Contexto del Movimiento Estudiantil de 1968
En 1968 se desarrolló un importante movimiento estudiantil en México, en el que miles de jóvenes estudiantes de bachillerato y escuelas superiores, a los que se sumaron maestros y grupos populares, se manifestaron en las calles para expresar sus demandas de libertad política y democracia.
Ese movimiento popular surgió como una protesta ante la represión policiaca. Al exigir justicia y ejercer las libertades políticas garantizadas por la Constitución, se enfrentó a un sistema político autoritario y represivo, incapaz de entender y canalizar esas demandas.
El movimiento estudiantil detonó por un enfrentamiento entre estudiantes de la Vocacional 5 del Instituto Politécnico Nacional y de la preparatoria Isaac Ochoterena en la Ciudadela, el 22 de julio de 1968, que fue reprimido por los granaderos.
En 1968, el autoritarismo y represión ejercidos por el gobierno desencadenaron una serie de marchas organizadas por estudiantes de universidades como la UNAM y el Politécnico, en las que se exigía, entre otras cosas, el respeto al reclamo y movilización social, la disolución del cuerpo de granaderos y el respeto a los derechos.
El gobierno, encabezado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, pretendió ver en el desafío estudiantil una conjura comunista y reprimió brutalmente la protesta con una de las mayores masacres perpetradas por el Estado mexicano en las últimas décadas.
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Con la apertura de los Juegos Olímpicos, el presidente Gustavo Díaz Ordaz estaba decidido a detener estas manifestaciones. En octubre de ese año se realizarían en Ciudad de México los XIX Juegos Olímpicos, y el gobierno de Díaz Ordaz necesitaba convencer que el evento se realizaría sin contratiempos, refieren los documentos de la CIA.
La Escalada Represiva y el Camino a Tlatelolco
En los siguientes días, el movimiento estudiantil escaló. Las escuelas universitarias y politécnicas se fueron a paro en protesta por la represión. El 29 de julio, los estudiantes realizaron un mitin en el Zócalo. Al ser desalojados, se enfrentaron a la policía. En la madrugada del 30, el ejército intervino.
El rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, tuvo una actitud ejemplar. Defendió con dignidad la autonomía universitaria; condenó la represión y promovió una solución negociada al conflicto. El 1 de agosto, encabezó una gigantesca marcha de duelo por los estudiantes caídos y contra la violación a la autonomía universitaria.
En los primeros días de agosto, las escuelas universitarias y politécnicas en paro formaron el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que sería la dirección del movimiento. El 4 de agosto se dio a conocer el pliego petitorio que incluía: libertad a los presos políticos; derogación del delito de disolución social del artículo 145 del Código Penal, e indemnización para los familiares de los muertos y heridos.
El CNH demandó solución total del conflicto, argumentando su interés por la pronta y total resolución. Los estudiantes demandaron diálogo público; el gobierno aceptó. Sin embargo, el gobierno canceló toda negociación y decidió terminar por la fuerza y pronto con el desafío estudiantil, ya que le urgía acabar con el conflicto.
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El 18 de septiembre, el ejército ocupó la Ciudad Universitaria y 500 estudiantes fueron arrestados. El 23 de septiembre el ejército tomó el Casco de Santo Tomás y la Vocacional 7 de Tlatelolco, venciendo la tenaz resistencia estudiantil. Con estas acciones, el movimiento estudiantil fue perdiendo fuerza.
El 2 de Octubre de 1968: La Masacre en la Plaza de las Tres Culturas
El 2 de Octubre de 1968 “miles de personas se concentraron en la Plaza de las Tres Culturas de la capital mexicana con el fin de escuchar a los líderes del movimiento estudiantil, alineados en el Consejo Nacional de Huelga (CNH)."
La tarde de ese día el sitio fue rodeado por 5.000 soldados. El CNH canceló la caminata pero cuando se anunciaba la decisión los militares dispararon contra la multitud.
Cuando el último orador del día se dispuso a hablarle a las masas desde el tercer piso del edificio Chihuahua, un helicóptero que sobrevolaba la zona lanzó bengalas de colores verdes y rojas sobre la plaza. Era la señal de ataque. Alrededor de las 5:55 p. m. se dispararon bengalas verdes desde el cercano edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. Alrededor de las 6:15 p. m. se dispararon otras dos bengalas, esta vez desde un helicóptero (una verde y otra roja) cuando 5000 soldados, 200 tanquetas y camiones rodearon la plaza.
Así comenzó la matanza de Tlatelolco, masacre organizada por el Ejército mexicano, la Dirección Federal de Seguridad y un grupo parapolicial conocido como el Batallón Olimpia o “Brigada Blanca” que, vestidos de civil, se infiltraron en la multitud, identificándose entre sí con un guante blanco en la mano izquierda.
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El Batallón Olimpia, una rama secreta del gobierno hecha para la seguridad de los Juegos Olímpicos, compuesto por soldados, oficiales de policía y agentes de seguridad federales, recibió la orden de arrestar a los líderes del CNH y avanzó hasta la plaza. El asalto que siguió a la plaza dejó docenas de muertos y muchos más heridos en el período subsiguiente.
Los soldados respondieron disparando contra los edificios cercanos y contra la multitud, alcanzando no solo a los manifestantes, sino también a observadores y transeúntes por igual, incluidos estudiantes, periodistas (uno de los cuales fue la periodista italiana Oriana Fallaci), y niños, fueron alcanzados por balas y montones de cuerpos pronto cayeron al suelo. Mientras tanto, en el edificio Chihuahua, donde se encontraban los oradores, los miembros del Batallón Olimpia empujaron a las personas y les ordenaron que se tumbaran en el suelo cerca de las paredes del elevador.
La masacre continuó durante toda la noche, con soldados y policías operando casa por casa en los edificios de departamentos adyacentes a la plaza. Testigos del evento afirman que los cadáveres fueron primero retirados en ambulancias y más tarde los militares llegaron y amontonaron cuerpos, sin saber si estaban vivos o muertos, en los camiones militares, mientras que algunos dicen que los cuerpos fueron amontonados en camiones de basura y enviados a destinos desconocidos.
Las Versiones sobre el Inicio de los Disparos
Gran parte de lo que sucedió después de los primeros disparos en la plaza permaneció mal definido durante décadas después de 1968. La cuestión de quién disparó primero permaneció por años sin resolver después de la masacre.
El gobierno mexicano dijo que los disparos desde los apartamentos circundantes provocaron el ataque del ejército, pero los estudiantes dijeron que los helicópteros parecían indicarle al ejército que disparara contra la multitud. Una versión dice que los soldados reaccionaron a un ataque de los estudiantes. Otra que un grupo paramilitar llamado Batallón Olimpia agredió a los militares quienes respondieron. Lo único claro fue la masacre.
Pero sí hay oportunidad de que se conozcan la verdad histórica y nuevos hechos: la matanza estudiantil de ese 2 de octubre hubo un complot entre dos de los militares con mayor rango y poder dentro del ejército: los generales Luis Gutiérrez Oropeza y Mario Ballesteros Prieto, jefes del Estado Mayor Presidencial y del Estado Mayor de la Defensa Nacional, respectivamente.
Ambos desacataron instrucciones expresas de su jefe, el secretario y general Marcelino García Barragán, y omitieron informarle que por su cuenta enviaron 10 francotiradores armados con metralletas a los edificios que rodeaban la plaza, mismos que empezaron a disparar hacia abajo y contra los estudiantes y los soldados.
El Batallón Olimpia había participado, semanas anteriores, en la toma de Ciudad Universitaria, en la recuperación del Zócalo y en la toma de Zacatenco. Sin embargo, de ese batallón no salieron los primeros disparos. Cuando estallan las bengalas, desde el balcón del tercer piso del edificio Chihuahua suena un disparo.
Apenas los hilos de las bengalas han caído, alcanzando el suelo, una ráfaga de balas escupe su plomo sobre todos y sobre nadie en especial. Alguien ha apretado el gatillo, ha dado un jalón a la historia. La silenciosa orden de ataque había sido transmitida con ese disparo del francotirador y todos los cuerpos diluidos, infiltrados, clavados en el cemento de Tlatelolco y entre los estudiantes, comienzan a moverse.
Cifras de Víctimas
Las cifras oficiales y las de otras fuentes difieren significativamente en cuanto al número de víctimas de la masacre:
| Fuente | Muertos | Heridos | Detenidos |
|---|---|---|---|
| Fuentes Oficiales | 20 a 28 | ||
| Organizaciones Civiles | Más de 200 | ||
| Comisión de Verdad | Más de 300 | 700 | 5.000 |
Según los datos de la Comisión de Verdad, el saldo de muertos supera los 300 (para las fuentes oficiales oscilan entre 20 y 28 muertes), además de 700 heridos y 5 mil estudiantes detenidos. Oficialmente murió una veintena de personas. Las organizaciones civiles dicen que fueron más de 200. Cinco décadas después la cifra real no se conoce.
Acusaciones, Investigaciones y el Papel del Estado
La explicación oficial del gobierno sobre el incidente fue que los provocadores armados entre los manifestantes, estacionados en edificios con vista a la multitud, habían comenzado el tiroteo, y que al encontrarse a sí mismos como objetivos de francotiradores, las fuerzas de seguridad simplemente habían devuelto los disparos en defensa propia. La mayoría de los medios mexicanos informaron que los estudiantes provocaron la respuesta del ejército con fuego de francotiradores desde los edificios de apartamentos que rodeaban la plaza. El titular de la mañana de El Día del 3 de octubre de 1968 decía lo siguiente: «Criminal provocación en el mitin de Tlatelolco causó sangriento zafarrancho».
La Influencia de la CIA y la Paranoia Anticomunista
De hecho, según documentos secretos del gobierno estadounidense desclasificados en los últimos años, la CIA tuvo una fuerte influencia en las decisiones del mandatario hacia las protestas estudiantiles. Incluso Díaz Ordaz recibía un sueldo de la CIA, recuerda a BBC Mundo el académico Sergio Aguayo, investigador del Colegio de México.
El presidente mexicano creía que las protestas estudiantiles eran parte de un complot comunista. Y la agencia estadounidense lo respaldaba. “La CIA estaba absolutamente convencida de que el movimiento tenía apoyo e inspiración no sólo desde Cuba sino de la Unión Soviética”, le dice a BBC Mundo Kate Doyle, directora de análisis de la política de EE.UU. en América Latina del Archivo de Seguridad Nacional. Una percepción que la Agencia reforzó, insiste Aguayo.
La operación se llamó LITEMPO y logró reclutar al menos a 12 agentes, entre ellos Díaz Ordaz y Echeverría Álvarez, bajo sueldo de la CIA. El investigador Sergio Aguayo coincide. La agencia estadounidense “fortaleció la visión paranoica que tenía Díaz Ordaz sobre el movimiento, al que consideraba parte de un complot del comunismo internacional”. Sin embargo, a 50 años del movimiento de 1968 no se han encontrado pruebas de una influencia de Cuba o la URSS en el movimiento estudiantil. Los documentos desclasificados refieren que el gobierno mexicano decidió usar la fuerza para detener las protestas crecientes.
Intentos de Esclarecimiento y Reconocimiento
En 1998, el presidente Ernesto Zedillo, en el 30.º aniversario de la masacre de Tlatelolco, autorizó una investigación del Congreso sobre los eventos del 2 de octubre. En 2001, el presidente Vicente Fox, quien terminó el gobierno de 70 años del PRI, intentó resolver la cuestión de quién había orquestado la masacre. En 2002, el presidente Fox también nombró a Ignacio Carrillo Prieto para procesar a los responsables de ordenar la masacre.
En 2006, el expresidente Luis Echeverría fue arrestado por cargos de genocidio. Sin embargo, en marzo de 2009, después de un complicado proceso de apelación, los cargos fueron desestimados.
El 2 de octubre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que la masacre de Tlatelolco fue un crimen de lesa humanidad perpetrado por el Estado Mexicano por órdenes del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, pidiendo una disculpa pública a las víctimas de los hechos. Al igual que la represión del 10 de junio de 1971, fue un crimen de Estado cuyos autores, materiales e intelectuales, nunca fueron castigados. Prevaleció la impunidad.
La matanza del 2 de octubre, una de las represiones más brutales, descarnadas y cínicas ejercidas por el Estado mexicano, es una herida abierta en la historia de México. El movimiento estudiantil de 1968 ha sido un parteaguas en la historia de México. Es uno de los movimientos sociales, políticos y culturales más importantes de los últimos 55 años. Marcó el inicio del fin del Estado autoritario de partido único, represivo y antipopular. Al mismo tiempo, fue el punto de partida de la democratización del país, de la conquista de las libertades políticas y del reconocimiento de los derechos sociales. Hay una línea de terror que podríamos enunciar simbólicamente como Tlatelolco - Acteal - Ayotzinapa (1968 - 1997 - 2014).
