Hacienda del Sol Toluca: Descubre su Fascinante Historia y Secretos Reveladospost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El Valle de Toluca, la región más elevada del país, se extiende en la cuenca alta del río Lerma, delimitado por la sierra de las Cruces al oriente y el volcán Xinantécatl o nevado de Toluca al poniente. Conocer los orígenes de un pueblo es fundamental para su identidad.

Orígenes Prehispánicos y la Conquista

Antes de la llegada de los españoles, diversos grupos humanos conformaron la cultura mesoamericana en el territorio del Estado de México. A lo largo del tiempo, se han encontrado restos fosilizados de mamuts en las riberas del río Lerma, exhibidos en museos como los de Ocoyoacac, la Universidad Autónoma del Estado de México y el Centro Cultural Mexiquense. En mayo de 1996, se descubrieron más restos de mamut de la época cuaternaria durante excavaciones para el drenaje en San Mateo Atenco.

La etapa final del preclásico (800 - 200 a.C.) se caracterizó por el aumento de aldeas con mayor población. En el periodo posclásico (900 - 1521), las relaciones culturales entre Tula y las poblaciones del Estado de México se intensificaron. Los otomíes, entre los pobladores más antiguos, ocuparon el territorio original del Estado de México.

Lerma se encuentra en el valle de Tollocan, nombrado así por su deidad Toloztin o Coltzin, que significa "lugar del dios Tolo". Aunque no existen documentos que certifiquen la fecha de estos asentamientos matlazincas, las investigaciones arqueológicas sugieren su existencia desde el año 1500 a.C.

Según el códice Mendoza, Itzcóatl incursionó hasta el Valle de Toluca, conquistando Atzcapozalco, Chalco, Coyoacán, y otros pueblos. Huitzizilapan fue el primer pueblo conquistado por los aztecas en el valle Matlazinca en 1426, antes de la conquista del valle por Axayácatl en 1474.

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Entre 1250 y 1478 d.C., grupos chichimecas llegaron al valle de Toluca, estableciéndose cerca de la laguna de Lerma y adoptando el nombre de matlames o matlazincas, malinalcas u otomíes surianos.

La Época Colonial y las Haciendas

Con la llegada de los españoles, se otorgaron tierras mediante mercedes y se instituyeron las encomiendas, donde los encomenderos exigían servicios personales y tributos a los indios encomendados. La primera encomienda fue dada a Isabel Moctezuma, hija del tlatoani Moctezuma, en 1526, incluyendo pueblos como Tlalaxco (Atarasquillo).

A los pocos años de la conquista, Vasco de Quiroga comenzó a forjar una forma de colonización para proteger a los indios desprotegidos, fundando el primer pueblo de Santa Fe Cuajimalpa.

Durante el siglo XIX (1810), aparecieron varios arribistas que adquirieron las haciendas que otros miembros de la élite más antiguos habían perdido en difíciles circunstancias. El surgimiento de las haciendas no ocurrió en un momento preciso, sino que fue resultado de la articulación de circunstancias de diversa índole que se dieron en la época virreinal.

Las Haciendas del Valle de Toluca o Matlazinco, tuvieron buenas casas para habitarlas, las eras, trojes y demás oficinas de las fincas son en lo general vastas y sólidamente edificadas y muy bien ventiladas. Las tierras suelen recibir abonos y tienen el riesgo que ministran (dar algo) las vertientes de los montes.

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Además de las siembras y el cuidado de ellas, hay en las haciendas diversas ocupaciones de otra especie, entre ellas la de dar salitre al ganado, los rodeos en cuya época el ranchero siente agitar su existencia en medio de los peligros, ejercitándose en lazar, colear y manganear. Los arneses del caporal son de diversos colores y de uno solo el de los vaqueros, los convidados llevan sus caballos más o menos ataviados y sus criados visten casi siempre lujosas camisas. Concluido el apartadero y las manganas, queda listo todo para continuar al día siguiente, por la noche hay baile bajo alguna enramada o un gran jacalón y se tocan los sones del país, alegres y festivos, en medio del ruido y desorden producida por las bebidas. Los preparativos para el principal día de diversión, se hacen muy temprano, y se da principio a los herraderos a la hora en que lo dispone el amo o administrador. Concluido el herradero y separados los toros que se han de lidiar o colear, según la diversión que se elige, se hace un recuento del ganado y el caporal da el grito de puerta o campo.

Después de esto sigue la diversión de torear y son llevados al redondel los aficionados, a los cuales los vaqueros tratan de convencer de que nada les sucederá, poniéndose a su lado y dispuestos a quitarles el toro; aunque las señoras excitan a los tímidos y casi siempre termina la escena con los gritos de quítenmelo, y al levantarse el estropeado nunca falta la voz de ¡otro! Los que huyen del peligro, son acogidos con la risa general y el estrépito (ruido fuerte) bullicio de los concurrentes; un buen jinete monta y después de haber lucido su habilidad desciende del tablado algún comprometido que no ha podido resistir a las manifestaciones de los demás; obsequioso y condescendiente, alentado tal vez con alguna mirada y movido por el que dirán, se allega a los vaqueros que le dan mil reglas para que no caiga, le animan con argumentos persuasivos que se desvanecen desde el momento en que, subiendo sobre todo el toro, conoce la distancia que hay entre la teoría y la práctica, y casi siempre adolorido, se da la enhorabuena de haber escapado de un peligro serio. El coleadero acaba de llenar lo que falta de la tarde, o el tiempo que queda cuando se emplean varios días en herrar.

La familia Pliego, además de otras haciendas, poseía las Haciendas de Majadas (860 has) y La Garceza (956 has), donada por el esposo de doña Ma. San Diego fue propiedad de Br. Agustín Cuevas en 1790, Juan Francisco Velázquez en 1776, y Juan Muñoz de Ceballos. Otras haciendas incluyeron Buenavista (el chico), La Crespa, Henostrosa, N.S de Guadalupe, San Nicolás (después Santín), San Miguel Tecaxic (después Hacienda de Nova), y N.S.

Durante el gobierno del segundo conde de Revillagigedo (1789-1794) se iniciaron las obras de los caminos de Toluca, Veracruz y Acapulco.

El Siglo XIX y la Independencia de México

El 27 de octubre, las fuerzas insurgentes entraron a Ixtlahuaca, donde Miguel Hidalgo fue informado de la presencia de las fuerzas realistas en Toluca. Tras pernoctar en Toluca, se decidió la estrategia para ir rumbo al Monte de las Cruces, desviando a las tropas realistas desde Lerma.

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Julio Zarate señaló que, para aniquilar a Rayón, se formó una división de 1500 hombres al mando del coronel Joaquín del Castillo y Bustamante, quien fue rechazado y obligado a retroceder a Toluca.

Por esos días por temor a que la ciudad de Toluca fuera tomada por las fuerzas de Escalada, y mientras las fuerzas de Zavala hacían huir al enemigo; por cinco días el régimen de los federalistas (que había venido funcionando desde 1830 hasta 1834) se vio obligado a refugiarse en Lerma, haciendo de ésta ciudad lugar de residencia de los poderes del estado de México.

Durante los primeros años de guerra, la calma reinante en la mayor parte de los distritos de Toluca y Lerma, fue la tónica que prevaleció, debido al control militar que las autoridades estatales ejercían sobre esos territorios, mediante la asignación de partidas armadas en las cabeceras distritales.

En 1874 se separó San Pedro Tultepec de San Mateo Atenco y pasó a formar parte de Lerma, dejando desde entonces una franja de tierras en litigio de San Mateo Atenco y Metepec. La construcción de ésta vía férrea agilizó las relaciones comerciales de Toluca con otras entidades federativas y especialmente con la ciudad de México. Durante éstos años Toluca fue el territorio comercial de la entidad y los productos que vendía a otros estados y a la ciudad de México eran esencialmente semillas, harinas, artículos de tocinería, quesos, mantequillas, pieles de res, tejidos de lana y algodón, raíz de zacatón y cervezas.

Toluca en el Siglo XIX: Aspectos Sociales y Políticos

En la etapa del México independiente, algunos visitantes quedaron sorprendidos por el desarrollo de la tocinería toluqueña. Don Justo Sierra comentó sobre la importancia de la producción ganadera que daba fama a la ciudad en 1882.

Ante la falta de un ayuntamiento español, un hito en la historia político-institucional local fue la iniciativa de varios vecinos de la villa para constituir, en 1796, un cuerpo que funcionara junto al corregidor, al que denominaron Diputación de Toluca. En versión de este historiador, la Diputación de 1796 habría heredado las facultades del Regimiento. Como lo hizo este organismo en 1655, la Diputación gestionó el título de ciudad para Toluca, el cual, como ya se mencionó anteriormente, se obtuvo en 1799. Basta analizar la composición de la Diputación de Toluca en 1796 para detectar la conspicua presencia de los hacendados y comerciantes en el organismo.

En 1804 se estableció una nueva Diputación de Toluca. En Toluca, el empuje económico, abanderado por el sector comercial pero también por el agrícola y el ganadero, pareció impulsar una nueva situación dentro de la organización política de los toluqueños. En este contexto, la ciudad requería de obra pública, que había sido impulsada por la Diputación de 1796.

La Diputación de Toluca funcionó de 1804 a 1810. Como conclusión, las dos diputaciones de Toluca pueden considerarse como el antecedente directo del Ayuntamiento.

Al amparo de la Constitución de Cádiz de 1812 cobró mucha importancia el establecimiento de ayuntamientos constitucionales en la Nueva España. El número de ayuntamientos ascendió a 630 en el año de 1821; este incremento fue mayor en zonas con más cantidad de población indígena. En este contexto, Toluca pudo contar con su primer ayuntamiento gracias al decreto de Fernando vii del 23 de mayo de 1812, que ordenaba formar los ayuntamientos previstos en la Constitución gaditana.

A pesar de lo anterior, el Ayuntamiento toluqueño de 1814 no pudo obviar la permanencia de funcionarios del Antiguo Régimen colonial. Por ejemplo, en junio de 1814, el virrey Félix María Calleja impuso como jefe político al jefe de armas y antiguo síndico de la Diputación de Toluca, el capitán realista Nicolás Gutiérrez. Todavía en 1820, cuando fueron restablecidos los ayuntamientos constitucionales, el capitán Gutiérrez permaneció al frente del Ayuntamiento como presidente del mismo y "Alcalde de primer voto".

La Revolución Mexicana y el Siglo XX

Para el año de 1913, el distrito de Lerma se ve sobresaltado por la proximidad de los rebeldes; incluso el 1° de abril, el jefe político Manuel Lozano Granda, informa que aquellos se encuentran en Amomolulco, por lo que se desata la zozobra, pues dicho lugar dista apenas un kilómetro y medio, y existe la seguridad de que el objetivo próximo es la cabecera municipal.

En una de las tantas ocasiones de sus andanzas a caballo, el recién llegado Luciano A. Puestos de acuerdo, peralta se compromete a entregar caballos y parque de la hacienda, lo que ocurre durante la ausencia del jefe de armas de la finca, que ha ido a San Felipe del Progreso; el 19 de octubre Peralta entrega las 10 armas que hay y catorce o quince caballos, casi todo ellos ensillados.

Para el año de 1914, el distrito de Lerma se estremece porque el jefe político mayor, Norberto Olivier, el 25 de marzo, dice que a la media noche recibió aviso de que los zapatistas llegaron hasta cerca de Gallinas, disparando algunos tiros y destruyendo la línea telefónica de Mimiapan.

Como la hacienda de san Nicolás Peralta es propiedad de un jurado enemigo de la Revolución, Ignacio de la Torre y Mier, yerno de Porfirio Díaz, nada tiene de extraño que en el panteón de la finca sea fusilado el zapatista Agripino Sánchez, por la fuerza al mando del teniente Francisco Quintero.

Cuando los hacendados son requeridos para que compren armas, según se ha recomendado al jefe político para ese entonces a fines del año 1913, Norberto Olivier, se encuentra con algunos hacendados que están inscritos en Toluca, como al dueño de Doña Rosa y anexas, Alberto G. Salceda, Ignacio M. Pliego, el de Jajalpa, acepta comprar diez armas al igual que el propietario de Texcaltengo, Enrique González; el de Mayorazgo, Pascual becerril, acepta la adquisición de una docena de carabinas; en cuanto al propietario de la Hacienda de la Y, Miguel Suárez Arias dice estar inscrito en la junta de hacendados, en Toluca, la señora Josefa Arias de Echegaray, dueña de la Providencia no resuelve nada, al igual que los otros hacendados.

La Presencia de Extranjeros en la Región

Las noticias de las riquezas que ofrecía el nuevo mundo pronto se conocieron en Europa, donde un sinnúmero de individuos lo concibieron como una salvación económica. Por esta razón los franceses ocuparon un lugar preponderante desde el siglo XVII. En la segunda mitad del siglo XIX, los franceses constituían uno de los mayores grupos de extranjeros establecidos en la capital. Residían aproximadamente de 2600 a 2800 negociantes o artesanos, quienes controlaban el comercio de importación.

Durante la guerra de los tres años, una partida de 30 o 40 ladrones asaltó el rancho de Nápoles y asesinado a Enrique Beale. La policía dictó las providencias necesarias para restablecer la seguridad en Tacubaya y aprehender a los culpables. La pandilla se fugó la misma noche del crimen y se unió a los revolucionarios que andaban en los montes.

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