Descubre Cómo el Caudillismo Moldeó el Régimen Social Mexicano y su Impacto Actualpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El caudillismo es un fenómeno político y social de gran relevancia en la historia de Latinoamérica, particularmente durante el siglo XIX. Consiste en la emergencia de líderes carismáticos cuya forma de acceder al poder y al gobierno se basaba en mecanismos informales de reconocimiento popular. Las multitudes depositaban en "el caudillo" la expresión de los intereses colectivos y la capacidad para resolver sus problemas.

¿Qué es el Caudillismo?

El origen de la palabra caudillo proviene del diminutivo latino caput, que significa "cabeza" o "cabecilla". La Real Academia Española define caudillo como “El que como cabeza, guía y manda la gente de guerra”. Cuando nos referimos al caudillo, señalamos a quienes ejercen un liderazgo especial por sus condiciones personales, un liderazgo que surge cuando la sociedad deja de tener confianza en las instituciones. Es el hombre fuerte de la política, el más eminente de todos, situado por encima de las instituciones de la democracia formal cuando estas son apenas embrionarias, raquíticas o en plena decadencia.

El caudillismo tiene el carácter de un gobierno paternalista y protector de los intereses del pueblo, sin obstáculos legales, y que tiene como objeto procurar el bien común. Por lo general, es propio de comunidades escasamente desarrolladas que necesitan de un líder o conductor que rija sus destinos. De acuerdo con K. H. Silvert, en Iberoamérica, el término caudillismo alude generalmente a cualquier régimen personalista y cuasimilitar, cuyos mecanismos partidistas, procedimientos administrativos y funciones legislativas están sometidos al control inmediato y directo de un líder carismático y a su cohorte de funcionarios mediadores.

El Carisma y la Legitimidad del Caudillo

Entre los atributos comunes al caudillo antiguo y moderno está su cualidad carismática. Para Max Weber, carisma es "la insólita cualidad de una persona que muestra un poder sobrenatural, sobrehumano o al menos desacostumbrado, de modo que aparece como un ser providencial, ejemplar o fuera de lo común, por cuya razón agrupa a su alrededor discípulos o partidarios." La atracción de los prosélitos es crucial, "y esencialmente el carisma del gran personaje no se define tanto por lo que dijera o hiciera, sino por la adhesión suprarracional de sus respectivos seguidores". La dominación carismática, o del que tiene carisma -ya sea héroe militar, revolucionario, demagogo o dictador- significa la sumisión de los hombres a su jefe. El sustento del carisma es emocional, puesto que se fundamenta en la confianza, en la fe, y en la ausencia de control y crítica. El carismático, por su parte, cree, dice creer, y hace creer que está llamado a realizar una misión de orden superior y su presencia es indispensable; fuera de él, se percibe el caos.

La legitimidad política se funda sobre tres elementos: la tradición, la legalidad racional y el carisma. El caudillo tiene mucho de dictador, pero no todo dictador es un caudillo; de aquí que el concepto de legitimidad es crucial para esta distinción. El caudillismo es un intento, basado en el carisma, para mantener a las fuerzas políticas bajo control promoviendo la devoción de la persona al líder. La devoción y la lealtad hacen innecesario el uso de la violencia, siendo el empleo de la fuerza indicativo del fracaso para asegurar la obediencia. Su tipo de dominación se opone a la dominación legal y a la tradicional, porque estas significan límites debido a la necesidad de respetar la ley o la costumbre, y tener en cuenta los órganos instituidos del control social.

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Orígenes y Contexto del Caudillismo en América Latina

El caudillismo debe su aparición al colapso de una autoridad central capaz de permitir a fuerzas ajenas o rebeldes al Estado apoderarse de todo el aparato político. En consecuencia, es producto de la desarticulación de la sociedad y efecto de un grave quebranto institucional. La república, al comenzar su vida independiente, lo hizo en medio de una situación política, económica y social muy precaria, donde la estructura social existente generó insatisfacciones que provocaron disputas y contradicciones, dando lugar a una lucha de clases.

Este fenómeno, ligado a la decadencia de la autoridad colonial, es distintivo de varios países en el siglo XIX y es consecuencia del colapso del Gobierno central y de fracturas en el aparato estatal. Entre los factores que actuaron como fuerzas hostiles al desarrollo de los estados nacionales, y que favorecieron el caudillismo, se pueden destacar:

  • La tradición autonomista de las provincias desde la época colonial y el fuerte arraigo de las instancias de poder local (los ayuntamientos).
  • La dificultad de establecer un poder central capaz de imponer su autoridad en todo el territorio.
  • La falta de integración nacional como consecuencia de la desintegración territorial, las dificultades de comunicación y el lento establecimiento de un mercado interno.
  • La ausencia de clases sociales poderosas, capaces de adelantar un proceso de ordenamiento y control de la sociedad.
  • La ausencia de una institución militar de carácter nacional como factor de control y sometimiento.
  • La dificultad del modelo económico de generar los excedentes económicos capaces de propiciar el fomento de las fuerzas productivas y el crecimiento sostenido.

Además, el largo desarrollo de la Guerra de Independencia familiarizó a gran parte de la población con la violencia y con una situación de vacío de poder, producto de la disolución del orden social, lo que fracturó la disciplina social de la época colonial sin que se lograra establecer un equivalente republicano, reforzando así el caudillismo.

El Caudillismo en México: De Obregón a la Era de Calles

En el caso de México, la Revolución ofreció a Álvaro Obregón la posibilidad de convertirse en militar en ascenso y en político de altos vuelos, ostentando los rasgos más definidos del último caudillo mexicano. Su dominio se sustentaba parcialmente en una liga de caudillos menores y caciques subordinados, aunque de volátil lealtad. Su poder nacional aumentó por dos factores clave: el apoyo popular, resultado de sus logros bélicos y personalidad enérgica, y su habilidad para hacer alianzas, ofreciendo un "proyecto compartido" y pagos políticos.

Obregón asumió la presidencia el 1º de diciembre de 1920. Durante su mandato, fortaleció el poder del Estado mediante la subordinación de las organizaciones populares y de los distintos grupos políticos. Se puso énfasis en fomentar la integración nacional a través de promover la cultura y la historia nacional y vincularla, al mismo tiempo, a la cultura universal.

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Una de las políticas más significativas de este periodo fue la reforma agraria:

Presidente Tierras entregadas (definitivas) Tierras entregadas (provisionales) Familias campesinas beneficiadas
Álvaro Obregón 1.2 millones de hectáreas 3.2 millones de hectáreas 400 mil
Plutarco Elías Calles (Doble de Obregón) 2.4 millones de hectáreas (Doble de Obregón) 6.4 millones de hectáreas (No especificado, pero se infiere un número significativamente mayor)

La decisión de Obregón de apoyar a Plutarco Elías Calles para que lo sucediera en la presidencia provocó el más serio desafío a su administración, con la insurrección de una parte importante del ejército, encabezada por Adolfo de la Huerta a finales de 1923. El costo de la rebelión fue terrible para el ejército, al perderse más de 7 mil vidas y morir en ella algunos de los prominentes generales revolucionarios.

El 1° de diciembre de 1924, Plutarco Elías Calles asumió la presidencia constitucional, consolidando el dominio de la dinastía sonorense. Como Obregón, Calles llevó adelante su política con el apoyo de las organizaciones populares, particularmente la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), cuyo líder Luis N. Morones, fue nombrado secretario de Industria, Comercio y Trabajo y se convirtió en el colaborador más poderoso y cercano a Calles. El mayor problema interno lo constituyó la rebelión cristera, una insurrección del pueblo católico mexicano provocada por la suspensión de cultos. El conflicto bélico no pudo ser resuelto; ninguno de los contrincantes logró derrotar al enemigo: ni el gobierno acabó con los cristeros ni estos tuvieron fuerza para derrocar a Calles.

La decisión de Obregón de reelegirse, y las presiones de sus numerosos seguidores que lograron que el Congreso mexicano echara atrás el principio maderista de la no reelección, significó otra crisis política para el gobierno de Calles. Obregón no tuvo problemas para ganar la elección formal y fue declarado presidente electo, pero su magnicidio abrió una nueva y más profunda crisis política.

Los Logros de la Administración Callista

En medio de tales conflictos políticos y la escasez de fondos, la administración pública callista se vio seriamente limitada. Sin embargo, entre sus logros más notables estuvo la constitución del Banco de México, que logró cristalizar como banco central, emisor único de moneda, regulador del circulante, del tipo de cambio y de las tasas de interés. También se destaca la creación del Banco de Crédito Agrícola; la modificación hacendaria que creó el Impuesto sobre la Renta como una de las fuentes principales de la recaudación; la continuación de la reforma agraria, que fue el doble de la que hizo Obregón; y la construcción de obras carreteras, de irrigación y líneas férreas.

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Hacia un Régimen de Instituciones: El Legado del Callismo

Tras el asesinato de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles se pronunció por la Etapa de las instituciones. De acuerdo con Calles, había llegado la hora de pasar del país de caudillos que era el México de entonces, a un país de instituciones, donde la discusión y la lucha política se diera de manera institucional. Este pronunciamiento marcó una visión para el futuro del régimen social mexicano, alejándose del personalismo extremo del caudillismo. Sin embargo, su influencia no desapareció de inmediato; poco después, y ante unas diferencias entre ambos, Calles obligó a Ortiz Rubio a dimitir, al quitarle su apoyo en septiembre de 1932, evidenciando que el poder personal seguía siendo un factor determinante en la política mexicana, incluso si la retórica se inclinaba hacia la institucionalidad.

La decadencia del caudillismo, en general, se explica por el mayor control de las autoridades regulares constitucionales, tanto a nivel nacional como en las provincias o estados; la difusión de las modernas comunicaciones y transportes y, ante todo, el desarrollo de un ejército nacional profesional sometido al poder público, junto con el retroceso del analfabetismo. En el plano nacional, al caudillo lo sustituye el presidente, y este tiende a una autoridad funcional e impersonal. Caudillismo y presidencialismo, como afirma Arnaldo Córdova, son dos fenómenos distintos que se dan como dos etapas de un mismo proceso: el caudillo es una figura propia de las sociedades tradicionales, mientras que el presidencialismo se sitúa en los movimientos sociales de modernización u occidentalización. La desaparición de los caudillos y caciques en México en la década de los años 20, como resultado de la Revolución Mexicana y la subsiguiente consolidación del Estado, es un claro ejemplo de este proceso.

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