¡Descubre Por Qué los Cristianos Deben Cumplir con el Mandato de Pagar Impuestos Hoy!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Un gravamen en dinero, bienes o trabajo que impone una autoridad sobre las personas o la propiedad es lo que conocemos como impuesto. Durante mucho tiempo se han utilizado diversos tipos de impuestos para el mantenimiento de los servicios del gobierno, de los funcionarios públicos y también de los sacerdotes. “EN ESTE mundo no hay nada tan seguro como la muerte y los impuestos”, así se expresó el estadista e inventor americano del siglo XVIII Benjamin Franklin. Sus palabras, que se citan muy a menudo, no solo reflejan la inevitabilidad de los impuestos, sino también el temor que provocan. Desagradable como pueda ser el pago de impuestos, es una obligación que los cristianos verdaderos toman muy en serio. Los impuestos se mencionan muchas veces en las Escrituras.

La Base Bíblica e Histórica del Pago de Impuestos

Desde tiempos antiguos, los israelitas estaban acostumbrados a dar dinero para apoyar la adoración pura. Existían impuestos para mantener el santuario de Jehová, y el servicio del santuario se mantenía gracias a los impuestos. Los sacerdotes aarónicos y los levitas se mantenían principalmente de los diezmos obligatorios. Al menos en una ocasión recibieron una parte del botín de guerra en conformidad con un impuesto estipulado por Jehová. (Nú 18:26-29; 31:26-47; véase DIEZMO.) Jehová también le mandó a Moisés que hiciera un censo y que cada persona registrada diera medio siclo (aproximadamente 1,10 dólares [E.U.A.]) como “contribución de Jehová” para el servicio de la tienda de reunión. (Éx 30:12-16.)

Parece ser que era costumbre que los judíos dieran una cantidad fija cada año, aunque no se hiciera un censo anual. Por ejemplo, Jehoás exigió el “impuesto sagrado ordenado por Moisés”. (2Cr 24:6, 9.) Los judíos del tiempo de Nehemías se comprometieron a pagar la tercera parte de un siclo (unos 75 centavos [E.U.A.]) cada año para el servicio del templo.

El establecimiento de la monarquía israelita llevó a que se prescribieran impuestos, como el del diezmo del rebaño y de los productos agrícolas, para mantener al rey, a su casa y a los diversos funcionarios y siervos gubernamentales. (1Sa 8:11-17; 1Re 4:6-19.) Cuando los israelitas estuvieron bajo dominación extranjera, tuvieron que someterse incluso a otras formas de impuestos. Por ejemplo, cuando el faraón Nekoh hizo vasallo a Jehoiaquim y le impuso a Judá una elevada multa o tributo, este último reunió los fondos necesarios obligando a sus súbditos a pagar cierta cantidad “conforme al impuesto asignado a cada uno por valuación”.

Durante el período de la dominación persa, los judíos (con la excepción de los sacerdotes y otros trabajadores del santuario a los que eximió Artajerjes Longimano) tenían que pagar impuesto (arameo, mid·dáh o min·dáh), tributo (belóh) y peaje (halákj). (Esd 4:13, 20; 7:24.) Se cree que el mid·dáh era un impuesto sobre la persona; el belóh, un impuesto sobre los artículos de consumo, y el halákj, un peaje que pagaban los viajeros en las estaciones de los caminos o vados de los ríos. El mid·dáh (traducido “tributo” en Nehemías 5:4) tiene que haber sido bastante elevado, pues muchos de los judíos se veían obligados a solicitar un préstamo para pagarlo. Aparte de los impuestos exigidos por los persas, los judíos también mantenían al gobernador.

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En el siglo I E.C., los judíos estaban muy resentidos por causa del pago de impuestos, no solo debido a la corrupción de los recaudadores de impuestos, sino también porque significaban un reconocimiento de su sujeción a Roma. Sin embargo, tanto Jesucristo como el apóstol Pablo dijeron que era apropiado pagar impuestos a “César” o a las “autoridades superiores”.

El Ejemplo de Jesús Respecto a los Impuestos

En el tiempo del ministerio terrestre de Jesús, los judíos pagaban dos dracmas para el templo. “Después que llegaron a Capernaum se acercaron a Pedro los hombres que cobran el impuesto de los dos dracmas y dijeron: ‘¿No paga el maestro de ustedes el impuesto de los dos dracmas?’ Él dijo: ‘Sí.’ Sin embargo, cuando entró en la casa, se le anticipó Jesús diciendo: ‘¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes reciben los reyes de la tierra contribuciones o la capitación? ¿De sus hijos o de los extraños?’ Cuando dijo: ‘De los extraños,’ Jesús le dijo: ‘Entonces, realmente, los hijos son libres de impuestos. Pero para que no los hagamos tropezar, ve al mar, echa el anzuelo, y toma el primer pez que suba y, al abrirle la boca, hallarás una moneda de estater. Toma ésa y dásela a ellos por mí y por ti.’” Aunque el Hijo de Dios no estaba obligado a pagar el impuesto del templo de dos dracmas, lo pagó a fin de no ser un tropiezo para otros.

También, cuando los fariseos intentaron entrampar a Jesús con la cuestión de la capitación romana, “le despacharon discípulos de ellos, junto con partidarios de Herodes, diciendo: ‘Maestro, sabemos que eres verídico y enseñas el camino de Dios en verdad, y no te importa nadie, porque no miras la apariencia exterior de los hombres. Dinos, pues, ¿Qué te parece? ¿Es lícito pagar la capitación a César o no?’ Pero Jesús, conociendo su iniquidad dijo: ‘¿Por qué me ponen a prueba, hipócritas? Muéstrenme la moneda de la capitación.’ Ellos le trajeron un denario. Y él les dijo: ‘¿De quién es esta imagen e inscripción?’ Dijeron: ‘De César.’ En seguida les dijo: ‘Por lo tanto, paguen de vuelta a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios.’” Puesto que el denario llevaba la imagen de César, el dinero tuvo su origen con César; y él tenía derecho a pedir que se le devolviera parte de él en impuestos. Hoy sucede lo mismo con los gobiernos seglares. Al dar consejo sobre el pago de impuestos, el apóstol Pablo declaró: “Rindan a todos lo que les es debido.” Según la Biblia, los impuestos constituyen algo que le es “debido” al gobierno.

Razones por las que los Cristianos Pagan Impuestos

Años más tarde, el apóstol Pablo dio consejo sobre el pago de impuestos, instando a pagar impuestos aunque gran parte del dinero se utilizara con fines militares y para sufragar la vida inmoral y llena de excesos de los emperadores romanos. En Romanos 13:1 leemos: “Toda alma esté en sujeción a las autoridades superiores, porque no hay autoridad a no ser por Dios; las autoridades que existen están colocadas por Dios en sus posiciones relativas”. Cuando Israel contaba con dirigentes temerosos de Dios, era fácil considerar el apoyo económico de la nación como un deber cívico y religioso. Jehová permite que existan las “autoridades superiores” gubernamentales y requiere que sus siervos estén en sujeción relativa a ellas. ¿Por qué, entonces, exige Dios que sus adoradores paguen impuestos?

Pablo menciona tres razones básicas:

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  1. La “ira” de las “autoridades superiores”, que castigan a los infractores de la ley.
  2. La conciencia del cristiano, que no estará limpia si engaña en el pago de impuestos.
  3. La necesidad de pagar a estos “siervos públicos” por los servicios que proveen y por mantener una medida de orden. (Romanos 13:1-7.)

Los gobiernos se valen de muchos medios para mantener el orden, y eso permite a los cristianos realizar sus actividades espirituales. Por eso, Pablo dijo respecto a las autoridades de su tiempo: “Es ministro de Dios para ti para bien tuyo” (Romanos 13:4). Es posible que a muchos no les guste pagar impuestos, aunque todavía les gustaría menos vivir en un país que no tuviera policía ni cuerpo de bomberos ni mantenimiento de carreteras ni escuelas públicas ni servicio de correos. El gobierno les paga a los policías para que protejan a la gente. En muchos lugares el gobierno también construye escuelas y le paga a los maestros. Oliver Wendell Holmes, hijo, dijo: “Los impuestos es lo que pagamos a cambio de una sociedad civilizada”. De igual manera, el apóstol Pablo dice que una de las razones por las cuales pagamos impuestos es para financiar servicios públicos que los gobiernos nos rinden. Los cristianos obedecieron el mandato del capítulo 13 de Romanos, no solo para evitar el castigo, sino también “por causa de su conciencia” (Romanos 13:5).

En efecto, la conciencia del cristiano le exige pagar impuestos, aun si se utilizan para apoyar actividades que él rechaza. Observamos que el apóstol Pablo llamó a los gobiernos “siervos públicos de Dios” (Romanos 13:6). Esto significa que mantienen el orden y prestan valiosos servicios a la sociedad. Hasta los más corruptos suelen proporcionar servicio de correos y bomberos, educación pública y fuerzas de seguridad. Y aunque Dios conoce a fondo las deficiencias de estas autoridades humanas, permite que existan por un tiempo. Es algo verdaderamente especial el poder disfrutar de la “paz de Dios” que proviene de confiar en él, del fiel apego a los principios bíblicos y de una conciencia limpia.

Obstáculos y Objeciones Comunes al Pago de Impuestos

A casi nadie le gusta pagar impuestos. Muchos opinan que el dinero recaudado se derrocha debido a la mala administración, la malversación o el fraude. Otros se oponen por razones morales. Estas opiniones no son infrecuentes ni nuevas. El difunto líder hindú Mohandas Gandhi expresó su objeción de conciencia con las siguientes palabras: “Toda persona que apoya de forma directa o indirecta un estado organizado militarmente participa en el pecado”. Asimismo, Henry David Thoreau, filósofo del siglo XIX, alegó motivos éticos para no pagar los impuestos que financian las guerras. Él preguntó: “¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la mínima medida?” A los cristianos les interesa este tema, pues la Biblia enseña claramente que deben mantener una conciencia limpia en todo respecto (2 Timoteo 1:3).

En el siglo I E.C., los judíos estaban muy resentidos por causa del pago de impuestos, no solo debido a la corrupción de los recaudadores de impuestos, sino también porque significaban un reconocimiento de su sujeción a Roma. Al fin del reinado de Salomón, el reclutamiento para trabajo forzado y los impuestos del gobierno se habían convertido en una carga tan pesada para el pueblo, que a Rehoboam, el hijo y sucesor de Salomón, se le hizo la petición de aligerar el ‘duro servicio y el pesado yugo’. La negativa de Rehoboam provocó la sublevación de diez de las tribus. En Esdras capítulo 4, versículo 13, se dice: “Ahora sea notorio al rey, que si aquella ciudad fuere reedificada, y los muros fueren levantados, no pagarán tributo, impuesto y rentas, y el erario de los reyes será menoscabado.” Esto nos implica que el ingreso que era recaudado de ellos era un acto de avaricia por parte de aquellos que lo estaban haciendo. Es verdad. Algunas veces, el sistema de impuestos no es nada más que una expresión de avaricia para traer riquezas a un individuo, en lugar de satisfacer necesidades nacionales.

Además, en las Escrituras encontramos que algunas veces los sistemas de impuestos eran muy divisivos. Un sistema de impuestos injusto, no realista o inclusive una protesta en contra de eso, puede ser muy divisivo. También, algunas veces los sistemas de impuestos fueron diseñados para intimidar a la gente. En 2 Reyes 23:35 dice: “Joacim pagó al faraón la plata y el oro, pero tuvo que imponer un impuesto al país para dar el dinero conforme al mandato del faraón.” Era pura intimidación. Faraón tenía el cuello de Joacim en la mano y entonces impuso un impuesto sobre su pueblo para pagar por la protección de faraón. La cantidad de impuestos que el pueblo tenía que pagar bajo el dominio romano era una carga demasiado pesada, y la manera como se cobraban los impuestos les hacía la vida más difícil todavía a los judíos. El trabajo de cobrar impuestos se subastaba, y se lo quedaban quienes ofrecían más dinero. Estos sacaban su propio beneficio, y contrataban a otros para que recaudaran el dinero personalmente; y estos, a su vez, también sacaban su propio beneficio. Por lo visto, Zaqueo era una de esas personas que tenían cobradores de impuestos trabajando para él (Luc. 19:1, 2).

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El gobierno romano, por ejemplo, en el día de Pablo, hacía de César un dios. De hecho, lo veían como un dios. Por lo tanto, cuando pagaba sus impuestos, era un acto de adoración dado al emperador. Además, el gobierno romano estaba a cargo de un estado de beneficencia social y estaba plagado de millones de personas indigentes que no hacían ningún tipo de contribución económica a su sociedad. El gobierno apoyaba la esclavitud, la cual en muchos casos era muy abusiva. Usaba su dinero para promover la religión pagana, y el ritual, y la adoración. Es digno de mención que parte de los impuestos que debían pagar los cristianos del siglo primero se dedicaba a gastos militares.

A pesar de todo eso, el mandato viene sin excepciones. No dice que si no son opresivos, que si no son divisivos, que si no son intimidantes y demás. Simplemente dice que pague sus impuestos. Y Dios reconoce que habrá ocasiones en las que van a ser injustos y cuando su uso no va a ser el que usted escogería para el dinero que usted da. El mandato todavía permanece en pie. Por lo tanto, los cristianos deben sentirse obligados a pagar todo impuesto que legalmente se les imponga, prescindiendo de cómo se utilice el dinero.

Cómo los Cristianos Abordan el Pago de Impuestos

La Biblia es explícita en su mandato de pagar impuestos, y los cristianos se esfuerzan por cumplir con esta responsabilidad de manera ejemplar.

Sea Ordenado

Servimos e imitamos a Jehová, que “no es Dios de desorden, sino de paz”. (1 Corintios 14:33; Efesios 5:1.) Es esencial ser ordenado en lo que respecta al pago de impuestos. ¿Tiene todos los documentos? ¿Son exactos? ¿Están organizados? Normalmente no se requiere un archivo costoso. Puede utilizar una carpeta rotulada para cada tipo de documento (como los recibos de sus diversos gastos). Puede ser suficiente agrupar estos en grandes carpetas anuales. En muchos países es necesario guardarlos durante varios años, por si acaso el gobierno decide examinar documentos antiguos.

Sea Honrado

Pablo escribió: “Ocúpense en orar por nosotros, porque confiamos en que tenemos una conciencia honrada, puesto que deseamos comportarnos honradamente en todas las cosas”. (Hebreos 13:18.) Un deseo sincero de ser honrado debería guiar toda decisión a la hora de pagar impuestos. En primer lugar, considere los impuestos que deben pagarse por ingresos gravables. En muchos países, los ingresos adicionales, como propinas, tareas sueltas y ventas, están sujetos a impuestos si exceden de cierta cantidad. En segundo lugar está la cuestión de las desgravaciones. Los gobiernos suelen permitir a los contribuyentes que deduzcan ciertos gastos de sus ingresos imponibles. Dicho sencillamente, calificar algo de gasto laboral deducible cuando no lo es, es una forma de mentir, algo que nuestro Dios, Jehová, aborrece. Reconocen que Dios se deleita en la conducta honrada, recta. (Salmo 15:1-3.) Y como desean regocijar el corazón de Jehová, pagan todos los impuestos que deben.

Tenga Cautela

Jesús instó a sus seguidores a “ser cautelosos como serpientes, y, sin embargo, inocentes como palomas”. (Mateo 10:16.) Este consejo es aplicable al pago de impuestos. Particularmente en los países desarrollados, cada vez más personas pagan a una empresa o a algún profesional para que prepare su declaración de la renta. Luego solo firman los formularios y mandan el cheque. No pocos contribuyentes han tenido problemas con el gobierno por ‘poner fe en toda palabra’ de algún asesor fiscal sin escrúpulos o inexperto. Es mucho mejor ser prudente. Tenga cautela y lea detenidamente cualquier documento antes de firmarlo. Si algún dato, omisión o deducción le parecen extraños, pida que se los expliquen, varias veces si es necesario, hasta que quede convencido de que lo expuesto es honrado y legal. Es cierto que en muchos países la legislación fiscal es extremadamente compleja, pero lo más prudente es que, en la medida de lo posible, entienda todo lo que firme.

Sea Responsable

“Cada uno llevará su propia carga”, escribió el apóstol Pablo. (Gálatas 6:5.) En lo que respecta a la tributación, todo cristiano debe asumir la responsabilidad de ser honrado y observante de la ley. No es un asunto en el que los ancianos de la congregación supervisen al rebaño bajo su cuidado. (Compárese con 2 Corintios 1:24.) No se inmiscuyen en cuestiones tributarias, a menos de que se les informe de algún caso grave, que quizá haya causado un escándalo en la comunidad. Por lo general este es un tema en el que el cristiano es responsable de utilizar su conciencia debidamente educada en la aplicación de los principios bíblicos.

Sea Irreprensible

Los superintendentes cristianos deben ser ‘irreprensibles’ para servir como tales. De igual modo, toda la congregación ha de ser irreprensible a la vista de Dios. (1 Timoteo 3:2; compárese con Efesios 5:27.) Debe esforzarse por mantener una buena reputación en la comunidad, incluso en lo que respecta al pago de impuestos. Jesucristo mismo dio el ejemplo para que no los hagamos tropezar. A los testigos de Jehová de hoy en día también les preocupa hacer tropezar a otros. No sorprende, entonces, que en conjunto gocen en todo el mundo de una reputación de ciudadanos honrados que pagan sus impuestos. Por ejemplo, el periódico español El Diario Vasco comentó sobre la extensa evasión de impuestos en España, pero observó: “La única excepción son los testigos de Jehová. Cuando compran o venden, el valor [de la propiedad] que declaran es la verdad absoluta”. De igual manera, el periódico estadounidense San Francisco Examiner observó hace algunos años: “Puede considerar [a los testigos de Jehová] ciudadanos modélicos.

Ningún cristiano verdadero querría hacer nada que manchara esta reputación ganada a pulso. Cuando tenga que tomar una decisión, ¿se arriesgará a que se le conozca como evasor de impuestos por ahorrar algún dinero? No. Es verdad que mantener una reputación de persona honrada y justa puede costarle dinero a veces. Como dijo el antiguo filósofo griego Platón hace unos veinticuatro siglos: “Cuando hay algunas contribuciones, el justo con los mismos bienes contribuye más; el [injusto] menos”. Esa reputación bien vale la pena sin importar el costo. Así piensan los cristianos. Su buena reputación es preciosa para ellos porque honra a su Padre celestial y puede atraer a otras personas a su modo de vivir y a su Dios, Jehová. No obstante, los cristianos verdaderos valoran por encima de todo su relación con Jehová. Dios ve todo lo que hacen, y ellos desean agradarle. (Hebreos 4:13.) Por lo tanto, rechazan la tentación de engañar al gobierno.

La Distinción entre las “Cosas de César” y las “Cosas de Dios”

Lo que enseña la Biblia acerca del pago de impuestos no significa que los gobiernos humanos posean autoridad absoluta sobre sus súbditos. Jesús indicó que la autoridad que Dios les ha dado tiene límites. Los gobiernos, representados por “César”, acuñan o imprimen dinero y contribuyen a determinar su valor. Así que, desde la óptica de Dios, tienen el derecho de pedir que se les devuelva el dinero a través de los impuestos. Sin embargo, Jesús enseñó que ninguna institución humana puede reclamarnos “las cosas de Dios”, o sea, nuestra vida y adoración. Al mismo tiempo, los cristianos verdaderos dan su apoyo solícito y sincero a un gobierno celestial que procede de Dios. Este Reino pronto gobernará los asuntos de la Tierra como no lo pueden hacer los gobiernos humanos y proveerá beneficios que superarán a los sueños más acariciados de sus súbditos. Su voluntad es reemplazar los gobiernos humanos con su Reino celestial y, en definitiva, sanar todas las heridas que la gobernación humana ha causado a la gente durante siglos (Daniel 2:44; Mateo 6:10). Si usted paga “a Dios las cosas de Dios”, tendrá esa misma certeza.

Beneficios de Obedecer el Mandato Bíblico

Usted saldrá ganando si obedece el mandato bíblico sobre el pago de impuestos. Para empezar, no sufrirá el castigo impuesto a los infractores ni vivirá con el temor a ser descubierto (Romanos 13:3-5). Pero más importante aún, disfrutará de una buena conciencia ante Dios y lo honrará con su respeto a la ley. Y aunque quizás tenga algo menos de dinero que quienes no pagan impuestos o incluso estafan a las autoridades tributarias, puede confiar en que Dios cumplirá su promesa de cuidar a sus siervos leales. Por último, entender y obedecer el mandato bíblico de pagar impuestos le reportará tranquilidad. Porque usted sabe que Dios no lo considera responsable de las actuaciones que se financian con sus impuestos, tal como la ley no considera responsable a un inquilino de lo que el dueño de la casa hace con el dinero del alquiler. Los que buscan primero ‘la justicia de Dios’ tratan de amoldar sus personalidades en conformidad con los justos requisitos que se exponen en las Sagradas Escrituras.

“No se inquieten por cosa alguna, sino que en todo por oración y ruego junto con acción de gracias dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera todo pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales por medio de Cristo Jesús.” (Fili. 4:6, 7.) Es algo verdaderamente especial el poder disfrutar de la “paz de Dios” que proviene de confiar en él, del fiel apego a los principios bíblicos y de una conciencia limpia. Un informe a la Sociedad Watch Tower comenta: A un señor “los recaudadores de impuestos siempre lo estaban importunando porque su negocio nunca estaba en orden. Sin embargo, cuando aprendió la verdad de la Biblia, puso en orden todos sus asuntos y ahora vive tranquilamente y ya no lo molestan los recaudadores. Las presiones económicas y la corriente de la opinión popular del día actual han hecho que muchos cedan al fraude en lo que tiene que ver con el pago de impuestos. Pero las Escrituras animan a los cristianos a ser contribuyentes concienzudos.

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