Descubre Hacienda de los Morales: Historia Viva y Sabores Inigualables de Méxicopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Ubicada en el corazón de Polanco en la Ciudad de México, La Hacienda de Los Morales es un emblema de historia, cultura y gastronomía que transporta a sus visitantes a la elegancia de la época colonial. Algunos restaurantes se precian de una tradición de 10, 30 o hasta 50 años. La Hacienda de los Morales puede presumir siglos de hospitalidad. Si hablamos de emblemas de la gastronomía mexicana, es imprescindible mencionar este restaurante que ha dejado una huella imborrable en el paladar nacional.

Un Recorrido por la Historia

La historia de la Hacienda se remonta a 1526, cuando las tierras fueron asignadas a la primogénita de Moctezuma tras su matrimonio con Alonso de Grado. Más tarde, en 1540, se plantaron los primeros árboles de morera en estas tierras con el propósito de criar gusanos de seda, dando origen al nombre de “Los Morales”. La historia de la Hacienda de los Morales está entrelazada con figuras destacadas, como Hernán Cortés, quien estableció una estructura de gobierno tras el sitio de México-Tenochtitlán, distinguiendo a miembros de la nueva aristocracia. Cortés concedió la encomienda de Tacuba, donde se fundaría la Hacienda de los Morales, a la joven primogénita de Moctezuma, Ichcaxóchitl Tecuichpo, llamada Isabel Moctezuma y conocida como “la última princesa mexica”. Isabel había contraído matrimonio con el español Alonso de Grado, que ostentaba el cargo de visitador de los indios.

En 1647, se inició la construcción de una finca que sus dueños llamarían San Juan de Dios de los Morales. El casco de la hacienda ha sido restaurado en diversas ocasiones, sin alterar su estructura original. Durante tres siglos, la Hacienda de los Morales sirvió como residencia particular para diversas familias prominentes de México hasta bien entrado el siglo XX.

El prestigio de la Hacienda de los Morales aumentó considerablemente a finales del siglo XIX, cuando el arquitecto Boland construyó en 1871, por orden de Maximiliano, una calzada diagonal que iba del Castillo de Chapultepec al Palacio Nacional. En este recinto, pintores de la talla de José María Velasco, Germán Gedovius, Daniel Thomas Egerton y Conrad W. Durante los siglos siguientes, la Hacienda fue testigo de momentos cruciales en la historia de México: desde su papel en la resistencia contra la invasión estadounidense en 1847 hasta su uso como refugio por las tropas de Francisco Villa en 1914. En 1914 el general Francisco Villa llevó a su División del Norte a descansar y alimentarse ahí.

Con el paso del tiempo, la propiedad evolucionó, albergando familias prominentes y sirviendo como escenario para decisiones históricas como los acuerdos de independencia entre Agustín de Iturbide y Juan O’Donojú en 1821.

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Renacimiento como Restaurante

Fue hasta 1967 que se decidió acondicionar el casco de la hacienda para que se convirtiera en restaurante. En 1967, la Hacienda renació como restaurante, conservando su estructura original y adaptándola con detalles arquitectónicos recuperados de mansiones históricas. Este esfuerzo de preservación transformó el espacio en un santuario de la cultura y la gastronomía mexicana. Sus paredes guardan siglos de historia. Es un recinto dedicado a enaltecer la cocina mexicana, que este año cumple cinco décadas como restaurante. Para celebrarlas, la Hacienda de los Morales lanzó la edición especial de un tinto y la publicación de un libro que da cuenta de su evolución. El ejemplar reseña la historia de la hacienda, así como la de su cocina y su prestigio. Como el mejor acompañante para una buena comida es un buen vino, por ello se invitó a Casa Madero, la vinícola más antigua del país, a realizar un caldo conmemorativo que se servirá en 2017: un cabernet sauvignon, equilibrado y frutal.

"Fue el mejor tinto en la cata a ciegas que hicimos con 10 vinos mexicanos", refiere Fernando Del Moral, director general del restaurante.

Sus terrenos son testigos de la transformación del país.

Arquitectura y Ambiente

La arquitectura y la decoración de la Hacienda de los Morales reflejan su rica historia colonial. El comedor principal, con capacidad para hasta 260 comensales, es el corazón del restaurante. A lo largo de los años, sus dueños han ampliado y mejorado las instalaciones, como la construcción de salones privados adicionales y la creación del kiosco, que añaden encanto y comodidad al lugar.

Gastronomía de Tradición y Vanguardia

Hoy en día, La Hacienda de Los Morales se distingue por ofrecer una experiencia culinaria única que fusiona la cocina tradicional mexicana con especialidades internacionales. Desde su Comedor Principal, donde las paredes de piedra y los techos de madera evocan la atmósfera de las antiguas haciendas, hasta su terraza pajaritos, ideal para disfrutar un auténtico desayuno mexicano con café de olla y pan dulce artesanal. Además, el restaurante organiza festivales gastronómicos mensuales que destacan lo mejor de la cocina nacional e internacional. Entre los más esperados se encuentran el Festival de la Nogada, que celebra el emblemático chile en nogada, y el Festival de Delicias del Pacífico, una oda a los sabores marítimos.

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Espacios para Celebrar

La Hacienda de Los Morales también es un espacio ideal para eventos y banquetes. Con 14 salones y un jardín con capacidad para hasta 1,000 personas, la Hacienda ofrece versatilidad para bodas, reuniones corporativas o celebraciones íntimas.

Reconocimiento y Visitas Ilustres

Referente de alta cocina mexicana, sus instalaciones están incluidas en las agendas oficiales de primeras damas y monarcas.

Entre los recuerdos que Del Moral guarda en la memoria destaca el de la visita del expresidente y exprimer ministro israelí Shimon Peres, quien compartió una botella de tequila con sus colaboradores. "Sin formalidades, con la camisa arremangada y siempre sonriente. Era de trato amable, saludó a todos de mano; por su disposición es el jefe de estado que más recuerdo", comparte sobre el ganador del Premio Nobel de la Paz en 1994. "Atendimos a Michelle Obama y Hillary Clinton, a los reyes de España y Holanda, además de los emperadores de Japón.

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