La historia de México durante el siglo XX estuvo marcada por la permanencia en el Gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI). La legitimidad del PRI ha variado a través del tiempo: lo que en un principio se percibía como un proyecto revolucionario que concentraba en su ideario los intereses de una gran parte de la población evolucionó, dando lugar a un partido autoritario cuya integridad se deshacía tras cada episodio de represión, fraude electoral y corrupción. No obstante, en este contexto de tensiones, las políticas del Estado en materia de fomento a la creación artística y desarrollo cultural comenzaron a experimentar transformaciones significativas hacia la década de 1970.
Históricamente, ha existido en la sociedad una política gubernamental de fomento hacia la creación artística, ya sea de manera implícita en los actos de gobierno o institucionalizada y con objetivos explícitamente definidos, instaurándose asimismo mecanismos de planificación pertinentes para su desarrollo y evaluación. En el caso de México, la organización de la institución cultural durante todo el periodo posrevolucionario consiste, en gran medida, en una serie de actos poco estructurados que dependen claramente del sector educativo. Un giro fundamental se dio en los años sesenta con la creación de la Subsecretaría de Cultura, que si bien seguía dependiendo de la Secretaría de Educación Pública (SEP), ya se reconocía que la cultura en sí misma requería de una lógica administrativa propia.
La evolución de la política cultural y de medios
El régimen priista, que en el plano interno enfrentaba el descontento creciente de distintos grupos sociales tras los trágicos sucesos del Movimiento de 1968 en México, buscó diversas vías de relegitimación y control social. A las puertas de la década de 1970, la política gubernamental implementó estrategias que abrieron nuevos canales de difusión cultural e informativa. En materia de televisión, en 1967 Díaz Ordaz rompe el monopolio televisivo en el Valle de México al otorgar concesiones a XHDF Canal 13 y XHTIM Canal 8, que iniciaron transmisiones con la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1968 el primero y el 25 de enero de 1969, el segundo. Este cambio en los medios de comunicación masiva representó un paso importante para la diversificación de contenidos en el umbral de los años setenta.
Asimismo, los objetivos generales de cualquier política pública son los de garantizar el cumplimiento o satisfacción de una determinada necesidad social en un marco de eficacia y legitimidad. Bajo esta premisa, la política cultural del Estado mexicano se estructuró a lo largo del tiempo en tres dimensiones fundamentales:
- Conservación y salvaguarda del patrimonio cultural.
- Extensión de los servicios y beneficios de la cultura a la población.
- Fomento y apoyo a la creación artística.
De la discrecionalidad a la liberalización
El proceso de institucionalización de las acciones de apoyo a la cultura no por fuerza va a la par de las diferentes modalidades del accionar político de democratización y participación ciudadana. Dentro del régimen autoritario priista, la gestión cultural se mantuvo durante décadas bajo una modalidad discrecional. Sin embargo, las crisis políticas y las demandas de la sociedad civil obligaron al Estado a transitar hacia lo que diversos autores definen como un proceso de liberalización cultural y política.
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Por proceso de liberalización se entenderá, entonces, aquel "que vuelve efectivos ciertos derechos que protegen a individuos y grupos sociales ante los actos arbitrarios o ilegales cometidos por el Estado o por terceros". En el contexto mexicano, la liberalización apareció como una estrategia de supervivencia del régimen autoritario para abrir espacios de participación y libre expresión con el fin de "descomprimir" políticamente una situación crítica. Esta transición sentaría las bases para que, en los años posteriores, se crearan organismos clave de apoyo a la creación artística como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), consolidando así un modelo de política cultural que buscaba equilibrar el control estatal con el fomento de la actividad intelectual y artística del país.
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