Una cerveza, una copa de vino, un mezcal y un aguardiente no ocupan el mismo lugar en la cultura mexicana. Tampoco cuestan lo mismo, ni se producen de la misma manera, ni tienen el mismo peso en el mercado. Pero cuando llegan al cuerpo comparten una misma sustancia: etanol. Esa diferencia entre lo que una bebida representa y lo que una bebida contiene está en el centro de una discusión fiscal que podría cambiar la manera en que México cobra impuestos al alcohol.
El debate parte de una pregunta sencilla: si el impacto del alcohol depende de la cantidad de etanol que se consume, ¿por qué el IEPS se calcula sobre el precio de la botella? Hoy, una bebida artesanal o de mayor valor puede pagar más impuestos que una opción industrial de menor precio, aunque ambas tengan una cantidad comparable de alcohol puro. El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) es un impuesto indirecto que se aplica a la producción, venta o importación de bienes y servicios específicos. En el caso de las bebidas alcohólicas, el IEPS se aplica porque el consumo de alcohol puede generar costos sanitarios, sociales y económicos.
El mercado de bebidas alcohólicas en México
En México, la categoría que domina el volumen no es el mezcal, ni el tequila, ni el vino. Es la cerveza. De acuerdo con los datos presentados por Moderniza IEPS, la cerveza concentra 93.9% del volumen del mercado de bebidas alcohólicas; los premezclados o RTD representan 2.4%; los destilados, 2.6%, y los vinos, 1.1%. Dentro de la cerveza, la concentración es todavía más marcada: la producción industrial representa 98.9% del mercado cervecero, mientras la cerveza artesanal apenas alcanza 1.1%.
La lectura cambia cuando se entra al mundo de los destilados. Los aguardientes concentran 27.3% del volumen; el tequila, 25.1%; el whisky, 11.1%; el ron, 9.9%; y el mezcal solo 1.7%. El dato coloca al mezcal en una posición paradójica: es una de las bebidas más asociadas a la identidad gastronómica mexicana, pero su presencia en el consumo interno sigue siendo mínima frente a productos industriales y de bajo precio.
Tabla: Composición del mercado de destilados en México
- Aguardiente: 27.3% del volumen
- Tequila: 25.1% del volumen
- Whisky: 11.1% del volumen
- Ron: 9.9% del volumen
- Mezcal: 1.7% del volumen
El esquema actual: IEPS Ad Valorem frente al Ad Quantum
Hoy, las bebidas alcohólicas pagan IEPS con tasas diferenciadas según su graduación: 26.5% para bebidas de hasta 14° GL; 30% para más de 14° y hasta 20° GL; y 53% para bebidas de más de 20° GL. En términos fiscales, esto se conoce como un esquema ad valorem: se cobra una proporción del precio. El problema es que, aunque la graduación define la tasa aplicable, el impuesto final depende del precio. Por eso, una bebida artesanal, con altos costos de producción y menor escala, puede terminar con una carga fiscal más pesada que una bebida industrial de bajo precio y alta graduación.
Lea también: Guía ISR sector ganadero y pesquero
La modernización planteada propone transitar hacia un esquema ad quantum o específico, donde el impuesto se calcularía con base en una unidad medible: el contenido alcohólico. El argumento central es que el impuesto debería estar alineado con la lógica sanitaria: si el riesgo del consumo nocivo depende del alcohol puro que llega al cuerpo, el cálculo fiscal tendría que mirar esa misma unidad. No la marca, no el empaque, no el prestigio de la categoría, sino el contenido de etanol.
La informalidad y el reto fiscal
La discusión fiscal no se entiende sin el mercado informal. El tamaño del problema es considerable: México ocupa el primer lugar de América y el octavo del mundo en tamaño de mercado ilegal. La ilegalidad se estima en 55.7 mil millones de pesos, con una pérdida anual por IEPS no recaudado de 19.5 mil millones de pesos para 2023. El modelo ad quantum podría ayudar a reducir ciertos incentivos de evasión porque el cálculo fiscal dependería menos del valor declarado y más del contenido medible de alcohol.
Si la autoridad puede verificar volumen producido, importado o comercializado, así como graduación alcohólica, la fiscalización podría volverse más técnica y menos dependiente de precios de factura. Sin embargo, el impuesto no debe diseñarse de manera aislada. Si la carga fiscal sube demasiado para ciertos segmentos, podría aumentar el incentivo a comprar alcohol informal.
Lea también: La Fiscal de Hierro: Capítulo 72 resumido
Lea también: El Fiscal de Hierro
