Descubre la Verdad Oculta del Maíz en México: Mercantilización, Leyes y Productos Increíblespost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Desde la época prehispánica el alimento más representativo de la comida e identidad mexicana ha sido el maíz; hasta el mismo Octavio Paz cita “el invento del maíz por los mexicanos, sólo es comparable con el invento del fuego por el hombre”. Su utilidad en la cocina varía desde lo dulce a lo salado, para la gastronomía mexicana, debido a que es un cereal muy versátil. Sin embargo, en el contexto actual, la alimentación y lo que hay en torno a ella son elementos básicos para el análisis de la crisis civilizatoria que vivimos. Algunos de los fenómenos vinculados con ello son la pérdida de biodiversidad, el aumento de enfermedades como cáncer y diabetes, el uso de agroquímicos y sus consecuencias en el ambiente y la salud, la creciente pobreza e inequidad, y los conflictos por el agua y el territorio.

La producción industrial está basada en la simplificación de los ecosistemas, lo cual genera consecuencias que han sido ampliamente documentadas. Una de estas implicaciones es la erosión de la diversidad en múltiples dimensiones: genética, cultural, alimentaria, etcétera (Bartra, 2013). En ese sentido, los países mega-diversos y sus especies nativas resultan altamente vulnerables a sufrir este fenómeno y México, al estar en esta categoría, presenta signos de ello. En contraste a lo anterior y al escenario presente, gracias a las prácticas que se desarrollaron alrededor de los cultivos, como el intercambio de semillas, surgieron cientos de variedades tanto de maíz como de otras especies. Es decir, que la presente riqueza genética de México está en gran parte relacionada con las prácticas ancestrales de selección, manejo, siembra y consumo de semillas.

El fenómeno de la mercantilización forma parte importante de la crisis y de las alteraciones en la relación hombre-naturaleza que llevan a subordinar la vida y sus relaciones al mercado y sus reglas. El hecho de que la sociedad de mercado subordine la vida a las reglas mercantiles implica que todos y cada uno de los procesos de la naturaleza y la sociedad estén atravesados por esta premisa; el maíz, el maíz transgénico, la biotecnología, los marcos legales, los programas de producción agrícola, el cambio en las leyes de semillas, etcétera, y también los efectos ambientales (Machado, 2010). En este contexto el artículo estudia cómo se conformaron en México las relaciones económico-políticas y científicas que definieron el escenario presente de mercantilización de las semillas de maíz. Tanto la ciencia como los regímenes de acumulación son elementos fundamentales para la comprensión de los cambios que vive el capitalismo y cómo el maíz se ve implicado en esta transformación (Jasanoff, 2004; Sunder, 2007).

Según Sunder (2007), dentro de la mercantilización se dan importantes relaciones entre los regímenes político-económicos y los desarrollos científico-tecnológicos. Por un lado, la ciencia y los elementos que la componen se corporativizan, es decir, se centralizan en crear elementos que puedan ser vendidos. Por otro lado, tanto la política como la economía se ven presionadas en reacomodarse de acuerdo con las demandas científicas para regular todo ese flujo de nuevos descubrimientos y avances científicos. La ciencia y la tecnología son indispensables para la expresión y ejercicio del poder. Estos elementos actúan como agentes políticos; por lo tanto, resulta imposible separar a las dinámicas políticas de los cambios científico-tecnológicos. Según el concepto de co-producción, esta relación es inherente a la existencia del ser humano; en cada etapa de la historia del hombre, las formas de entender el mundo físico y no físico están enlazados con los cambios sociales. De la misma forma, las problemáticas sociales rara vez llegan a resoluciones sin cambios en las estructuras del conocimiento.

Regímenes de Acumulación y la Revolución Verde en México

Al paso de los años, México ha experimentado distintos regímenes de acumulación, entendiendo por régimen a una “modalidad, históricamente determinada, de funcionamiento del capitalismo, que despliega determinadas formas de valorización y acumulación capitalistas, por medio de las cuales el sistema procesa sus contradicciones e impulsa el proceso de crecimiento y desarrollo” (Valenzuela, 1991).

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El Régimen Fordista y la Modernización Agrícola

A mediados de 1940 y hasta la década de 1980 se vivió el régimen Fordista de acumulación, el cual se caracterizaba principalmente por la estandarización para la producción en masa de mercancías; en la agricultura fue la homogeneización de los métodos de siembra. En México este régimen llegó con una organización nacional que planteaba la influencia estatal como prioritaria en la gestión productiva y social. Bajo este contexto de gestión estatal y régimen Fordista se desarrolló el modelo de “Sustitución de Importaciones”, el cual daba a la industria por primera vez en México un papel importante para la producción de alimentos.

Dentro de esta dinámica de intervención estatal y homogeneización se produce una iniciativa general de modernización agrícola, la cual venía acompañada de la creación de tecnologías y prácticas agrícolas para elevar los rendimientos, así como un apoyo a la investigación genética para crear nuevas variedades. A esta iniciativa de fomentar una agricultura “moderna y productiva” se le conoce como Revolución verde (Hewitt, 1976). Sin embargo, producir alimentos bajo una lógica industrial y subordinar la agricultura a esta lógica, llevó poco a poco a hacer visible el drástico deterioro que los territorios sufrieron al moldearse, deforestarse y alterar sus ecosistemas.

Es importante mencionar que la Revolución Verde necesitó el apoyo estatal, que fue dado mediante la producción de instituciones, programas, etcétera, con un marco jurídico adecuado para regular los avances que surgían de este desarrollo, así como la canalización de las nuevas tecnologías, desde los centros de investigación hasta el terreno de la vida agrícola cotidiana. La dependencia económica, tecnológica e industrial jugaba un papel importante para la consolidación de la Revolución Verde, así como para el dominio agroalimentario que Estados Unidos aseguró en aquel tiempo y, en ese sentido, México tuvo un elemento ecológico que fue pieza clave para esta consolidación, un elemento que se utilizó como insumo biológico para la reproducción de capital a través de su manejo y explotación. Como uno de los cultivos más importantes en alimentación mexicana el maíz se vio inmerso en estas dinámicas.

Al modernizar la producción de maíz, la relación del agricultor era redefinida por la ciencia, la tecnología y el modelo económico capitalista bajo su forma de estado benefactor a través de la integración de fertilizantes, herbicidas, pesticidas, maquinaria, nuevas variedades y manejo de riego. En 1964 se creó lo que ahora se conoce como Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos (IPGRI) con la finalidad de dar apoyo y acelerar la conservación y recolección de material genético que en esa misma década contribuyó a generar decenas de variedades mejoradas de maíz. Entre 1960 y 1965 se invirtieron aproximadamente 100 mil pesos entre Estado y la Fundación Rockefeller para la investigación agrícola y años antes, a finales de la década de 1950, un tercio de los gastos anuales para la investigación fueron invertidos en el maíz.

Marco Legal e Institucional Inicial para las Semillas

A lo largo del documento la ley buscaba mediar y regular la investigación agrícola en cuanto a la producción de semillas y las modificaciones que se lograran. La Ley sobre Producción, Certificación y Comercio de Semillas de 1961 fue parte del despliegue institucional que proponía instituciones y comités encargados de llegar a los objetivos mencionados anteriormente. De igual manera se creó dependencia a los apoyos económicos que Estados Unidos otorgó a través de la Fundación Rockefeller en el sexenio de Manuel Ávila Camacho como un “programa de ayuda técnica” para mejorar la productividad agrícola en México. Por lo tanto, si bien había un Estado paternalista que buscaba mejorar los rendimientos productivos mexicanos también era indispensable la dependencia tecnológica a Norteamérica para lograrlo.

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Instituciones clave bajo la Ley de Semillas de 1961
Institución Función Principal
Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA) Producir tecnología.
Comité Calificador de Variedades de Plantas (CCVP) Evaluación y aprobación de semillas nuevas.
Productora Nacional de Semillas (PRONASE) Multiplicación y preparación para ventas.

Transición al Neoliberalismo y la Privatización del Sector de Semillas

En México el régimen de acumulación articulado se extendió hasta mediados de la década de 1980. Para entonces, las empresas privadas que, posicionadas en el mercado a través de los otros productos tecnológicos de la Revolución verde, -los agroquímicos y la maquinaria- empezaron a abrirse paso en la investigación de semillas. Al mismo tiempo, las instituciones gubernamentales que se habían creado a raíz de la Ley de 1961 empezaron a descuidarse. Este es el caso de PRONASE, institución que para la década de 1980 había perdido fuerza, ya que le fue reducido el número de especies a manejar, así como la infraestructura operativa (Aboites, 2012; Barquera et al.).

Fue así que en 1987 Northrup King, Semillas híbridas (Delkab), Ciba-Geigy (Funk’s), y Asgrow mexicana, junto con Semillas y fertilizantes de Sinaloa e Investigadores Agrícolas S.A., se transformaron en las primeras empresas privadas en recibir autorización oficial para investigar en México sobre el maíz y en solicitar registro con el objetivo de realizar selecciones genéticas (Aboites, 2012). Por tanto, el paso del Estado Benefactor al Neoliberalismo representó una transición político-económica que vino acompañada de cambios en las relaciones de poder entre empresas privadas y Estado -entendiendo al Estado como una “forma de relaciones sociales o un proceso relacional entre seres humanos”, el cual es un proceso cambiante, dinámico que cambia con la institucionalidad que produce” (Roux, 2005).

El cambio del régimen Fordista al neoliberal se dio de manera oficial a partir de los años ochenta, acompañado de reformas estructurales en la economía nacional e internacional, ocasionando implicaciones en diferentes ámbitos. Esta vez el régimen pasó a ser de acumulación desarticulado, donde la industria determina directamente -ya sin mediación estatal- la temporalidad a la cual se busca que produzca el campo, así como las condiciones de compra, los precios y las características físicas, entre otras. La dilución de las instituciones estatales en el desarrollo y venta de las nuevas tecnologías, y el consecuente fortalecimiento de las privadas en el mercado no modificaron la mirada productivista y modernizadora que promovió la Revolución verde.

Las implicaciones que esto tuvo fueron que, por un lado, la simplificación de los sistemas agro-culturales se profundizara, priorizando continuamente el manejo monocultural sobre cualquier otra forma de siembra. Gracias a estos cambios político-económicos y científico-tecnológicos fue necesaria una reorganización jurídica que pudiera representar oficialmente la nueva forma que había adquirido el Estado, en la cual delegaba la mayor parte del desarrollo de nuevas variedades al sector privado y se limitaba a funciones administrativas. Se consideran elementos necesarios en el análisis al maíz transgénico a la tecnología transgénica aplicada a la producción de alimentos por la importancia y expansión que han tenido desde la década de 1990.

Regulaciones Legales Clave en la Era Neoliberal

Las leyes que se tomaron en cuenta para el estudio de esta transición fueron la Ley sobre Producción, Certificación y Comercio de Semillas (con sus transformaciones), la Ley Federal de Variedades Vegetales y la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, cada una con sus respectivas transformaciones. Con la reorganización jurídica, las funciones de las entidades reguladoras también evolucionaron. Por ejemplo, la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos adquirió nuevas responsabilidades, tales como:

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  • Certificar el origen y la calidad de las semillas que se ofrezcan en el comercio bajo la denominación "certificadas" y autorizar a personas del sector social y privado, para que puedan realizar dicha certificación, de acuerdo con las normas técnicas que expida y publique la Secretaría.
  • Expedir los certificados de origen para la exportación de semillas y controlar los que expidan las personas autorizadas para hacerlo.
  • Vigilar el cumplimiento de las normas técnicas relativas a la certificación y verificación de semillas.
  • Solicitar al Comité Consultivo de Variedades de Plantas, que evalúe las semillas cuando exista duda fundada sobre la veracidad de la información comercial con la cual sean ofrecidas o distribuidas.
  • Difundir las recomendaciones de uso de semillas certificadas o verificadas.
  • Integrar y actualizar el directorio de productores y comercializadores de semillas.
  • Integrar y actualizar el inventario de instalaciones y equipo para el beneficio y almacenamiento de semillas con que cuenta el país.
  • Fomentar, mediante campañas de difusión e información, el uso de semillas certificadas, con el propósito de elevar el rendimiento y la calidad de las cosechas.
  • Las demás funciones que le otorguen ésta y otras leyes y reglamentos.

Asimismo, el Comité Consultivo de Variedades Vegetales de Plantas asumió funciones clave:

  • Evaluar las variedades de plantas a solicitud de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, con objeto de constatar que la información comercial coincida sustancialmente con las características de las semillas que se ofrezcan comercialmente.
  • Emitir los dictámenes técnicos que le solicite la Secretaría.

Elaboración de Productos Derivados del Maíz: Un Caso Práctico

En el poblado de San Miguel Topilejo, Alcaldía de Tlalpan, desde hace más de 35 años la familia Olmos Flores se ha dedicado a las actividades agropecuarias y en los últimos 15 años han venido sembrando y transformando el maíz a través de distintos productos en los que destacan tortillas hechas de manera manual, tamales de diversos tipos, sopes, tlacoyos, quesadillas, tlaxcales (gorditas dulces), esquites y pan.

Como parte del proceso de aprendizaje y fortalecimiento de esta pequeña empresa, a partir del 2017 se integran como Cooperativa Agropecuaria las Tartas, S.A. de C.V. de R.L., la cual está integrada por 5 miembros de la familia y cuatro empleados permanentes. La actividad principal es la elaboración de diferentes productos, así como su comercialización de manera directa a público local y en la Ciudad de México, y de manera indirecta a través de personas que lo distribuyen al consumidor final. La diversidad de productos como pan de tipo tartaleta, panque de elote, cubilete, muffin, empanadas, pan de muerto, roscas de reyes, etc., es de aproximadamente 200 piezas diarias en temporada baja y de 700 piezas en temporada alta con un precio promedio de $10.00 por pieza. Adicionalmente, se producen y distribuyen tamales de varios tipos, tortilla, quesadilla, sope, elote hervido y esquites.

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