Las Mujeres Más Sanguinarias del Régimen Nazi: Revelaciones Impactantes de Crueldad Inhumanapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En las altas esferas del Tercer Reich no había ninguna mujer, más allá de las esposas de los gerifaltes nazis. Sin embargo, las mujeres sí estaban muy presentes en los campos de concentración y exterminio, donde guardianas como Irma Grese, Maria Mandel y Herthe Bothe ejecutaron con sádica precisión su propia danza macabra. La historia más siniestra de la humanidad también tiene un hueco para algunas de las mujeres nazis más sanguinarias del III Reich.

Enfermeras del programa de eutanasia nazi, guardianas o carceleras en campos de concentración y exterminio, fueron responsables directas de la muerte de miles de personas. El documental “Las mujeres en el proyecto nazi” explora el papel de las mujeres en el alzamiento de Hitler y en la puesta en marcha de su régimen asesino. El Führer no solo las necesitó como madres de nueva sociedad aria, también se convirtieron en el engranaje del sometimiento, castigo y punición.

Así, de los 40 millones de mujeres del III Reich, 12 millones fueron miembro de alguna delegación afiliada al partido nazi. 500 mil sirvieron en los territorios ocupados del este y una gran mayoría se convirtieron en enfermeras nazis, 600 mil encargadas de llevar a cabo el llamado “programa de eutanasia nazi” que acabó con la vida de miles de personas con algún tipo de discapacidad, deformación o enfermedad mental. Para algunos, simples espectadoras de los crímenes nazis; para otros, cómplices y asesinas. Repasamos la historia de cinco de las mujeres más sanguinarias de la Alemania nazi.

Ilse Koch: La Zorra de Buchenwald y sus Horrores

Entre las guardianas, hay una que destaca por la crueldad y determinación con la que desempeñó su siniestra labor: Ilse Koch, la Zorra de Buchenwald. Ilse era la esposa de Karl Koch, coronel de las SS y comandante del campo de concentración de Buchenwald, lugar del que fue una de las supervisoras.

En su infancia y adolescencia, nada hacía presagiar que Ilse se convertiría en uno de los máximos exponentes de la barbarie nazi. Las apariencias, ya se sabe, engañan. Ilse dejó la fábrica en la que trabajaba desde los 15 años y pasó a ejercer de dependienta en una librería. Allí trabó relación con los altos mandos del recién creado Partido Nacionalsocialista. Entre ellos estaba Karl Koch, un codicioso trepa de las SS que pronto ascendió en el escalafón nazi en virtud de su amistad con Heinrich Himmler y su impecable currículum como sanguinario carcelero. La boda entre Ilse y Karl se celebró el mismo año en el que él fue destinado a dirigir el campo de concentración de Sachsenhausen. Allí, ambos empezaron a poner en práctica algunas de las atrocidades que después convirtieron en norma en su siguiente destino.

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El matrimonio Koch participó en el diseño de Buchenwald, cerca de Weimar, en cuya entrada se leía la inscripción "A cada uno lo que merece". Para su construcción, miles de presos fueron utilizados para deforestar una vastísima zona. Según contaron decenas de testigos en los tres juicios a los que se enfrentó, Ilse Koch era distinta: disfrutaba implicándose hasta en los más nimios detalles del día a día de Buchenwald, sobre todo en los que tenían que ver con torturar, humillar y matar.

Uno de sus pasatiempos favoritos era vestirse de manera provocativa y mostrar sus encantos ante los recién llegados al campo. Si algún preso osaba mirarla directamente, recibía una paliza que solía acabar en muerte. Pero sus peores crímenes fueron los que pergeñó y llevó a cabo junto a uno de sus supuestos amantes, Waldemar Hoven, jefe del departamento de investigación médica de Buchenwald. Ilse ordenaba que los reos formaran filas completamente desnudos e iba señalando con su fusta a aquellos que tenían tatuajes. La mayoría de ellos eran ejecutados y sus cuerpos llevados al quirófano, donde se les extraía la piel, que era utilizada para elaborar objetos como fundas de libros, guantes o pantallas de lámparas. Ilse se encargaba de seleccionar prisioneros con tatuajes para ser asesinados, después les extirpaba la piel y usaba su dermis para crear todo tipo de accesorios de decoración, como lámparas, guantes, bolsos y cubiertas de libros hechas con la piel de los ejecutados. Su macabro sentido estético, sólo comparable al de Ed Gein, incluía también cabezas reducidas como pisapapeles y, según varios testigos, dedos cercenados como interruptores de la luz.

En 1943, los propios nazis juzgaron al matrimonio Koch. Los cargos fueron malversación de fondos, falsificación, amenazas a oficiales y asesinato. Durante el juicio, Karl fue encontrado culpable y sentenciado a morir fusilado, mientras su esposa fue condenada a cinco años de prisión por recibir bienes robados. Ella escenificó una crisis nerviosa que le valió la absolución y abandonó Buchenwald con sus dos hijos. Un año después, tras la liberación definitiva del campo por las tropas estadounidenses en abril de 1945, unas imágenes tomadas por Billy Wilder dieron la vuelta al mundo: allí estaba la mesa con las cabezas reducidas, las pieles humanas con tatuajes utilizadas como elementos decorativos, la famosa lámpara que luego nadie pudo encontrar y utilizar como prueba en los juicios de Dachau.

En el momento de subir al estrado, en 1947, Ilse estaba embarazada, pese al régimen de incomunicación que ordenaron las autoridades. Todavía hoy se desconoce si fue una estrategia para evitar la pena de muerte y quién fue el padre de su cuarto hijo. Por falta de pruebas, la sentencia finalmente se redujo a cuatro años, y su liberación por parte de los americanos levantó una fuerte indignación popular. Al poco tiempo, fue arrestada de nuevo por las autoridades alemanas y sentenciada a cadena perpetua. Al cumplir los 20 años, Uwe, el hijo que nació durante su estancia en la cárcel, descubrió quién era su madre y la visitó en la prisión de Aichach. Un mes después, el 2 de septiembre de 1967, Ilse escribió una nota de despedida a su hijo y se ahorcó atando las sábanas de su cama. Se salvó dos veces de la pena de muerte y al final acabó ahorcándose en la cárcel, atormentada por los crímenes y las pulsiones necrófilas. «No hay otra salida para mí, la muerte es la única salvación», decía la nota.

Maria Mandel: La Bestia de Auschwitz

El 10 de enero de 1912 es una fecha marcada en rojo en el calendario. Ese día nació Maria Mandel, tristemente conocida por ser la SS-Lagerführerin (líder de campo) en el terrorífico campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Allí, ninguna prisionera se atrevía a mirarla directamente a los ojos, ni dejaba de hacer su trabajo por estar cansada y, ni mucho menos, se atrevían a contradecir sus órdenes. Hacerlo significaba la muerte.

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La que sería conocida como "la bestia de Auschwitz", Maria Mandel, nació en Münzkirchen, un pequeño pueblo austríaco, en el seno de una familia modesta. De pequeña, Maria fue una niña que lo tenía todo. Al terminar los estudios, la búsqueda de trabajo resultó infructuosa. Tras su enésimo fracaso laboral, Maria acabó encontrando trabajo gracias a un familiar que la ayudó a ingresar, en octubre de 1938, en el centro de internamiento de Lichtenburg como aufseherin (guardiana). Se formó como guardia de prisión en 1938 en Lichtenburg.

Cuando Lichtenburg se quedó pequeño para acoger al gran número de prisioneros que llegaban, se construyó el campo de Ravensbrück en 1939, el cual estaba reservado solo para mujeres. En Ravensbrück fue donde Maria Mandel empezó a labrarse su siniestra fama en vista de su trato a las internas. A pesar de que era la encargada de formar a otras compañeras en tareas administrativas, Ravensbrück representó el primer paso en el camino que tomó esta mujer para perpetrar las más macabras vejaciones, torturas y crímenes que se pueda imaginar. Allí comenzó Mandel y todas las presentes en esta lista. Tras impresionar a sus jefes con sus brutales métodos, Maria fue ascendida a guardiana femenina de las SS con rango de exterminio en Auschwitz. El 7 de octubre de 1942 fue enviada a Auschwitz, donde ascendió a Jefa de Campo y se ganó el apodo de “la Bestia de Auschwitz”.

Maria Mandel controlaba todos los campos femeninos y gozaba de poder absoluto sobre la vida de miles y miles de prisioneras. Desde seleccionar a las reclusas que iban a ser ejecutadas en las cámaras de gas hasta decidir quienes se libraban de la muerte. En muchos casos, estas mujeres se convertían en algo parecido a animales de compañía o, como las llamaba, "mascotas judías". A la SS-Lagerführerin le gustaba vestir con guantes de un blanco impoluto para ver cómo se teñían de rojo con la sangre de las mujeres flageladas por su látigo, el cual no hacía distinciones entre jóvenes o ancianas. Mandel se encargaba de elegir quiénes serían los judíos que irían a la cámara de gas, además de que ordenó crear la “Orquesta de Auschwitz”, compuesta por prisioneros, con el único fin de satisfacer su gusto por la música. Se le atribuyen al menos 500 mil muertes de judías, gitanas y otras presas políticas.

Curiosamente, una de las preocupaciones de "la bestia de Auschwitz" era la salubridad del campo, ya que tras cada ejecución, los "pijamas a rayas" de las presas no eran incinerados junto con los cadáveres, sino que eran aprovechados por otras reclusas que acababan intoxicadas por los vapores del gas que desprendía la ropa. Así pues, su obsesión era supervisar que se desinfectara para evitar los contagios.

Tras su traslado al subcampo de Mühldorf, en Dachau, en 1944, donde siguió perpetrando torturas y llevando a cabo sus "selecciones" para la cámara de gas, Maria Mandel tuvo que huir ante la inminente llegada de los aliados. Su plan era regresar a su casa, pero tras diez días de huida fue capturada por el ejército norteamericano el 10 de agosto de 1945 e interrogada. Tras estar detenida durante aproximadamente un año, fue trasladada a Polonia donde sería juzgada por crímenes contra la humanidad. Durante el juicio se escucharon las voces hasta entonces oprimidas de las reclusas que habían sido rescatadas de los campos de exterminio en los que Maria Mandel había llevado a cabo sus criminales abusos. Sin aceptar los cargos que se le imputaban, y ni mucho menos asumir la culpa, Mandel declaró: "Yo no tenía ni látigo ni perro. Cumpliendo con mi servicio en Auschwitz me vi obstaculizada por la terrible severidad de Rudolf Höss, dependía totalmente del comandante y yo no podía impartir ninguna pena". Tras su condena, Mandel tuvo la oportunidad de arrepentirse de sus crímenes con una reclusa llamada Stanisława Rachwałowa. El 22 de diciembre de 1947, el tribunal dictó sentencia y "la bestia de Auschwitz" fue condenada a morir en la horca por asesinar a medio millón de personas, incluidos niños. Murió el 24 de enero de 1948, a los 36 años de edad.

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Irma Grese: El Ángel de la Muerte

El solo hecho de conocer los sobrenombres con los que era conocida, nos causa escalofríos. La llamaban “la Bella Bestia”, “la Perra de Belsen”, “El Cancerbero” o “el Ángel de la Muerte”. Grese se ganó su lugar en la historia debido a los métodos sádicos que empleaba contra los judíos, cuando se desempeñaba como supervisora de los campos de concentración de Auschwitz, Bergen-Belsen y Ravensbrück. Con apenas 19 años, Irma Grese fue una de las más crueles y famosas criminales de guerra nazis. Las atrocidades que cometió siguen resultando sobrecogedoras.

Irma Grese dejaba que las judías fueran atacadas por perros y abusadas sexualmente, torturaba a los niños y les daba palizas, para finalmente ejecutarlos a sangre fría con una pistola. Fue detenida el 15 de abril de 1945 y condenada a morir en la horca el 13 de diciembre de ese año. Tenía 22 años de edad. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas arrojadas por una alcantarilla. Después de la guerra, durante los juicios por crímenes de guerra nazis en 1945, Irma Grese fue apodada por la prensa como la "bella bestia". Joven, atractiva y rubia, fue declarada culpable de asesinato y condenada a muerte en la horca. El cliché de la mujer rubia y sádica con uniforme de las SS se convirtió más tarde en una figura de culto sexualizada en películas y cómics.

Juana Bormann: La Mujer de los Perros

Juana Bormann se alistó a la SS en 1938 y trabajó como supervisora en los campos de concentración de Lichtenburg, y Ravensbrück y Auschwitz, al que llegó en 1942. Debido a su sadismo se ganó el apodo de “la Mujer de los Perros”, ya que soltaba a su pastor alemán para que atacara a los judíos. En 1945 llegó a Bergen-Belsen, pero tras la toma de este lugar por el Ejército Británico, el 15 de abril de ese mismo año, Juana fue condenada a morir en la horca.

Violette Morris: La Hiena de la Gestapo

Violette tenía una fuerza física increíble, por lo que practicaba deportes como boxeo, natación y carreras de automóviles. Llegó a extirparse los senos para estar más cómoda dentro de los autos que conducía. A partir de 1923 era evidente su bisexualidad, pues se cortó el cabello y se vestía como hombre. Fue por esto que en 1928, la Federación Francesa le prohibió participar en los Juegos Olímpicos. En 1936 fue invitada de honor en las Olimpiadas de Berlín y ahí se enamoró del nazismo. Cuando regresó a Francia, lo hizo como espía de Alemania. Cuando logró infiltrarse en la Resistencia Francesa, se ganó el apodo de “la Hiena de la Gestapo”. El 26 de abril de 1944 fue víctima de una emboscada en la que falleció. Sus restos fueron arrojados a una fosa común.

El Sistema de Campos y la Participación Femenina

Después de que sus padres fueron deportados, Doris se escondió con su hermana y otros parientes. La hermana de Doris y un tío fueron asesinados, y supo que sus padres también habían sido asesinados. Su abuela se suicidó. Doris salió del gueto de contrabando y vivió como una sirviente no judía, pero finalmente fue deportada al campo de Ravensbrueck. Algunos campos y ciertas áreas dentro de los campos de concentración eran designados específicamente para mujeres.

En mayo de 1939, los nazis abrieron el campo de Ravensbrueck, el campo de concentración más grande creado para mujeres. Más de 100.000 mujeres pasaron por Ravensbrueck hasta la liberación en 1945. En 1942, un campo de mujeres fue creado en Auschwitz (donde las primeras prisioneras eran las mujeres deportadas de Ravensbrueck). En Bergen-Belsen, un campo de mujeres fue creado en 1944. Ni las mujeres ni los niños fueron salvados de las operaciones nazis de asesinato masivo. Las mujeres perecieron al lado de los hombres en los territorios soviéticos ocupados por los alemanes, las víctimas de los fusilamientos masivos de los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza).

En los guetos y los campos, los nazis detenían mujeres para realizar trabajos forzados. Los médicos nazis a menudo usaban las mujeres judías y gitanas para experimentos de esterilización y otros experimentos humanos inmorales. En los campos y los guetos, las mujeres eran particularmente vulnerables al acoso y la violación.

“Se buscan trabajadoras sanas de entre 20 y 40 años para un emplazamiento militar", se leía en un anuncio de empleo de un periódico alemán en 1944. En él se prometía a las seleccionadas buenos salarios y comida, alojamiento y ropa gratuitos. Lo que no se menciona es que la ropa es un uniforme de las SS. Y que el "sitio militar" era el campo de concentración de mujeres de Ravensbrück. Unas 3.500 mujeres trabajaban como guardias de los campos de concentración nazis, y todas comenzaron en Ravensbrück, también conocido como la escuela de la brutalidad.

Muchas de las jóvenes provenían de familias pobres, abandonaron la escuela temprano y tenían pocas oportunidades profesionales. Un trabajo en un campo de concentración significaba salarios más altos, alojamiento confortable e independencia financiera. "Era más atractivo que trabajar en una fábrica", dice Andrea Genest, directora del museo conmemorativo en Ravensbrück. Muchas habían sido adoctrinadas temprano en los grupos juveniles nazis y creían en la ideología de Hitler. "Sentían que estaban apoyando a la sociedad y haciendo algo contra el enemigo", dijo Genest.

Dentro de una de las casas, una nueva exposición muestra fotos de lo que hacían las mujeres guardias en su tiempo libre. La mayoría tenía veintitantos años, eran guapas y llevaban peinados de moda. Las imágenes las muestran sonriendo mientras toman café y pastel en casa. O riendo, con los brazos entrelazados, mientras pasean por el bosque cercano con sus perros. Las escenas parecen inocentes, hasta que notas la insignia de las SS en la ropa de las mujeres y recuerdas que esos mismos perros alsacianos fueron utilizados para atormentar a la gente en los campos de concentración.

Muchas acabaron trabajando más tarde en campos de exterminio como Auschwitz-Birkenau o Bergen-Belsen. Selma van de Perre, de 98 años, luchadora de la resistencia judía holandesa que fue encarcelada en Ravensbrück como presa política, comentó: "Eran gente horrible. Probablemente les gustaba trabajar allí porque les dio poder. Les dio mucho poder sobre las prisioneras. Algunas prisioneras eran maltratadas. Golpeadas."

Testimonios de Supervivientes y la Crueldad en Ravensbrück

En el campo, Maria Mendel se encargaba de pasar revista a las reclusas. Las que no superaban estas agotadoras sesiones, eran trasladadas al búnker de castigo, donde eran humilladas hasta la extenuación mediante todo tipo de flagelaciones en tandas de 25, 50, 75 y 100 golpes cada una, hasta que caían exhaustas. Durante el castigo, eran obligadas a contar en voz alta, aunque ninguna lograba llegar hasta diez. La culminación a estos actos de sadismo terminaba cuando Maria se paraba frente a las reclusas esperando que alguna se atreviera a mirarla. Según recuerda una superviviente del campo: "Era capaz de pasar horas en esa posición, la que rompía ese rito… desaparecía. Jamás volvíamos a saber de ella. De la cámara de gas pasaba al horno crematorio".

Una testigo de excepción fue la militante de las Joventuts Socialistes Unificades de Catalunya (Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña) Neus Català (recientemente fallecida), que tras ser detenida por la Gestapo en Francia fue trasladada al campo de Ravensbrück. Como única superviviente del campo, Neus recordaba: "Muchos días nos quedamos allí hasta las nueve de la mañana desde las cuatro de la madrugada. Sin haber bebido más que un agua que no era ni tan siquiera caliente. Un agua a la que llamaban café, una cosa amarga que debía de ser ortigas secas, yo que sé. Y nada más, con eso en el cuerpo, vestida de aquella manera que no te abrigaba nada, sube hacia allí para estar tantas horas así. Cada día caían mujeres, cada día caían mujeres muertas. Cada día. Un día llegamos a estar a 30 grados bajo cero."

Català recordaba Ravensbrück como un lugar de muerte y depravación: "Aquellas mujeres eran calaveras que nos miraban. Sólo veías luz, ojos y calaveras. Y aquellas mujeres que nos miraban yo decía, pero ¿eso qué es? Hay muertos que nos están mirando. Tan tétrico... No hay nombre, el sufrimiento moral, aquel abandono... Salías del mundo. Decíamos, que salíamos del mundo, que allá ya no era el mundo." A pesar de las múltiples torturas a que fue sometida, Neus Català tuvo mucha suerte. Se libró de las cámaras de gas.

Más de 120.000 mujeres de toda Europa fueron encarceladas aquí. Muchas eran combatientes de la resistencia u opositoras políticas. Otras fueron consideradas "no aptas" para la sociedad nazi: judías, lesbianas, trabajadoras sexuales o mujeres sin hogar. Al menos 30.000 mujeres murieron aquí. Algunas fueron gaseadas o ahorcadas. Otras murieron de hambre, por enfermedades o trabajaron hasta morir. Fueron tratadas brutalmente por muchas de las guardias: golpeadas, torturadas o asesinadas. Las prisioneras les pusieron apodos, como "Brygyda la sangrienta" o "Anna revólver".

El Legado y la Impunidad Postguerra

Después de la guerra, muy pocas de ellas asumieron los cargos de los que se les acusaron. Las más visibles fueron juzgadas en Núremberg, pero negaron su grado de participación, alegando que fueron coaccionadas y las condenas fueron mucho más reducidas o inexistentes. Se aprovecharon de la discriminación de género y los estereotipos sobre la mujer para eludir su implicación, muchas veces directa, en uno de los mayores exterminios de la humanidad.

De las miles de mujeres que trabajaban como guardias de las SS, solo 77 fueron procesadas. Y muy pocas fueron realmente condenadas. Se retrataron a sí mismas como ayudantes ignorantes, fáciles de manipular en la patriarcal sociedad de la Alemania Occidental de la posguerra. La mayoría nunca habló del pasado. Se casaron, cambiaron sus nombres y se desvanecieron en la sociedad.

Una mujer, Herta Bothe, que fue encarcelada por horrendos actos de violencia, habló más tarde en público. Fue indultada por los británicos, después de pasar solo unos años en prisión. En una rara entrevista, grabada en 1999 justo antes de morir, no mostró ningún arrepentimiento. "¿Cometí un error? No. El error fue que era un campo de concentración, pero tenía que ir a él, de lo contrario me habrían metido en él. Ese fue el error". Esa era una excusa que solían dar los exguardias. Pero no era cierta. Los registros muestran que algunas de las nuevas guardias dejaron Ravensbrück tan pronto como se dieron cuenta de lo que implicaba el trabajo. Se les permitió irse y no sufrieron represalias. Selma van de Perre cree que las guardias eran "mujeres comunes que hacían cosas diabólicas. Creo que eso puede suceder en cualquier lugar y a cualquier persona, incluso en Inglaterra. Puede suceder aquí si estuviera permitido".

Desde la guerra, las guardias de las SS se han retratado en muchos libros y películas. La más famosa ha sido "The Reader", una novela alemana que luego se convirtió en una película protagonizada por Kate Winslet. A veces se retrata a las mujeres como víctimas de explotación. En otras ocasiones como monstruos sádicos. La verdad es más espantosa. No eran monstruos extraordinarios, sino mujeres ordinarias, que terminaron haciendo cosas monstruosas.


Principales Mujeres Sanguinarias del Régimen Nazi

Nombre Apodo(s) Campos de Actuación Atrocidades Destacadas Destino
Ilse Koch La Zorra de Buchenwald Sachsenhausen, Buchenwald Selección de prisioneros con tatuajes para desollar y crear objetos con su piel, torturas, humillaciones. Sentenciada a cadena perpetua, se suicidó en prisión en 1967.
Maria Mandel La Bestia de Auschwitz Lichtenburg, Ravensbrück, Auschwitz SS-Lagerführerin, selección para cámaras de gas, creación de la "Orquesta de Auschwitz", flagelaciones, torturas. Condenada a muerte por ahorcamiento en Polonia en 1948.
Irma Grese La Bella Bestia, La Perra de Belsen, El Ángel de la Muerte Ravensbrück, Auschwitz, Bergen-Belsen Ataques de perros a prisioneras, abusos sexuales, torturas y palizas a niños, ejecuciones a sangre fría. Condenada a muerte por ahorcamiento en 1945.
Juana Bormann La Mujer de los Perros Lichtenburg, Ravensbrück, Auschwitz, Bergen-Belsen Uso de su pastor alemán para atacar a prisioneros. Condenada a muerte por ahorcamiento en 1945.
Violette Morris La Hiena de la Gestapo Francia (como espía) Espionaje para Alemania, infiltración en la Resistencia Francesa. Falleció en una emboscada en 1944.

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