La inflación y su representación a través de la caricatura son temas que reflejan las percepciones y preocupaciones de la sociedad. En el contexto mexicano, la historia de la inflación está entrelazada con rumores, especulaciones y medidas económicas que han dejado una huella imborrable.
Rumores y Devaluación: Un Escenario Complejo
México, por desgracia, no es ni nunca ha sido un país de lecturas sino de rumores. Así le explicó al presidente López Mateos su secretario de Hacienda cuando a finales de 1958 empezaron a arreciar las presiones y los anuncios alarmistas respecto a la posibilidad de una devaluación de la moneda nacional.
También una avalancha de rumores se difundió con fluidez a lo largo y ancho del tejido de la sociedad antes y después del abandono del tipo de cambio que anunció la administración del presidente Miguel Alemán el 21 de julio de 1948. Durante dicho episodio devaluatorio, dos tipos de rumores se diseminaron con particular virulencia.
El Control de Cambios y las Filtraciones
El primero, respecto a la posible implantación en México de un control generalizado de cambios. El rumor sobre la implantación del control de cambios se difundió y se hizo muy intenso a partir del anuncio de que el Banco de México abandonaba el tipo de cambio a las fuerzas del mercado.
A cargo del secretario de Hacienda, Ramón Beteta, estuvo el primer desmentido oficial que dio el gobierno a dicha especie. Para calmar los ánimos -que estaban encendidos- y frenar la incertidumbre que se había desatado a causa del acto devaluatorio, Beteta atendió a los medios de comunicación un día después del fatídico anuncio para aclarar, entre otras explicaciones, que “México no avanzaba hacia un control de cambios”. Por el contrario, garantizaba “una completa libertad”.
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Mucho más virulento, duradero y de consecuencias más graves resultó el rumor relativo a las supuestas filtraciones que se habían producido previamente a la medida devaluatoria. El escándalo detonó cuando un diario de la capital -presumiblemente el ahora desaparecido Novedades y el semanario Presente, que dirigía el periodista Fernando Alcalá Bates, hicieron la denuncia correspondiente poniéndole a sus acusaciones nombres y apellidos.
Supuestamente, el economista Josué Sáenz, que a la sazón era el titular de la muy importante Dirección General de Crédito en la Secretaría de Hacienda, había proporcionado a su pariente, Aarón Sáenz Couret, información sobre la futura modificación cambiaria para que este último adquiriera con fines especulativos la suma “de un millón quinientos mil dólares”. Los acusados sintieron que se trataba de una calumnia y reaccionaron con indignación refutando con energía la acusación.
Aarón Sáenz y su padre, el abogado y ex general del mismo nombre, enviaron cartas a todos los diarios negando el hecho y señalando haber presentado ya denuncia por difamación ante la Procuraduría de Justicia.[3] El economista Josué Sáenz hizo lo propio por varios medios, y en particular en ocasión de una conferencia que dictó en la Facultad de Economía de la Universidad, no por casualidad, sobre el tema de la devaluación recientemente ocurrida.
Antes de iniciar la conferencia que se me ha encomendado, quiero aprovechar para hacer una confesión pública. Mis enemigos, cuyos nombres no mencionaré, me han acusado de haber divulgado anticipadamente la noticia de la devaluación. Desde esta tribuna quiero reconocer públicamente y ante ustedes que la acusación es justa. Pero ni la réplica de Aarón Sáenz ni la refutación de su primo Josué pudieron acallar el clamor público de que había habido filtraciones informativas.
La Reacción Pública y la Lista de Compradores de Dólares
Se había creado un escándalo de magnitud nacional. Simplemente, caló hondo en la opinión pública la petición que habían hecho los periodistas autores de las notas mencionadas en el sentido de que las autoridades estaban obligadas a proporcionar los nombres de “las personas que conociendo anticipadamente la resolución del Banco de México de abandonar el mercado de cambios adquirieron dólares con fines especulativos”. A tanto llegó la indignación y su intensidad, que a regañadientes las autoridades tuvieron que atender la demanda y salir al paso de la exigencia para hacer las aclaraciones que procedieran.
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De alguna manera, los medios de comunicación se habían enterado de un hecho indicativo sobre la desconfianza que se empezó a difundir entre la población durante los días previos al acto devaluatorio. Del hecho de que durante las tres primeras semanas del mes de julio de 1948 se haya intensificado la fuga de capitales no se sigue necesariamente que hubiese habido fugas de información de la Secretaría de Hacienda o del Banco de México. Sin embargo, ésa es la deducción que se hicieron algunos comunicadores y que aceptaron como válida sectores muy amplios de la sociedad.
Como ya se dijo, las presiones se intensificaron y las autoridades no pudieron permanecer en silencio. La primera reacción provino del Banco de México, con una nota aclaratoria que se publicó en la prensa suscrita por el director general, Carlos Novoa. La finalidad fue explicar cómo habría sido físicamente imposible que tuviesen lugar indiscreciones -deliberadas o fortuitas- que favorecieran a algún especulador.
Según el instituto central, el enviado especial de México -Rodrigo Gómez- había viajado a Washington a analizar con las más altas autoridades del Fondo Monetario Internacional la situación cambiaria que padecía el país. no fue sino hasta el miércoles 21 del presente mes a las 17 horas cuando el mismo representante del Banco de México comunicó por teléfono inmediatamente después de la sesión de consulta celebrada esa misma tarde en las oficinas del Fondo Monetario Internacional que el abandono del tipo de cambio era la solución menos perjudicial Hasta ese momento, nuestro Gobierno había estado haciendo todos los esfuerzos posibles para mantener el tipo de cambio.
Apenas tres días de calendario transcurrieron entre que el Banco de México difundió la aclaración citada y el ministro Beteta dio finalmente su brazo a torcer. El funcionario anunció “a todo el pueblo”, que se daría a conocer la lista de las personas y empresas que habían adquirido dólares “durante las últimas dos semanas de la vigencia del tipo de cambio de 4.85”. Esta medida se había tomado “como caso excepcional, por esta única vez y en consideración a razones de interés público”, en atención a las peticiones reiteradas que habían hecho al respecto “la prensa, agrupaciones obreras, instituciones comerciales e industriales, partidos políticos, etc...”.
La tan traída y llevada lista de compradores de dólares vio la luz pública en todos los diarios de la capital el 2 de agosto de 1948. ¿Qué puede decirse de ella? Lo primero, que su publicación exoneró plenamente a Aarón Sáenz hijo -e indirectamente a su primo Josué- pues su nombre ni siquiera aparecía en la relación de quienes habían comprado divisas.
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La segunda, que los más importantes compradores de divisas en ese lapso caliente habían sido tres entidades del sector público con la finalidad de liquidar deudas pendientes. Nacional Financiera había adquirido dólares para cubrir compromisos contraídos con el Banco de Exportación e Importación (Eximbank, del gobierno de Estados Unidos); el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), a fin de liquidar el pago de importaciones de trigo ya vencidas, y Petróleos Mexicanos (Pemex), “que tuvo que cubrir la suma de un millón de dólares para pagar maquinaria”.
La tercera observación general es que de una mera lista de adquirientes de dólares es imposible deducir si las compras fueron realizadas por motivos de especulación o si se requerían esas divisas para realizar pagos al extranjero. Además -y éste es el punto más importante-, fuese la que haya sido la motivación de esos adquirientes, se trató en todos los casos de compras perfectamente legales: ¿de qué se les podía acusar?: ¿de “adivinar” que se avecinaba una devaluación?
En su aspecto general, la lista muestra bastante dispersión con un total de 329 transacciones y 220 compradores, cada uno de ellos con una compra promedio de 88 mil dólares. En la lista aparece una sola empresa privada con una compra superior al millón de dólares: La Ferretería del Valle de México, que adquirió esa divisa en la cantidad de 1,430,438 dólares.
Asimismo, sólo hubo tres compradores que adquirieron más de medio millón de dólares: Mexicana de Aviación (525 mil), la Cía. Industrial de Orizaba (606 mil) y Ford Motor Co., (678 mil). Por su parte, en el rango entre cien mil y medio millón de dólares se registraron 15 adquirientes, habiendo sido los siguientes tres los que concretaron las compras individuales más cuantiosas: Banco Internacional (419 mil dólares), Banco Comercial de la Propiedad (400 mil) y El Palacio de Hierro (352 mil dólares).
La compra más cuantiosa realizada por personas físicas fue de 100 mil dólares. Asimismo, en el periodo analizado hubo a cargo de personas físicas cinco adquisiciones entre esa cantidad y 50 mil dólares: una por 87 mil, seguida por otra de 75 y tres más por 50 mil de los “verdes”. Las ocho adquisiciones “mayores”, por así decirlo, cubrieron más de la mitad (54%, para ser exactos) del total comprado por personas físicas (el cual ascendió aproximadamente a 1 millón 321 mil dólares).
Incidentalmente, la compra por 75 mil corrió a cargo de don Jorge Pasquel, uno de los amigos más íntimos del presidente Miguel Alemán, pero ello no suscitó ningún escándalo. El resto -41 operaciones- muestra un promedio por transacción de casi 15 mil dólares. ¿Acaso fueron los que intuyeron qué iba a pasar con el tipo de cambio heredado del sexenio anterior y terminaron detonando la devaluación con su cargada especulativa?
A manera de resultado final se tiene que de un total vendido aproximado de 19.4 millones de dólares, casi el 27% fue adquirido en conjunto por Pemex, Nacional Financiera y el Banco Nacional de Comercio Exterior.
Negociaciones con el FMI y la Balanza de Pagos
Mientras sucedía todo lo anterior había dado inicio un proceso muy tenso de negociaciones entre las autoridades mexicanas y el Fondo Monetario Internacional, que se extendería hasta mediados de 1949. Es posible incluso que esas negociaciones empezaran antes de que México ya no pudiera sostener el tipo de cambio de 4.85 pesos por dólar.
Esto fue así por dos razones: primeramente, porque los problemas de balanza de pagos que aquejaban al país se venían manifestando desde temprano, en el año de 1947. En segundo lugar, en razón de que el fondo había cumplido con diligencia sus responsabilidades de supervisión y seguimiento en lo referente a la economía mexicana y a la situación de su sector externo. O para decirlo en otros términos: la probabilidad de que estallase una crisis de balanza de pagos se había intensificado en el transcurso del primer semestre de 1948 y los funcionarios del organismo internacional, al igual que algunos de sus economistas, estaban bien conscientes sobre esa eventualidad.
Nadie, por supuesto, pudo haber anticipado el ataque especulativo contra el peso que sorpresivamente se desató durante el mes de junio de dicho año, pero ése es otro asunto. Cabe citar al respecto el documento (considerado “Confidencial” por las autoridades del fondo) intitulado “Flujos de oro y transacciones de capital entre México y Estados Unidos de 1946 a 1948”. La finalidad fue hacer una estimación del saldo de la cuenta de capital de la balanza de pagos de México para 1947 y los primeros cinco meses del año siguiente.[8]
A pesar de las imprecisiones contables -se trató de una “estimación”- y de la insuficiencia de las estadísticas -los cálculos no incluyeron, por ejemplo, algunas transacciones de capital sin registro como las operaciones con otros países-, el esfuerzo redundó en un cálculo aproximado pero confiable del déficit de la cuenta corriente de México en el periodo señalado. Según los autores, el análisis sólo había cubierto hasta mayo de 1948 pues en el momento de su preparación no se disponía aún de información para junio y julio.
Los resultados del estudio revelan, por un lado, que en ausencia de “financiamiento oficial utilizado en gran escala”, México no habría podido financiar el déficit de su cuenta corriente durante el periodo de estudio. En este agregado se incluyeron tanto las disposiciones realizadas por el Fondo de Estabilización de Estados Unidos y por otras líneas de crédito y transferencias del gobierno de ese país, como las disposiciones contra el Fondo Monetario Internacional y, nótese, el uso de las reservas internacionales del país. A ello se agregó un saldo ingresivo considerable de capital privado.
Pero mucha más reveladora es la conclusión de que los autores no encontraron evidencia de que durante el periodo analizado hubiese habido fugas considerables de capital hacia Estados Unidos. En suma, en 1947 el ingreso neto de fondos a México había ascendido a 211 millones de dólares (161 de fondos oficiales y 50 de capital privado) y durante los primeros cinco meses de 1948 a 72 millones (47 y 25), con saldos deficitarios en la cuenta corriente en ambos lapsos entre 175 y 200 millones, y 135 y 160 millones, respectivamente.
Así, en términos del documento citado, la declinación que habían sufrido las reservas internacionales de México en el lapso de estudio podía de preferencia atribuirse al tamaño del déficit en la cuenta corriente y no a otros factores. Aunque en ese documento no se agregó la aclaración de “en lugar de a las fugas de capital”, esta deducción puede casi leerse entre las líneas del texto.
Las autoridades del organismo, y en particular el Directorio Ejecutivo, venían mostrando de tiempo atrás preocupación por la situación cambiaria de México. En mayo de 1948, dicho órgano envió a la atención de las autoridades mexicanas una evaluación general sobre la situación cambiaria que presentaba el país.
Sin que dicho estudio se encuentre disponible en el archivo histórico del organismo, de cualquier manera en la misiva con la que se presentó ese texto a la atención de Carlos Novoa, director general del Banco de México, quedaron resumidas las consideraciones que tenían en mente los integrantes de ese órgano directivo. Estoy seguro de que usted y otros altos funcionarios [del gobierno mexicano] estarán interesados en el documento. Por esa razón, atendiendo a la petición en ese sentido del Directorio Ejecutivo, le estoy enviando algunos ejemplares.
Todavía algunos días previos al desenlace devaluatorio, el caso de la “crisis cambiaria de México” fue revisado con todo detenimiento por el Directorio Ejecutivo del fondo.[10] En la sesión correspondiente se reiteró que las dificultades que experimentaba el sector externo de México se debían más a otras causas que a una contracción de las exportaciones y a un crecimiento excesivo de las importaciones.
Se agregó, asimismo, que el factor agravante y hasta explosivo que amenazaba a la situación eran las fugas de capital. Sorprendentemente, en el primer semestre de 1948 el valor de las ventas al exterior de productos nacionales había sido 18% más alto que en igual periodo del año anterior, de lo cual se dedujo que el “tipo de cambio no estaba obstruyendo el flujo de exportaciones”.
Así, los técnicos del fondo señalaron que en ese momento el gobierno mexicano tenía frente a sí tres alternativas de acción. La primera consistía en una deva...
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