Descubre Cómo la Colonización Transformó la Costa de Jalisco Entre 1953 y 1959post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La costa de Jalisco comenzó a ser colonizada de manera sistemática hacia mediados del siglo XX, primero con repartos de tierras y estímulos fiscales durante la década de los cuarenta, en tiempos del gobierno del general Marcelino García Barragán, y después con obras de infraestructura (caminos y puertos, sobre todo) durante los cincuenta, en tiempos del gobernador Agustín Yáñez.

En el curso de los cincuenta, en concreto, la colonización tuvo un carácter épico. Los anuarios de la comisión encargada de la empresa -por dar a conocer, una tras otra, las noticias de la conquista de una tierra indómita- serían comparados con las Cartas de Relación de Hernán Cortés por el gran historiador de Michoacán don Luis González.

Ello no obstante, la historia de la colonización de la costa de Jalisco en tiempos de Agustín Yáñez (1953-1959) es poco conocida. No hubo un esfuerzo de reconstruir esa historia después de la publicación de los anuarios, en parte porque el sucesor de Yáñez en el gobierno de Jalisco buscó, al acceder al poder, un deslinde con respecto de su antecesor, deslinde que pasaba por la supresión de su proyecto de colonización.

Tampoco permaneció compacto el grupo de personas que trabajaron con Yáñez en la colonización de la costa: la propia Comisión desapareció en 1959. Además, la información reunida en los anuarios, construida a partir de datos duros, dejaba fuera la dimensión humana de lo que significó la colonización para todos los involucrados.

Para poder escribirla, junto con la información contenida en los anuarios y las leyes, tuve que recurrir a fuentes primarias, sobre todo testimonios, archivos y documentos. Esta es la metodología que está detrás del trabajo. Tuve el privilegio de conocer y tratar a muchos de los principales protagonistas de esta historia, que tenían en la mayoría de los casos, al ser entrevistados, alrededor de noventa años.

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Entre ellos quiero destacar a funcionarios como José Rogelio Álvarez, quien coordinó durante los cincuenta el esfuerzo más importante para colonizar la costa (y quien me dio acceso a su archivo personal); a arquitectos como Teodoro González de León, quien realizó los primeros planos para la ciudad de Barra de Navidad; a campesinos como Andrés Peña, quien vio la luz a principios del siglo XX en el litoral de Jalisco; y a colonos como Guillermo Gargollo, quien tuvo que talar la selva para poder sembrar los primeros cultivos a mediados de los cuarenta, en la desembocadura del río Cuitzmala.

Todos ellos fueron actores fundamentales en la colonización de la costa de Jalisco. Su testimonio, en algunos casos, aparece explícito en el texto y, en otros, está en la base de la descripción de ese paisaje natural y humano, alejado del resto del país, que desapareció con la colonización.

El gobierno de Agustín Yáñez

En marzo de 1953, Agustín Yáñez tomó posesión del gobierno de Jalisco. La fecha es importante porque con él cristalizó el esfuerzo por colonizar la costa del estado, que había comenzado tentativamente, a mediados de los cuarenta, durante el gobierno del general Marcelino García Barragán.

Agustín Yáñez era un hombre ya maduro al tomar posesión como gobernador: estaba a punto de cumplir cuarenta y nueve años. Había nacido en 1904 en el barrio del Santuario de Guadalajara, ciudad donde vivió hasta 1932, cuando llegó a la capital de México. Ahí ocupó diferentes cargos, en la academia y en el gobierno. Fue profesor en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, director de la oficina de radio de la Secretaría de Educación y jefe del departamento de bibliotecas y archivos económicos de la Secretaría de Hacienda.

"La estrecha amistad que sostenía con el presidente Adolfo Ruiz Cortines fue factor determinante para su postulación y triunfo posterior". Todo estaba de su lado para gobernar con éxito.

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"Yáñez recogió de manos de González Gallo, el 1 de marzo de 1953, las riendas de Jalisco con muy buenos augurios para los seis años siguientes", afirma un historiador del estado. "En primer lugar, porque recibía de su antecesor una hacienda pública equilibrada, sin rezagos ni adeudos en el pago de salarios a la burocracia estatal y, en segundo, porque las relaciones con los poderes Legislativo y Judicial eran bastante cordiales".

Yáñez tenía una pasión: la literatura. En 1953, al tomar posesión del gobierno de su estado, era ya miembro del Colegio Nacional. Abogado por formación, titulado en la Escuela de Jurisprudencia de Guadalajara, había publicado varios libros, hoy en su mayoría más o menos olvidados -Espejismo de Juchitán, Flor de juegos antiguos, Los sentidos del aire- pero uno de ellos fundamental, publicado en 1947: Al filo del agua, que agrupa una serie de estampas de la vida conventual, hipócrita y sombría de un pueblo del Bajío anterior a la Revolución.

Esa austeridad sería la marca de su siguiente novela, La tierra pródiga -un roman a clé que narra la historia de la colonización de la costa de Jalisco-. Fue escrita a finales de los cincuenta, durante los años en que fue gobernador.

El gobernador Agustín Yáñez dio los primeros pasos para incorporar la Costa, en Jalisco, al resto de México. La conocía bien. Era un amplio territorio que correspondía a 17 por ciento de la superficie del estado, escrito siempre con mayúscula: la Costa.

Así la describió: Superficie territorial de 18,000 kilómetros cuadrados, cruzada por siete ríos caudalosos y numerosos afluentes, dilatada o estrechada por la Sierra Madre Occidental, llena de riquezas vegetales y minerales, pródiga en tierras vírgenes, bañada por el Océano Pacífico a lo largo de 300 kilómetros de un litoral que mantiene la sorpresa del viajero, la fauna marítima opulenta, las playas, en variada sucesión, alternando los espectáculos de prodigiosa geología. Esto es la Costa de Jalisco.

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Todo aquel territorio -intocado por el progreso y por eso, para él, desperdiciado- tenía que ser incorporado a la República. Las posibilidades de la Costa, apenas calculables, ofrecen perspectivas ilimitadas al fomento económico de la nación. Comarca en mucho todavía inexplorada, incomunicada, con sólo unos cuantos emporios actuales de producción agrícola y con precaria demografía, es problema cardinal del Estado. Meta obvia del esfuerzo jaliciense, la incorporación de tan vastos territorios a la economía nacional, es la multiplicación de Jalisco al servicio de la Patria.

La colonización de la Costa cristalizó en el contexto de la Marcha hacia el Mar, el programa que lanzó en 1954 el presidente Adolfo Ruiz Cortines, apoyando la emigración de hombres y mujeres hacia las costas de México. Tenía como fin impulsar la integración nacional y consolidar la infraestructura portuaria del país.

Era uno de los programas -al menos uno de los lemas- más conocidos de Ruiz Cortines, cuyo mandato (1952-1958) coincidió casi puntualmente con el del gobierno de Yáñez en Jalisco. Ruiz Cortines pensaba sobre todo en su estado, Veracruz, pero también estaba consciente de la necesidad de poblar el litoral del Pacífico. Con cerca de 8,400 kilómetros de longitud (de los más de 10,500 kilómetros que tienen los litorales mexicanos) estaba casi por completo despoblado en algunos estados, como en Jalisco.

"Nadie ligaba a Jalisco con el mar", dice José Rogelio Álvarez, quien trabajaba con Yáñez. "Pero él advirtió las posibilidades de desarrollo de la Costa, con una imaginación muy viva, como buen novelista. Y alucinado por la Costa".

El problema era dotar a la región de los servicios indispensables para hacer la vida posible, la vida y el trabajo. No bastaba con hacer repartos de tierra sobre el papel, o exenciones fiscales, como en los tiempos del general García Barragán. Había que integrar el litoral al resto del estado.

Marcelino García Barragán promovió la colonización de la Costa esencialmente con estímulos económicos y repartos de tierras en el occidente del estado, por medio de la Ley de Fomento a la Economía de la Costa Jaliciense de 1945.

El Artículo 1° de esta ley declaraba de utilidad pública diversas actividades en la Costa, entre ellas:

  1. El fraccionamiento de las propiedades rurales cuya superficie exceda a los límites fijados por las leyes agrarias del país para la pequeña propiedad agrícola.
  2. Las plantaciones de palma real, quina, hule, cacao, vainilla, algodón, así como cualquier otro producto que sea iniciado en terrenos que actualmente carezcan de cultivo alguno.
  3. Las construcciones rurales, la pequeña irrigación, las obras de acotamiento y en general todas las que se realicen en las pequeñas propiedades agrícolas.
  4. Las empresas de servicio público.
  5. El fraccionamiento con fines urbanísticos y la construcción y reconstrucción de fincas urbanas dentro de una faja de un kilómetro de ancho a lo largo del litoral.

Todas estas actividades recibirían una serie de beneficios fiscales, en concreto la "exención total de impuestos y derechos que pudieren causarse al Estado con las operaciones de enajenación de fracciones o lotes que constituyan pequeña propiedad, incluyendo los derechos de inscripción o anotación en el Registro Público de la Propiedad".

Los privilegios fiscales eran atractivos, además, por la sencillez del diseño, pues como agregaba el Artículo 3°: "Para hacer uso de las franquicias que otorga esta ley, bastará con que los interesados presenten solicitud al delegado de hacienda de su jurisdicción, demostrándole estar en cualquiera de los casos señalados".

Pero los repartos de tierras y las franquicias fiscales no resultaban suficientes si no había también una infraestructura de servicios -agua, electricidad, comunicación por tierra- que hicieran la vida posible en la Costa. Así lo sabía el gobernador Agustín Yáñez. Para ello, para dotarla de servicios, Yáñez creó la Comisión de Planeación de la Costa de Jalisco. Y para dirigirla nombró a uno de sus discípulos en la Escuela de San Ildefonso, paisano suyo: el licenciado José Rogelio Álvarez.

José Rogelio Álvarez y la Comisión de Planeación de la Costa de Jalisco

La persona que Yáñez designó para dirigir la colonización de la costa del estado nació en Guadalajara el 12 de junio de 1922, hijo de Román Álvarez y Mercedes Encarnación, ambos de familias dedicadas al trabajo de las minas en Jalisco. Por unos años radicó en Colima; después hizo sus estudios en México, en la Escuela Nacional Preparatoria y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad.

Entre 1943 y 1952 fue reportero, editor, jefe de sección, jefe de información y jefe de redacción de la revista Tiempo, dirigida por otro autor que, como Yáñez, estaba vinculado también con el régimen de la Revolución, institucionalizada con las siglas del PRI: el gran escritor Martín Luis Guzmán.

En el invierno de 1952, José Rogelio estaba en Guadalajara para fotografiar los murales de Orozco en la capilla del Hospicio Cabañas. Más tarde habría de recordar él mismo aquel momento, que vale la pena evocar aquí, pues marca el inicio de una colaboración que habría de ser fundamental en la colonización de la costa de Jalisco. "Al torcer hacia la Calle Corona", dice, "encontramos de improviso al maestro Agustín Yáñez. Iba solo y a pie".

Yáñez era ya gobernador electo. "Yo lo había conocido en la Escuela Preparatoria de San Ildefonso, en el aula donde introducía a sus discípulos al conocimiento de los clásicos de la lengua española. Después lo vi muchas veces en la Facultad de Filosofía y Letras". Tenía con él una relación respetuosa, pero cercana.

"Fue mi maestro, un maestro excepcional", dice. "Cuando lo encontré casualmente en Guadalajara surgió la proposición suya de incorporarme a las tareas del gobierno [...] Volví a México. Pasaron poco más de dos meses y no tuve noticias suyas, hasta el 25 de febrero de 1953, en que me llamó por teléfono. Lo espero pasado mañana en casa de mi madre, me dijo".

Entre marzo y septiembre de 1953, José Rogelio Álvarez fue secretario particular de Agustín Yáñez en el gobierno de Jalisco. José Rogelio era uno de sus colaboradores más valiosos. Tras el nombre de Pascual Medellín, Yáñez lo habría de recordar ("culto, preparado, activo, incansable, lleno de don de gentes, fecundo en recursos, expedito, enérgico, práctico, valiente, honorable a toda prueba, muy inteligente") en su novela La tierra pródiga.

En septiembre de 1953, Yáñez lo nombró vocal ejecutivo de lo que fue su creación más ambiciosa: la Comisión de Planeación de la Costa de Jalisco.

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