Descubre el Impacto de Asimilar Proyecciones y Anular Retroflexiones en Tu Mentepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En el marco de la psicología, tanto la retroflexión como la proyección actúan como mecanismos de defensa que alteran nuestra capacidad de estar presentes y conectados genuinamente con el entorno. Comprender cómo operan estos procesos es el primer paso para avanzar hacia una autorregulación más sana y una mayor autenticidad emocional.

La retroflexión: el giro hacia uno mismo

La retroflexión es un mecanismo neurótico por el cual el individuo se hace a sí mismo lo que en realidad le gustaría hacer a otros. Fritz Perls lo explica de la siguiente manera: “Cuando alguien retroflecta una conducta, se hace a sí mismo como originalmente quería tratar a otras personas u objetos. Deja de dirigir sus energías hacia afuera en un intento de manipular y llevar a cabo cambios en el ambiente que satisfarán sus necesidades; y más bien, reorienta su actividad hacia adentro y se sustituye a sí mismo por el ambiente como objetivo del comportamiento”.

El retroflector cambia la orientación de sus impulsos del otro hacia sí mismo y se acaba convirtiendo en la diana hacia la cual dirige todos los dardos. Así, en vez de dirigir la agresividad hacia el otro, la persona se muerde las uñas, se autoculpa o se habla mal. En el ciclo de la experiencia gestáltico, la retroflexión es una interrupción en el paso de la energetización a la acción: la energía que debería haber sido dirigida hacia afuera se vuelve contra uno mismo.

Origen y consecuencias de la retroflexión

Este mecanismo suele nacer del periodo de educación en la infancia, donde el niño descubre que la satisfacción inmediata de sus necesidades viene acompañada de reproches. Según G. Pierre: “El aprendizaje del control se hace a través de la educación por medio del sistema de la gratificación-castigo. El niño descubre enseguida el reproche que le merece la satisfacción espontánea de algunas de sus necesidades. Abandona la lucha abierta por sus necesidades y pone en marcha un sistema para reprimirse, controlarse”.

El resultado es un individuo inhibido y bloqueado. Para deshacer la retroflexión, los Polster proponen volver a la autoconciencia que acompañó sus comienzos: “El sujeto debe darse clara cuenta, una vez más, de su forma de sentarse, de abrazar, de rechinar los dientes, etc. Cuando sepa lo que está pasando en su interior, su energía movilizada podrá buscar salida en la fantasía o en la acción”.

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La proyección: el mundo exterior como reflejo

La proyección es un mecanismo de defensa por el que el sujeto atribuye a otras personas sus propias virtudes, defectos o carencias. En la proyección negativa, se atribuyen a otros los sentimientos, impulsos o pensamientos propios que resultan inaceptables para el sujeto. De esta forma, se «proyectan» aquellos deseos que generan angustia, dirigiéndolos hacia algo o alguien externo para poner estos contenidos amenazantes afuera.

Diferentes niveles de proyección

  • Proyección negativa: Se etiquetan los miedos e inseguridades en otra persona para evadir conflictos internos.
  • Proyección positiva: El sujeto atribuye a otra persona cualidades dignas de ser admiradas; es un componente necesario en el proceso del enamoramiento.
  • Identificación proyectiva: Un mecanismo inconsciente donde partes del sí mismo se escinden para ser proyectadas sobre otra persona, con el fin de tomar posesión de ella o causarle daño.

El camino hacia la asimilación y el crecimiento

Para liberarnos de estos mecanismos que nos atan, lo fundamental es el proceso de «darse cuenta». La Terapia Gestalt sugiere que el ambiente es un factor determinante en la construcción de la psicología de las personas. Todos los supuestos y aprendizajes que se introyectan deben ser procesados, masticados y el individuo debe eliminar lo que ya no es funcional.

El modelo de asimilación propone superar la disociación mediante la creación de puentes de significado. Cuando las personas expresan las posiciones de los diferentes lados de la ambivalencia, es el momento en el que se establecen estos puentes. La simbolización de la experiencia, la identificación de pensamientos automáticos negativos y la atención a la sensación sentida permiten formar puentes semióticos con las voces problemáticas, transformando la vivencia en una comunidad interna más unida y funcional.

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