¡Impactante! Caricaturas Periodísticas Revelan la Verdadera Tensión entre Peña Nieto y Donald Trumppost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La relación entre México y Estados Unidos, particularmente durante las presidencias de Enrique Peña Nieto y Donald Trump, estuvo marcada por una serie de eventos polémicos y declaraciones que generaron una profunda indignación en la sociedad mexicana. La respuesta pública y política, a menudo reflejada en las caricaturas periodísticas, pintó un panorama de confrontación y desacuerdo.

La Visita Controversial de Donald Trump a México

En México, el anuncio de la visita del candidato republicano, Donald Trump, al país cayó como una bomba atómica. No fue bien recibido entre los mexicanos, y mucho menos luego de escuchar lo que venía a decir.

  • El muro sí, dijo Trump luego de reunirse en privado con el Presidente Enrique Peña Nieto en Los Pinos.
  • No al TLCAN y otros mensajes que han sido parte fundamental del discurso de odio que el candidato republicano ha sostenido desde que inició su aventura para llegar a la presidencia de nuestro país vecino.

Lejos de endurecer su discurso, Peña Nieto lo suavizó. Luego de compararlo con Hitler y Mussolini, le abrió las puertas “para dialogar con respeto”. El mismo respeto que Trump no ha mostrado para con los mexicanos en todo este tiempo. La visita, sin pies ni cabeza y sin estrategia, mostró a un Peña titubeante que por momentos intentó ser audaz al asegurar que “si es cierto que mandamos inmigrantes, pero ustedes nos mandan armas y dinero”; que por momentos trató de justificar lo mal que nos portamos en la frontera de México al señalar que “no todo es culpa de los mexicanos, los inmigrantes también vienen del centro y sur del continente” y que pareció pedir perdón al asegurar que han llegado a “malinterpretar” los dichos de Trump.

La visita le cayó “como anillo al dedo” a la campaña de Trump, que venía bajando en las encuestas frente a su rival Hillary Clinton. Ahora Trump pudo decir que, a diferencia de su contrincante, él sí había visitado México y era su prioridad. Es cierto que la invitación la hizo el gobierno de México para ambos candidatos y que solo Trump vio en ello una gran oportunidad para reposicionarse. Recordemos que justo en los últimos meses de campaña Trump trató de reconquistar el voto hispano que no lo apoyaba por evidentes razones. La pregunta que debería contestar el gobierno mexicano era: ¿y nosotros qué ganamos? Ni siquiera en popularidad ganó Peña Nieto, las muestras de indignación y molestia no se hicieron esperar. Su discurso lastimero parecía casi pedirle perdón a Trump en lugar de exigirle a este una disculpa pública por el agravio a los mexicanos.

Trump, como era de esperarse, hizo lo suyo y se apoderó del escenario y del micrófono. Habló del muro y aseguró que se construiría, aunque aclaró que el quién lo pagaría no fue un tema, tampoco se desdijo de sus afirmaciones en torno a obligar a México a hacerse cargo del gasto. En una rueda de prensa que se planeó para no aceptar preguntas, las aceptó, aunque solo las de los reporteros de su fuente, o sea, en inglés. No hubo, estando en México en Los Pinos, una sola pregunta hecha por un reportero mexicano y en español. Pierde Peña Nieto, pierde Hillary Clinton; parece que el único que ganó con esto fue Trump. La interrogante que resonaba era: ¿quién lleva la política exterior en este país? ¿quién lleva este país? ¿qué tuvo de bueno la visita de Trump a México señor Presidente? La población esperaba una explicación sobre el motivo de la invitación, deseando que se contara mucho más de lo que se había dicho públicamente.

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La Retórica Incendiaria de Trump y la Reacción Mexicana

Donald Trump, desde el inicio de su campaña en 2015, lanzó una retórica cargada de controversia al tildar a buena parte de los inmigrantes indocumentados que cruzan la frontera sur de “criminales, violadores” y acusarlos de “traer drogas” a EEUU. Sus afirmaciones sobre el respeto a los mexicanos son, cuanto menos, discutibles. A pesar de estas declaraciones, Trump consiguió solo el 28% del voto hispano, muy por debajo de lo que han conseguido otros candidatos republicanos.

En varias entrevistas, Trump le ha recordado a los medios que él ganó el 8 de noviembre, a pesar de ser algo obvio. Pero no es políticamente correcto ni tampoco usual que un mandatario presuma el éxito de su campaña en una llamada privada entre dos jefes de Estado. Durante su mandato, Trump insistió en que México pagaría por el muro, pero en una conversación con su homólogo mexicano, no lo instó a pagar la construcción de la pared fronteriza sino que hizo más énfasis en que Peña Nieto no hablara a la prensa de que México no lo pagaría.

  • “(Los medios) van a decirnos, “¿quién va a pagar el muro, señor presidente?” tanto a usted como a mí, y debemos decir, “vamos a solucionarlo”... a diferencia de que usted diga, “no vamos a pagar” y yo diga, “no vamos a pagar”.
  • “No podemos decir eso ya (que México no pagará por el muro), porque si usted sigue diciendo eso, entonces no quiero reunirme con ustedes porque no puedo vivir con eso. Pero ya usted no puede decir que Estados Unidos pagará el muro. Yo solo voy a decir que lo estamos solucionando. Créalo o no, esto es lo menos importante de lo que estamos hablando, pero desde un punto de vista político, esto podría ser lo más importante de lo que habláramos".
  • “Pero no le puede decir eso a la prensa. Los medios se van a aprovechar de eso y no puedo vivir con eso. No le puede decir eso a la prensa porque no puedo negociar bajo esas circunstancias”.

Insistió en que Peña Nieto no dijera a los medios que México no iba a pagar el muro. Además, parecía reconocer que el muro tal vez no fuera demasiado importante ni tampoco algo efectivo para combatir la inmigración indocumentada y el narcotráfico, pero como fue una de sus promesas de campaña más sonoras, debía hacer lo posible por concretarlo, o al menos que los medios creyeran que ambos países estaban trabajando en ello. Después de que Peña Nieto le reiteró que su posición sobre el pago del muro sería la misma, es decir, que su país no pagaría por su construcción, Trump le expresó: “Quiero que usted sea tan popular que la gente pida una enmienda constitucional en México para que usted se pueda postular de nuevo para otro período de seis años”. Un inusual buen deseo y gesto amistoso de Trump a Peña Nieto que a muchos les pareció una indebida injerencia en asuntos internos mexicanos.

La visión de Trump sobre la inmigración y los refugiados también se manifestó en otras conversaciones. En una llamada con el primer ministro australiano, Trump expresó: “Lo que digo es que nos va a hacer lucir mal. Acá estoy llamando a una prohibición para no dejar entrar a nadie y vamos a aceptar 2,000 personas. Realmente luce como 2,000 personas que Australia no quiere, y no los culpo por cierto, pero EEUU se ha convertido en un vertedero”. Al referirse a la política de Angela Merkel de aceptar refugiados de Siria y otras zonas de conflicto, comentó: “Puede haber dos millones de personas llegando a Alemania. Dos millones de personas, ¿puedes creerlo? Nunca va a ser lo mismo”. Sus opiniones sobre los refugiados eran firmes: “Mira, hablé con Putin, Merkel, Abe de Japón y Francia hoy. Y esta ha sido la llamada más desagradable porque, seré honesto contigo, detesto aceptar a esta gente. Te garantizo que son malos. Por eso es que están en prisión ahora”, a pesar de que se le había asegurado que eran “desplazados económicos”.

El Cambio de Tono: La Respuesta Firme de Peña Nieto

En un momento de notable cambio, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, respondió con fuerza a Donald Trump. Fue una respuesta inédita, como no lo había hecho desde que Donald Trump asumió el gobierno de Estados Unidos. En un mensaje al país, Peña Nieto sugirió al magnate neoyorquino que revisara el origen de su enojo.

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  • "Si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos", dijo.
  • "No vamos a permitir que la retórica negativa defina nuestras acciones".

La respuesta de Peña Nieto se dio después de que el presidente Trump ordenara desplegar a la Guardia Nacional en la frontera sur de Estados Unidos. Serían entre 2.000 y 4.000 militares los que, según reveló la Casa Blanca, apoyarían a los agentes de la Patrulla Fronteriza. Pero el mensaje del presidente mexicano también respondió a una serie de tuits y comentarios del magnate, motivados por una caravana de migrantes de Honduras que pretendía llegar a la frontera norte de México. Trump advirtió que cancelaría las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), si el gobierno mexicano no detenía a los centroamericanos. A esto, Peña Nieto respondió: "Evocando las palabras de un gran presidente de los Estados Unidos de América: no tendremos miedo a negociar. Pero nunca vamos a negociar con miedo". Subrayó firmemente: "Exigimos respeto".

Aunque no es la primera vez que el gobierno estadounidense envía a la Guardia Nacional a su frontera sur, la decisión de Trump no fue bien recibida en México. El Senado mexicano exigió respeto al presidente estadounidense y demandó al gobierno de Peña Nieto suspender la colaboración binacional en materia migratoria. También rechazaron el despliegue de tropas los cuatro candidatos presidenciales: Margarita Zavala, Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade. Sin embargo, Peña Nieto insistió en que eso no justifica "actitudes amenazantes o faltas de respeto entre nuestros países" y añadió: "Si usted quiere llegar a acuerdos con México, estamos listos."

México se Ríe de Trump: El Poder de la Caricatura Periodística

El circo que se armó sería verdaderamente divertido si no comprobara que el país tenía un presidente de caricatura que un día sí y otro también demostraba su inhabilidad para gobernar. El presidente de nuestro país, Enrique Peña Nieto, había quedado reducido a un dibujo animado, a una triste caricatura del fracaso político y gubernamental. Esta percepción se sumó a la ola de humor y burla que la sociedad mexicana dirigió hacia Donald Trump.

Cientos de artistas dedicaron al empresario y candidato a la presidencia americana una exposición cargada de humor y burla. Bajo el título, "Un muro de caricaturas", los artistas mexicanos parodiaron al empresario norteamericano y candidato a la Casa Blanca, Donald Trump. La muestra recogió ilustraciones satíricas de diversos dibujantes, que utilizaron su arte para criticar el "odio" que Trump mostraba a los latinos, y en especial, a los mexicanos.

La forma tan patética en que el presidente Peña Nieto pisoteó con sus actos y actitudes el prestigio de la investidura que con gran dignidad le corresponde portar, resultó inverosímil y decepcionante. Es increíble que la ligereza que antaño se le observó al irresponsable presidente Vicente Fox, tuviera que recetársele nuevamente con un presidente surgido de donde se suponía que había nacionalismo y observancia. Un presidente priista, un heredero del presidencialismo, un sucesor de figuras de gran carácter, un descendiente del hegemónico Grupo Atlacomulco. En opinión de muchos, era una verdadera vergüenza. Sin duda, ya no le quedaba nada al PRI.

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¿Qué podía perder el impresentable Donald Trump al venir a México? Nada, pues ni siquiera su tiempo de campaña, ya que vino y continuó con los actos proselitistas. Al contrario, al troglodita millonario le salió redonda la vuelta, pues se llevó dos cosas que le aportaron valor a su vida: una bonita experiencia y una buena anécdota de cantina. Se le trató como jefe de estado cuando no lo era, y el presidente de una república, que algunos tildarían de ¿bananera?, le pidió ¡por escrito!, que si por favor venía y se pitorreaba de él en su propio Palacio Nacional. ¿Qué opinarían Lázaro Cárdenas o Adolfo Ruiz Cortines? Hay cosas que no pasan de moda ni con los siglos, y el respeto es una de ellas. Había que tener cuidado, no fuera a ser que el ignaro de Donald Trump invitara a cenar a su casa a nuestro presidente Enrique Peña Nieto, pero que luego al llegar no lo dejaran entrar, y obvio, con transmisión televisiva de por medio.

Para rematar, y no conforme con su éxito diplomático, el presidente se fue a platicar con un grupo de jóvenes y aprovechó para dejarles muy en claro que él no había plagiado su tesis, puesto que la había escrito personalmente en una máquina de escribir de la época. ¿Cuántos asesores de Los Pinos graduados de universidades “Ivy League” serían necesarios para que le explicaran que el plagio que se le comprobó no consistía en que alguien la hubiera tecleado por él, sino en que se apropió de ideas que no le pertenecían? “… pude haber mal citado… fue más bien un error metodológico…” Así se defendió don Enrique. Caray, ¿en verdad no habría presupuesto para contratar a alguien que le explicara? Mejor se hubiera asesorado con el famoso “Layin”, al menos hubiera dicho que sí cometió plagio, pero que nada más fue “poquito”.

El Llamado a la Unidad ante el Desafío

Frente a este complejo escenario, el presidente de la República de México, Enrique Peña Nieto, llamó a sus ciudadanos a superar sus “diferencias y agravios” para afrontar esa puerta incierta que se llama futuro. En un mensaje a la nación con motivo del cuarto aniversario de su llegada al poder, Peña Nieto centró en la unidad -repitiendo el concepto doce veces- su respuesta ante el enorme y agotador desafío que Donald Trump suponía para México e insistió en su intención de establecer una “relación constructiva con Estados Unidos”.

Durante el discurso, de siete minutos, no hizo mención expresa al magnate. Tampoco hacía falta. La llegada del vociferante republicano a la Casa Blanca había trastocado todos los planes de México. Sus promesas de construir un muro y estrangular económicamente a su vecino del sur habían despertado el recuerdo de las peores crisis. No había día en que el peso no se tambaleara y los analistas ya advertían del riesgo de recesión. Mucho más que un espectro o una pesadilla, el magnate estadounidense era ya una realidad asfixiante para México, un monstruo que amenazaba con devorar años de lenta prosperidad.

Ante este escenario, el presidente se exhibió firme y seguro. Sobre un fondo de banderas estatales, Peña Nieto dirigió a sus ciudadanos un discurso emotivo, que buscó la fibra patriótica, la fuente natural del valor mexicano. “Nuestra historia nos recuerda que cuando no hemos estado unidos, el país ha sufrido desastres que dejan cicatrices dolorosas. La desunión provocó la pérdida de la mitad de nuestro territorio. La desunión condujo a la imposición de un emperador extranjero, ajeno a nuestra vocación republicana. La desunión ocasionó una revolución de años, que causó un millón de muertes y una destrucción que tomó décadas recuperar”, dijo. Frente a este panorama trágico, Peña Nieto ofreció una mirada optimista al porvenir y se comprometió a defender la dignidad de los mexicanos “donde quiera que residan o se encuentren”, en una clara alusión a los millones de compatriotas que viven y trabajan en Estados Unidos. “Hasta el último día seguiré trabajando al lado de todos ustedes para que cada mexicano pueda construir su propia historia de éxito”, concluyó. Su discurso, breve y elaborado, marcó la línea que seguiría el Gobierno ante el vendaval que se avecinaba en los dos próximos años: por un lado, el intento de negociar con Trump para evitar males mayores, y por otro, apelar a la cohesión interna frente a la presión exterior. El éxito de la tarea dependería en gran medida del futuro presidente de Estados Unidos.

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