La construcción del Estado-nación y la adopción de regímenes republicanos tras los procesos de independencia o el colapso de monarquías fueron tareas complejas y fundamentales en el siglo XIX. Este periodo se caracterizó por la búsqueda de nuevas formas de gobierno que garantizaran la libertad y la soberanía popular, enfrentándose a múltiples desafíos políticos, sociales y económicos.
La Génesis de la República Mexicana (1821-1824)
Tras la consumación de la Independencia en 1821, comenzó el difícil proceso de construcción del Estado-nación mexicano. Recién salido de su Independencia en 1821, México adoptó el sistema republicano, dentro de la Constitución de 1824, en oposición a la monarquía que se derrocó en la guerra de independencia, de 1810 a 1821. Es el sistema que tomó como modelo el pueblo norteamericano.
Una de las primeras labores de la recién formada Junta Nacional Gubernativa fue la convocatoria a Cortes, o Congreso Constituyente, que inició funciones el 24 de febrero de 1822, un año exacto después de la promulgación del Plan de Iguala. Sin embargo, el Congreso mantuvo relaciones tirantes con Agustín de Iturbide, primero como presidente de la Regencia, y posteriormente como emperador. Iturbide consideraba que el Constituyente, al no otorgarle facultades especiales, le impedía gobernar de manera efectiva. Además, en agosto de 1822 fueron aprehendidas varias personas, incluidos diputados, acusadas de conspirar para establecer una república. El cierre del Congreso fue considerado un acto de tiranía, lo que provocó distintos pronunciamientos.
Uno de los más importantes fue el Plan de Veracruz, proclamado el 6 de diciembre de 1822 por Antonio López de Santa Anna y Guadalupe Victoria, donde se desconocía a Iturbide como gobernante, exigiendo la restitución del Congreso. El movimiento definitivo vino de José Antonio de Echávarri, general enviado por Iturbide a Veracruz para sofocar la rebelión de Victoria y Santa Anna. Muchas diputaciones provinciales se ampararon en esta facultad y secundaron el Plan de Casa Mata, lo que le restó apoyó a Iturbide.
El Congreso restituido nombró a un triunvirato para ejercer el poder Ejecutivo, en el cual participaron Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo, Pedro Celestino Negrete, Miguel Domínguez, Mariano Michelena y Vicente Guerrero, quienes rotaron como propietarios y suplentes a lo largo de 18 meses. Ante la negativa de los diputados de convocar a un nuevo congreso, las provincias de Yucatán, Oaxaca, Jalisco y Zacatecas se declararon estados libres e independientes, y condicionaron su reconocimiento a los poderes nacionales al establecimiento de una federación y a la formación del nuevo órgano legislativo.
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De esta manera, se convocó a un nuevo Constituyente, el cual inició funciones el 7 de noviembre de 1823 y tuvo una representación proporcional a la población de las provincias. Las labores del segundo Constituyente fueron rápidas, y el 31 de enero de 1824 se decretó el Acta Constitutiva, primer documento que estableció el sistema federal, con el reconocimiento de las provincias como estados libres e independientes, así como de los territorios. En los meses posteriores, las labores de los diputados prosiguieron, con añadidos y correcciones al Acta Constitutiva con miras a la carta magna definitiva.
Las elecciones presidenciales se verificaron a mediados de año. Guadalupe Victoria obtuvo el mayor número de votos, por lo que fue nombrado presidente de la República. El 4 de octubre de 1824 se promulgó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos en el antiguo Templo de San Pedro y San Pablo, en la capital nacional.
Organización del Servicio Exterior Mexicano
Consolidado el Estado mexicano y adoptada la Constitución de 1824, se estableció que el régimen de gobierno en el país sería de carácter republicano federal, precisándose en ella las atribuciones del Congreso General respecto del desarrollo de las relaciones internacionales (Art. 50), las del presidente de la República, en materia de nombramiento y remoción de secretarios, enviados diplomáticos y cónsules, así como en la concertación de compromisos internacionales (artículo 110). Del mismo modo, se delineaba la organización administrativa y funciones de los despachos en los negocios del gobierno (artículos 117 a 122).
Acorde con la nueva estructura jurídico-política, y ante el incremento de los compromisos internacionales de México, se procedió, el 7 de julio de 1826, a expedir el primer Reglamento Interior del Ministerio de Relaciones Exteriores e Interiores, en el que se delimitaron tanto sus responsabilidades como sus atribuciones. Y para el 31 de diciembre de 1829, el General Vicente Guerrero expidió la primera ley del Servicio Exterior Mexicano. En este último documento, se estipularon las reglas por las cuales se establecían Legaciones Ordinarias, Legaciones Extraordinarias y Consulados. Para 1831, se promulgó la Ley sobre el establecimiento de legaciones en Europa y América, en donde se consignaron disposiciones más de orden laboral que de orden orgánico. En 1834 se promulgó la Ley sobre el establecimiento de consulados. La historiografía ha documentado que entre 1835 y 1896 se expidieron seis reglamentos que determinaban la indumentaria que debía usar el personal diplomático y consular mexicano.
Posteriormente, en 1836, como consecuencia del golpe de Estado dirigido por el general Antonio López de Santa Anna, se promulgaron las Siete Leyes Constitucionales en las que se fijó como forma de gobierno el modelo republicano centralista. Con el fin de afirmar y definir sus acciones, el Ministerio de Relaciones Exteriores expidió su tercer Reglamento Interior el 8 de agosto de 1853. Para 1853, se promulgó la Ley de arreglo del cuerpo diplomático. El 5 de febrero de 1857 se adoptó una nueva Constitución para la República Mexicana. En plena Guerra de Reforma, la Secretaría de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores emitió, el 12 de agosto de 1858, su cuarto Reglamento Interior.
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La aproximación al encuentro de soluciones positivas se hizo tangible con la Reforma de 1858-1860, y con la resistencia a la intervención extranjera de 1862-1867 que sentó las bases definitivas de la República Federal. La derrota del Segundo Imperio y de los conservadores, puso fin a la disputa entre los distintos modelos políticos que buscaron implantar los bandos en guerra como son: monarquía y república; centralismo y federalismo; y conservadurismo y liberalismo. Por eso se le conoce a este periodo como la República Restaurada, porque después de pasar cinco años en guerra, el gobierno republicano encabezado por Benito Juárez pudo retomar el control de todo el país. La mejor forma de legitimar al gobierno era a través de unas elecciones democráticas, compitiendo tres candidatos: Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz.
Primeros Pasos Republicanos en Chile (1823-1831)
La historiografía tradicional ha caracterizado el período transcurrido entre la abdicación de Bernardo O'Higgins (1823) y el triunfo conservador en la batalla de Lircay (1830), como de "anarquía" debido a la sucesión de gobiernos, constituciones y movimientos militares que se desarrollaron durante este período. Ramón Freire Serrano asumió como Director Supremo tras la renuncia de O'Higgins en 1823. Más tarde, Manuel Blanco Encalada asumió el mando del país como primer Presidente de la República.
A pesar de estos avances, las dificultades para implementar el federalismo debido a la inexperiencia de las provincias y sus escuálidos recursos, dificultaron la marcha del gobierno, lo que llevó a Blanco Encalada a renunciar ese mismo año y al consecuente abandono del sistema federalista. En un complejo escenario, Ramón Freire volvió a gobernar por un corto período, y en su reemplazo asumió el general liberal Francisco Antonio Pinto, quien llamó a elecciones para formar un nuevo congreso constituyente, en el que los liberales promulgaron la Constitución liberal de 1828. El resultado de esta confrontación fue favorable a las fuerzas conservadoras lideradas por Diego Portales y el general José Joaquín Prieto, asumiendo este último la Presidencia de la República en 1831.
Hitos Republicanos Tempranos en Chile
- 1823: Bernardo O'Higgins abdica a su cargo de Director Supremo de Chile y parte exiliado a Perú.
- 1823: Ramón Freire es nombrado Director Supremo de Chile, tras la abdicación de Bernardo O´Higgins.
- 1823: Se aprueba la abolición de la esclavitud y se le otorga la libertad inmediata a todos aquellos esclavos que vivieran e incluso pasaran por Chile.
- 1823: Es Promulgada la Constitución de 1823, conocida como "moralista", elaborada por Juan Egaña.
- 1824: Se deroga la Constitución de 1823.
- 1825: Comienza la expedición a Chiloé, encabezada por Ramón Freire y Manuel Blanco Encalada que expulsa definitivamente a los españoles de territorio chileno.
- 1826: Manuel Blanco Encalada asume el mando del país como primer Presidente de la República.
- 1826: El Congreso Nacional establece que la República se constituirá a partir del sistema federal.
- 1827: El Congreso designa a Ramón Freire Presidente de República.
- 1827: Ante la renuncia de Freire asume el mando de la república el vicepresidente Francisco Antonio Pinto.
- 1828: Se promulga la Constitución Liberal de 1828.
- 1829: Reelección como Presidente de Francisco Antonio Pinto. El Congreso designa como vicepresidente a la cuarta mayoría, Joaquín Vicuña, desencadenando la rebelión de la oposición conservadora y una guerra civil.
- 1830: Batalla de Lircay. Los pelucones, unidos con o'higginistas y otros grupos, derrotan a pipiolos y federalistas e imponen un régimen de gobierno conservador y autoritario.
- 1831: José Joaquín Prieto asume la Presidencia de la República.
La Primera República Española (1873)
En España, el siglo XIX vio la confrontación de tres proyectos de construcción del Estado y de la nación: el liberal, el tradicionalista (o carlista) y el republicano federal. La república llegó más por el agotamiento de la monarquía de Amadeo I que por la propia fuerza política de los republicanos, lo que no significa que el republicanismo federal careciera de implantación en el país.
La abdicación del rey Amadeo I, el 10 de febrero de 1873, fue el detonante. Su reinado corto se enfrentó a la guerra en Cuba desde 1868, el estallido de la tercera guerra carlista en 1872, la oposición de los monárquicos "alfonsinos", diversas insurrecciones republicanas y la división entre sus propios partidarios. El lunes 10 de febrero, los federales madrileños se agolparon en las calles pidiendo la proclamación de la República. El presidente Ruiz Zorrilla intentó ganar tiempo, pero su propio ministro de Estado, Cristino Martos, dijo a la Cámara que, en cuanto llegara la renuncia formal del rey, el poder sería de las Cortes y «aquí no habrá dinastía ni monarquía posible, aquí no hay otra cosa posible que la República».
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El martes 11 de febrero, los jefes de distrito republicanos amenazaron al Congreso de los Diputados con que, si no proclamaban la República antes de las tres de la tarde, iniciarían una insurrección. A las tres de la tarde se reanudó la sesión del Congreso de los Diputados, rodeado por una multitud que daba gritos en favor de la República. El ministro Martos anunció que el Gobierno devolvía sus poderes a las Cortes, con lo que estas se convertían en Convención y asumían todos los poderes del Estado. Varios diputados republicanos y radicales presentaron una moción para que las dos cámaras, constituidas en Asamblea Nacional, aprobaran como forma de gobierno la República y eligieran un Ejecutivo responsable ante aquella.
La Asamblea Nacional reasume todos los poderes y declara la República como forma de gobierno de España, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de gobierno. Se nombró presidente del Poder Ejecutivo al republicano federal Estanislao Figueras, quien estaría al frente de un Gobierno pactado entre los radicales y los republicanos federales. Figueras desempeñó el cargo de «presidente del Poder Ejecutivo» (jefe de Estado y de Gobierno), pero no el de «presidente de la República», pues nunca se llegó a aprobar la nueva Constitución republicana.
Desafíos y Concepción del Federalismo
El gobierno de la Primera República Española tuvo un grave problema para conseguir el reconocimiento de otros países, siendo Estados Unidos el primero en hacerlo, seguido por la Confederación Suiza, Costa Rica, Guatemala, Argentina y Venezuela durante 1873. Según Manuel Suárez Cortina, la Primera República «fue un ensayo, frustrado, de recomponer sobre nuevos supuestos políticos, morales y territoriales el Estado y la nación españoles». La República tuvo que enfrentarse a «tres dificultades difícilmente salvables para un régimen en construcción: la guerra en Cuba, y el levantamiento carlista,… y uno surgido en las entrañas de la República, la revolución cantonal». El efecto combinado de estos tres referentes fue la debilidad de un régimen que no logró estabilizarse y que ni siquiera se constitucionalizó, acentuada por el aislamiento internacional.
El republicanismo federal proponía un modelo radicalmente diferente del liberal: frente a la monarquía constitucional (censitaria), la república democrática (con el sufragio universal masculino como principio fundamental); frente al Estado confesional, el Estado neutro en las relaciones con la Iglesia católica; y frente al Estado centralizado y unitario, el federalismo (aunque interpretado de formas diversas). La Federación, más que una forma es un sistema que invierte completamente las relaciones políticas, administrativas y económicas que hoy unen con el Estado los pueblos y las provincias. La base de una organización federal está por el contrario en los municipios, que, luego de constituidos dentro de las condiciones naturales de su vida, crean y forman las provincias, a las que más tarde debe su origen el Estado.
