que tuvo Filomeno Mata, en consonancia con El Monitor Republicano, fue la destrucción del sufragio libre. Hubo una notoria caída de la simpatía hacia Porfirio Díaz a partir de 1887, cuando se llevó a cabo el plan maestro de la reelección indefinida. Fue el punto de no retorno.

La Oposición Católica

En realidad, la oposición católica tuvo varias caras, separadas del enemigo caricaturesco pintado por el discurso del oficialismo. Para empezar, los católicos fueron los grandes perdedores de la política de conciliación: a diferencia de algunos conservadores, monárquicos y la mayoría de los liberales, no se unieron al gobierno, ni cesaron las calumnias hacia sus prohombres en las páginas subvencionadas. Tampoco vieron anuladas las leyes intolerantes promulgadas en el calor de la Guerra de Reforma. Coartados los espacios de participación política tradicionales y estigmatizados como mochos, retrógrados, cangrejos… los católicos se volvieron críticos del porfiriato a través de la prensa periódica, en cuyas páginas plasmaron verdaderos proyectos alternativos al liberalismo, sin el freno de mano característico de la crítica hecha por los liberales independientes.

De los múltiples periódicos católicos destacó una trinidad: La Voz de México, El Tiempo y El País. Todos eran proyectos laicos. Fundada en 1870, La Voz de México representaba al catolicismo de la vieja guardia; sus miembros eran conservadores y habían trabajado para el imperio. Desde sus inicios, miraron al porfiriato con escepticismo. La crítica por excelencia hacia las administraciones porfirianas es que se regían por el liberalismo, una ideología inmoral y pecaminosa, debido a sus presupuestos filosóficos acerca de los humanos y su organización en sociedades.

Quizá el mayor crítico del porfiriato fue El Tiempo. No sólo fueron el motivo de su éxito un estilo culto e incisivo, junto con una agenda bien sistematizada desde sus inicios; sobre todo, estos católicos introdujeron una novedad en el campo periodístico y en la esfera política mexicana: la cuestión social. Si bien, este tema parece más propio de los revolucionarios, lo cierto es que los católicos fueron pioneros en evidenciar las consecuencias sociales del liberalismo económico y su raudo progreso sobre el territorio mexicano: usura, empleomanía, alcoholismo, prostitución y juego. El Tiempo denunció cuanto se le puso en frente: el arreglo de las elecciones, la hipocresía del régimen -al pregonar libertades para los ciudadanos, pero coartar las aspiraciones de los católicos-, lo que llamaban “degeneración social” y la filia de los liberales con el vecino del norte. Los católicos también se pronunciaron en contra de las reformas constitucionales para que Porfirio Díaz se mantuviera en la presidencia.

La Represión y la Censura como Instrumentos del Régimen

La represión política fue un recurso habitual del Estado durante el Porfiriato, especialmente en el período de 1890 a 1908, en el que se acentuaron su centralismo, su paternalismo y su autoritarismo, todo justificado con el argumento de que era necesaria la pacificación forzosa del país. La censura de prensa violentaba la libertad de imprenta consagrada en la Constitución de 1857 y se amparaba en la llamada Ley Mordaza de 1882, que permitía al régimen de Porfirio Díaz ejercer una censura selectiva contra los medios que criticaban al gobierno e incluso encarcelar a sus periodistas.

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A menudo se exagera la censura ejercida en el porfiriato. Sin embargo, negarla sería un error tan grande como exacerbarla. La maquinaria del régimen tenía muchos medios para frenar a los periodistas: denuncias, encarcelamientos, confiscación de imprentas… No obstante, el más usado fue oponer sus propios periódicos a los independientes, con una versión de los hechos rebajada o ausente. Cuando no pudo recurrir a la conciliación o la negociación, Porfirio Díaz optó por un segundo camino: la fuerza y la represión. Para ello utilizó al ejército, a la policía y a la policía rural.

Las rebeliones más conocidas fueron las de Trinidad García de la Cadena y Heraclio Bernal, en 1886 y la de Ramón Corona, en 1889. Los cuerpos de rurales se encargaban de aplastar violentamente todo rasgo de rebelión que apareciera en el país. Así sucedió con los yaquis de Sonora y con los mayas en Yucatán. La más importante de las rebeliones fue la de Tomóchic, en noviembre de 1891, debido al pésimo estado de los campesinos que vivían miserablemente y no podían defender sus derechos. También fueron ahogadas en sangre las rebeliones agrarias de Sonora y Yucatán.

El Surgimiento de los Magonistas y el Preámbulo de la Revolución

La corrupción, el fraude electoral y la represión fueron las propuestas de la administración Díaz a las tensiones sociales, nacidas del contraste entre una oligarquía poderosa, controladora de los resortes económicos y políticos y una población de casi 13 millones de personas ligadas mayoritariamente a la tierra. Hubo varios grupos sociales contra su gobierno pero el que más destaca es el de los "magonistas" un pequeño grupo de "bandidos" guiados supuestamente por los intereses personales de los hermanos Flores Magón, sin embargo ellos se llamaban a sí mismos "liberales" y después "anarquistas". Tiempo después historiadores usaron el término "magonismo" para identificar el movimiento influido por el pensamiento de los Flores Magón y otros colaboradores del periódico Regeneración como Librado Rivera, Anselmo L. Figueroa y Práxedis G. Guerrero.

Francisco I. Madero y el Estallido de la Revolución Mexicana

La crisis de 1907 y las luchas de sucesión en el seno del gobierno favorecieron el inicio de la revolución mexicana, dirigida por Francisco I. Madero. Cuando en 1910, con 80 años de edad, presentó nuevamente su candidatura a la presidencia y fue proclamado vencedor, el descontento político y social desató, el 20 de noviembre de ese año, la rebelión del político liberal Francisco I. Madero. A raíz de estas declaraciones, se crearon partidos políticos de oposición para las elecciones que se llevarían a cabo en 1910, destacando el partido Anti-reeleccionista, encabezado por Francisco I. Madero.

El 5 de junio de 1910, poco antes de las elecciones, se había arrestado a Francisco Madero acusado de sedición. El 21 de junio se celebraron las elecciones en medio de masivas acusaciones de fraude por parte del Partido Antirreeleccionista. El gobierno declaró que la lista electoral de Díaz y Corral había resultado reelegida, y que ninguna candidatura de oposición había recibido suficientes votos como para ser miembros del Congreso. Estaba tan confiado que el 22 de julio dejó a Madero libre bajo fianza.

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El 6 de octubre, Madero había escapado de San Luis Potosí, donde estaba bajo fianza en espera de juicio, y desde San Antonio, Texas, anunció un programa bajo el nombre del plan de San Luis Potosí. Acusando a Díaz de haber llevado a cabo elecciones fraudulentas, Madero asumió el cargo de presidente provisional y convocó al pueblo a la revuelta el 20 de noviembre de 1910. El intento de rebelión llevado a cabo por Aquiles Scrdán, el líder del Partido Antirreeleccionista en Puebla, fue aplastado por las autoridades porfiristas. Pero para sorpresa tanto de Díaz, que había tomado posesión el día 1 de diciembre, como de Madero, el movimiento popular estalló en las montañas del oeste de Chihuahua, y bajo la dirección de Pascual Orozco y Pancho Villa, los revolucionarios pronto se hicieron con el control de gran parte del estado.

El 14 de febrero de 1911, Madero cruzó la frontera y asumió el liderazgo de los revolucionarios de Chihuahua. Entre febrero y marzo las revueltas locales se empezaron a extender por todo México. Emiliano Zapata encabezó una rebelión campesina en Morelos, mientras Jesús Agustín Castro, Orestes Pereira y Calixto Contreras se levantaban en la Laguna. Se produjeron revueltas de menor envergadura por todo el país, y hacia el 21 de abril de 1911 la mayor parte del campo mexicano estaba en manos de los revolucionarios.

Chihuahua fue el principal escenario de las derrotas porfiristas, ya que Pancho Villa y Pascual Orozco conquistaron Ciudad de Guerrero, la ciudad de Mal Paso, venció en la batalla de Casas Grandes, Chihuahua y la toma de Ciudad Juárez. Por el Sur, Emiliano Zapata al frente de sus tropas campesinas, amagaban la capital y derrotaron en Cuautla al 5.º Regimiento de Oro (el mejor batallón del Ejército federal) aunque irrelevantes en el plano militar, fueron las batallas que facilitaron el camino de los revolucionarios hacia la victoria contra la dictadura.

El 21 de mayo de 1911, Madero y el gobierno federal firmaron el tratado de Ciudad Juárez, que contemplaba la dimisión de Díaz y Corral antes de finales de mayo, y el nombramiento de Francisco León de la Barra, que no había participado en la Revolución, como presidente provisional. Díaz fue derrotado militarmente y en el terreno político, renunció a la presidencia el 25 de mayo de 1911 y abandonó el país para siempre. Muchos seguidores de Madero se opusieron firmemente al tratado pensando que se renunciaba a una victoria inminente; sin embargo, Madero aceptó las condiciones y en los meses siguientes colaboró con el gobierno provisional para ponerlas en práctica, especialmente haciendo todo lo posible por lograr la disolución del ejército que le había proporcionado la victoria. Después de alguna vacilación, incluso respaldó los esfuerzos realizados por el gobierno provisional para desarmar por la fuerza a los revolucionarios de Morelos, encabezados por Emiliano Zapata.

Principales Figuras y Movimientos de Oposición al Porfiriato

Grupo de Oposición Figuras/Líderes Destacados Medios/Movimientos Principales Puntos de Crítica
Liberales Independientes Filomeno Mata El Monitor Republicano, El Diario del Hogar Reelección presidencial, abusos de poder, destrucción del sufragio libre, positivismo materialista
Católicos La Voz de México, El Tiempo, El País Liberalismo "inmoral", cuestión social (usura, alcoholismo), arreglo de elecciones, leyes anticlericales
Rebeliones Regionales y Campesinas Trinidad García de la Cadena, Heraclio Bernal, Ramón Corona Levantamientos locales Condiciones de vida, pérdida de tierras, autoritarismo
Magonistas (Anarquistas/Liberales) Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón, Librado Rivera, Anselmo L. Figueroa, Práxedis G. Guerrero Periódico Regeneración Régimen autoritario, injusticia social, fraude electoral
Revolucionarios Maderistas Francisco I. Madero, Aquiles Serdán, Pascual Orozco, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Jesús Agustín Castro, Orestes Pereira, Calixto Contreras Partido Antirreeleccionista, Plan de San Luis Potosí, Rebeliones armadas Fraude electoral, autoritarismo, reelección indefinida, falta de democracia

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