Descubre La Hacienda de San Jorge: Secretos Históricos que Nunca Te Contaronpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La costa atlántica está repleta de ríos y ciénagas, plantas y animales, humedales y pastizales. El entorno natural de la Depresión Momposina interactúa con sus habitantes humanos, una ecología reflejada en la narración y la imaginación.

El Entorno Natural y la Cultura Anfibia

En los tomos I y III, el "hombre anfibio", el "hombre caimán" y el "hombre hicotea" evocan la relación de los riberanos con su entorno. Al concebir la cultura ribereña como poseedora de atributos anfibios o acuáticos, se sitúa la historia y la vida cotidiana de la Depresión Momposina entre los diferentes paisajes acuáticos de la región. La cultura de resistencia y resiliencia se inspira en estos paisajes acuáticos, y la narrativa y el análisis resultantes se concentran en estas áreas. La pesca y el transporte ocupan un lugar prominente, así como las variaciones estacionales en los niveles de agua y de lluvias.

En palabras de Fals, los asentamientos sobre el río San Jorge y cerca de él, así como Mompox "son viviendas dispersas en forma lineal en barrancos a lo largo de corrientes de agua, en caseríos y en pueblos de mayor tamaño igualmente aferrados al agua, donde se desarrolla la vida afectiva, cultural, productiva y reproductiva del hombre riberano". Estos paisajes acuáticos, además de servir como fuentes de agua dulce, canales de transporte y áreas pesqueras productivas, constituyen así parte central de la identidad de la región y de cada caserío, y proveen la base material en la que el hombre anfibio reproduce su realidad.

La Búsqueda de Riqueza: Oro y Agricultura

En el siglo XVI, las zonas remotas de la recién fundada Cartagena de Indias atraían con la promesa del oro a los europeos recién llegados de expediciones de conquista en México y el Caribe. Los ríos Magdalena, Sinú y San Jorge también tenían importantes depósitos de oro aluvial. Como en otras áreas de América, una combinación de saqueo seguido de la explotación de los depósitos aluviales representaba una mayoría de la producción global de oro a mediados del siglo XVII.

Tras la derrota de Yape, Castellanos expresó la admiración de los castellanos por los proyectos agrícolas de los habitantes de Yapel: "Las casas todas bien aderezadas/Con gran copia de buertas de frutales/Maravillosamente cultivadas/Grandisimas labranzas de yucales Y otras raices dellos estimadas/Como batatas, ajes, bimoconas, Que suelen ser regalos de personas" (Castellanos, 1857: 382). Las riquezas de las regiones del valle riberano se extendían así más allá de los codiciados metales preciosos, y los habitantes del San Jorge vivían de la abundancia natural.

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Transformaciones y Persistencias

El malestar y las revueltas en Ayapel y Jegua precedieron a los movimientos independentistas hispanoamericanos de comienzos del siglo XIX, y el estado postindependentista de la Gran Colombia que abarcó la parte norte del continente suramericano eventualmente se fragmentó en subdivisiones autónomas, incluyendo la provincia de Cartagena. Los cantones de Sotavento, delimitados por los ríos Sinú y San Jorge tienen, por ende, potencial de riqueza. Nieto relata incluso una historia de un lugareño que a lo largo del río San Jorge halló motas de oro en el excremento de sus gallinas, lo cual recalca la riqueza sin explotar del San Jorge, "cuya explotación si no se hubiera abandonado...se habría logrado el progreso de este ramo de industria y riqueza del país" (Nieto, 1839: 125-126 y n. 35).

Durante los primeros años de la Colonia, el marquesado del valle mandó construir un acueducto subterráneo que llevó directamente el agua potable desde el manantial hasta la hacienda. La disputa por el agua fue motivo de algunas querellas relacionada con la hacienda.

Cronología de Propietarios de la Hacienda La Pila:

Año Propietario
1790 José Ventura
1810 José María González Arriata
Siglo XIX Francisco Hinojosa de González, Carlota Hinojosa, Enriqueta Solares, Laureano Negrete
Década de 1920 Soledad González viuda de García, Manuel Sáinz Larrañaga
Década de 1950 Antonio Mañón Suárez
1976 Gobierno del Estado de México

Hacienda San Jorge en la Actualidad

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