Descubre las Impactantes Características, Señales y Consecuencias de la Violencia Sexual que No Puedes Ignorarpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La violencia sexual excede los límites del ámbito privado y constituye un problema político y de salud pública de especial gravedad, como una de las manifestaciones de la violencia machista con mayores zonas de impunidad, ocultamiento y revictimización. Así lo reconoce la propia Organización Mundial de la Salud (OMS).

Concepto de Abuso Sexual y Violación

El concepto de “abuso sexual” es una tipificación del código penal, que alude a un delito con características establecidas en este. No obstante, en el ámbito clínico, abordar el abuso sexual implica adentrarse en una serie de conductas que transgreden la esfera de la sexualidad, superando la delimitación establecida en el código penal.

El abuso sexual corresponde a “todo acto de connotación sexual, que implique contacto directo o indirecto, por parte de un adulto u otro que presenta asimetría en su desarrollo, respecto de quién será la víctima. Dicho acto estaría al servicio de satisfacer únicamente las necesidades del primero, donde el segundo, en virtud de sus características tanto de desarrollo como de otra índole, no se encuentra en condiciones de comprender y por lo tanto de consentir dicha interacción. A fin de lograrse este cometido, el agresor llevará a cabo una serie de estrategias tales como la instalación del secreto, seducción, engaño, amenazas, empleo de fuerza física, entre otras.

La diferencia entre abuso sexual y violación es dada por la tipología legal. Es decir, son dos tipos de delitos diferentes, por lo cual, presentan penas diferentes. Cuando hablamos de abuso sexual en términos legales nos referimos a: “una acción sexual distinta del acceso carnal”, mientras que, violación: “acceso carnal, por vía vaginal, anal o bucal”.

Existen 3 componentes claves del abuso sexual:

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  • Diferencia (abusivo): Existe una diferencia entre quién será el agresor y su víctima, la cual puede estar dada por diversos factores, por ejemplo, edad, poder y nivel de desarrollo (consentimiento), coacción, confianza.
  • Acciones (sexuales): Existe un componente que guarda relación con el tipo de interacción que estará en juego, en este caso debe ser de carácter sexual, como por ejemplo: penetración vaginal, oral, anal, penetración digital o con objetos, acariciamiento zonas genitales, entre otras.
  • Vínculo (relación): Finalmente, este componente implica que dicha conducta de carácter sexual se dará entre personas, por lo cual, el tercer componente que presenta el abuso sexual será su carácter vincular. Dependiendo de qué vínculo presente el agresor con quien será la víctima, se da origen a diferentes fenomenologías existentes.

Características Físicas y Señales de Abuso Sexual

Es posible que un abuso sexual no sea aparente sin un examen de la zona genital. El sangrado vaginal en una niña antes del comienzo de la menstruación es algo anormal, al igual que otros síntomas vaginales o genitales como llagas, verrugas, dolor o una secreción inusual. El sangrado vaginal anormal puede estar causado por maltrato físico o abuso sexual que lesiona las zonas abdominal o vaginal.

No se suelen presentar habitualmente manifestaciones físicas inequívocas (debido al tipo de conductas sexuales realizadas: caricias, masturbaciones, etc.). Pero, si se detectan signos físicos en el cuerpo del menor (como moretones) junto con problemas emocionales y de comportamiento, tenemos un indicador más claro del abuso.

Las características de una persona abusada sexualmente, en la medida que es cometido hacia una persona, presentan expresiones que vienen desde la subjetividad de esa persona. Es decir, no podemos hablar de un perfil de personas abusada, en tanto todas las personas somos diferentes. En este sentido, el daño es subjetivo, variando dramáticamente de una persona a otra dependiendo de múltiples factores, como, por ejemplo, la historia de vida que haya tenido previamente y las características que la transgresión haya presentado.

Impacto y Consecuencias Psicológicas

El impacto de la violencia sexual sobre quien la sufre depende en gran medida del tipo de violencia y sus circunstancias. El abuso sexual es considerado como una de las experiencias traumáticas más desgarradoras para el ser humano, ya que deja a su paso secuelas que impactan en diversos niveles la vida de una persona. Estas repercusiones se manifiestan tanto a nivel físico, evidenciando daños causados directamente por el trauma o incluso infecciones de transmisión sexual (ITS), como a nivel emocional, vincular y en la estructuración de la personalidad.

Dado que la vivencia es subjetiva y la evolución humana se despliega de maneras diversas, las secuelas se manifiestan de manera única en cada individuo. Es decir, las víctimas no experimentan los mismos síntomas ni comparten las mismas características.

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Consecuencias a corto plazo

Al menos un 80% de las víctimas sufren consecuencias psicológicas negativas. El alcance del impacto psicológico va a depender del grado de culpabilización del niño por parte de los padres, así como de las estrategias de afrontamiento de que disponga la víctima. En general, las niñas tienden a presentar reacciones ansioso-depresivas; los niños, fracaso escolar y dificultades inespecíficas de socialización, así como comportamientos sexuales agresivos. Los menores muy pequeños pueden no ser conscientes del alcance del abuso sexual en las primeras fases, lo que puede explicar la compatibilidad de estas conductas con el cariño mostrado al adulto por el menor.

Respecto a la edad, los niños muy pequeños (en la etapa de preescolar), al contar con un repertorio limitado de recursos psicológicos, pueden mostrar estrategias de negación de lo ocurrido. En los niños un poco mayores (en la etapa escolar) son más frecuentes los sentimientos de culpa y de vergüenza ante el suceso. El abuso sexual presenta una especial gravedad en la adolescencia porque el padre puede intentar el coito, existe un riesgo real de embarazo y la adolescente toma conciencia del alcance de la relación incestuosa. No son por ello infrecuentes en la víctima conductas como huidas de casa, consumo abusivo de alcohol y drogas, promiscuidad sexual e incluso intentos de suicidio.

Consecuencias a largo plazo

Los efectos a largo plazo son menos frecuentes y más difusos que las secuelas iniciales, pero pueden afectar, al menos, al 30% de las víctimas. Los problemas más habituales son las alteraciones en la esfera sexual -disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, especialmente-, la depresión y el trastorno de estrés postraumático, así como un control inadecuado de la ira (en el caso de los varones, volcada al exterior en forma de violencia; en el de las mujeres, canalizada en forma de conductas autodestructivas).

En otros casos, sin embargo, el impacto psicológico a largo plazo del abuso sexual puede ser pequeño (a menos que se trate de un abuso sexual grave con penetración) si la víctima no cuenta con otras adversidades adicionales, como el abandono emocional, el maltrato físico, el divorcio de los padres, una patología familiar grave, etc.

Desde el punto de vista del trauma en sí mismo, lo que predice una peor evolución a largo plazo es la presencia de sucesos traumáticos diversos en la víctima, la frecuencia y la duración de los abusos, la posible existencia de una violación y la vinculación familiar con el agresor, así como las consecuencias negativas derivadas de la revelación del abuso (por ejemplo, romperse la familia, poner en duda el testimonio del menor, etc.).

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En la adolescencia, es común ver a jóvenes con una conducta sexual riesgosa, con hipersexualización, con parejas amorosas múltiples, como consecuencia de la violencia sexual vivida. La presencia frecuente de síntomas como estrés postraumático, baja autoestima y sentimientos de culpabilidad es frecuente. Incluso, en ciertas situaciones, estos traumas pueden catalizar el desarrollo de trastornos psicológicos más intensos. También, es común observar dificultades vinculares, marcadas por la pérdida de confianza, resistencia a la conexión profunda, sentimientos de inadecuación, aislamiento social, entre otros. Además, se ha observado dificultades en el área cognitiva y en el desempeño de esta. Cuando la exposición al trauma es prolongada, se pueden identificar modificaciones estructurales a nivel verbal que afectan el funcionamiento del individuo, y, por ende, las áreas dependientes de la región afectada. Dicho esto, se ha observado una significativa correlación entre el abuso sexual y la presencia de trastornos de la personalidad.

Unos niveles crónicamente elevados de hormonas del estrés pueden provocar dolencias físicas a largo plazo, como inmunosupresión, daños renales, problemas intestinales, dolores de cabeza, hiperglucemia, aumento de peso, insomnio, irritabilidad, depresión, ansiedad e hipertensión, lo que aumenta el riesgo de infartos de miocardio y/o accidentes cerebrovasculares.

Síntomas de Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)

Como ya sabemos, la sintomatología está intrínsecamente vinculada a las particularidades de cada individuo, no obstante, considerando que el abuso sexual puede ser considerado una vivencia traumática, se observa una marcada correlación entre los síntomas manifestados y el Trastorno por Estrés pos Traumático descrito en el DSM-V. El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, quinta edición, define el Trastorno de Estrés pos Traumático como:

Definición de TEPT

A. Conocimiento de que el suceso(s) traumático(s) ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo. Exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso(s) traumático(s) (p. Cabe destacar que, el Criterio A4 no se aplica a la exposición a través de medios electrónicos, televisión, películas o fotografías, a menos que esta exposición esté relacionada con el trabajo.

Síntomas del TEPT

  • B. Reacciones disociativas (p. ej., escenas retrospectivas) en las que el sujeto siente o actúa como si se repitiera el suceso(s) traumático(s).
  • C. D. Creencias o expectativas negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo (p. ej.). Estado emocional negativo persistente (p. ej.). Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas (p. ej.).
  • E. Alteración del sueño (p. ej.).
  • F. La duración de la alteración (Criterios B, C, D y E) es superior a un mes.
  • G. La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
  • H. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., medicamento, alcohol) o a otra afección médica.

De acuerdo a ello, se debe especificar si existen síntomas disociativos. Despersonalización: Experiencia persistente o recurrente de un sentimiento de desapego y como si uno mismo fuera un observador externo del propio proceso mental o corporal (p. ej.). Desrealización: Experiencia persistente o recurrente de irrealidad del entorno (p. ej.). Cabe destacar que, para utilizar este subtipo, los síntomas disociativos no se han de poder atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., desvanecimiento, comportamiento durante la intoxicación alcohólica) u otra afección médica (p. ej., epilepsia parcial compleja). También puede ocurrir que la aparición del trastorno sea retardada por ende se debe especificar en el diagnóstico: con expresión retardada.

Factores Mediadores del Impacto

No todas las personas reaccionan de la misma manera frente a la experiencia de victimización, ni todas las experiencias comparten las mismas características. El impacto emocional de una agresión sexual está modulado por cuatro variables: el perfil individual de la víctima (estabilidad psicológica, edad, sexo y contexto familiar); las características del acto abusivo (frecuencia, severidad, existencia de violencia o de amenazas, cronicidad, etc.); la relación existente con el abusador; y, por último, las consecuencias asociadas al descubrimiento del abuso.

En general, la gravedad de las secuelas está en función de la frecuencia y duración de la experiencia, así como del empleo de fuerza y de amenazas o de la existencia de una violación propiamente dicha (penetración vaginal, anal o bucal). De este modo, cuanto más crónico e intenso es el abuso, mayor es el desarrollo de un sentimiento de indefensión y de vulnerabilidad y más probable resulta la aparición de síntomas.

Respecto a la relación de la víctima con el agresor, lo que importa no es tanto el grado de parentesco entre ambos, sino el nivel de intimidad emocional existente. De esta forma, a mayor grado de intimidad, mayor será el impacto psicológico, que se puede agravar si la víctima no recibe apoyo de la familia o se ve obligada a abandonar el hogar. Por otro lado, en lo que se refiere a la edad del agresor, los abusos sexuales cometidos por adolescentes resultan, en general, menos traumatizantes para las víctimas que los efectuados por adultos.

Por último, no se puede soslayar la importancia de las consecuencias derivadas de la revelación del abuso en el tipo e intensidad de los síntomas experimentados. La reacción del entorno desempeña un papel fundamental. El apoyo parental -dar crédito al testimonio del menor y protegerlo-, especialmente de la madre, es un elemento clave para que las víctimas mantengan o recuperen su nivel de adaptación general después de la revelación. Probablemente la sensación de ser creídos es uno de los mejores mecanismos para predecir la evolución a la normalidad de los niños víctimas de abuso sexual. En ocasiones, la respuesta de los padres ante la revelación del abuso puede ser más intensa que la del propio niño, sobre todo en los casos en que la madre se percata del abuso sexual a su hijo protagonizado por su propia pareja.

Los sentimientos de vergüenza y culpa, de cólera y pena, de miedo y ansiedad, pueden afectar a los padres de tal manera que se muestran incapaces de proteger al niño adecuadamente y, en los casos más graves, pueden llegar incluso a culparlo de lo sucedido. No deja de ser significativa la influencia de situaciones de estrés adicionales, como consecuencia de la revelación del abuso, sobre la estabilidad emocional de la víctima. En concreto, la posible ruptura (legal o de hecho) de la pareja, el encarcelamiento del padre o padrastro, la salida de la víctima del hogar (única vía a veces para garantizar su seguridad, pero que supone un coste emocional y de adaptación importante) o la implicación en un proceso judicial (con las posibles consecuencias penales para el abusador) son algunas de estas situaciones. Respecto al último punto señalado, los juicios largos, las testificaciones reiteradas y los testimonios puestos en entredicho suponen una victimización secundaria y ofrecen un peor pronóstico.

Detección y Prevención

Los traumas originados desde abusos sexuales se manifiestan de maneras diversas y en momentos distintos, dependiendo de cada persona y contexto único. Las conductas incestuosas tienden a mantenerse en secreto. De ahí que el abuso sexual pueda salir a la luz de una forma accidental cuando la víctima decide revelar lo ocurrido -a veces a otros niños o a un profesor- o cuando se descubre una conducta sexual casualmente por un familiar, vecino o amigo. El descubrimiento del abuso suele tener lugar bastante tiempo después (meses o años) de los primeros incidentes. En realidad, solo en el 50% de los casos los niños revelan el abuso; únicamente el 15% se denuncia a las autoridades; y tan solo el 5% se encuentran envueltos en procesos judiciales.

Es importante saber a qué debe estar atento. De todos modos, la presencia de estos signos no siempre apunta hacia el abuso. Los niños que están atravesando situaciones estresantes, como la separación de sus padres o el divorcio, un traslado o la muerte de un ser querido, también pueden estar tristes, enfadados y/o retraídos. Pero, si se detectan signos físicos en el cuerpo del menor (como moretones) junto con problemas emocionales y de comportamiento, tenemos un indicador más claro del abuso. De hecho, lo más útil puede ser estar pendientes de los cambios bruscos que tienen lugar en la vida del niño. Una vez más, reiteramos la importancia de estar atentos a las señales que nos dan las niñas y los niños, ya que a veces relacionamos el cambio de sus conductas con meros “caprichos”, como el hecho de no querer ir a su centro escolar.

Si su hijo le explica que está siendo abusado, tómeselo muy en serio. Tener estas falsas creencias en torno al abuso sexual, puede hacer la diferencia entre hacer caso omiso de todas las señales o estar atentos a los que nos dicen puede ser la diferencia entre ser o no una víctima. El abuso sexual inicia con la seducción; la persona abusadora realiza con la niña o el niño actividades que le son divertidas y le gustan, a fin de ganarse su confianza. No hay nada mejor como la prevención y más aún, cuando se trata de niñas y niños pues en un abrir y cerrar de ojos puede cambiar para siempre su vida.

Los médicos tienen el deber profesional y la obligación legal de evaluar la posibilidad de abuso. En función de la edad del niño y de lo que a usted le preocupe, es posible que al niño le hagan una exploración física, radiografías y otras pruebas de diagnóstico por la imagen. El médico también puede pedir análisis de sangre o de orina. Esto puede ayudar al médico a saber si hay abuso o si hay una lesión interna o una afección médica que podría causar signos similares. Cuanto antes se detecte y se detenga el abuso, antes podrán contribuir los cuidados médicos, la terapia y el asesoramiento psicológico a la recuperación de los niños y sus familias. Por lo tanto, si sospecha el abuso, rompa el silencio y hable.

La Respuesta al Trauma en el Cerebro y el Cuerpo

Muchas víctimas de abuso sexual experimentan respuestas biológicas consideradas normales en un esfuerzo por hacer frente a una situación anormal. El sistema límbico, que actúa como un centro de mando, es un complejo conjunto de estructuras dentro del cerebro responsable de la respuesta al estrés de lucha o huida. Cuando las experiencias se interpretan como peligrosas, el cerebro y el cuerpo se preparan para la supervivencia, ya sea para luchar o para huir de la situación. El cerebro envía una señal para liberar hormonas del estrés en el torrente sanguíneo. El cuerpo responde dilatando las pupilas para mejorar la vista, se abren las vías respiratorias, aumenta la frecuencia cardiaca y la sangre rica en oxígeno se desvía del sistema digestivo y se redirige a los músculos. Cuando la amenaza se alivia y el peligro ha pasado, el sistema nervioso parasimpático, que actúa como respuesta de reposo y digestión, ayuda a regular las funciones corporales.

Cuando alguien sufre abuso y las vías neuronales se ven reforzadas por creencias básicas negativas, las respuestas del sistema límbico pueden agravarse y dar lugar a una miríada de síntomas a largo plazo que perjudican el funcionamiento cotidiano. La activación repetida de la respuesta al estrés puede tener un efecto cada vez más negativo en el organismo.

Afrontamiento y Sanación

Enfrentar el impacto de un abuso sexual es una travesía sumamente desafiante. Las personas que han vivido esta experiencia a menudo se encuentran inmersas en una compleja red de traumas y problemas emocionales. Aunque el trauma sexual no es culpa tuya, la sanación es tu responsabilidad. Muchos individuos se han embarcado en la jornada de la sanación, haciendo diligentemente el trabajo y encontrando su camino hacia un lugar de prosperidad. Sus historias sirven como faros de esperanza, recordándonos que, a pesar de la oscuridad del pasado, hay luz por delante. Recuerda, la sanación no es lineal; está bien y es normal tener contratiempos en el camino. Sigue avanzando, paso a paso, y confía en que te esperan días mejores. Con paciencia durante la jornada, buscando apoyo, permitiéndote sentir y alimentando la autocompasión, la sanación se convierte en una posibilidad y en una realidad tangible.

La terapia comúnmente llamada reparatoria, es una línea de trabajo psicojurídico especializado, que implica que los profesionales tengan basto conocimiento en teoría del trauma, fenomenología de las transgresiones en esfera de la sexualidad y aspectos legales asociados a ello. La orientación de la clínica realizada en estas intervenciones puede ser diversa y desde distintos modelos de comprensión: psicodinámica, sistémica, constructivista, traumaterapia, entre otras. Lo que aquí marcará la diferencia es tener el conocimiento específico del fenómeno y todo lo que este conlleva.

Entre estos pasos iniciales hacia la recuperación está reconocer que el abuso ocurrió y el impacto que tuvo en la propia vida. El reconocimiento es una práctica de sanación que implica mirar al pasado y al presente con claridad y mostrar compasión por dónde has estado y dónde estás ahora. Una segunda práctica de sanación es ser más consciente. La Atención Consciente consiste en prestar atención a propósito, con amabilidad y curiosidad, al momento presente. Por último, uno de los pasos finales para recuperar la esperanza es identificar una meta aspiracional hacia el bienestar. La aspiración es una práctica de sanación que implica dirigir tus pensamientos y acciones hacia la sanación.

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