La caza de brujas resquebraja el imaginario del Renacimiento como un período donde la razón y conocimiento le ganan terreno a las supersticiones de la Edad Media. Algunos estudios cifran en unas 60.000 las mujeres que fueron ejecutadas por supuesta brujería en toda Europa. La persecución de mujeres acusadas de brujería no era algo extraño entre los siglos XV y XVIII. De hecho, fueron cientos de miles las mujeres que acabaron entre llamas en diferentes rincones del mundo, especialmente en Europa y América, por pensar diferente o ser más avanzadas que la sociedad en la que les tocó vivir.
Los Orígenes de la Caza de Brujas y su Marco Legal
Contrariamente a lo que suele creerse, las persecuciones no las inició la Inquisición, sino la justicia civil. Los primeros procesos contra brujas se abrieron en el Tirol (1296), Croacia (1360, 1369 y 1379) y los Alpes (1375). En 1080, el papa Gregorio VII conminó al rey de Dinamarca a terminar con la quema de mujeres acusadas de provocar tempestades, epidemias y otros males. En 1532, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos V promulgó la Constitutio Criminalis Carolina, que penaba la brujería con la muerte. En la Inglaterra protestante, tres Actas del Parlamento de 1542, 1563 y 1604 legalizaron la persecución y la pena de muerte.
Con el surgimiento de los Estados modernos durante el siglo XVI, lejos de descartar este tipo de preceptos, les dio un marco legal, convirtiendo a la brujería en un crimen grave. Este fue un pequeño episodio dentro de un amplio proceso que se prolongó durante más de dos siglos en Europa y que vivió su momento más intenso a partir del Renacimiento.
La Naturaleza del Crimen y la Histeria Colectiva
El crimen de brujería consistía en una supuesta práctica de magia dañina y el uso de poderes sobrenaturales otorgados por el diablo para dañar a vecinos, hacer infértiles a hombres, o traer desgracias a toda la comunidad. El sistema de creencias mágicas de la brujería hacía referencia a una categoría de individuos (generalmente mujeres, aunque también podían ser hombres) con un poder destructivo capaz de hacer tambalearse los pilares de la sociedad. Es difícil imaginar la repulsión y el miedo que inspiraba la hechicería a nuestros antepasados desde los tiempos más remotos. Hasta el Siglo de las Luces la mentalidad racionalista e ilustrada no comenzó a disipar las tinieblas de la superstición en las sociedades europeas.
Todo parece indicar que la legalización de la caza de brujas fue consecuencia de la histeria colectiva, ante la que sucumbieron, primero, los tribunales civiles y, después, los eclesiásticos. Una vez que la difusión de estas ideas se extendieron en la población, la histeria colectiva y la denuncia entre vecinos desbordó el control de las clases dominantes.
Lea también: la oscura realidad detrás de los concursos de belleza
«Se dice que las brujas adoraban al demonio. Hacían los famosos akelarres que no eran más que reuniones en las que todo se hacía al revés. Había una cabra, un cabrón en realidad, que simulaba ser el demonio. Luego se hacían bailes parecidos a la sardana pero en que las personas miran hacia fuera en vez de hacia dentro. Se realizan misas, sí, pero con luces azules. Y al final de todo, se ponían unos ungüentos por el cuerpo y se ponían a volar con su escoba. Cuando supuestamente pasaba esto era cuando provocaban todas las desgracias. Pero, obviamente, no hay ninguna prueba escrita ni visual de todo esto.» Para intentar comprenderlo mejor, el historiador explica que muchas veces la etiqueta de bruja se daba a una mujer que se creía que «había causado depresión a otra persona, o que había provocado que una familia no pudiera tener hijos, o que había invocado al demonio para que granizara y echara a perder todo el campo […] La acusada no podía demostrar que esto no era así y el pueblo tenía tanto miedo que acababa mandándola a juicio.»
El Rol de la Iglesia y la Justicia Civil
Para la teología medieval, la brujería era inadmisible. Aunque la persecución se atribuye sobre todo a la Inquisición, la responsabilidad de las autoridades civiles fue incluso mayor. Las condenas por parte de los tribunales civiles fueron mucho más duras e impusieron más penas de muerte que los de la Inquisición. En los países protestantes, hubo muchas más sentencias de muerte que en Italia o en la monarquía hispánica.
Aunque advierte que «sin la Inquisición, las numerosas bulas papales que exhortaban a las autoridades seculares a buscar y castigar a las «brujas» y, sobre todo, sin los siglos de campañas misóginas de la Iglesia contra las mujeres, la caza de brujas no hubiera sido posible», Federici coincide en que «al revés de lo que sugiere el estereotipo, la caza de brujas no fue sólo un producto del fanatismo papal o de las maquinaciones de la Inquisición Romana.»
El Malleus Maleficarum y la Identificación de Brujas
En el transcurso del siglo XV la postura de la Iglesia cambió radicalmente. Teólogos, predicadores e inquisidores reinterpretaron el concepto de hechicería, encajando las creencias del vulgo en la doctrina demonológica. Las metamorfosis en animales, los vuelos y otros fenómenos extraordinarios solo podían explicarse con la ayuda sobrenatural del demonio.
En 1486 se publicó en Alemania el Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas), el tratado más importante sobre la caza de brujas. Al difundirse por toda Europa, tuvo un gran impacto en los juicios contra las brujas durante cerca de doscientos años, y fue profusamente utilizado en los períodos de histeria brujeril entre el Renacimiento y la Ilustración. El manual inquisitorial Martillo de las brujas (1487) permite conocer cómo en la Edad Media se identificaba a las mujeres practicantes de brujería, las formas más comunes para saber si se estaba bajo un maleficio de alguna de ellas, así como la manera en que debían ser cazadas, interrogadas y, si era necesario, castigadas. El Malleus Maleficarum o Martillo de las brujas fue escrito por Jacobo Sprenger y Enrique Institoris. De acuerdo con los autores, la bruja cooperaba con el diablo, pero la existencia de este no debía ser el foco de atención.
Lea también: guía sobre el significado de las líneas y sombras acusadas
¿Quiénes Eran las Mujeres Acusadas?
«Bruja», etimológicamente, quiere decir «mujer sabia». Las mujeres que inicialmente fueron descritas como brujas tenían una connotación positiva, eran consideradas curanderas o conocedoras de la naturaleza. A medida que va avanzando la Edad Media, sin embargo, es cuando se empieza a demonizar a las brujas, y es apenas en el siglo XVI, con la reforma protestante y el Malleus Maleficarum, un áspero y cruel tratado que explica cómo identificar y perseguir a una bruja, cuando se llega a una persecución mucho más feroz.
Aunque también hubo algunos brujos condenados a muerte, el componente misógino es incuestionable, dado el peso abrumador de mujeres. ¿Por qué solamente las mujeres podían caer en el pecado de la brujería? La primera causa era por su propio género, pues se les consideraba débiles de alma y por eso su fe era pequeña; en segundo lugar, porque podía sentirse más atraída por las prácticas mágicas debido a sus deseos carnales. Además, estaba el caso especial de las parteras, «cuya malicia supera a todas las demás», según señala el manual. En la Edad Media, para el imaginario religioso la mujer tenía varios aspectos negativos, desde su género hasta sus pasiones y formas de comportarse, entre otros. La ociosidad de las mujeres se consideró como un peligro de alto precio. Ellas debían mantenerse ocupadas con tareas impuestas por sus esposos o sus padres. Para desventaja de aquellas señoras ancianas, su situación de pobreza les traía aún más señalamientos. De acuerdo con el investigador Vicente Romano, «a la escasez de estas viejas se suma el elemento estético. Van mal vestidas, en los trapillos que han podido conservar o que les regalan.»
La imagen clásica que hoy seguimos teniendo de las brujas nos ha llegado desde un tiempo lejano. La imagen de la mujer como bruja quedó concretada con la descripción estereotipada que se le dio -agrega Romano-: «es la de una mujer vieja, seca, de ojos rojizos, con una verruga en la nariz, acompañada de un gato negro o un cuervo.» Estas mujeres tenían su mayor castigo precisamente en serlo, pues eran vistas por el pensamiento religioso católico como un ser inferior, con las debilidades que el enemigo podía utilizar para atacar a la humanidad y su estabilidad moral.
La mayoría de estas mujeres tienen algo en común: «son mayores, viven solas o son inmigrantes», explica el historiador, que reconoce que existe también alguna acusación a mujeres de familia adinerada. En este caso, «acostumbra a ser el perseguidor quien pierde y no la perseguida, ya que pueden pagarse un buen abogado y dar la vuelta al asunto.»
Contexto Socioeconómico de las Persecuciones
Según explica, una combinación de factores, como la suba generalizada de precios, épocas de carestía y factores climáticos, «Europa vive a lo largo del XVI y del XVII una crisis demográfica como no había existido desde la Peste Negra, donde ciertas zonas pierden hasta un tercio de su población.» «Hubo por entonces en Europa un cambio climático muy claro en el hemisferio norte, con inviernos especialmente fríos y veranos más frescos. Y a partir de aquí es un pez que se muerde la cola. «Se empieza denunciando a una mujer. Cuando la detienen, la torturan y le exigen que dé dos nombres.»
Lea también: violencia injustificada contra mujeres señaladas erróneamente
En medio del proceso de creación de Estados modernos, que surgen en el siglo XVI, donde los monarcas buscaban centralizar el poder político y económico, «Se ve en la familia un elemento muy útil para fortalecer al Estado. Entonces, se dedicarán a disciplinar tanto los comportamientos públicos como los privados. Se enseña a cada uno cuál debe ser su rol que, en el caso de las mujeres, era el de la maternidad y el cuidado de la casa. El cumplimiento de este rol por parte de las mujeres, permitiría «Criar nuevos cristianos pero también nueva mano de obra y nuevos consumidores necesarios para el muy incipiente sistema capitalista.» En este contexto, dice la autora, «A todas aquellas que rompan o puedan poner en peligro este nuevo orden que se está estableciendo, se las disciplinará.»
Para Federici, la caza de brujas fue un capítulo olvidado (o silenciado) pero indispensable para la acumulación originaria y el desarrollo de las relaciones capitalistas, incluida la división sexual del trabajo.
Métodos de Acusación y Castigo
En los procesos inquisitoriales debía haber dos jueces, uno eclesiástico y otro civil. El primero se encargaba de la confesión (si es que la había), mientras que el segundo aplicaba el castigo correspondiente. Tres eran las formas en que procedía una denuncia: la primera se daba cuando un denunciante acudía ante un eclesiástico y, con pruebas, señalaba a un hereje o protector de ellos; la segunda sucedía cuando no había pruebas por la acusación, pero la duda quedaba expuesta; y la tercera se iniciaba con una especie de rumor, una denuncia anónima.
Si esto nos puede parecer ilógico, no lo eran menos los métodos usados para detectarla. Véase, por ejemplo, lo sucedido en las localidades navarras de Ituren, Zubieta y Urroz de Santesteban, cuyos vecinos fueron convocados en 1525 por el comisario del Consejo Real y las justicias locales para ser examinados por Graciana de Ezcároz, una «catadora de brujos», en la iglesia de San Martín de Aurtiz. Una crónica de Kyiv fechada en 1153 describe cómo las presuntas brujas eran sometidas a la ordalía del agua: las que flotaban eran declaradas brujas y quemadas, mientras que las que se hundían quedaban libres de sospecha.
Respecto a los castigos aplicados a las mujeres culpables de brujería, estaban las torturas durante los interrogatorios, los cuales causaron mucho escándalo en su momento, ya que los inquisidores intimidaban previamente a las acusadas mostrándoles los instrumentos de tortura de los que podían disponer. Como protectores de la fe hacia Dios en la Tierra, dichos personajes explicaban a sus víctimas que todo lo que hacían era por su propio bien y las exhortaban a que confesaran sus verdaderos pecados.
«Si juzgaba un tribunal laico iban a la horca. Si lo hacía la Iglesia, a la hoguera.» Hasta el siglo XVIII, en la Europa de la Edad Moderna, la persecución alcanzó cifras catastróficas. Hubo unas 100.000 causas de brujería y magia, de las que la mitad acabaron con la pena capital.
Casos Emblemáticos y Figuras Relevantes
Las Brujas de Zugarramurdi
En noviembre de 1610, se celebró en Logroño el auto de fe inquisitorial contra las brujas de Zugarramurdi, donde más de cincuenta personas fueron procesadas y once sentenciadas a arder en la hoguera. Cinco de ellas fueron quemadas en efigie, ya que habían muerto antes durante los interrogatorios. «En el caso de Zugarramurdi llegó a tal punto la histeria colectiva, que había una persona sospechosa de brujería por cada 4 vecinos y vecinas», explica a La Vanguardia Amaia Nausia Pimoulie, historiadora y autora del libro ¿Vírgenes o putas?
Alonso de Salazar y Frías pasó a la historia como el «abogado de las brujas». Fue un inquisidor español que participó en el tribunal a cargo de juzgar el caso de las ‘brujas de Zugarramurdi’, y se manifestó en contra de la condena. Después de que algunos clérigos manifestaran su escepticismo frente a las crecientes acusaciones de brujería, el Consejo de la Inquisición mandó a Salazar y Frías a investigar y entrevistar a supervivientes de la caza de brujas.
«Salazar y Frías concluye que las brujas no existen y que para que las brujas desaparezcan hay que dejar de hablar de ellas. Y fue así.» Salazar usó un método de investigación que aún nos asombra por su modernidad. Constató la escasa fiabilidad de las acusaciones de los confidentes y testigos, muchos de ellos, niños de corta edad. Más aún. Cuando revisó el proceso iniciado por los otros dos inquisidores, Salazar los acusó de exorbitar a sabiendas la gravedad de los casos para quemar a más supuestas brujas. Su conclusión fue que se había cometido una terrible injusticia: «No he hallado ni aun indicios de qué colegir algún acto de brujería que real y corporalmente haya pasado. Se comprobó haber sido todo irrisorio, fingido y falso.» El Tribunal de la Suprema Inquisición dio la razón a Salazar en 1614, y, con la convicción de que la brujería era una mera ilusión, dictó nuevas instrucciones a todos los inquisidores, ofreciendo incluso reparaciones a los condenados. A raíz de esta decisión de la Suprema puede afirmarse sin ambages que la Inquisición española se adelantó en más de cien años al resto de Europa en abolir la quema de brujas. A partir de 1526, las instrucciones del Consejo de la Suprema Inquisición, sin parangón en Europa, libraron a España de la quema de brujas durante la mayor parte del siglo, con alguna excepción.
Las Brujas de Salem
Entre 1692 y 1693, un oscuro capítulo marcó a los habitantes de Salem, Estados Unidos. Cerca de 200 habitantes del lugar fueron acusados de realizar brujería, aunque no habían pruebas de ningún tipo, 20 de ellos fueron ejecutados. Años después, los jueces y testigos pidieron perdón públicamente por haberlos condenado. Los juicios de brujas de Connecticut ocurrieron entre 1647 y 1663, y terminaron unos 30 años antes de los famosos juicios de las brujas de Salem.
Otros Casos Notorios
Alice Kyteler: Es considerada la primera mujer condenada por brujería en Irlanda. Un obispo aseguró que Kyteler tenía contacto con demonios, pero como ella tenía una posición privilegiada no podía imponerle un castigo, así que obligó a una criada a confesar que su patrona estaba relacionada con la magia negra. Para entonces, la «bruja» había desaparecido y fue su ayudante la que murió quemada en la hoguera.
Las Brujas de Berwick: Entre 1590 y 1592 se desarrollaron en el pueblo North Berwick los juicios más importantes de la historia de Escocia, allí más de 70 personas fueron señaladas por brujería y la mayoría de ellas murieron quemadas. El rey Jaboco IV estuvo implicado en el asunto, pues creía que las brujas habían intentado hundir el barco en el que se dirigía hacia Dinamarca.
Exoneraciones Modernas
El estado de Connecticut, en el noreste de Estados Unidos, absolvió a 12 personas condenadas por brujería hace casi 400 años durante la época colonial, anunció un grupo que llevó adelante con éxito una campaña para limpiar sus nombres. La asociación CT Witch Trial Exoneration Project, un grupo que incluye a descendientes de algunos ejecutados, manifestó en un comunicado que estaba «extasiada, complacida y agradecida» por la decisión de los senadores de la región de Nueva Inglaterra, que incluye a Connecticut, quienes respaldaron la medida por 33 votos contra uno. Once de las personas acusadas, nueve mujeres y dos hombres, fueron ahorcadas después de juicios en ese estado a mediados del siglo XVII y una más recibió un indulto. Los legisladores de Nueva Inglaterra aprobaron una resolución proclamando la inocencia de esas personas y denuncian las penas pronunciadas contra las nueve mujeres y dos hombres, que consideran un «error judicial». Señalaron que la decisión se tomó en vísperas del 376° aniversario del primer ahorcamiento de brujas en Nueva Inglaterra, el de Alice Young.
tags: #acusadas #de #brujeria #vanguardia #información
