Descubre las Fascinantes Características de una Hacienda Colonial Mexicana que te Sorprenderánpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Las haciendas coloniales mexicanas surgieron en el siglo XVI después de la conquista española en 1521. Estas propiedades agrícolas y ganaderas, originadas a partir de las “encomiendas”, reflejan una fusión cultural única entre Europa e indígenas. En el siglo XVII, estas haciendas se consolidaron y establecieron el concepto de “hacienda clásica”.

Durante los primeros años de la época colonial, las ahora famosas haciendas, eran estancias asignadas a los encomenderos españoles. Estas estancias fueron creciendo en extensión y número, y se situaron en regiones cada vez más apartadas de las poblaciones importantes; pero su actividad primordial era la producción de ganado.

En su momento de mayor esplendor, la hacienda contaba con 11 mil hectáreas, posicionándose como una de las más grandes de Yucatán. En maya significa “lugar de los álamos verdes” fue fundada en el siglo XVII, a poco más de 30 kilómetros de Mérida, en el municipio de Umán, la hacienda Yaxcopoil es de las haciendas más emblemáticas por su conservación, tamaño y ubicación justo en el centro del mundo maya. La casa principal está compuesta de amplios salones, rodeada de numerosos y extensos jardines con una vegetación inigualable.

Fundada en 1683, ubicada a unos 15 minutos de Mérida, inició como una hacienda agrícola y ganadera. En Teya se puede sentir la esencia del pasado que se respiran en sus instalaciones. Restaurada por Jorge Cárdenas Gutiérrez, emergió de las ruinas y volvió a la vida como uno de los recintos más espectaculares de la región.

Ubicada al Noroeste de Mérida, conserva espaciosos interiores y una monumental arquería con un aire señorial sinigual. Su nombre viene de la lengua maya “Pozo de Dios” o “Pozo Sagrado”, y sus primeros registros datan de 1710, donde fue descrita como sitio poblado de ganado y colmenas, ahora es un recinto muy popular para llevar a cabo eventos de todo tipo. Convertida en la actualidad en uno de los hoteles más exclusivos de Yucatán, inicia su historia en el siglo XVIII.

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Levantada sobre las ruinas de asentamientos mayas precolombinos, los edificios tienen un diseño ecléctico mezclando su arquitectura original colonial con su restauración a principios del siglo XX. La palabra Xcanatún viene de la lengua maya y significa piedra alta o piedra en alto.

En Jalisco, por ejemplo, existen 420 haciendas, de las cuales solo el 30% ha sido rehabilitado. Aunque muchas haciendas han experimentado cambios y deterioro con el tiempo, algunas han sido restauradas y preservadas como parte del patrimonio cultural de México. Algunas adoptaron tecnologías y métodos de cultivo modernos, especializándose en productos de exportación como la caña de azúcar y el pulque. Estas haciendas coloniales dejaron una huella distintiva en la arquitectura mexicana, fusionando culturas y estilos para crear un diseño único.

Durante el transcurso del siglo XIX, una gran cantidad de las haciendas coloniales del país cayó en desuso. Sin embargo, en años recientes algunos arquitectos han apostado por su renovación. Muchos de estos inmuebles han sido intervenidos y renovados para crear espacios que sirvan como hoteles, restaurantes, centros culturales y residencias de gran lujo.

Características Arquitectónicas de las Haciendas Coloniales

La casa colonial típica se construía hacia adentro, con fachadas simples y rodeadas por jardines. Las habitaciones se hacían alrededor del patio central interior, frecuentemente rodeado por columnas y vigas. Los materiales más utilizados en el interior y exterior fueron madera, piedra y ladrillo, los cuales se mantienen en las propiedades renovadas.

Los muros se acostumbraba hacerlos gruesos y pesados. La arquitectura de estas casas privilegiaban la iluminación y ventilación cruzada, de manera que en la actualidad crean un ambiente que no necesita la instalación de sistemas de aire acondicionado. La gran sala con techos altos y puertas francesas dan al pintoresco paisaje.

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El Habitus del Hacendado

El artículo tiene como objetivo reconstruir las formas de obrar, pensar y de sentir de los hacendados asociados a su posición social, es decir, su habitus. Se trata de explicar qué distinguió a los hacendados del resto de los actores sociales y cómo fueron vistos o percibidos por los otros. Básicamente el artículo se centra en la parte final del siglo XIX y primeras décadas del XX, sus fuentes son libros de correspondencia de las haciendas y materiales literarios, por lo que predomina la visión de los hacendados acerca de cómo se percibieron a sí mismos.

Por habitus, Pierre Bourdieu entiende el conjunto de esquemas generativos a partir de los cuales los sujetos perciben el mundo y actúan en él. Estos esquemas generativos están socialmente estructurados, han sido conformados a lo largo de la historia de cada sujeto y suponen la interiorización de la estructura social, del campo concreto de relaciones sociales en el que el agente social se conformó como tal. Pero al mismo tiempo son las estructuras a partir de las cuales se producen los pensamientos, percepciones y acciones del agente.

Cabe hacer notar que un problema que resalta al estudiar la manera de pensar, obrar y de sentir de los hacendados es el relativo a las fuentes. No son numerosas las memorias o escritos de hacendados, así como los libros de correspondencia de las haciendas que se conserva; sin embargo, nos ofrecen la posibilidad de conocer la manera de pensar y actuar del hacendado; otras fuentes, como la literatura y el cine, nos dan la oportunidad de conocer cómo eran percibidos o vistos los hacendados, pero la visión del trabajo sobre el hacendado se desconoce, por lo que se presenta sólo una dimensión del habitus del hacendado y no la totalidad de lo acontecido.

La Hacienda y sus Dueños

Si bien el término "hacienda" fue usado por los españoles poco después de su llegada para aludir a la acumulación de tierras y bienes que poseía una persona, evidentemente no coincide con lo que se entendió después con ese nombre. Lo que definió como hacienda a una propiedad agrícola fue el sistema de producción que se llevó a cabo en ella, que tenía que ver con el número de trabajadores, su jerarquía y especialización, la finalidad de la producción y sus encadenamientos con el mercado local o regional, es decir, la compleja organización del trabajo con que contaba una unidad productiva.

Pero además de ser una unidad económica, la hacienda fue una institución social jerárquica. Si bien existieron diversos propietarios de haciendas durante los siglos XVI y hasta la primera mitad del siglo XIX, la gran mayoría de ellos se definieron como labradores, pese a que sus propiedades eran unidades productivas y sociales que reunían las características antes mencionadas.

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A fines del siglo XIX algunos hacendados de Yucatán, pertenecientes a la casta divina, tuvieron esa misma característica: señorearon en sus dominios. Actitudes específicas y diferentes comportamientos contribuyeron a diferenciar a los hacendados, por lo que podemos establecer diversos tipos: los que obtuvieron títulos por sus hazañas; los que se relacionaron a gran escala con diversos sectores de la economía (minas, agricultura, comercio) y que debido a ello obtuvieron títulos de nobleza, como el marqués de Jaral del Berrio durante el siglo XVIII, con intereses fuera de sus provincias y que residieron en la capital del virreinato; una categoría intermedia, de una estrategia económica aún insuficientemente definida, y que experimentó dificultades pasajeras; y por último, los hacendados de menor envergadura y de estatura local, que si bien llevaron un estilo de vida señorial, no obtuvieron la estabilidad de su patrimonio y éste con frecuencia estuvo altamente hipotecado, además de que por regulaciones jurídicas como la consolidación de vales de 1804, se vieron afectados considerablemente.

La Jerarquía Laboral

La jerarquía laboral estaba integrada por diferentes grupos de trabajadores que se distinguían por su función en el trabajo, las raciones recibidas, el ingreso, las prestaciones otorgadas, etcétera. Mientras más alto era el rango de una ocupación, más elevado era el ingreso, mayores eran las prestaciones, como por ejemplo los créditos, las concesiones de tierra, etcétera. Con base en estos elementos, a grandes rasgos se pueden destacar cinco categorías de trabajadores en una escala descendente.

  1. El grupo de los "meseros"; se les llamaba así porque recibían su pago cada mes, complementado con una ración semanaria de semilla y una cantidad de dinero en efectivo.
  2. El grupo de los peones o acasillados; eran la mano de obra más numerosa que vivía en la hacienda.
  3. El grupo de los semaneros, quienes generalmente vivían en los pueblos de los alrededores de las haciendas, y trabajaban en ellas por un periodo determinado para la siembra o la cosecha.
  4. El grupo de los arrendatarios o aparceros, quienes podían alquilar tierras de cultivo o de pastoreo, pequeñas o grandes, dependiendo de sus recursos y de la disponibilidad de tierra de la hacienda.

La Hacienda como Estructura Social y Económica

El casco de la hacienda era un espacio donde, además de trabajar y vivir, sus habitantes realizaban la mayoría de las actividades propias de la convivencia, el descanso y las diversiones; esto es, todo aquello que el tiempo de ocio les permitía hacer; por supuesto a unos mucho más que a otros.

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