Descubre Hacienda Uayalceh: Historia Fascinante, Arquitectura Impresionante y su Poderoso Impacto en Yucatánpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La hacienda Uayalceh, ubicada en el municipio de Abalá al sur de la ciudad de Mérida, Yucatán, es una de las haciendas más emblemáticas de México. Se puede acceder a ella por un desvío en la carretera Mérida-Ticul.

Orígenes e Historia Temprana

Originalmente, Uayalceh perteneció a la comunidad indígena de Timucuy. Adoptó el nombre Nuestra Señora de la Asunción Uayalceh cuando se autorizó la venta de esas tierras, en 1652-53, al comandante y Capitán Íñigo de Mendoza, Encomendero de Indios y Regidor de la ciudad de Mérida.

El nacimiento de la estancia fue el primero de febrero de 1653, cuando reunidos los indios Francisco Kuyul, Bernardino Pat, Catalino Pom y Gaspar Cocom, gobernador, alcalde, regidor y escribano respectivamente y estando presente Don Pedro Rosales, defensor de los naturales de esta provincia, solicitaron licencia al capitán Juan Xímenez de Riviera, para vender unos montes y tierras llamadas -Uayalceh-.

Poco después el gobernador y capitán general interino de la península, Don Martín de Robles y Villafaña, otorgó la licencia de venta a favor del capitán y castellano don Iñigo de Mendoza y Magaña por $50.00 pesos de oro común. Años más tarde la propiedad se acrecentaba con la adquisición de otros sitios y tierra que pertenecieron a la comunidad de indios de cercano pueblo de Tecoh.

Para el año de 1678 Uayalceh se convirtió en toda una estancia del ganado mayor vacuno y caballar en pleno florecimiento, en ese entonces la hacienda perteneció al capitán Don Andrés de Mendoza y Vargas.

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A mediados del siglo XVIII, la adquirió el señor Alonso Peón. Para el año de 1763, Alonso Manuel Peón ya había adquirido 10,000 hectáreas que se mantuvieron hasta 1935 y es a partir de esa época que pertenece a la familia Peón, y ha pasado de generación en generación; actualmente pertenece al señor Alonso Peón Martínez.

Viejos papeles de Uayalceh se han reunido en tres gruesos volúmenes que forman un importante conjunto de títulos de propiedad y diversos documentos manuscritos en castellano y lengua maya. Su escritura de los siglos XVIII y XIX, encierra la historia completa de este establecimiento rural. Abarcan un período que comienza en 1653, año de su fundación y llega hasta 1876, complementándose con las escrituras más recientes de los siglos XIX y XX. Toda esta valiosa información la conserva la familia de Don Alonso Peón Bolio, actuales dueños de Uayalceh (1971).

El 29 de mayo de 1764, Don Antonio convocó a los dueños de las estancias colindantes a fin de emprender nuevas mensuras que determinasen los límites reales y precisos de sus tierras. Las colindancias eran: al norte los sitos de Xtogil y Sotuta, las estancias de Itzincab, Lepán y Kamuchil; al sur la estancia de Mucuyché; al oriente la estancia de Xcanchakán; al poniente las estancias de Temozán, Tebacal y Calchen.

El 15 de abril de 1778, el dueño adquiere Xtogil al considerarlo ideal para el pastoreo; alcanzando así su máximo esplendor al fundar su primera anexa. La fecha de la construcción de la hacienda no se sabe a ciencia cierta, pero se calcula que fue en el año de 1835.

En la casa principal de la hacienda funcionó la -escuela normal rural- de 1938 a 1940, alrededor de ésta hay varias casonas inspiradas en los conventos franciscanos con patios centrales y rodeados de árboles frutales.

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Arquitectura y Estructura

Originalmente, el término "hacienda" se refería a un "conjunto de bienes", por eso, durante los primeros años de la época colonial las ahora llamadas haciendas eran más bien estancias asignadas a los encomenderos españoles. En el transcurso del siglo XVII las estancias fueron creciendo en extensión y número, y se situaron en regiones cada vez más apartadas de las poblaciones importantes; pero su actividad primordial siguió siendo la producción de ganado. Durante el siglo XIX muchas de las haciendas maicero-ganaderas, especialmente las de Mérida, se transformaron en henequeneras.

El conjunto arquitectónico está organizado por la casa de máquinas, la casa principal y la capilla que conforman junto con los planteles una plaza. Las dos épocas: la ganadero - maicera y la henequenera quedaron registradas en sus edificaciones más importantes: la casa principal y la capilla de origen colonial y, la casa de máquinas cuya arquitectura pertenece a la del porfiriato.

Casa Principal

La casa principal se encuentra sobre una plataforma a la que se accede por una amplia escalinata. Ubicada frente a la casa de máquinas, ampliada y adaptada en tiempos del auge henequenero, presenta los rasgos típicos de su primera época, la hacienda ganadera: un volumen horizontal con un corredor frontal y arquería de medio punto impar, su escalinata extendida a todo lo largo de la casa le proporciona gran presencia en el conjunto, en la parte superior y coincidente con el arco central de la fachada remata la usual espadaña acentuando la simetría de la vivienda.

Capilla

Anexa a la casa se ubica la capilla con su particular atrio porticado y cuya fachada también responde al ideal simétrico.

Casa de Máquinas

La casa de máquinas fue construida originalmente con un esquema simétrico cuyo punto central es la torre de gran altura, que rememora el campanario de una basílica, levantada sobre la oficina. En sus laterales sendas arcadas de transparencia y ligereza a la sólida construcción que en sus extremos rematan con dos cuerpos con idéntico tratamiento decorativo. Sin embargo, la simetría se desarticula con las otras edificaciones, una de ellas incluso más primitivas, que se fusionaron con la casa de máquinas, lo cual le dio grandes dimensiones a esta edificación, todo esto ocasionado por la gran productividad que Uayalceh alcanzó en el desfibrado del henequén.

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Es notable el contraste del vocabulario de la casa principal y el neoclásico de la casa de máquinas, construido con gran calidad y según la influencia del academicismo de la época porfiriana.

Hacienda de hermosa vista, que cuando vivió su máximo esplendor fue una de las más codiciadas debido a la extensión de sus tierras, a la numerosidad de su ganado y a la suntuosidad de sus edificaciones. Está localizada a 9 kilómetros de Temozón sur, por la carretera que va a Timucuy.

El henequén creó un escenario completamente nuevo que abarcaba el paisaje y los edificios de la hacienda, incluyendo las viviendas de los trabajadores. La casa principal expresaba la presencia del hacendado; la casa de máquinas, concebida muchas veces como un verdadero templo o palacio del trabajo; la iglesia o capilla como parte de la casa principal; las casas de los trabajadores, modernas también, de mampostería y teja ubicaban al peón en el nuevo mundo apropiado por el hacendado, que abarcaba todo el territorio visible.

La Hacienda Uayalceh y el Suicidio Melancólico en el Porfiriato

El objetivo del presente artículo consiste en analizar el suicidio melancólico que se presentó en las fincas yucatecas durante la época del porfiriato. Durante el siglo XIX, la melancolía se relacionaba con la pérdida de la voluntad y del entendimiento. La psiquiatría decimonónica la vinculaba con el temor y la tristeza, y era tratada como un estado de debilidad mental, mientras que la medicina de la época afirmaba que quienes habitaban en climas muy cálidos eran propensos a padecerla. Actualmente, la melancolía surge cuando se rechaza la realidad y se pierde el interés por ella, y por este motivo los sujetos melancólicos se reprochan a sí mismos las condiciones de existencia. La persona melancólica es aquella que se encuentra en un estado de devaluación (Espinosa, 2012).

Las preguntas que se intenta responder en este texto con base en la documentación son dos: 1) en las descripciones sobre la muerte voluntaria ¿se plasmó o no la relación entre la acción perpetrada y la vida que llevaban los occisos? y 2) los peritos judiciales, médicos legistas y reporteros ¿trataron de explicar o no el suicidio en función de la existencia cotidiana de los suicidas?

Se presentará brevemente una síntesis historiográfica sobre el suicidio en México y las condiciones de vida en las fincas yucatecas. El corpus documental del presente estudio consta de doce casos de suicidio de los cuales fueron once hombres y una mujer. Todos fallecieron por autosuspensión en el aire. La información se obtuvo en fuentes periodísticas y en documentos judiciales provenientes del AGEY.

También se pretende analizar si con el paso del tiempo se produjeron cambios en la narrativa de la prensa meridana de carácter sensacionalista, que fueron alimentados con datos y descripciones sobre la muerte voluntaria en el ámbito rural. Al respecto, Martha Redondo señaló que el sensacionalismo periodístico tuvo su origen en la prensa neoyorquina de los años treinta del siglo XIX. Esta autora remarcó que el sensacionalismo periodístico decimonónico consistía particularmente en narrar historias reales de una forma distorsionada, es allí donde la discusión moral de las narrativas aparecía. Este tipo de literatura tenía como objetivo no solamente deleitar a los lectores, sino también transmitir una idea a partir de la información manipulada que divulgaba (Redondo, 2011). Por tanto, los periódicos contaban hechos que efectivamente sí se habían suscitado; sin embargo, la particular forma de describirlos tenía la finalidad de transmitir una idea gestada desde el paradigma de moralidad e ideológico de la clase dominante.

El suicidio es un problema que acontece en cualquier sociedad y que ha sido abordado desde diferentes disciplinas de las ciencias sociales, aunque en este artículo sólo se considerarán estudios realizados a partir de la perspectiva histórica aplicada para el contexto de México. Entre las investigaciones sobre el suicidio se encuentran la de Isais Contreras, quien analizó la muerte voluntaria en Guadalajara durante el porfiriato a partir de actas judiciales y notas periodísticas, y la de Alberto del Castillo, quien hizo lo propio con el suicidio de las mujeres en la Ciudad de México para el mismo periodo con notas periodísticas. Estas investigaciones son de índole cualitativa y tuvieron por finalidad analizar la percepción moral que se tuvo acerca del suicidio (Del Castillo, 2001; Isais, 2005).

De manera general, Canto (2012) abordó la muerte voluntaria en Yucatán durante el porfiriato en su artículo con el objetivo de entender las preconcepciones que se tenían acerca de los suicidas en esa época y elaboró una tipología del suicidio que clasificó en: suicidio melancólico, suicidio por problemas de alcoholismo, suicidio por razones románticas y suicidio vinculado con alguna enfermedad.

Por otra parte, Cristina Sacristán señaló que la melancolía es una conducta de desesperanza motivada por sentimientos de culpabilidad del sujeto derivados de actos cometidos hacía otros miembros de la sociedad, y que suele dar lugar al suicidio (Sacristán, 1991). De hecho, esta autora afirmó que la muerte voluntaria debe analizarse dentro de su contexto (Sacristán, 1994 y 2004). En las investigaciones judiciales que se realizaban durante el porfiriato los médicos legistas y los jueces escudriñaban la conciencia y la memoria de los testigos con preguntas previamente elaboradas para averiguar por qué el occiso había optado por la muerte voluntaria (Garriga, 2004).

La legislación yucateca, de corte liberal, no castigaba a quienes su intento de suicidio se veía frustrado. En cuanto a las leyes del porfiriato, es importante señalar que los documentos judiciales revisados hacían referencia al “artículo 130 del Código Civil”, lo que condujo a los autores de este texto a realizar una búsqueda para discernir qué contenía, y así descubrir que dicho ordenamiento databa de 1870 y que en él quedaba explícito que no se castigaba ni con cárcel ni con reclusión psiquiátrica a los suicidas que no conseguían matarse, además de que no se sancionaba el conato de suicidio. Este artículo servía únicamente para deslindar responsabilidades, ya que quien encontraba al suicida generalmente era considerado sospechoso de homicidio (Colección de Leyes…, 1878 y 1899). También se revisó el Código Penal de Yucatán publicado en 1906, y en ninguno de sus capítulos se establecía que el conato de suicidio fuera un delito ni se recomendaba internamiento psiquiátrico.

Condiciones de Vida y Factores Psicosociales

Existe una amplia historiografía en la que se registran las condiciones de vida de los indígenas no solamente durante la Colonia, sino a lo largo del siglo XIX y principios del XX. En primer lugar, debe señalarse que en este escrito se considera contexto de vida lo que la psicología define como “factores psicosociales”, que son aquellos elementos externos en los que cada individuo se encuentra inmerso, muchos de los cuales no puede resolver por sí mismo, como la crisis en una coyuntura económica. Ante hechos de esta naturaleza, las personas solamente tienen dos opciones, adaptarse o resistir, y, si acontece lo segundo, sienten tristeza y decepción, sentimientos que a la larga dan lugar a una completa insatisfacción que puede o no conducir a un desenlace funesto como el suicidio (Álvarez et al., 2009).

A finales del siglo XVIII los indígenas eran sometidos a tratos inhumanos en las haciendas por causa de la contratación pactada por medio del endeudamiento. Esta situación se legalizó en 1824, por lo que se permitía al peón dejar la finca solamente mediante una “boleta” o “carta cuenta” en la que constara que el jornalero no tenía deuda alguna. En el caso de Yucatán, se justificó el sistema de endeudamiento porque se tenía la creencia de que los suelos carecían de minerales preciosos (García Bernal, 1978: 215). Por otro lado, el despojo de tierras que se produjo durante el siglo XVIII y que se agudizó en el XIX impulsó a los indígenas a buscar un techo entre el caserío del peonaje para tener alimento en las épocas difíciles (Van Young, 1992; Nickel, 1997).

Al interior de las haciendas decimonónicas, la mayoría de los peones eran de origen indígena, habitaban en chozas carentes de todo tipo de comodidad y cubrían sus cuerpos con harapos. La producción de henequén permitió a la élite meridana acumular grandes capitales, lo que dio lugar a que en el campo existieran pocos acaudalados y muchísimos pobres. Los hacendados imponían la ley en las fincas, y todo lo que estuviera dentro de ellas les pertenecía; los peones no eran una excepción (Tannebaum, 2003). Las haciendas contaban con casas de peonaje, capilla, tienda de raya, cuarto de máquinas, calabozos, casa principal, una pequeña “enfermería” y celdas de castigo (González Navarro, 1973). La demanda de henequén tuvo una tendencia positiva en el mercado mundial hasta 1920 (Pérez y Savarino, 2001).

La revisión historiográfica demostró que el sistema de endeudamiento existió durante el siglo XIX y principios del XX y que el sometimiento de los indios mediante las deudas personales generó una “cuasi-esclavitud” y la pérdida de la libertad de los peones frente a los hacendados.

Análisis de Casos de Suicidio

A continuación se analizarán algunos casos de suicidio que se publicaron en periódicos meridanos y otros que se hallaron en el fondo de justicia -actas judiciales del AGEY-. En general, las notas periodísticas destacaban la muerte de los suicidas a través de una narrativa sensacionalista, y en su discurso se sostenía que los indios eran seres nefastos que tenían una moral limitada complementada con un cuerpo físico débil. Las élites mexicanas veían en el indio un obstáculo para el desarrollo de las empresas, y por este motivo las formas de sometimiento y de sujeción que se llevaban a cabo en las zonas rurales quedaban justificadas, ya que se argumentaba que ésta era la única manera de volver a los indios laboriosos y creadores de excedentes para sus empleadores (Alamán, 1942).

El criterio de búsqueda de las fuentes históricas consistió en hallar una vinculación entre los suicidios registrados en algunas haciendas yucatecas y la melancolía. En los doce casos las personas murieron ahorcadas, una dentro de la cárcel de una finca y las demás mientras huían de la hacienda donde laboraban. El discurso periodístico en los casos analizados enfatiza que había una relación intrínseca entre las condiciones de vida, los factores psicosociales y el suicidio.

Ejemplos de Casos

  • Saturnina Puc: Se colgó de un guayabo de la hacienda Kankirixché de Acanceh. El periódico El Eco del Comercio publicó una nota el 24 de agosto de 1880 en la que no apareció calificativo alguno que denotara desaprobación, salvo desconcierto sobre el por qué abandonó a su hijo de tres meses y a su esposo.
  • Anónimo en Dizkal: En el camino de la finca Dizkal cercana al barrio de San Cristóbal, en Mérida, un varón se ahorcó con un pedazo de soga. Fue catalogado como un “desgraciado que al pie del árbol abandonó la vida, porque se le había tornado demasiado dura, llevaba su sombrero de paja y su modesto equipaje”.
  • Jornalero de Chumoxil: El 15 de julio de 1882, El Eco del Comercio publicó una nota relatando que un jornalero de la hacienda Chumoxil se colgó de las ramas de un árbol.

Estas notas son breves y ofrecen algunos datos entre los que destacan la soledad y el aislamiento. En la mayoría de las narraciones periodísticas se encuentra la palabra “desgraciado”, por lo que se considera importante saber qué significaba este término en el contexto decimonónico. El diccionario de la Real Academia Española señala que “desgraciada” es aquella persona cuya vida no luce atractiva porque carece de dicha o de suerte, por lo que su situación resulta lamentable (Real Academia Española, 2006). A lo anterior puede agregarse lo mencionado por Erasmo María Caro, autor que trató la ideología pesimista estudiada por los filósofos Schopenhauer y Hartmann.

Desde el análisis filosófico decimonónico de la corriente alemana pesimista, Caro indicó que el axioma de la vida humana consistía en aceptar la vida junto con el sufrimiento, por lo que la voluntad de rebelarse a la vida, a pesar de su desafortunado semblante, se tomaba como una desgracia.

El Eco del Comercio describió otra acción de muerte voluntaria el 9 de septiembre de 1882, y en su nota el reportero pedía a la autoridad que tomara medidas para evitar que la gente se suicidara. Hasta 1882 se registraron cuatro casos de muerte voluntaria: tres ocurridos en 1880 y uno en 1882. Hasta este punto las notas periodísticas sugieren de forma implícita que los suicidas parecían estar huyendo de las haciendas. En tres de los casos se confirmó que eran peones, y fueron catalogados como “desgraciados” para enfatizar “lástima”. Las percepciones de melancolía resultan implícitas y se deducen a partir del discurso un tanto ambiguo de los redactores.

Documentos Judiciales

Los documentos judiciales generados por las instancias estatales yucatecas tienen una naturaleza muy diferente al de las notas periodísticas porque sólo interesaban a las partes que intervenían en los procesos: testigos, demandantes y jueces. En los testimonios judiciales se observa que los jueces tenían interés por indagar cuáles eran las condiciones de vida de cada suicida ya que esto les resultaba útil para establecer la causa del suicidio en cada caso. En este sentido, en las preguntas de los jueces se puede detectar que había preocupaciones de índole moral, porque intentaban penetrar en la vida de los suicidas a partir del testimonio de los amigos cercanos y familiares con el objetivo de hallar una explicación que llevara a entender por qué se habían matado (García Quintanilla, 1990: 156).

Al respecto, Joseph y Wells señalan que fuentes históricas de este tipo muestran una compleja relación entre las autoridades y los involucrados debido a que las acciones judiciales tenían como objetivo descubrir la verdad y, en este sentido, los testimonios de familiares y amigos del suicida permitían “desentrañar” las emociones de los occisos (Joseph y Wells, 1990).

Casos en Documentos Judiciales

  • Pablo Chí (Hacienda Uayalceh, 1887): Jornalero encontrado sin vida en una celda por haber tratado de escapar. Los testigos mencionaron que el suicida no tenía ninguna enfermedad mental salvo su deseo de huir de la hacienda “porque ya no soportaba la vida allí”.
  • Juan de la Cruz Chim (Kopomá, 1890): Encontrado colgado en la celda de la “cárcel” de Kopomá. Había sido reportado como fugado de la hacienda Kakinixche.

Uayalceh y la Industria Henequenera

La hacienda Uayalceh es una de las pocas plantas desfibradoras de henequén que se mantiene funcionando hasta el presente debido a que, en 1983 el Banco de Crédito Rural Peninsular compró la planta desfibradora y opera con todas las familias que habitan el lugar.

A mediados de 1940, cuando se inventaron los hilos sintéticos, la industria del henequén cayó abruptamente y con ello, el esplendor de las haciendas.

Problemática Actual: La Cooperativa y Kekén

A principios de los años 90, los fundadores de Kekén convencieron a los vecinos de la comunidad maya de Uayalceh, en Yucatán, de formar una cooperativa para impulsar una mega granja de cerdos en sociedad.

En 1992, los dueños de la empresa Kekén propusieron a los vecinos ser socios en una multiplicadora de cerdos. El acuerdo era que los vecinos engordaban los cerdos que la empresa les traía y luego la misma Kekén se ocupaba de venderlos como carne. Para ello, los vecinos se endeudaron por más de 1.2 millones de pesos para la construcción de cuatro naves con financiamiento del FONAES y el FIRA.

La deuda siempre estuvo a nombre de los vecinos, lo que permitió a Kekén poner a funcionar la granja con sus 6,500 cerdos en engorde. Los vecinos denuncian que Kekén también se transformó en un proveedor prácticamente exclusivo de la cooperativa, vendiéndoles los productos que tenían que usar para el engorde de los cerdos a precios inflados.

Desde 2017, Kekén nunca notificó de manera formal el despido de algunos de los socios y no cumplió con el pago de sueldo correspondiente. Además, la empresa no renovó el contrato de uso de la tierra con el ejido, pero continúa operando en la zona.

Tabla Resumen de la Hacienda Uayalceh

Aspecto Descripción
Ubicación Municipio de Abalá, Yucatán
Orígenes Comunidad indígena de Timucuy
Nombre Original Nuestra Señora de la Asunción Uayalceh
Adquisición Íñigo de Mendoza (1652-53), Alonso Peón (siglo XVIII)
Arquitectura Casa principal, capilla, casa de máquinas (estilos colonial y porfiriato)
Actividades Económicas Ganadería, producción de henequén
Problemática Actual Cooperativa con Kekén, denuncias de irregularidades y contaminación

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