Descubre Cómo los Movimientos Políticos en Praga Transformaron la Historia desde el Comunismo hasta la Primavera Reformistapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La historia de Checoslovaquia estuvo marcada por dos eventos cruciales en Praga: el “Golpe de Praga” de 1948, que consolidó el poder comunista, y la “Primavera de Praga” de 1968, un intento de liberalización política. Estos acontecimientos definieron gran parte de su trayectoria en el siglo XX bajo la influencia soviética.

El Golpe de Praga de 1948: La Consolidación del Poder Comunista

Se conoce como “Golpe de Praga” a la toma del poder de Checoslovaquia por el Partido Comunista de Checoslovaquia (KSC por sus siglas en eslovaco), el 25 de febrero de 1948. Durante la Segunda Guerra Mundial, la invasión de la Alemania nazi había hecho desaparecer a Checoslovaquia como país. Después de la guerra, Checoslovaquia manejaba sus relaciones internacionales con el apoyo y en alianza con la URSS.

Contexto Político Post-Guerra

En ese contexto, las fuerzas políticas checoslovacas más importantes conformaron una coalición llamada Frente Nacional, a través de la cual trabajaron para reconstituir la soberanía del país. Desde 1945, el Frente Nacional gobernó Checoslovaquia con Eduard Benes como presidente. Durante tres años, Benes buscó mantener la autonomía de Checoslovaquia y procurar que la Unión Soviética no interviniera directamente en los asuntos del país. En las elecciones de 1946, el KSC había obtenido un 38 % de los votos dentro del Frente Nacional. El presidente Eduard Benes nombró a Klementt Gottwald (el líder del KSC) como primer ministro y otros miembros del KSC obtuvieron puestos dentro del aparato de gobierno.

Ascenso de las Tensiones

Sin embargo en los años siguientes, comenzó a aparecer un descontento popular con el accionar de la policía y las políticas implementadas desde las áreas de gobierno controladas por el KSC (especialmente en las áreas de agricultura e industria). Por otro lado, durante esos años se agudizaron las tensiones internacionales que dieron origen a la Guerra Fría. Con el apoyó de Stalin, el líder del KSC, Klement Gottwald, declaró el 24 de febrero una huelga general.

Consecuencias del Golpe

Al día siguiente, Benes tuvo que aceptar la constitución de un nuevo gobierno dominado por los comunistas. Luego del golpe, el principal líder comunista checoslovaco, Klement Gottwald, tomó el poder y se ocupó de perseguir a la oposición. Unos días más tarde, uno de los líderes nacionalistas no comunistas más importantes, Jan Masaryk, falleció al caer desde una ventana. Benes abandonó la presidencia en mayo y en junio de 1948 los liberales fueron expulsados del gobierno. Checoslovaquia se convirtió en una "democracia popular". Se proclamó una nueva constitución y el KSC logró monopolizar el poder. Durante años, se mantuvo el discurso de que se trataba de un gobierno pluripartidario en manos del Frente Nacional. Además, se eliminaron muchas de las libertades elementales de la población civil, como la libertad de expresión y la libertad religiosa, y se censuró a la prensa. Durante las siguientes décadas, el gobierno checoslovaco quedó bajo la influencia directa del gobierno de la Unión Soviética.

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La Primavera de Praga de 1968: Un Intento de Liberalización

La Primavera de Praga de 1968 fue un momento crucial en la historia de Checoslovaquia y del mundo. En 1968, durante el periodo conocido como "Primavera de Praga" se intentaron establecer ciertas reformas políticas y económicas para recuperar la autonomía y algunas libertades civiles. Este periodo de liberalización política y protesta masiva marcó un intento valiente de reformar el sistema comunista y otorgar mayores libertades a los ciudadanos.

Contexto y Desestalinización

Tras la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países de la Europa del este quedaron bajo la influencia de la Unión Soviética. A finales de los años 50, se comenzó un proceso de desestalinización, que intentaba borrar las acciones represivas que Stalin había protagonizado. El país había tenido un lento proceso de desestalinización bajo la presidencia de Antonín Novotný. El presidente checoslovaco, Antonin Novotný, con el apoyo del soviético, Nikita Jrushchov, promulgó una nueva constitución. Cambió el nombre del país, que pasó a ser República Socialista Checoslovaca y dio inicio a una tímida rehabilitación de las víctimas del stalinismo. Aún así, esa tímida apertura permitió que aparecieran los primeros grupos disidentes, aunque siempre dentro del sistema socialista. A pesar de esa lentitud, comenzaron a aparecer algunos movimientos que pedían una mayor liberalización. Entre estos, destacó un sector de la Unión de Escritores de Checoslovaquia. Novotny reaccionó de manera violenta contra estos atisbos de disidencia. A partir de ese momento, a mediados de 1967, Novotny fue perdiendo cada vez más apoyos. En enero de 1968, Antonin Novotny, principal dirigente checo desde 1953 y con orientación estalinista, presentó su dimisión tras perder la confianza de los líderes soviéticos, quienes buscaban un sucesor que garantizara lealtad al bloque.

El Liderazgo de Alexander Dubček y las Reformas

Su sustituto como Secretario General del Partido fue el propio Dubček, que comenzó su mandato el 5 de enero de 1968. El nuevo candidato, Alexander Dubček, se perfilaba como el comunista ideal cuyo historial político reflejaba una identificación constante entre los intereses de Checoslovaquia y los de la Unión Soviética, consolidándose, así como un aliado fiable para Moscú. Bajo el liderazgo de Alexander Dubček, el país experimentó un breve pero significativo respiro de las estrictas políticas soviéticas, buscando un "socialismo con rostro humano".

Características del Movimiento Reformador

  • Las reformas que Dubček empezó a propugnar alcanzaron varios ámbitos diferentes.
  • Igualmente, acabó con la censura a la que estaban sometidos los medios de comunicación. La eliminación formal de la censura fue un paso significativo.
  • Ya en abril de ese año, el Comité Central del Partido Comunista dio luz verde al llamado “Programa de Acción”, un intento de establecer lo que Dubček llamaba “socialismo de rostro humano”.
  • La economía checoslovaca se había visto afectada por la falta de resultados de los planes quinquenales que establecía el gobierno. Cuando Dubček estableció su plan de reformas, no pretendía romper totalmente con la economía socialista, pero sí liberalizarla un poco.
  • Los reformistas de Dubček buscaron modernizar y democratizar el régimen comunista con el “socialismo con rostro humano”, sin desafiar a la URSS.
  • Liberaron disidentes, permitieron viajes al extranjero, legalizaron partidos y sindicatos, promovieron libertad de prensa y derecho a huelga, e impulsaron la economía manteniendo el control estatal.
  • A diferencia de la revolución húngara de 1956, en Praga el socialismo no se cuestionaba y seguía siendo intocable, simplemente se criticaba el mal gobierno estalinista.
  • Una corriente liderada sobre todo por muchos intelectuales se consolidó para denunciar que el estalinismo no podía aplicarse en el país, por lo que era necesario debatir nuevas vías de desarrollo.
  • El jurista Zdenek Mlynar, uno de los reformadores de la Primavera de Praga, proponía «un Parlamento que funcione con una oposición. La rehabilitación de la opinión pública. Una neutralidad activa. Un Estado independiente con una estructura federal».
  • Aunque muchas veces se ignora este aspecto, Dubček fue el primer eslovaco en alcanzar el poder en el país. Los eslovacos reclamaban una cierta autonomía, así como un reconocimiento de sus particularidades. Dubček, consciente de esto, intentó obtener el apoyo de los dos líderes comunistas más alejados de Moscú, Tito en Yugoslavia y Ceaucescu, en Rumanía.

Reacción Internacional y la Invasión

Sin embargo, la Unión Soviética y otros países miembros del Pacto de Varsovia, vieron con preocupación estos cambios. Los soviéticos, mientras tanto, buscaban la manera de que el Partido Comunista Checo no se dividiera entre los ortodoxos y los reformistas. Se llevaron a cabo negociaciones, pero no llegaron a buen puerto. El Pacto de Varsovia se movilizó y realizó unas maniobras militares que sirvieron de aviso. El 18 de julio, se enviaron mensajes nítidos a Praga para que no siguieran por ese camino mediante lo que se conoció como Carta de los Cinco «partidos hermanos» reunidos en Varsovia, empezando por el PCUS y siguiendo por los alemanes de la RDA, polacos, búlgaros y húngaros. Al día siguiente hubo respuesta a la Carta por el Comité Central del PCCh y pronto respaldada por la opinión pública. El 78% de la población aprobaba la vía reformista; solo el 7% estaba en contra.

El 29 de julio tuvo lugar una tensa reunión con Dubcek y Breznev, máximos dirigentes de Checoslovaquia y la URSS, a la cabeza, sin llegar a un acuerdo. Se propuso convocar otra reunión en Bratislava, el 6 de agosto, con presencia del resto de los firmantes de la Carta, la Conferencia de los Seis. Los soviéticos lo tenían claro y Hungría 56 era un ejemplo que seguir. Necesitaban, discretamente, consolidar un grupo de leales en el interior de la dirección del PCCh, y a la par, preparar a las fuerzas militares para su más que posible intervención.

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Ante la falta de respuesta a sus demandas, Moscú inició la operación Danubio. Leonid Brezhnev convocó a los países del Pacto de Varsovia y ordenó la invasión de Checoslovaquia para acabar con la Primavera de Praga. Las tropas del Pacto de Varsovia penetraron en Checoslovaquia el 20 de agosto de 1968, ocupando Praga y deteniendo a Dubček junto con otros dirigentes reformistas. El líder soviético justificó esta acción alegando el derecho a intervenir en un país socialista cuyas reformas pudieran afectar al bloque, mediante la Doctrina Brézhnev. Sin embargo, la población respondió con una intensa movilización pacífica. En pocas horas los soldados rusos ocuparon el edificio, el Presidium aprobó por ligera mayoría, una resolución en que declaraban la invasión «contraria a todos los principios de las relaciones entre los países socialistas y a las normas básicas del derecho internacional», recomendando a los ciudadanos, «que conserven la calma y que no se resistan al avance de las fuerzas armadas». El 22 de agosto, en una fábrica del distrito obrero de Vysocanny, se reunieron de forma clandestina, los delegados del XIV Congreso del PCCh, por lo menos dos tercios de ellos. Tras la respuesta unánime del país ante las tropas aliadas, el Congreso desaprobó sus acciones y eligió a Dubček como líder de una nueva dirección reformista. Así, se restableció la alianza entre el Partido Comunista y la sociedad checoslovaca, base política de la Primavera de Praga.

El Fin de las Reformas

A pesar de controlar sin demasiados problemas el país mediante los soldados enviados, los soviéticos no consiguieron acabar con las demandas de mayor libertad. Ante la situación, la Unión Soviética se vio obligada a ralentizar sus planes. Moscú apostó, antes de regar de sangre las calles de Praga, por una vieja estrategia: divide y vencerás, intentando provocar la desunión de los dirigentes del PCCh. Encontrando a «su hombre», el eslovaco Gustav Husak. Ya en Moscú, encabezó al sector que fue imponiendo la cesión al dictado de Breznev. A pesar de las intenciones de Dubček y su equipo de reformadores, la tutela soviética quedaría ratificada tras invalidarse el XIV Congreso por iniciativa de Husak. El 26 de agosto aceptarían el protocolo de rendición. En Diez años después, Jiri Hayek, entonces ministro de Asuntos Exteriores, proporcionó una explicación: «si finalmente se decidieron a suscribir el documento conocido como “protocolo de Moscú” fue para salvar así a la República y a sus pueblos de una catástrofe histórica considerable. Comunistas convencidos, amigos sinceros de la URSS, juzgaban una terrible tragedia el hecho de que semejante catástrofe pudiera surgir de sus diferencias con la URSS por un malentendido en el cual estimaban tener razón».

Dubček había sido arrestado la misma noche de la invasión, pero no fue depuesto de manera inmediata. Comenzaba un proceso escalonado de anulación de todas las reformas y de regreso a las formas tradicionales de represión características del post estalinismo. A finales de agosto, el Comité Central del PCCh aprobó el protocolo de Moscú e invalidó el XIV Congreso, aunque incorporó a ochenta de sus miembros. Según Dubček, en sus memorias, esperaban frenar la purga encubierta con acciones moderadas. Otros cambiaron de bando por influencia de la embajada soviética. En enero de 1969, la reforma era agua pasada. El suicidio a lo bonzo el 16 de enero del estudiante Jan Palach era un reflejo de la desilusión ciudadana. A finales de marzo, durante la celebración popular por la victoria sobre el equipo ruso en hockey sobre hielo, se produjeron unos disturbios que fueron aprovechados por el mariscal ruso Gretchko para ordenar implantar la censura y «descabezar la contrarrevolución».

Unos meses después, en abril de 1969, los soviéticos provocaron la destitución del político eslovaco y su sustitución por Gustav Husak, más cercano a sus intereses. El 17 de abril de 1969, el Presidium, por práctica unanimidad sustituyó a Dubček por Gustav Husak al frente del PCCh que ocuparía también la presidencia de la República hasta 1987. Con el nuevo dirigente todas las reformas fueron anuladas. La economía volvió a ser centralizada y se volvió a establecer la censura, eliminándose la libertad de asociación y prensa. Quienes apoyaron la línea prosoviética obtuvieron puestos en la administración checa, mientras que los reformistas se enfrentaron a la depuración, prisión o exilio. Dubček fue expulsado del Partido y vivió veinte años vigilado en Bratislava como mecánico forestal.

Legado de la Primavera de Praga

La Primavera de Praga tuvo una serie de consecuencias en otros países que llevaron a un cambio en la visión que la izquierda tenía sobre la Unión Soviética. En Occidente, muchos partidos comunistas empezaron a marcar una mayor distancia con los soviéticos. Por último, en Checoslovaquia permaneció el poso creado por esos meses de reformas. Parte de los que protagonizaron la Primavera de Praga, serían fundamentales en la caída del régimen en los años 80. Tuvieron que esperar a finales de 1989 para ver cumplido su sueño. Muchos de ellos vieron como Vaclav Havel se convertiría en el principal protagonista de la transición. Seria presidente de la República elegido democráticamente y Dubček el de la Asamblea Nacional.

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