La crisis financiera que vivió México entre diciembre de 1994 y 1995, cuando el gobierno decidió pasar de un régimen cambiario controlado a la libre flotación, dejó cicatrices profundas en la economía y en la vida de miles de ciudadanos. Lo decía sin titubeos, con el coraje vivo aún, a veintiséis años de distancia. Poco antes del Año Nuevo estalló la crisis: “la ampliación de la banda provocó una devaluación inmediata de 13.89 por ciento”, y el efecto tequila empezó a desparramarse. El peso no hizo más que seguirse devaluando durante la época navideña.
En 1994 muchas cosas estaban sucediendo en México y en el mundo: cosas importantes. El 1 de enero se había levantado en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y los indígenas de Chiapas estaban en guerra abierta contra el Estado mexicano, tras siglos de marginación y despojo. Tales preocupaciones habían llegado hasta la clase media mexicana, que se sumó a apoyar al zapatismo, sobre todo los jóvenes. Aun cuando se habían presentado signos, la crisis económica no estaba en el horizonte de esa franja de la población que para diciembre estaría intentando no perderlo todo.
Causas y Contexto de la Devaluación de 1994
En diciembre de aquel año, la economía mexicana se sostenía con alfileres. Desde los primeros meses de 1994 las reservas eran un manojo de nervios, y se tomaron diversas medidas para evitar la fuga de capitales, como el aumento de las tasas de interés o la emisión de tesobonos. Nada fue suficiente.
Al menos desde 1993 era evidente que el enorme gasto público del salinato no tenía respaldo en reservas que, cada vez más, salían del país, dejando nuestra economía peligrosamente vulnerable. El 28 de septiembre de 1994 el secretario general del PRI y coordinador de la bancada de ese partido en la LVI Legislatura, Francisco Ruiz Massieu, fue balaceado en el centro de la Ciudad de México. Las especulaciones sobre el asesinato agravaron la crisis política de ese partido. Se conoce como el "Efecto Tequila” a una crisis financiera de origen local causada por falta de reservas internacionales, devaluación de la moneda local y el fortalecimiento de una moneda extranjera. Dicho término nace a raíz de la crisis económica de México en 1994.
Impacto Económico Macro y Micro: El "Efecto Tequila" y sus Consecuencias
La economía se contrajo a niveles no vistos desde 1929. A principios de 1995 México tenía que pagar 50,000 millones de dólares a acreedores internacionales y no tenía esa cantidad.
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El gran afectado fue el ciudadano, que ya había sufrido las crisis económicas de los años ochenta, luego vivió un momento de enorme crecimiento del crédito que le permitió comprar diversos bienes que, al estallar la crisis en diciembre de 1994, ya no pudo pagar. Uno de los impactos más sentidos se dio en los créditos hipotecarios, que se elevaron hasta hacerse impagables; cientos, miles de personas perdieron sus casas. Los bancos estuvieron a punto de quebrar y por eso surgió el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), que a la larga convirtió sus pasivos en deuda pública. Miles perdieron sus propiedades mientras los bancos eran rescatados con más de 500,000 millones de dólares.
Indicadores Económicos Clave y Efectos Regionales
Con la globalización y los tratados de libre comercio los países con relaciones comerciales con México también sintieron el “efecto tequila”. Con el llamado “rescate financiero” la deuda externa de América Latina creció de 34 mil millones de dólares a 521 mil millones.
| Indicador | Impacto |
|---|---|
| Devaluación Inmediata del Peso | 13.89% |
| Caída del PIB por persona | 7.8% |
| Crecimiento de la Inflación | Hasta el 50% |
| Pérdida del Salario Mínimo Real | Más del 12% de su valor |
| Tasa de Desempleo | Superior al 7% |
| Valor del Dólar (finales 1994) | $3.50 MXN |
| Valor del Dólar (1997) | $10 MXN |
Áreas Afectadas y Testimonios de la Violencia Financiera
Llevo años cavilando cómo enmarcar los efectos de la crisis económica, específicamente la de 1994-1995, como una violencia sistémica cuyas secuelas se expresan en el cuerpo y en la historia de sus víctimas. El interés en testimonios de quienes fueron niñas, niños y adolescentes en aquellos años parte de la hipótesis de que no sólo las personas afectadas individualmente, sino toda una generación vive aún, en distintos grados, con las huellas de la crisis en su memoria y, a veces, en su patrimonio.
Dice Maurizio Lazzarato en su libro La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal que, ante todo, Las Finanzas son una relación de poder que se sustenta en la deuda, en la relación acreedor-deudor. La deuda y los productos financieros que nos atan a ella forman parte de un sistema aceitado, cuyos cálculos contemplan que no poder pagar la deuda mantenga la rueda dando vueltas, porque entonces es necesario seguir produciendo. La deuda, la relación acreedor-deudor es esencial al neoliberalismo, y en 1994-1995 México se encontraba en el pináculo de sus años dorados neoliberales.
En mis testimonios he encontrado incluso referencias a suicidios de jefes de familia; sin embargo, ha sido siempre en el terreno del rumor. No he podido dar con un testimonio directo ni un caso registrado en la prensa de la época. No obstante, las Estadísticas de suicidio e intentos de suicidio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía pueden proporcionarnos algunas pistas. Encontramos un incremento en intentos de suicidio tanto en 1994 (153 totales en hombres vs. 93 del año anterior) como en 1995 (232 totales en hombres, 79 más que en 1994), y para 1996, los intentos se mantuvieron en 232.
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Según el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, “el daño se produce porque los actos violentos causan pérdidas sensibles y abruptas y deterioran o destruyen las redes de apoyo de las víctimas. Con ello afectan de manera negativa la estabilidad, la seguridad y la capacidad para que las personas puedan decidir e incidir sobre sus vidas individual y colectivamente de acuerdo con su vocación, sus metas y aspiraciones”. Creo que estamos frente a casos de injusticia hermenéutica, la cual “se produce […], cuando una brecha en los recursos de interpretación colectivos sitúa a alguien en una desventaja injusta en lo relativo a la comprensión de sus experiencias sociales”. En toda definición de violencia se destaca el uso de la fuerza y el ejercicio de la dominación. En 1994 pudimos verlo en carne viva en las montañas del Sureste mexicano donde el ejército federal asediaba a poblaciones indígenas zapatistas y solidarias con el zapatismo, pero también atestiguamos el despliegue de una fuerza diferente, a ratos invisible en casi todo el resto del país de parte de bancos, empresas e instituciones del gobierno.
El Caso de Ana: Resistencia y Recuperación
“Salinas me quitó la vida”, me dijo Ana cuando la entrevisté en diciembre de 2020 como parte de un trabajo independiente sobre testimonios de la crisis financiera que vivió México entre diciembre de 1994 y 1995. Ana, hoy de 74 años, era madre y esposa, y había sido trabajadora de la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex), hasta que, como parte de aquellos despidos masivos que en su charla asociaba todavía con “el quinazo”, perdió su empleo en 1992. Asociar tal injusticia con el líder sindical de los petroleros Joaquín Hernández Galicia, “la Quina”, no es gratuito. Desde su arresto en 1989 era pública su enemistad con Carlos Salinas de Gortari, a partir de las insinuaciones de privatización del entonces presidente, cuyas acciones terminaron debilitando a la paraestatal y profundizando el proceso de “desnacionalización”. Ana, la única ingeniera civil en un mundo de hombres, aun cuando tenía un muy buen puesto, quedaría atrapada -al no estar sindicalizada-, en ese juego de poder entre el presidente y la empresa petrolera. “Querían hacer quedar a Pemex como que no funcionaba”, asegura.
Acostumbrada a la lucha frontal, como lo venía haciendo contra Pemex, la ingeniera decidió demandar a Banamex. Pero los frentes abiertos contra dos monstruos dejaron secuelas tangibles en su cuerpo: estrés crónico y dolor emocional. Si bien sus procesos legales contra Pemex y Banamex le acarrearon un malestar permanente, este dolor emocional tenía para ella un rostro: Carlos Salinas de Gortari. Volvamos al momento en que el banco embargó la casa de Ana y su familia, giro que lesionó su vida personal, social y económica, y cuyo origen fue un suceso que escapaba a su control. En 1994, a Ana le fue arrebatado su patrimonio y tuvo que mudarse a otra casa donde recibió maltrato. Además, le fue imposible seguir pagando la escuela de sus hijos, quienes pasaron a una marginalidad peculiar dentro del colegio: quienes no pagaban no eran expulsados, pero se los ponía en el patio sin derecho a tomar clase. Todo ello sin contar lo invertido durante años en abogados.
Gracias a su tesón y al apoyo del abogado que llevó su caso, en 1995 recibió un laudo positivo a su favor que resultó en una restitución, si bien parcial y punitiva: la pusieron en un área llamada Demandas, “como una manzana podrida”. A pesar de haber ganado, esta victoria no dejaba buen sabor de boca, pues para llegar a ese punto debió resistir el embate del acoso laboral recibido luego de su despido, así como lidiar con la constante apatía de sus compañeros de demanda. Algunos años después, en 1998 recibió sus salarios caídos. Para 2005, Ana logró pactar con Banamex el pago de una cifra menor, y recuperó su patrimonio. Volver a su casa, al sitio que ella y su esposo diseñaron para vivir, allí donde ahora cría a su nieta, ha sido una de sus más grandes alegrías. Este 2025 he vuelto a hablar con ella: las cenizas han hecho digestión y se sabe orgullosa de esta lucha: “fui muy fuerte”, dice. Salinas no le ha arrebatado esto: esto no.
Ana no se quedó de brazos cruzados: demandó, aprendió de derecho laboral hasta ser casi una abogada “por experiencia”, se unió a manifestaciones colectivas, resistió con temple el acoso de Pemex, de donde logró jubilarse. Gracias al abogado que llevó su caso laboral, entró a trabajar en el Metro de la Ciudad de México, donde pudo desarrollarse como ingeniera, y sacó adelante a sus hijos. Éste es el tuétano de mi conversación con Ana, una superviviente de la violencia de Las Finanzas, reflejo de la dignidad que las clases trabajadoras de México han mostrado ante el Estado y el mercado en innumerables ocasiones.
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Cambios Políticos y Transformación del País
Los cambios más importantes ocurrieron en la institución que había marcado la vida política de México durante el siglo XX. La presidencia de la República perdió el poder que había tenido en otros años. Cualquier intento por mantener el poder del salinismo desapareció definitivamente cuando Raúl Salinas de Gortari fue acusado de ser autor intelectual del asesinato de su excuñado José Francisco Ruiz Massieu y de desvío de fondos públicos a bancos de Suiza. El conflicto zapatista no se resolvió. Marcos y el EZLN vieron en el presidente Ernesto Zedillo un nuevo enemigo cuando a principios de 1995 el gobierno mexicano intentó capturarlos, dando por terminada la tregua del año anterior. Otros personajes han logrado sobrevolar el pantano sin mancharse -o sin mancharse tanto-, como Ernesto Zedillo, quizá porque, por ejemplo en su caso, nos hemos olvidado de que compartió información privilegiada que aceleró la fuga de capitales.
La oposición ganó cada vez más espacios en las gubernaturas y en las Cámaras y por primera vez hubo un jefe de gobierno electo por voto universal en la Ciudad de México: ese cargo lo ocupó Cuauhtémoc Cárdenas. En 1997 el PRI perdió el control de la Cámara de Diputados que tuvo durante decenios y ya no pudo hacer reformas constitucionales. El todopoderoso “Partido de la Revolución” vivía una profunda crisis mientras el de Acción Nacional y el de la Revolución Democrática se fortalecían cada vez más. Esa época de cambios, consecuencia directa de la gran crisis vivida por el país en 1994, al final produjo lo que parecía imposible. “1994. El año que cambió a México”.
