Descubre los Primeros Sistemas Contables que Revolucionaron la Historia Financierapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La contabilidad, ese arte que a menudo pasa desapercibido, posee un legado que abarca más de siete mil años, emergiendo de las sociedades antiguas que sentaron las bases de lo que hoy conocemos. La historia de la contabilidad es un fascinante recorrido que refleja la evolución de las civilizaciones humanas y su necesidad de registrar y controlar sus actividades económicas.

Orígenes de la Contabilidad

El indicio más remoto de contabilidad data de la época de la civilización mesopotámica, miles de años antes de la era cristiana. Debido a su auge económico, surgió la necesidad de contar con elementos de la contabilidad. Los sumerios desarrollaron uno de los primeros sistemas de escritura, conocido como cuneiforme, que utilizaban para registrar transacciones comerciales en tablillas de arcilla. Estos registros documentaban el intercambio de bienes como ganado, granos y otros recursos, y eran fundamentales para la administración de los templos y palacios.

Posteriormente, también surgieron manifestaciones adicionales de contabilidad en Egipto. En el antiguo Egipto, los escribas eran responsables de llevar registros detallados de las cosechas, tributos y transacciones comerciales. Utilizaban papiros y otros soportes para anotar información económica, lo que demuestra una sofisticada organización administrativa.

Los asirios también llevaron a cabo registros contables de carácter fiscal, impresos en tablillas de barro. Por su parte, en Babilonia, el rey Hammurabi estableció un código legal que incluía normas para las actividades comerciales y financieras, evidenciando la importancia de la contabilidad en la regulación económica dentro de su historia.

Contabilidad en la Antigüedad Clásica

En Grecia, como resultado de sus actividades comerciales, nivel de desarrollo de su marina y notable régimen económico pre capitalista, se supone la existencia de un estructurado sistema contable. En Grecia, se obligaba a los comerciantes a que llevaran libros de contabilidad. La antigua Grecia introdujo leyes que obligaban a los comerciantes a llevar registros escritos de sus transacciones, sentando las bases para una contabilidad más formalizada.

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De la Roma antigua también se han encontrado rudimentos de prácticas contables que datan de los primeros años de la vida del imperio y están registrados en los escritos de sus pensadores más insignes. En Roma, durante el Imperio, se desarrollaron sistemas contables avanzados para la administración pública y privada. A los jefes de familia se les obligaba a anotar diariamente sus ingresos y gastos y luego pasarlos a un registro de mayor cuidado, denominado Codex Tabulae. El «Codex Accepti et Expensi» era un libro donde se registraban los ingresos y gastos, y se utilizaba para controlar las finanzas del Estado y de los ciudadanos. En éste se llevaban a un lado los ingresos -Aceptum- y al otro lado los gastos-Expensum-.

La ley Paetelia, publicada en Roma hacia el año 325 a.C., constituyó la primera norma de aprobación de los asientos realizados en libros de contabilidad. Esta contabilidad de doble columna llevó a creer que se trataba de una contabilidad por partida doble, hasta que Alber Dupont y André Boulanger, estudiosos de esta materia, demostraron que sólo se trataba de un sistema de partida simple a doble columna.

A partir del año 235 d.c., con la muerte de Alejandro Severo, la contabilidad adquirió gran importancia en la Roma antigua. En la época de la república y del imperio de la contabilidad, llevado por los plebeyos, constaba de dos libros: el Adversaria, donde se anotaban las transacciones de caja, y el Codex, donde se asentaban las demás operaciones. Estos avances también forman parte fundamental de la historia contable del mundo occidental.

Desarrollo en la Edad Media

A pesar de la caída del imperio Romano, las prácticas contables se conservaron y lograron un notable progreso a lo largo de la Edad Media. Durante la Edad Media, la contabilidad continuó evolucionando, especialmente en las ciudades comerciales de Italia. En el siglo VIII Europa fue invadida por los Normandos, quienes también practicaban el comercio. Estos se establecieron en Sicilia, después de asolar las costas de Inglaterra y Francia. De esta época se conserva una ordenanza de Carlomagno. El Capitulare de Villis, mediante la cual se exigía a sus escribanos un inventario anual de las pertenencias del imperio y el registro en libros de sus transacciones económicas en términos de ingresos y egresos.

Entre los siglos VIII y XII, en Europa Central, por mandato de los señores feudales, los libros de contabilidad eran llevados por escribanos. Las ciudades de Venecia, Génova y Florencia fueron durante esa época el epicentro del comercio, la industria y la banca constituyéndose en las pioneras de la contabilidad por partida doble. De esta época se han hallado varios testimonios de práctica contable desarrollada.

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En 1157 un genovés, Ansaldus Boilandus, repartió beneficios a una sociedad comercial con base en saldos de cuentas de ingresos y egresos; en 1211 un comerciante florentino llevaba sus libros de contabilidad en forma tan acertada y peculiar que dio origen a la llamada Escuela Florentina. En 1263 en España, el rey Alfonso El Sabio impuso a los funcionarios públicos la obligación de llevar cuentas anualmente. El mayor avance de la contabilidad en la edad media se dio con la aparición de los libros auxiliares, los cuales permitían a los comerciantes registrar sus cuentas por clientes.

El Renacimiento y Luca Pacioli

En 1400 surgió la idea de la contabilidad por partida doble, cuando se incluyeron las cuentas patrimoniales en los libros del mercader florentino Francesco Datini. En 1494, el fraile franciscano Luca Pacioli publicó Summa de Arithmetica, Geometria, Proportioni et Proportionalità, una obra que incluía un tratado sobre la contabilidad por partida doble. Este método revolucionó la forma de registrar las transacciones económicas, estableciendo que cada operación afecta al menos dos cuentas, lo que permite un control más preciso de las finanzas. Este hito marcó un antes y un después en la historia contable. Fray Luca Pacioli, nacido en Borgo San Sepolcro, Toscana, hacia 1445, sin haber sido contador trabajó como catedrático en las universidades de Roma, Padua, Florencia y Asís, y redactó con gran maestría un tratado de contabilidad, en el cual sostiene que para su aplicación se requiere el conocimiento matemático.

Dos acontecimientos de gran importancia sucedidos en el siglo XV permitieron un notable avance de la actividad contable: la generalización de los números arábigos y a la aparición de la imprenta. Este último desarrollo facilitó la divulgación de los conocimientos impartidos por los monjes de la época y los mercaderes, hombres pujantes en la economía. En el año 1494 publicó su famosa obra “Summa de Arithmetica, Geometría, Proportioni et Proportionalita”, de gran contenido matemático, dedicando tan solo una parte a aspectos contables. “En el Giornale deben registrarse todas las operaciones en términos de “debito” y “crédito”, y en el cuaderno debe aparecer cada una de las cuentas.

Contabilidad en la Edad Moderna

En Alemania, en el año 1518, Grammateus publicó un libro combinado de algebra y contabilidad; siete años más tarde, Tagliente escribió en Italia un tratado completo sobre contabilidad. En 1590 se imprimió el primer estudio formal de contabilidad en español, cuyo autor fue Bartolomé Salcedo de Solórzano, pionero de esta disciplina en España. En los siglos XVII y XVIII, ante el apogeo del mercantilismo en Holanda, Francia e Inglaterra y el nacimiento de los emporios comerciales e industriales, se establecieron en estos países, especialmente en Inglaterra, la profesión contable como una actividad independiente, profesional y libre. Carlos Manuel VI, rey de Piamonte, reorganiza la profesión contable y exige que solo el contador autorizado sea la persona calificada para ejercer esta profesión.

La Revolución Industrial y la Contabilidad Contemporánea

Los cambios más profundos y de mayor repercusión presentados en la actividad contable en toda su historia, tuvieron lugar a partir del siglo XVIII. La Revolución Industrial trajo consigo una expansión sin precedentes de las actividades económicas, lo que requirió sistemas contables más complejos y eficientes. La Revolución Francesa, La Revolución Industrial en Inglaterra, la filosofía individualista de Hegel y Kant, sentaron la base para el resurgimiento del comercio en Europa, en especial en Inglaterra, y el nacimiento del liberalismo, predicado por Adam Smith y David Ricardo, la contabilidad inició su más espectacular transformación.

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Se desarrollaron nuevas técnicas y se profesionalizó la contabilidad, estableciendo normas y principios que aún rigen la práctica actual. La aparición de las sociedades anónimas y la necesidad de informar a los accionistas impulsaron la creación de informes financieros estandarizados. En Francia, donde las finanzas públicas eran exclusividad real, pasaron al dominio popular, gracias al célebre contador Count Mollier. Este periodo dejó una huella profunda en la historia moderna de la contabilidad.

A partir de 1895, en Estados Unidos, como consecuencia del bloqueo económico de Inglaterra, se comenzó a llevar a cabo una serie de inventos e innovaciones tecnológicas en la industria y en la agricultura. La contabilidad paralela a ese desarrollo se institucionalizó, constituyéndose en una actividad académica en la Universidad de Pensilvania en 1881 y reconocido como gremio profesional a través de la American Association of Public Accountants en 1886. En Europa surgieron agremiaciones similares. En Edimburgo, en 1854; en Francia, 1891; en Austria, 1895; en Holanda, 1895, y en Alemania, 1896. En Italia, en 1893 comenzó a regir el Código Mercantil, regulador de la práctica contable en ese país.

En Estados Unidos, como consecuencia del desarrollo industrial y el crecimiento de las empresas, empezaron a aparecer las máquinas de contabilidad, lo que facilitó el procesamiento de la información. Para estos años, el gobierno, la banca, las bolsas de valores, comenzaron a exigir los estados financieros certificados por contadores públicos independientes. La organización American Institute of Public Accountant se encargó de reunir agrupaciones profesionales con el fin de estudiar los problemas contables, y en 1934 surgieron las primeras seis reglas de los principios contables de hoy. En los años 1936, 1941, 1948 y 1957 se publicó, verificó y adicionó, por parte de la American Accounting Association (AAA), todo lo relacionado con los principios contables.

La Era Digital y la Globalización

En la actualidad, la contabilidad ha incorporado tecnologías digitales que permiten el procesamiento y análisis de grandes volúmenes de datos en tiempo real. Los sistemas de información contable facilitan la toma de decisiones y el cumplimiento de las normativas fiscales y financieras. Los avances tecnológicos han facilitado un aumento notable en la eficiencia y automatización de procesos contables.

Además, la globalización ha llevado a la armonización de las normas contables a nivel internacional, como las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), marcando una nueva etapa en la historia contable a nivel global.

Contabilidad en Colombia

“En la América precolombina, donde predominaban tres culturas relativamente desarrolladas-Aztecas en México, Inca en Perú y Chibcha en Colombia-, no se conocía la escritura alfabética. Con la llegada de los españoles a territorio americano se inició en este territorio una actividad económica sin precedentes. Los conquistadores obtuvieron de la corona múltiples concesiones, lo que dio comienzo a la explotación no solo de los recursos naturales sino también de los aborígenes. En 1605 se establecieron en América tres tribunales (Santafé, Lima y México), se nombraron contadores especiales en La Habana y Caracas y se dictaron normas de manejo contable. En 1678, Felipe IV determinó que los contadores reales debían presentar cada dos años cuentas en términos de “Cargo” y “Data” (debe y haber) al Real Tribunal de Cuentas.

En Colombia, después de la independencia, se continuaron usando por mucho tiempo las técnicas contables traídas de los españoles, de acuerdo con las ordenanzas del Bilbao. En 1821, mediante la ley del 6 de octubre, se organiza la Contaduría General, con el fin de reglamentar el funcionamiento de la Oficina de Contaduría de Hacienda con cinco contadores bajo nombramiento oficial. Treinta años más tarde se sustituye la Corte de Cuentas por la Oficina General de Cuentas, en la cual se establece como jefe un funcionario denominado Contador Mayor Presidente.

A comienzos del presente siglo y como resultado del desarrollo de la actividad comercial, financiera e industrial del país, se reglamentó la revisoría fiscal y se decretaron algunas normas tributarias con el fin de incentivar la inversión privada. Años más tarde, estos ejemplos fueron seguidos por otras ciudades del país, que a la postre dieron origen a la organización definitiva de gremios de contadores. En 1923 se expidió la ley 17 mediante la cual se amplió la Escuela Nacional de Comercio y sus enseñanzas se orientaron de acuerdo con los modelos europeos. La actividad industrial continuó su desarrollo para fomentar la creación de sociedades anónimas, para lo cual el gobierno expidió la ley 58 de 1931, mediante la cual se creó la figura del Revisor Fiscal.

En 1951 se creó el instituto Nacional de Contadores Públicos (INCP), conformado por contadores de gran trayectoria. La ley 145 de 1960 reglamentó definitivamente el ejercicio de la profesión y fijó los requerimientos necesarios para su práctica.

Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP)

Hablar de la historia del Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP) es hablar de una vida institucional rica, exitosa y trascendente. Una omisión en esta historia sería no mencionar a la primera mujer contadora en México: Sor Juana Inés de la Cruz. El 25 de mayo de 1907 marcó un hito en la historia de la contaduría en México, cuando Fernando Díez Barroso presentó su examen profesional y recibió el primer título de Contador de Comercio otorgado en el país.

1917 fue otro año clave. En una junta celebrada el 11 de septiembre, un grupo de contadores, entre los que se encontraban Fernando Díez Barroso, Mario López Llera, Ernesto M. Díaz, Agustín Castro, y otros, discutieron la necesidad de crear un fundamento académico para la profesión. Aunque el 6 de octubre de 1923 se considera la fecha oficial de la fundación del IMCP, en realidad, la Asociación de Contadores Titulados fue establecida en 1917. Esta agrupación cambió su nombre a Instituto de Contadores Públicos Titulados de México en 1923 y, finalmente, tras varias discusiones internas, adoptó el nombre de Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP) en 1955, durante la presidencia del C.P.

Los primeros años fueron difíciles para los contadores mexicanos. Rafael Mancera, en una conferencia dictada en 1947, recordó cómo en esos tiempos se les consideraba “Tenedores de Libros” o Peritos Contadores sin mucha credibilidad. En 1919, Fernando Díez Barroso y Roberto Casas Alatriste propusieron la creación de un cuerpo técnico dentro de la Asociación de Contadores Titulados, que más tarde se consolidó como el Instituto de Contadores Públicos Titulados de México.

A lo largo de los años, el Instituto fue evolucionando, adaptándose a las necesidades del país y de la profesión. En 1948, se fundaron nuevos institutos y colegios a lo largo del país, como el Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León y el Colegio de Contadores Públicos de México. Uno de los logros más significativos en la historia reciente del IMCP fue la creación del Programa de Certificación del Contador Público. A partir de 1998, con el Reglamento de Certificación en vigor, el IMCP se consolidó como la única entidad autorizada para certificar a los contadores en México.

Otro gran logro del IMCP fue la creación del CINIF, un organismo que surgió para el desarrollo y la investigación de normas de información financiera. Hoy en día, el IMCP agrupa a más de 21,000 contadores públicos en todo México, y sigue jugando un papel fundamental en la vida profesional, económica, académica y social del país. El IMCP, a lo largo de más de 100 años de historia, ha dejado una huella indeleble en la sociedad mexicana. Cada paso dado, cada avance logrado, ha sido posible gracias al esfuerzo de generaciones de contadores comprometidos con la excelencia profesional.

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