Un informe crucial, publicado por un gran jurado de Estados Unidos, ha confirmado que más de mil menores sufrieron abusos sexuales por parte de unos 300 sacerdotes de la archidiócesis de Pensilvania. Este documento es el resultado de una de las investigaciones más profundas sobre el abuso sexual dentro de la Iglesia Católica en los últimos tiempos.
Tras un periodo de silencio, el Vaticano se pronunció sobre el reporte, que denuncia el abuso sexual y violación de más de 1.000 menores por unos 300 "sacerdotes depredadores" en Pensilvania. La Santa Sede consideró que los hechos denunciados eran "criminales y moralmente reprobables" y condenó "inequívocamente" el abuso sexual de menores. En un comunicado, expresó que "hay dos palabras que pueden expresar los sentimientos frente a estos horribles crímenes: vergüenza y dolor".
Las Revelaciones del Gran Jurado de Pensilvania
El documento, que supera las 1.300 páginas, revela que durante más de 70 años, más de 1.000 menores en Pensilvania fueron abusados o violados por sacerdotes católicos. Las pesquisas se desarrollaron a lo largo de dos años y a través de 115.042 documentos, detalló la Fiscalía de Pensilvania. El informe se refiere a seis diócesis de las ocho del estado (Erie, Allentown, Greensburg, Harrisburg, Pittsburgh y Scraton), ya que las otras dos, Philadelphia y Altoona-Johntown, fueron objeto de otros informes.
El informe de Pensilvania cubre un periodo de unos setenta años, y cita los nombres de 301 sacerdotes contra los que existen “acusaciones creíbles” de abusos sexuales durante su ministerio, de los que habrían sido víctimas al menos 1.000 menores identificados. De acuerdo con el texto, las víctimas fueron mayormente varones, aunque también hubo menores de sexo femenino, adolescentes y preadolescentes.
La investigación detalla que muchos de los menores fueron "manipulados con alcohol o pornografía", y "a algunos les hicieron masturbar a sus agresores o fueron manoseados por ellos". El informe añade que "algunos fueron violados oralmente, algunas vaginalmente, algunos analmente". Además, muchas de las víctimas fueron drogadas por los sacerdotes, y otras alegaron que fueron maltratadas o golpeadas por miembros de sus familias que no creyeron sus historias sobre los abusos.
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Entre los ejemplos mencionados por la Fiscalía de Pensilvania destaca el del religioso Joseph Gaborek, ahora de 70 años y destinado a principios de la década de 1980 a los centros de St. Michael's Church (West Salisbury) y St. Mary's Church (Pocahontas), ambos en Pensilvania. El religioso reclutó a un chico de 16 años para su parroquia con el objetivo de violarlo y, una vez que se produjo una denuncia ante la policía estatal, el obispo Hogan pidió que no se juzgara al sacerdote, pero aseguró que recibiría tratamiento, según detalla la Fiscalía de Pensilvania.
El informe detalla otros tipos de agresiones sexuales, como el de un sacerdote que violó a una niña en el hospital después de que le extirparon las amígdalas u otro al que se le permitió continuar ejerciendo después de haber dejado embarazada a una menor de 17 años, con la que se casó y de la que luego se divorció.
El Encubrimiento y la Manipulación de las Denuncias
El documento también reveló que los funcionarios de la Iglesia describieron de manera "rutinaria y deliberada" las denuncias de abusos como "juegos bruscos", "peleas" y "conductas inapropiadas". La Fiscalía de Pensilvania, dirigida por Kathleen Kane, resaltó en un comunicado que "esa conducta puso en peligro a miles de niños y permitió que probados pederastas abusaran de más víctimas", enfatizando que "no era ninguna de esas cosas".
El comunicado del Vaticano no se refirió, sin embargo, a la denuncia del gran jurado de que la Santa Sede, al igual que altos cargos de la Iglesia de Pensilvania, participaron en "un encubrimiento sistemático" de los abusos durante las casi 70 años que cubre la investigación.
El trabajo realizado por los 23 miembros del gran jurado fue exhaustivo, incluyendo personas católicas practicantes que trabajaron juntas durante dos años para recoger toda la información de los documentos internos. También se recabaron testimonios de más de una docena de sacerdotes, donde la mayoría reconoció lo que habían hecho, aunque otros lo negaron, afirmando que las acusaciones eran falsas y querían protección al respecto. El jurado decidió consultar al FBI para que le ayudara a identificar las trampas que conducían a ocultar la verdad, revelando una red de complicidades que debía ser descubierta por su colaboración activa en apoyar a los abusadores.
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Reacción de la Santa Sede y Reformas de la Iglesia
La Santa Sede reiteró que "la Iglesia debe aprender duras lecciones de su pasado y debería haber asunción de responsabilidad tanto por parte de los abusadores como por parte de los que los permitieron". Además, el documento consideró que estos hechos "han traicionado la confianza" y "han robado a las víctimas su dignidad y su fe".
El Vaticano agregó que "la mayor parte del informe se refiere a abusos cometidos antes de los primeros años 2000" y que no se han encontrado "apenas casos después de 2002". En criterio de la Santa Sede, esto demuestra "cómo las reformas hechas por la Iglesia católica en Estados Unidos han reducido drásticamente la incidencia de los abusos cometidos por el clero".
Ya en 2002, la Santa Sede y los obispos de EE.UU. aprobaron nuevas normas para los casos de abusos a menores por parte de sacerdotes. La principal es que un solo caso probado llevará a que el culpable no vuelva nunca a ejercer el ministerio. La pena puede incluir también la pérdida del estado clerical, y estos delitos prescriben diez años después de que la víctima cumpla 18 años. Estas medidas, según el Vaticano, han dado sus frutos.
Tim Lennon, presidente de "Survivors Network of those Abused by Priests (SNAP)", reconoció la importancia crucial de este informe para mostrar la verdad y reclamar justicia. Según sus palabras, la sociedad civil está liderando el rol necesario para decir en alto que esto no está bien. Desde la sociedad civil, y en particular por parte de la comunidad católica, se está reclamando una mayor implicación y actitud proactiva de la Iglesia y del Papa Francisco. Se espera un mayor protagonismo y liderazgo de la comisión para la protección de las y los menores del Vaticano, constituida por 8 hombres y 8 mujeres (siendo algunas de estas personas supervivientes de abusos sexuales cometidos por sacerdotes). Su misión es liderar el cambio necesario para erradicar los abusos sexuales en la Iglesia Católica. En abril, la comisión se reunió por primera vez con la delegación de SNAP (Supervivientes) de Inglaterra y Gales, para trazar nuevas líneas de acción a partir de la voz de las personas que han sufrido abusos sexuales dentro de la iglesia.
El Arzobispo de Filadelfia, Mons. Chaput, explicó que "las únicas respuestas aceptables son el dolor y el apoyo a las víctimas, así como un esfuerzo integral para asegurar que estas cosas nunca más sucedan." Añadió que "la ira es una respuesta correcta y necesaria, pero necesita ser una ira que dé buenos frutos, una ira guiada por el pensamiento claro, la prudencia y el deseo real de justicia". Mons. Chaput subrayó la necesidad de una profunda autorreflexión en la arquidiócesis, enfatizando que "esta ira es la que Jesús mostró hacia los mercaderes del templo, los saduceos y los fariseos."
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Los abusos del clero a menores en Estados Unidos salieron a la luz con fuerza en 2002, cuando una investigación de The Boston Globe destapó un escándalo sin precedentes y el cardenal arzobispo de Boston, Bernard Francis Law, tuvo que dimitir por haber encubierto abusos sexuales. Desde entonces, se han desvelado los datos de sacerdotes acusados, ha habido juicios por pederastia y las declaraciones de víctimas han aparecido en infinidad de medios. Las investigaciones dentro y fuera de la Iglesia, junto con la adopción de medidas de “tolerancia cero” por parte de la Santa Sede y los obispos, han reducido drásticamente estos abusos. El propio informe reconoce que “mucho ha cambiado en los últimos quince años”, aunque en diversos momentos dice que no está claro si la actuación de la jerarquía de la Iglesia es ahora distinta.
Estadísticas y la Naturaleza del Problema
Para medir la magnitud del problema entre el clero, es fundamental saber qué proporción de sacerdotes han sido acusados de abusos sexuales respecto al total de sacerdotes que han estado en activo durante esos años. En esos 52 años, los denunciados por abusos sexuales a menores -excluyendo las denuncias que fueron retiradas o se demostraron falsas- supusieron entre el 4% y el 4,3% del total de sacerdotes activos en Pensilvania.
Otro informe bien documentado sobre el problema de abusos a menores entre todo tipo de instituciones es el que llevó a cabo una Comisión Real en Australia en 2017. Según este informe, en el periodo 1950 a 2010 hubo acusaciones de abusos contra el 7% de todos los sacerdotes australianos. Teniendo en cuenta que en las diócesis de Pensilvania hay actualmente 2.509 sacerdotes, y estimando unos 7.500 sacerdotes activos durante 70 años, el Padre Fortea calcula la proporción de abusadores.
En cuanto a las víctimas, la mayor parte eran chicos, aunque también había chicas. Algunos eran adolescentes y otras se encontraban en la pre-pubertad”. Es significativo que en el caso de abusos perpetrados por clérigos, la gran mayoría son contra chicos. En cambio, según un análisis estadístico basado en 16 estudios y teniendo en cuenta todos los ámbitos, la tasa estimada de abusos sexuales contra menores es el 7,2% para los chicos y el 14,5% para las chicas. El informe del John Jay College también dice que los abusos fueron en su mayor parte contra varones (81%) y que el 76% de los menores no contaban aún 15 años. Las estadísticas de abusos sexuales contra menores en EE.UU. muestran que no es un fenómeno infrecuente.
Debate sobre las Causas y la Subcultura en la Iglesia
También se empieza a notar un cambio en el modo de referirse con mayor claridad a las causas de fondo de este problema. Después de la publicación del informe de Pensilvania y de la dimisión del cardenal Theodore McCarrick por conducta homosexual tras acusaciones de abuso a un menor en la década de 1970, el obispo de Madison Robert Morlino ha escrito una carta pastoral en la que afirma: “Se ha hecho mucho esfuerzo para mantener separados actos que caen bajo la categoría ahora culturalmente aceptable de actos homosexuales y la categoría públicamente deplorable de actos de pedofilia. Es decir, hasta hace poco los problemas de la Iglesia se han presentado como problemas de pedofilia, a pesar de una clara evidencia de lo contrario”.
Monseñor Morlino añadió: “Hay que admitir que hay una subcultura homosexual dentro de la jerarquía de la Iglesia que está causando una grave devastación en la viña del Señor. La doctrina de la Iglesia afirma con claridad que la inclinación homosexual no es en sí misma pecado, pero es intrínsecamente desordenada de modo que quien la sufre permanentemente no es apto para el sacerdocio”.
Datos Clave del Informe de Pensilvania
La siguiente tabla resume los hallazgos principales y el alcance de la investigación del Gran Jurado.
| Aspecto | Detalles |
|---|---|
| Período cubierto | 70 años |
| Diócesis investigadas | Seis de las ocho en Pensilvania (Erie, Allentown, Greensburg, Harrisburg, Pittsburgh, Scraton). Las de Philadelphia y Altoona-Johntown fueron objeto de otros informes. |
| Sacerdotes acusados | 301 con acusaciones "creíbles" |
| Víctimas identificadas | Al menos 1.000 menores |
| Porcentaje de sacerdotes activos (PA) | Entre 4% y 4.3% (de un estimado de 7.500 en 70 años) |
| Porcentaje de sacerdotes activos (Australia) | 7% (período 1950-2010) |
| Documentos examinados | 115.042 (Fiscalía), medio millón de páginas (Gran Jurado) |
| Páginas del informe | Más de 1.300 páginas |
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