Las acusaciones falsas de acoso y violación representan un problema complejo dentro del sistema de justicia. Aunque la mayoría de las denuncias son legítimas, existen casos donde personas inocentes han sido señaladas injustamente, afectando sus vidas personales y profesionales. Es fundamental que la sociedad reconozca la gravedad de las acusaciones falsas de acoso y violación, ya que no solo perjudican a quienes son señalados injustamente, sino que también socavan la credibilidad de las víctimas reales. Si bien es importante que todas las denuncias sean investigadas de manera rigurosa, también se deben establecer mecanismos para detectar y sancionar las acusaciones falsas de acoso y violación.
Casos Reales de Acusaciones Falsas y sus Consecuencias
Existen numerosos ejemplos que ilustran las graves repercusiones de las denuncias falsas:
- En Reino Unido, Eleanor Williams denunció falsamente haber sido víctima de tráfico sexual y violación. Tres hombres fueron encarcelados injustamente antes de que se probara la falsedad de sus declaraciones. Williams fue sentenciada a 8 años de prisión por su fraude.
- En 2024, Claudia Karina Reyes, conocida como “Miss Kary”, fue acusada de abusar sexualmente de una niña de cuatro años en un jardín de niños en Ecatepec, Estado de México. Tras la denuncia, Reyes fue detenida y pasó casi dos años en prisión preventiva en el penal de Chiconautla. Posteriormente, se demostró que las acusaciones eran infundadas y que no existían pruebas que sustentaran la denuncia. Reyes fue liberada, pero el daño a su reputación y bienestar ya estaba hecho.
- Courtney Ireland-Ainsworth creó 30 perfiles falsos en Instagram para acusar a su expareja de acoso. Tras una investigación, se descubrió que los mensajes amenazantes provenían de la propia Courtney.
- Rebecca Palmer acusó a un soldado de violación tras ser rechazada. Fue condenada a 5 años de prisión.
- Gina-Lisa Lohfink acusó falsamente a dos hombres de violación y difundió un video del incidente. Fue condenada a pagar una multa de 20,000 euros.
- En 2016, una mujer en Cantabria denunció falsamente a su expareja por acoso y amenazas. La denuncia llevó a su arresto inmediato y a una orden de alejamiento en su contra. Cuando la verdad salió a la luz, la mujer fue condenada a 20 meses de cárcel por denuncia falsa y falsificación de pruebas. Además, tuvo que indemnizar a su expareja por los daños sufridos.
- En la UNAM, un grupo de estudiantes denunció a un profesor de la FES Acatlán por acoso sexual a través de un video viral. Las autoridades universitarias condenaron el hecho y advirtieron sobre el impacto negativo que las acusaciones falsas de acoso o violación pueden tener en la credibilidad de casos reales.
- Una mujer acusó a su conductor de Uber de acoso sexual después de una discusión durante el trayecto, afirmando que él le había hecho comentarios sobre su apariencia. El caso generó debate sobre las sanciones para quienes hacen uso indebido del sistema de justicia.
- Un caso reciente es el de una joven que, durante una discusión entre un comerciante y su madre, amenaza al hombre con acusarlo por violación, jactándose de que con ello el comerciante saldría perdiendo. Este tipo de episodios no sólo desprestigian los verdaderos casos de violación, sino que restan credibilidad a los dichos de las víctimas reales de este delito.
- En Palma de Mallorca, una trabajadora denunció a un colega por acoso. La denunciante fue suspendida sin sueldo durante dos meses.
El Impacto Devastador de las Acusaciones Falsas
Las acusaciones falsas de acoso y violación pueden tener serias implicaciones legales para quienes las presentan. En muchos países, realizar una denuncia falsa es considerado un delito, lo que puede derivar en penas de prisión, multas económicas y sanciones legales adicionales. Además del impacto legal, estas denuncias pueden acarrear consecuencias civiles, como demandas por daños y perjuicios. Las personas que han sido acusadas injustamente pueden emprender acciones legales contra quienes promovieron la falsa acusación, exigiendo compensaciones por el daño moral, emocional y económico causado.
Otro aspecto crucial es la afectación a la confianza en el sistema judicial. Cuando se hacen públicas acusaciones falsas de acoso y violación, la percepción de la sociedad sobre la credibilidad de las víctimas reales se ve perjudicada. Las acusaciones falsas de acoso y violación representan una problemática que debe ser atendida con seriedad. Aunque su incidencia es menor en comparación con las denuncias legítimas, su impacto en la vida de los falsamente acusados y en la confianza en el sistema judicial es significativo. Es necesario que las instituciones judiciales adopten medidas para diferenciar entre denuncias legítimas y aquellas fabricadas con intenciones maliciosas. Por último, la sociedad en su conjunto debe fomentar el diálogo y la educación sobre este tema. Comprender las consecuencias de las denuncias infundadas es clave para evitar injusticias y garantizar que las verdaderas víctimas reciban el apoyo y la credibilidad que merecen.
La Ley de Violencia de Género y la Presunción de Inocencia
Existe un gran número de hombres víctimas de denuncias falsas que se ven sometidos a detenciones sistemáticas por el mero hecho de ser hombres y ser denunciados por sus parejas o exparejas. Aunque desde las distintas administraciones y/o medios de comunicación se empeñan en manifestar de manera machacona que no existen denuncias falsas, eso no es real y por supuesto el porcentaje de denuncias falsas que reflejan tampoco es real.
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Los datos que nos ofrecen los medios de comunicación se corresponden a mujeres condenadas por denuncias falsas, pero no a las denuncias falsas reales, ya que ese es un número que se desconoce por completo. Es imposible saber cuántas denuncias falsas hay. Las administraciones y los medios de comunicación no nos dicen el número de denuncias falsas que hay, sino que nos indican el número de mujeres condenadas por denuncias falsas, que no es lo mismo aunque intenten hacérnoslo creer.
Cada vez hay más gente que habla de hombres maltratados por la Ley de Violencia de Género, y ello se debe a que, por la simple denuncia de una mujer, se detiene a su marido, pareja o incluso expareja, aunque no haya más prueba que la palabra de la denunciante. No importa que haya peligro inminente o no, es indiferente que haya pruebas periféricas que avalen la versión de la señora, el protocolo de actuación indica que los hombres deben ser detenidos de manera inmediata en cuanto denuncia una mujer.
Hay miles de hombres maltratados por la Ley de Violencia de Género y para demostrarlo solo hace falta observar los datos oficiales en los que se refleja que el 41% de las denuncias recibidas en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer son archivadas, lo que en lenguaje común quiere decir que “no llegan a ningún sitio”. La Ley de Violencia de Género se creó para defender a las mujeres víctimas de violencia de género, pero lo que parecía comenzar con buenas intenciones en la práctica se está utilizando por algunas mujeres, en caso de divorcio o separación, para tratar de evitar la guarda y custodia compartida, para obtener ventajas económicas en el divorcio o, en algunos casos, simplemente por despecho.
La Ley de Violencia de Género deja a los hombres en desigualdad ante un procedimiento judicial. El derecho penal español se basa en la presunción de inocencia del acusado, lo que significa que es la parte que acusa la que debe demostrar la culpabilidad y no que es el acusado el que debe demostrar su inocencia. Pero, cuando una mujer denuncia a su marido o pareja y este es hombre, parece ser que “la mujer siempre dice la verdad” y el hombre tiene que demostrar su inocencia. Con la actual regulación en materia de Violencia de Género la igualdad no existe y la presunción de inocencia cuanto menos debemos ponerla en entredicho. En asuntos relacionados con las mujeres se están poniendo en riesgo los principios más básicos de nuestro sistema legal penal.
Casos Emblemáticos y Reflexiones Legales
“Es el caso más maquiavélico con el que me he encontrado", recuerda Alicia, una abogada especializada en derecho penal. Había ayudado a una pareja en una separación de mutuo acuerdo. Un día, la mujer la llamó y le contó que su expareja la había golpeado y quería que la representara. La abogada quedó impactada por el estado de la joven: tenía un collarín ortopédico, un codo dislocado, la cara casi desfigurada, un ojo cerrado con un hematoma. El hombre era interrogado en otro cuarto y le interpeló a Alicia: “Alicia, tú sabes que yo no pude haber hecho eso”.
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La mujer afirmaba que su excompañero había ido a la casa donde ella vivía y la había golpeado. Cámaras de circuito cerrado externas mostraban al hombre entrando en la casa de dos pisos y saliendo poco después. De acuerdo al relato, la amiga y su novio de la denunciante se encontraban en el piso superior y cuando la clienta de Alicia bajó a abrir la puerta lo hizo sola. La abogada recuerda que le contaron que al rato la amiga y su novio escucharon a la mujer gritar, bajaron para ver qué pasaba, la encontraron golpeada y se fueron los tres al hospital. El personal médico activó el protocolo y avisó a la policía. Tras ser dada de alta, fue derivada a un juzgado, donde presentó la denuncia. La policía arrestó inmediatamente a su expareja y una orden de alejamiento fue emitida.
Pero había algo que no terminaba de convencer a Alicia. Intuía que la amiga de la denunciante escondía algo. Y no se equivocaba. Cuando salían del juzgado, la joven no aguantó y le contó el secreto. "Me confesó que mi clienta le había pedido a ella y a su novio que la golpearan. 'Lo hicimos nosotros. Nos costó muchísimo pegarle. ¡Imagínate, es mi amiga!', me dijo". La abogada decidió retirarse del caso. Le dijo a su clienta que no podía colaborar con que una persona inocente fuese enviada a prisión y le aconsejó que desistiera de continuar con la denuncia. La mujer entendió su decisión, pero no siguió su consejo y el caso pasó a manos del ministerio fiscal. "Hasta el último minuto ella aseguró que él la había golpeado. Nunca paró, lo quería ver en prisión". Y lo logró. El hombre fue condenado y enviado a la cárcel. La amiga fue llamada a declarar, pero no lo hizo argumentando que "no había visto nada". "Su novio sostuvo lo mismo". Cuando el hombre salió de prisión (después de aproximadamente seis meses), gran parte de su mundo se había desvanecido y decidió irse del país.
Al hablar de denuncias falsas de violencia doméstica, expertos y policías de diferentes países consultados son enfáticos: son excepciones, extremadamente inusuales y en términos numéricos son ínfimas, sobre todo si se comparan con los casos reales. Pero aunque sean excepcionales, existen, y pueden tener consecuencias devastadoras tanto para los acusados como para las víctimas de abusos reales. "Son denuncias peligrosas porque buscan corromper un sistema que fue diseñado para proteger a las víctimas y castigar a los maltratadores y no para ser usado con otros fines", indica desde Madrid, la psicóloga clínica Paula Ronco Cardoso.
Ronco reconoce que los casos que ha conocido "son excepciones muy puntuales", que se han dado en el marco de un divorcio o cuando hay la intención de iniciar uno. En ese proceso, advierte, "se despiertan muchas emociones" y a veces se desata una "competencia salvaje". "El 'te voy a ganar', 'te voy a quitar todo lo que tienes (incluyendo los hijos)', 'haré todo lo necesario y más para arruinarte la vida' son sentimientos de venganza que aparecen para amortiguar el trauma, los sentimientos de frustración" porque la relación no funcionó. "Las personas que crean este tipo de denuncias, tanto mujeres como hombres, están cegadas. Lo que están buscando es 'destruir' a la otra persona. No son conscientes de lo que significa esta denuncia falsa", que en muchos países, incluyendo España, está tipificado como delito.
Cuando Pablo le dijo a Estefanía que había decidido romper con su relación y que se iba de la casa, ella reaccionó con ira. Empezó a tirar los libros, los adornos de la casa, las lámparas, las fotos, los cuadros, los muebles. "Mientras tanto su esposo hacía la maleta", cuenta la abogada española Helena Echeverri. Estefanía llamó a la policía: "¡Vengan corriendo, rápido, mi marido me está agrediendo! ¡Vengan cuanto antes por favor!". Cuando llegaron los uniformados, la mujer abrió la puerta y les dijo: "¡Miren todo lo que ha hecho!". Pablo tenía otra versión: "Agente: antes de que me detenga quiero que sepa que lo tengo todo grabado. Aquí está la grabación para que la vea. Ya se la mandé a mi abogada". Tras verla, "el agente indicó que no lo iba a arrestar y que, de hecho, la podían detener a ella". Pero Pablo "no quiso denunciarla", según afirma la abogada, "No quería perjudicar a la madre de sus hijos para evitarles un sufrimiento". "Si él no hubiese grabado (en secreto) lo que pasó, su detención hubiese sido inminente", indica Echeverri.
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Determinar cuándo una denuncia es falsa y cuándo es real es un asunto muy complejo, entre otras cosas porque los casos de violencia contra la mujer suelen ocurrir en entornos privados y no siempre se cuenta con evidencia física o con testigos, lo que hace que sea difícil determinar lo que realmente pasó. Además, muchas veces, la agresión es psicológica, verbal o emocional y no deja huellas en el cuerpo. Tras décadas de violencia contra la mujer y feminicidios en todo el mundo, los sistemas policiales y judiciales de decenas de países han adoptado mecanismos legales para proteger a las denunciantes inmediatamente después de que hacen la denuncia. Eso ha salvado miles de vidas, no solo de mujeres sino de niños.
Pero algunos juristas cuestionan el peso que, en algunos casos, se le da a la palabra de la mujer cuando hace la denuncia y advierten de que puede afectar la presunción de inocencia del hombre acusado. En una época en que muchas mujeres denuncian la violencia por parte de sus parejas o exparejas y hay un importante activismo para combatir los feminicidios, la credibilidad de alguien señalado como maltratador puede llegar a ser casi nula. "Mi hermana denunció a su esposo por malos tratos, pero en casa todos sabíamos que era mentira y así se lo hicimos saber a la policía. Ella siempre ha sido una persona muy agresiva", confiesa Lucía. "En cuanto mencioné la palabra 'denuncia por malos tratos' nadie quiso acogerle. Daba igual cuanto insistiera yo en que la denuncia era falsa, nadie lo creía. Se trataba de una ciudad pequeña y pronto empezaron a llegarme rumores de que mi cuñado tenía un apodo: 'el maltratador latino'". "Mucha gente se metió a defender que ella se quedara con la custodia total de mi sobrino, que entonces era un bebé, y que al padre debían negarle la residencia en España y privarle de ver a su hijo". "No se daban cuenta de que en lugar de proteger al niño lo estaban condenando a estar con una persona desequilibrada y agresiva". Tras la intervención de los servicios sociales, un juez decidió darle la custodia del pequeño al padre porque "se observaron serias deficiencias en el cuidado del niño cuando la madre estaba a su cargo".
Abogados en Defensa de Hombres Falsamente Acusados
Hace cinco años, la abogada española Yobana Carril decidió dedicarse exclusivamente a representar a hombres en derecho penal. Una colega le había pedido que la sustituyera en un caso de violencia de género, a lo que Carril le dijo que no tenía experiencia. Su colega respondió: "No importa porque yo represento al hombre, con lo cual (el caso) está perdido". "Eso me llamó poderosamente la atención", cuenta Carril. Aun así asumió el reto. Se trataba de una mujer que decía que su marido le pegaba a ella y a su hijo, quien resultó ser un señor, muy robusto, de unos 40 años, y el cliente, un señor de unos 70 años con la camisa ensangrentada por un puñetazo.
Nuestros Abogados especialistas en Violencia de Género han sufrido en numerosas ocasiones reproches incluso en juicios por hacer preguntas encaminadas a demostrar la inocencia de nuestros clientes hombres maltratados. Es bochornoso que un abogado se sienta presionado en un entorno Judicial por defender a un hombre. Es inaceptable que una gran parte de la sociedad y numerosos medios de comunicación pretendan influir en los tribunales de Justicia como ha sucedido, por ejemplo, en el “caso de La Manada”.
Hombres Maltratados por Mujeres y la Violencia Doméstica
Actualmente es raro que alguien hable abiertamente de que #Existen hombres maltratados por mujeres. No es frecuente que los medios de comunicación ni la mayoría de políticos hable de ello, pero la existencia de hombres maltratados por mujeres es innegable. No te pienses que los hombres maltratados por mujeres son una minoría, sino que hay miles de ellos anualmente. Hay mujeres que maltratan a sus maridos o parejas golpeándoles y hay mujeres que maltratan a sus maridos mediante vejaciones e insultos. Lamentablemente muchos de nosotros hemos oído alguna vez decir una mujer a un hombre “No vales para nada” o “eres un gilipollas”. Pues bien, eso es maltrato. Todas las campañas que vemos en televisión sobre el maltrato a mujeres son aplicables a los hombres maltratados, pero por intereses políticos y/o económicos se empeñan en ocultárnoslo.
En la actual sociedad en la que vivimos siempre se justifica que una mujer pegue un tortazo a un hombre si este último ha sido infiel, pero nadie consentiría que un hombre pegara el mismo tortazo a una mujer por el mismo hecho de ser infiel. Si está bien visto socialmente que una mujer pegue a un hombre y mal visto que un hombre pegue a una mujer, algo falla. La violencia debería ser intolerable en ambas direcciones. Pongamos un ejemplo muy claro de maltrato de mujeres hacia hombres. Algunas mujeres, más de las que nos podemos imaginar, chantajean a sus maridos o exparejas hombres con no dejarles ver a sus hijos si no hacen lo que ellas quieren e incluso no solo les chantajean, sino que en numerosas ocasiones mujeres impiden todo tipo de contacto entre el hijo y el padre para evitar que les otorguen la custodia compartida. No se debería consentir ni que una mujer impida a un padre ver a un hijo ni que un padre impidiese a una mujer ver a un hijo.
Debemos recordar que en la Declaración de los Derechos del Niño aprobada por todos los miembros de la ONU allá por el año 1959, más concretamente en su principio sexto, dice “El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres “. La Declaración de los Derechos del Niño es clara y habla de “padres” lo que implica tanto al padre como a la madre. En el mismo sentido nos encontramos la Convención sobre los Derechos del Niño que en su artículo 9.1 obliga al Estado Español por ser parte de velar por que el niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de estos.
Los distintos gobiernos que hemos tenido en los últimos años en España destinan millones de euros en campañas publicitarias para “sensibilizar” por la denominada Violencia de Género, que es la cometida por los hombres contra las mujeres, pero se olvidan de la “Violencia Doméstica” y así mismo parece que entienden como insignificante el número de hombres maltratados por sus mujeres o parejas. Las presiones políticas para ocultar la existencia del número de denuncias falsas y de hombres maltratados son tales que esta semana hemos estado hablando con un prestigioso periodista que nos ha confesado haber comenzado una investigación sobre las denuncias falsas y haber desistido de la misma por las presiones ejercidas en su medio.
Estadísticas Oficiales sobre Denuncias de Violencia de Género
Según los datos ofrecidos por el Consejo del Poder Judicial en su Informe sobre Violencia de Género Año 2018, las denuncias recibidas y las víctimas se distribuyen de la siguiente manera:
| Año | Denuncias Recibidas | Víctimas Españolas | Víctimas Extranjeras | Total Víctimas |
|---|---|---|---|---|
| 2013 | 124.894 | 84.128 | 40.765 | 124.893 |
| 2014 | 126.742 | 87.081 | 39.659 | 126.740 |
| 2015 | 129.193 | 86.464 | 37.261 | 123.725 |
| 2016 | 142.893 | 94.390 | 40.230 | 134.620 |
| 2017 | 166.260 | 110.107 | 48.110 | 158.217 |
| 2018 | 166.961 | 108.686 | 49.904 | 158.590 |
Según el mismo informe, el 31,5% de las mujeres consideradas víctimas son extranjeras. En España, el país en que se centra este artículo, en 2017 se interpusieron 166.260 denuncias de violencia de género y se iniciaron 23 causas por denuncia falsa. Y como puede verse en la tabla, en 2012 -que fue un año récord- se registraron 17 acusaciones falsas de un total de 128.543. Apenas un 0,013%.
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