La dictadura de Salazar tiene su origen en la Primera República Portuguesa, que nació en 1910 tras una revolución que derrocó al rey Manuel II. Los años de la república fueron años de caos político y económico que se pueden resumir en 45 gobiernos en 16 años. En 1926, varios jefes militares dieron un golpe de estado que derrocó a la república e instauró una dictadura militar que le encomendó reconstruir la maltrecha economía portuguesa a un prestigioso catedrático de finanzas de la Universidad de Coímbra llamado Antonio de Oliveira Salazar. En 1933, Salazar dibujó una Portugal a su imagen y semejanza: el Estado Novo.
El Estado Novo: corporativismo, catolicismo y represión
El Estado Novo se sostuvo principalmente sobre el corporativismo, el catolicismo y la tradición, articulándose en torno al trinomio “Deus, Pátria e Família”. Este régimen se amparó en valores tradicionales, eliminó el sufragio universal y prohibió el pluripartidismo, a excepción del oficialista Unión Nacional. La represión fue una de las bases centrales del Estado Novo; la censura era omnipresente y los medios de comunicación se encontraban bajo control estatal.
Uno de los mecanismos de control más temidos fue la PIDE -Policía Internacional y de Defensa del Estado-, una policía secreta que vigilaba, perseguía y castigaba a los disidentes. Los sospechosos pasaban largos periodos por prisiones privadas o el campo de Tarrafal en Cabo Verde, donde se les sometía a tratos inhumanos, siendo definido este lugar como “el campo de la muerte lenta”.
Tabla: Pilares y características del régimen salazarista
- Ideología: Nacionalismo, conservadurismo y antidemocracia.
- Control social: Censura estatal y uso de la policía política (PIDE).
- Economía: Autarquía, proteccionismo y control estatal estricto.
- Defensa colonial: Visión pluricontinental del imperio portugués.
El principio del fin: la caída del dictador
En el verano de 1968, cuando se disponía a tratarse los callos de los pies, el dictador calculó mal dónde estaba la tumbona y cayó al suelo, dándose un golpe en la cabeza. La contusión, aparentemente inocua, se reveló como grave un mes después, cuando Salazar se sometió a un examen neurológico donde le diagnosticaron una trombosis cerebral. Tras una operación, entró en coma y, aunque despertó, quedó con medio cuerpo paralizado y sus funciones cognitivas gravemente afectadas.
El presidente del Gobierno no tuvo más remedio que dar paso a su sucesor, Marcelo Caetano. Sin embargo, su círculo cercano se embarcó en una elaborada estratagema para convencer a Salazar de que aún mantenía el control del país. Durante 538 días, le hicieron creer que seguía siendo el gobernante supremo: celebraban con él falsos consejos de ministros, le hacían firmar documentos que después destruían e imprimían ejemplares especiales del periódico sin referencias a Caetano. Un montaje casi perfecto que solo pudo ser desbaratado por un periodista francés.
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La Revolución de los Claveles
El sucesor de Salazar, Marcelo Caetano, fue incapaz de cambiar el rumbo de las cruentas guerras coloniales en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau, conflictos que desgastaron al régimen en términos económicos y morales. Los militares, cansados de un conflicto sin salida, comenzaron a organizarse en el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA).
El 25 de abril de 1974 se produjo el golpe definitivo. Cinco mil militares tomaron las calles de Lisboa ante una ciudadanía que, inicialmente, observaba la situación con incertidumbre. El espíritu pacifista del levantamiento se inmortalizó gracias a una camarera que regaló un clavel a un soldado, el cual lo colocó en el caño de su fusil. Este gesto dio nombre a la Revolución de los Claveles, el evento histórico que terminó finalmente con la dictadura más longeva de la Europa del siglo XX.
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