El concepto de desarrollo ha evolucionado significativamente a lo largo del tiempo, pasando de una visión puramente económica a una más integral que abarca aspectos sociales, ambientales y humanos. Esta evolución refleja una comprensión más profunda de los factores que contribuyen al bienestar global y personal, así como de las complejidades inherentes a estos procesos. Del mismo modo, el término "impacto" se ha convertido en una pieza central en la evaluación de intervenciones y políticas, mientras que las "devoluciones" en el comercio digital presentan desafíos económicos y ambientales específicos. Además, el profundo efecto del "trauma del desarrollo" subraya la influencia decisiva de las experiencias tempranas en la trayectoria vital de un individuo.
La Evolución del Concepto de Desarrollo
El significado de la palabra desarrollo ha evolucionado notablemente desde el pensamiento clásico hasta nuestros días. Después de la innovación tecnológica experimentada en la Revolución Industrial, autores como Adam Smith o Karl Marx relacionaban el desarrollo de un país exclusivamente con su crecimiento económico. Para ellos, más riqueza directamente significaba mayor bienestar para el conjunto de la sociedad.
Sin embargo, con el paso del tiempo se fue comprobando que ese progreso económico no incrementaba por igual la calidad de vida de las personas de diferentes estratos sociales, y se empezó a pensar que desarrollarse debía ser algo más que crecer económicamente. Así, en los últimos años han ido apareciendo otras acepciones más completas, como el desarrollo humano o el desarrollo sostenible, que además de considerar la importancia del aspecto económico, hacen hincapié en otros valores, como son las capacidades y libertades de las personas o la conservación del Medio Ambiente, respectivamente.
Y en medio de este debate, nos encontramos con otras corrientes antidesarrollistas o postdesarrollistas, que hacen una crítica radical a la definición de desarrollo utilizado hasta ahora y ofrecen otra visión alternativa para explicar la problemática de desigualdad que vivimos a escala mundial.
Visiones Teóricas del Desarrollo
El resurgimiento de la discusión acerca de los modelos de desarrollo se puede ubicar hacia finales de la década de los noventa, cuando se hizo más que evidente que las medidas de ajuste ortodoxas aplicadas en América Latina en particular, no alcanzaron los resultados esperados, lo que generó dudas sobre la concepción y orientación que guiaron estos procesos. Hoy, en el marco de la crisis financiera global y del sistema capitalista en general, el tema vuelve a colocarse en el tapete.
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Los resultados de diversas investigaciones evidencian que ha existido un marcado énfasis economicista alrededor de la idea de crecimiento económico como expresión de desarrollo, lo que ha motivado algunas respuestas desde otros ángulos. Se concluye en la necesidad de concebir el desarrollo como un proceso altamente complejo, que exige la integración de diversos factores que contribuyan a enriquecer el concepto e impacten las políticas y los actores involucrados en el mismo.
En su Informe sobre el Desarrollo Mundial 1999-2000, titulado En el Umbral del Siglo XXI, el Banco Mundial (BM, 2000) asume una postura autocrítica en cuanto a su concepción del desarrollo, que contrasta con la perspectiva que tradicionalmente había sostenido en informes anteriores, habitualmente centrada alrededor del crecimiento económico, la libertad de mercado y el Estado mínimo. Este informe aborda una serie de aspectos que colocan la noción de desarrollo en el centro del debate; reconoce que el mismo no puede considerarse único, ni alrededor de afirmaciones absolutas, incompletas o dogmáticas, y que existe en su entorno una complejidad determinada por el contexto, el momento histórico y el lugar geográfico.
Plantea, además, que el debate debe abandonar la discusión sobre la función del Estado y el mercado y la búsqueda de soluciones de políticas globales y únicas, para profundizar en otros aspectos más relevantes, como el conseguir mejoras sostenibles en la calidad de vida de las personas. Más allá de si se está o no de acuerdo con las afirmaciones anteriores, esta referencia es importante por cuanto, en primer término, en los albores del siglo XXI, el propio Banco Mundial, uno de los organismos responsable de la aplicación de las medidas de ajuste estructural en América Latina, reconoce que el desarrollo depende de diversos factores, de sus relaciones y de las transformaciones que estos producen en el tiempo.
En segundo término, porque intenta romper con la que, históricamente, ha sido la respuesta a la pregunta sobre qué es el desarrollo, básicamente concebida desde la ciencia económica y ligada a los problemas, argumentos y reflexiones de cada una de las escuelas de pensamiento en esta área a través del tiempo. Básicamente, se abre un compás de discusión importante que permite abordar el concepto de desarrollo más allá de las posiciones biologicistas de evolución y proceso, y de las tradicionales que lo reducen a problemas de crecimiento económico y redistribución de la riqueza.
El Estructuralismo y la Noción de Riqueza y Progreso
Para los estructuralistas, el concepto de desarrollo es el resultado de la evolución de un conjunto ideas que diferentes tendencias económicas han dado a los problemas específicos del capitalismo y que toma auge a partir de la finalización de la segunda guerra mundial, como preocupación de la Organización de Naciones Unidas por dar respuesta a la situación de los países después del conflicto bélico.
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Su enriquecimiento conceptual también se asocia a los problemas que se manifestaron desde los países subdesarrollados de América Latina y los nuevos países independientes de África y Asia, que expresaron su inquietud por la excesiva dependencia del comercio mundial en tanto su especialización en la exportación de materias primas.
El primer concepto relacionado a la idea del desarrollo para los estructuralistas es el de riqueza; para los autores clásicos -escuela de pensamiento fundada por Adam Smith en el siglo XVIII y consolidada por John Stuart Mill en el XIX- la riqueza es un indicador de la prosperidad o decadencia de las naciones y la consideran como aquel conjunto de bienes que un país puede obtener, dada la naturaleza de su suelo, su clima y su situación respecto a otros países. Esta concepción de riqueza se relaciona a una determinada manera de percibir la sociedad y su funcionamiento, pensada como un conjunto de individuos o unidades económicas que actúan de acuerdo a leyes y principios inmutables, concepción esta sustentada en la filosofía individualista y liberal del derecho y del Estado difundida en el siglo XVIII, basada en el sistema de libre concurrencia económica y los principios de libertad individual, propiedad privada, sucesión privada de los medios materiales de producción y libertad de contratos. Así, la riqueza alude a una situación potencial óptima que podría alcanzarse si la sociedad se organiza según un orden individual “natural” que permita el aprovechamiento óptimo de los recursos productivos disponibles.
Posteriormente la idea del desarrollo se asocia al concepto de evolución económica que surge luego de la aparición de las tesis biológicas del evolucionismo darwinista, combinado con el pensamiento del liberalismo económico. Muy ligado a la escuela de pensamiento referida anteriormente, se avanza hacia la idea de progreso económico surgida a raíz de la difusión de la revolución industrial y el progreso técnico en Europa y que se resume como la expresión, en el ámbito económico, de la idea de la racionalidad absoluta como posibilidad de funcionamiento humano.
Se pensaba que la solución de los problemas sociales se conseguiría a través de la expansión de la producción, lograda gracias a los efectos del permanente cambio científico y tecnológico. Es decir, lo clave era la modernización a través de la aplicación de la ciencia a las actividades productivas, la incorporación de nuevas técnicas y métodos y la renovación de las estructuras sociales y de las formas de vida.
De allí surge la noción de la división internacional del trabajo basado en las ventajas relativas de cada país, así como la idea del orden mundial, creando espacios económicos que habrían de funcionar con un polo central y una zona de protección en situación de dependencia permanente. En las primeras décadas del siglo XX, se acuña el término crecimiento económico, muy ligado a la teoría macroeconómica y centrada en el interés de preservar la estabilidad, equilibrio y expansión del sistema capitalista y la preservación del status quo mundial.
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El Concepto y Medición del Impacto
Mucho se habla de impacto; las personas buscan soluciones de impacto, las organizaciones aseguran generar alto impacto a través de sus estrategias y actividades, y las políticas públicas son diseñadas para generar impacto en la sociedad. Pero, ¿qué es impacto? ¿Cómo puedo estar seguro del impacto que estoy generando y cómo puedo medirlo?
Impacto es el estado resultante en dimensiones o variables de interés generados por una intervención. Esta definición general del impacto implica definir otras características específicas del impacto, por ejemplo, cuál es la dimensión que se cree que el impacto será generado o que la intervención busca impactar. El impacto puede ser social, ambiental, económico, político, etc. Por ejemplo, en el caso de medir el impacto social de una política pública se utilizan variables sociales.
La dimensión que se espera impactar determina las variables de interés para medición del impacto. Se puede querer determinar el impacto político de la aprobación de una nueva ley, así se identifican cuáles son las variables que pueden evidenciar los cambios generados por esa nueva ley y así se miden antes y después de la implementación de la nueva ley.
Tipos de Impacto y Atribución
Otra característica del impacto que debe ser definida es si el impacto es positivo o negativo; una intervención puede generar ambos efectos. Por ejemplo, grandes emprendimientos de energía pueden generar impactos negativos en el medioambiente. Así, muchas evaluaciones de impacto de este tipo son realizadas antes del inicio del emprendimiento para identificar esos impactos y buscar maneras de mitigarlos o evitarlos.
El impacto también puede ser intencional o no intencional. El impacto intencional son aquellos resultantes de las actividades y estrategias planeadas. En cambio, el impacto no intencional también son resultantes de la intervención, pero no fueron planeados ni en la estrategia ni en las actividades; esos pueden ser tanto positivos como negativos. Por ejemplo, una organización realiza una gran campaña para recaudar ropas para el invierno. Logran recaudar toneladas de ropa que se van distribuir en un pequeño pueblito, pero en ese mismo pueblito hay tiendas que venden ropas para invierno, debido a la cantidad de ropa donada los dueños de las tiendas no venden nada en los meses de invierno lo que perjudica la economía local.
Finalmente, una característica fundamental cuando se habla de impacto es la cuestión de atribución y contribución; es a partir de esa característica que se puede afirmar que la intervención genera o no impacto. Como hemos visto anteriormente, el impacto es la diferencia en las variables de interés después de la intervención, pero la diferencia observada puede ser resultado de distintas políticas, proyectos o programas que trabajan con el mismo público objetivo.
A través de la medición y con la utilización de técnicas econométricas como diseños experimentales, es posible afirmar que el impacto observado es consecuencia de las actividades realizadas, o sea, puede ser atribuido a la intervención. Caso contrario, lo que puede ser afirmado es que la intervención contribuye al impacto observado. Existen innumerables técnicas para medición y evaluación del impacto, que son más o menos adecuadas según el contexto del proyecto o de la intervención. Lo importante es que a más evidencias generadas más conocimiento tenemos acerca de qué funciona, qué no funciona y de porqué y cómo funciona. Es por ello que cada vez estamos más cerca de promover cambios significativos y sostenibles en la sociedad.
El Impacto de las Devoluciones en el Comercio Digital
En el mundo online los costes se multiplican a niveles estratosféricos y hay que procurar minimizar al máximo las devoluciones. Las previsiones para 2020 en cuanto a las devoluciones de producto indican que se alcanzarán los 550 mil millones de dólares sólo en Estados Unidos. Este volumen no solo representa un desafío económico, sino también un problema ambiental considerable.
Según la empresa logística Optoro, cada año se generan casi 2268 toneladas de desechos derivados de productos que ni siquiera se han usado. Frente a esta realidad, el CEO de Amazon, Jeff Bezos, anunció recientemente que se estaba efectuando una prueba piloto incorporando 100.000 camionetas eléctricas para la gestión de entregas y devoluciones, un esfuerzo por mitigar el impacto negativo. Créenos, no quieres que tu cliente esté ni decepcionado ni frustrado por estas ineficiencias.
Trauma del Desarrollo: Influencia en el Bienestar y sus Impactos
Este artículo explica el espectro de desafíos a los que se enfrentan los niños y niñas traumatizados, conocido como Trauma del Desarrollo. El trauma es una «herida psicológica» provocada generalmente por situaciones abrumadoras y perturbadoras. Una concepción más amplia del trauma incluye no solo las amenazas de violencia interpersonal, sino también experiencias menos extremas, como una operación, humillaciones, enfermedades, cambio de residencia, cambio de rol o castigo. También abarca los traumas sociales, históricos y culturales que amenazan nuestra integridad psicológica y social, como la discriminación, el machismo, el racismo, la pobreza o el desempleo.
Las investigaciones del Dr. Bruce Perry y su equipo nos han demostrado que la experiencia de una pérdida y un trauma tempranos no dicta el futuro de un niño/a, aisladamente de otros factores importantes. Hay otras experiencias muy influyentes que pueden amortiguar el impacto de la adversidad temprana. En particular, la presencia de adultos seguros y disponibles en el momento del trauma. La edad del niño o niña cuando ocurrió el (los) trauma(s) también influye en el impacto sobre su bienestar posterior. La adversidad, el estrés y la pérdida en las primeras 8 semanas de vida de un bebé tienen la mayor influencia en su bienestar posterior. Más influyente para el niño que su trauma temprano es la calidad y cantidad de sus relaciones seguras.
La Importancia de la Primera Infancia
Según la ciencia, los primeros años de la infancia son los que marcan la pauta. El cerebro de niños y niñas se desarrolla de un instante a otro, mientras se relacionan con todo lo que les rodea. En los primeros años de vida se forman más de un millón de conexiones neuronales por segundo, un ritmo que nunca se volverá a repetir. Las primeras experiencias y su calidad suponen un factor decisivo en el desarrollo del cerebro, ya que tienen el potencial de consolidar o debilitar la base de su aprendizaje, la salud y comportamiento para el resto de sus vidas.
La primera infancia ofrece una oportunidad decisiva para configurar la trayectoria del desarrollo integral de niños y niñas y sentar las bases de su futuro. Para que alcancen su pleno potencial, que es uno de sus derechos humanos, es necesario que sus progenitores y cuidadores les demuestren amor y ofrezcan atención de la salud y nutrición, protección contra daños, seguridad, oportunidades para el aprendizaje temprano y cuidados que impulsen su desarrollo, como hablar, cantar y jugar. Todos estos factores son necesarios para nutrir el cerebro en evolución y alimentar el cuerpo en crecimiento.
Millones de niños y niñas desfavorecidos del mundo -quienes viven en la pobreza o en lugares afectados por conflictos y crisis, en tránsito, que pertenecen a comunidades que sufren discriminación y con discapacidades- no logran disfrutar de esta oportunidad. Millones de niños y niñas no reciben la nutrición ni atención de la salud que necesitan, y crecen expuestos a la violencia, entornos contaminados y formas extremas de estrés. Pierden oportunidades de aprender y carecen de la estimulación que sus cerebros en desarrollo necesitan para prosperar. Sus progenitores y cuidadores luchan por conseguir el tiempo, los recursos y servicios necesarios para proporcionar a sus hijos e hijas una atención de calidad en estos contextos. Cuando niños y niñas pierden esta oportunidad única en la vida, pagan el precio que supone la pérdida de potencial: mueren antes de tener la oportunidad de crecer, o carecen de buena salud física y mental; luchan por aprender y, más tarde, por ganarse la vida. Como consecuencia de ello, todos pagamos también ese mismo precio.
El Impacto del Trauma en el Cerebro y el Cuerpo
El término Trauma del desarrollo es utilizado para describir el impacto del trauma y la pérdida tempranos, hechos que ocurren dentro de las relaciones importantes del niño o niña y, por lo general, al principio de la vida. Es importante entender que las respuestas de supervivencia de estos niños y niñas traumatizados no se apagan cuando hacen la transición a un entorno seguro. Están continuamente en modo de supervivencia. Las pequeñas cosas cotidianas, como pasar de un aula a otra o una voz ligeramente elevada) le indican “peligro de vida o muerte”. Su desarrollo está estancado en su cerebro primitivo, y es muy poca la información que puede pasar a las partes superiores de su cerebro donde ocurre la racionalización. Todos sus recursos se “agotan” para mantenerse con vida físicamente y permanecer en la mente de sus adultos.
Cuando el trauma se desarrolla por experiencias infantiles adversas, podría desembocar en un trastorno de estrés postraumático agudo o crónico. La persona traumatizada tiende a superponer su trauma a todo lo que le rodea y que le cuesta descifrar lo que sucede a su alrededor. De modo que el trauma no es algo que se produjo en el pasado, también es la huella dejada por esa experiencia en la mente, el cerebro y el cuerpo.
Los estudios con escáneres muestran que, imágenes de los traumas del pasado activan el hemisferio derecho del cerebro y desactivan el izquierdo. Esta desactivación tiene un impacto sobre la capacidad de organizar la experiencia en secuencias lógicas. Cuando a las personas traumatizadas algo les recuerda el pasado, su cerebro derecho reacciona como si el acontecimiento traumático estuviera pasando en el presente. Las hormonas del estrés se disparan ante el trauma y no vuelven a nivel basal una vez que la amenaza ha finalizado. Las señales de lucha, huida o paralización permanecen, aunque haya pasado el peligro. En este estado de alerta se encuentran activadas las defensas de la persona. Para relacionarnos y vincularnos con otros, para generar confianza, el ser humano desactivamos nuestros sistemas de defensas.
El cerebro racional no es capaz de sacar al cerebro emocional de su realidad hablando. El trauma ahora se representa en el campo de batalla del cuerpo, sin una conexión consciente entre lo que sucedió y lo que está pasando ahora en nuestro interior. La comunicación entre la mente, el cerebro y las vísceras es en la que se basa la regulación de las emociones.
El tálamo cuya función es la integración de la información sensorial dirigida a la corteza deja de funcionar de manera habitual. Lo cual explica por qué el trauma se recuerda como huellas sensoriales aisladas: imágenes, sonidos, y sensaciones físicas acompañadas de emociones intensas de terror e impotencia. El tálamo que normalmente actúa como filtro y ayuda a distinguir entre la información sensorial relevante. Se empieza a hacer necesario desconectar las áreas del cerebro que transmiten los sentimientos viscerales y las emociones que acompañan. Esto produce la desactivación de área prefrontal medial del cerebro, responsable de registrar todo el abanico de emociones y sensaciones, que a su vez forman los acontecimientos de nuestra autoconcienciación, la percepción de quienes somos.
Ante la experiencia del trauma, la disociación puede hacerse presente. Implica de algún modo saber y no saber a la vez. Es decir, si no puedes tolerar lo que sabes o sentir lo que sientes, la única opción es la negación y la disociación. El efecto a largo plazo quizá es no sentirse real por dentro. En un esfuerzo para desconectarse, se adormece también la capacidad de sentirse vivo, de asimilar profundamente lo que sucede alrededor.
Regulación Emocional y Consecuencias a Largo Plazo
La calidad de los primeros cuidados es sumamente importante. En la infancia, la supervivencia del niño/a depende de sus cuidadores. Cualquier conducta de abuso o abandono, la negligencia o la falta de atención lo puede vivir como una amenaza a su vida y, por tanto, afectarle traumáticamente. Si las personas que han de cuidarnos ignoran nuestras necesidades, o les molesta que existamos, aprendemos a anticipar el rechazo y el retraimiento. Se produce entonces una paradoja ya que normalmente cuando sentimos una amenaza, tendemos a huir y buscar refugio en quien nos pueda proteger. Pero ¿Cómo hacer cuando el cuidador es a su vez la fuente de amenaza? Lo manejamos lo mejor que podemos, bloqueando la hostilidad o el abandono como si no importara. Los niños que no se sienten seguros en la infancia pueden tener dificultades en regular su estado de ánimo y sus respuestas emocionales al hacerse mayores.
La regulación emocional es una habilidad que los niños/as aprenden en su primera infancia. Los niños/as pequeños no pueden regular sus emociones por sí mismos. Dependen de sus padres/cuidadores para “co-regular”. Esto significa que la forma en que los adultos responden a las emociones del niño/a regula sus emociones y entrenando su cerebro para responder a las emociones en el futuro. Un bebé que cada vez que llora se encuentra repetidamente con golpes, es ignorado, recibe burlas o siente el pánico de sus padres, en lugar de calmarse, aprende “mis sentimientos son peligrosos, hieren a otros, me hieren a mí”. Al no desarrollarse la parte del cerebro responsable de la regulación emocional como debería, “se atasca”. Aunque tengan 7, 9 ó 15 años, la capacidad de su cerebro para regular sus emociones es la misma que la de un niño de 3 años.
Es común describirlos como “traviesos” o “que quieren llamar la atención”. Para los demás todo lo que se ve es su comportamiento. La necesidad emocional está oculta. Si los adultos pueden responder a la edad emocional del niño (no a su edad real), entonces este podrá ser co-regulado y aprenderá con el tiempo a regularse. La regulación emocional deficiente les hace recurrir a estrategias de afrontamiento poco saludables, que aumentarán y disminuirán a medida que entran en la adolescencia. Estas pueden incluir: chuparse el dedo, golpearse la cabeza, rascarse, autolesionarse, abusar de drogas y alcohol y muchas relaciones sexuales. Estos comportamientos desafiantes funcionan para “despertarlos” de sentirse muertos por dentro o ‘bajarlos” de altos niveles de ansiedad.
Además de las dificultades de desarrollo, los niños y niñas también pueden experimentar dificultades discretas de salud mental, habitualmente relacionadas con episodios de ansiedad, depresión y síntomas traumáticos específicos (por ejemplo, recuerdos, pensamientos intrusivos, pesadillas). Es bastante frecuente que estos síntomas se entiendan y traten como “ansiedad” o “depresión” aislada. Sin embargo, esta no suele ser una forma efectiva de abordar sus dificultades.
Las dificultades descritas aquí bajo el paraguas de ‘Trauma del desarrollo’ por supuesto no desaparecen cuando el individuo se convierte en un adulto joven. Los adultos que han experimentado traumas en la infancia continúan luchando con profundas dificultades en formas que se relacionan con las 7 áreas de impacto en el Trauma del Desarrollo. Como bien dice la Dra. Shoshanah Lyons, "Las relaciones curan el trauma de la relación".
El reto no es tanto aprender a aceptar las cosas terribles que han sucedido, manejar el pasado, sino aprender a tolerar lo que se siente y saber lo que sabe desde el cuerpo, aprender que el peligro ya pasó y a vivir en la realidad del presente.
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