Descubre la Fascinante Historia del Fraccionamiento Hacienda de Buenavista: Orígenes y Evoluciónpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El 11 de marzo de 1556, el virrey Velasco cedió a Jorge Cerón Saavedra y Pablo de Vargas la merced de dos sitios de estancia en términos del pueblo de Querétaro, uno de ganado menor y otro de ganado mayor, colindantes con la estancia de Martín Jofre.

Orígenes y Formación en el Siglo XVII

Esta merced dio lugar a la formación en la primera mitad del siglo XVII de la hacienda de San José Buenavista. Se ubicaba al norte, en “términos” del pueblo de Querétaro, a unas seis leguas, en el lugar conocido como “llano de las ovejas”, a un costado del Camino Real de Tierradentro que conducía a las minas de Xichú y a las de Zacatecas, así como a la villa de San Miguel.

La hacienda de Buenavista se completó con la merced de un sitio de estancia para ganado mayor y dos caballerías de tierra en términos del pueblo de Querétaro que dio el virrey Luis de Velasco hijo, en 1607, a Juan de Saavedra y Monsalve; ese año se otorgó otra merced de un sitio de estancia para ganado menor a Juan Gutiérrez de Medina y una más para ganado mayor a Catalina de Avendaño y Mendoza.

El sitio de ganado mayor era un cuadrado de cinco mil varas por lado, correspondiente a 1 755 hectáreas y 61 áreas; el sitio de ganado menor consistía en un cuadrado con 3 333 1/3 varas por lado y su equivalente era 780 hectáreas, 27 áreas y 11 centiáreas.

Ventas y Adquisiciones en el Siglo XVII

Los herederos de estos primeros colonos vendieron las tierras al alférez Tomás González de Figueroa, vecino de la ciudad de Valladolid, quien el 17 de septiembre de 1616 también adquirió en 2 500 pesos la unidad agropecuaria más importante de la región: la estancia y labor llamada Santa Catarina, propiedad de Baltasar Mejía Salmerón.

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Al morir González de Figueroa, heredó sus enormes bienes al alférez real José de Figueroa Campofrío, quien primero vendió el Puerto de Nieto -colindante con Buenavista- a Juan Caballero en 8 000 pesos.

Al morir Díaz Varela, le sucedieron su mujer y dos hijos, vecinos del pueblo de Querétaro, quienes fraccionaron la estancia de Santa Catarina, que comprendía un sitio de ganado mayor y cuatro caballerías de tierra, y otros dos sitios de ganado mayor con sus caballerías. En 1646 la vendieron en 4 000 pesos a Juan Bautista Ruiz de Peralta, quien la poseyó hasta que falleció.

La hacienda de San José Buenavista, que Domingo Díaz adquirió con la de Santa Catarina y formó la mayor propiedad del distrito de Querétaro, fue enajenada a su deceso por su viuda e hijos. El capitán Juan de Orduña, vecino y regidor de la ciudad de México, pagó por ella 3 500 pesos.

Expansión, División y Espiritualización de las Fincas Rústicas

Para Juan Ricardo Jiménez (2003: 66-67), el caso de esta gran propiedad agraria, enclavada en una de las regiones más prósperas aledañas al pueblo de Querétaro, es ilustrativo de la alternancia en los procesos de expansión y división de las fincas rústicas, y también de cómo finalmente los bienes raíces se espiritualizaban, como sucedía en otras latitudes y épocas, y entraban en el patrimonio de la Iglesia Católica, indiscutible gran terrateniente de la época colonial.

Santa Ana Nopalucan: Un Contexto Histórico

La historia de los primeros pobladores de lo que hoy es el municipio de Santa Ana Nopalucan se remonta a la cultura olmeca-xicalanca, ya que la región de Nopalucan era paso obligado hacia el territorio de Cacaxtla y Xochitécatl, incluso en su región se cultivó el cacaxtli, una planta que dio origen al nombre del centro ceremonial que allí se edificó.

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De igual manera, los habitantes de Nopalucan junto con los de San Vicente Xiloxochitla, fueron los principales proveedores de los petates de tule que eran utilizados para dormir. El tule o junco era extraído de las zanjas o canales construidos para separar las aguas de las lagunillas y era una importante fuente de intercambio en los mercados de la época precortesiana que reportaba grandes beneficios para los habitantes de Nopalucan.

La Colonia en Santa Ana Nopalucan

Santa Ana Nopalucan o Santa Anita, como anteriormente solían llamarle debido a que poseía pocos habitantes, era un terreno arcilloso que fueron formando extensas zonas de "lagunillas", que se utilizaron en la época colonial para el pastoreo de ganado, y donde además se obtenía sal de las lagunas.

El proceso de secularización comenzó en Tlaxcala en diciembre de 1640, cuando el entonces obispo de Puebla, Juan de Palofox y Mendoza, llegó en persona a esta parte de su diócesis para poner en práctica lo dispuesto por las Jerarquías Católicas. La Iglesia de Nopalucan fue secularizada en 1640; sin embargo, no lo fue su Convento sino hasta el 29 de mayo de 1770.

En el año de 1623, se realizó un empadronamiento de las doctrinas de la Provincia de Tlaxcala. Hacia 1779, el curato de San Felipe Ixtacuixtla estaba compuesto por los pueblos de La Santísima Trinidad Tenanyecac, Santa Ana Nopalucan, Santa Inés Tecuezcoma, Santa Justina, que no poseían tierras comunales.

Siglo XIX y la Reforma

El estado de Puebla solicitó al Congreso se le concediera la anexión de Tlaxcala, ya que esta carecía de los elementos suficientes para ser considerada como estado soberano. Ante esta situación los tlaxcaltecas protestaron y ello detuvo los deseos anexionistas de Puebla. Sólo que a Tlaxcala el Congreso no le otorgó la categoría de estado soberano, sino la de territorio, quedando sujeta a los poderes federales y gobernada por un jefe político nombrado por quien fuera Presidente de la República.

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En los años de 1836 y 1840, nuevamente Tlaxcala se dividió pero ahora en tres partidos. Para 1849, nuevamente el estado de Puebla intenta anexar a su territorio el de Tlaxcala, por lo cual los habitantes elevan ante el Congreso sus rotundas negativas, mientras que los Ayuntamientos y pueblos tlaxcaltecas apoyan estas protestas rechazando igualmente la anexión.

Al ser proclamado el Plan de Guadalajara, Tlaxcala se pronuncia a favor de él, con la intención de obtener el rango de estado libre y soberano. Durante el segundo imperio, el país se dividió en 50 departamentos. Tlaxcala por su parte es dividida en tres distritos integrados por 27 municipalidades.

El Porfiriato

Un suceso interesante que se dio en este período, fue el fraccionamiento de las fincas, para la creación de sociedades rurales, que junto con la apropiación de los antiguos terrenos comunales, generó que en muchas localidades del estado se multiplicaran los pequeños y medianos propietarios. En Tlaxcala se conocen 44 casos de fraccionamiento de haciendas.

En 1877, los vecinos de los pueblos de Xiloxochitlán, Texóloc y Nopalucan compran la Finca de Tepalcate, por la cantidad de 16 500 pesos, y en total eran 295 dueños. Para 1895, los pobladores de Santa Ana Nopalucan, compran la propiedad de San Antonio, siendo un ejemplo más de cómo surgen las pequeñas propiedades.

Siglo XX y la Revolución Mexicana

A principios del siglo XX, el descontento en la población se hizo más latente y generalizado, las condiciones de vida en que se encontraba el grueso de la población tlaxcalteca, provocó que los habitantes decidieran unirse para derrocar al gobierno.

En Santa Ana Nopalucan, que pertenecía al municipio de Ixtacuixtla, se fundó una Junta Menor del Club Riva Palacio, la cual se encontraba presidida por Andrés Palma. Este Club apoyaba la reelección de Próspero Cahuantzi y en enero de 1908, sus miembros manifestaron una vez más su simpatía por el gobierno Cahuanzista.

Época Contemporánea

Como gobernador del estado de Tlaxcala en el año de 1944, figuraba el Licenciado Mauro Angulo. Al terminar la administración de Mauro Angulo, los siguientes gobiernos fueron ocupados por Rafael Avila Bretón y Felipe Masarraza hasta finales de los 50's.

Para los años de 1960 y 70, las más importantes haciendas tlaxcaltecas entre las cuales se encontraban Santa María Zoapila, Soltepec, Piedras Negras, El Rosario y Mazaquiahuac fueron afectadas en beneficio de unos 700 campesinos, de inmediato los propietarios protestaron ante el gobierno federal a razón de los invasores quienes después se retiraron.

Con los años, los procesos de industrialización generaron un importante desarrollo en el estado de Tlaxcala. Ya para el año de 1985, la industria del ramo daba empleo a unos 33,000 obreros, es decir, un 16.5% de la población económicamente activa del estado.

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