En una visita realizada por EXPRESSO SIGLO XXI a la Ex Hacienda de Trujillo, se llevó a cabo un recorrido por gran parte de la comunidad, que en la actualidad se encuentra muy desarrollada.
Recorrido por la Hacienda
Se realizó un recorrido especial por lo que fue el Casco de la Hacienda, donde solo se encuentran indicios de lo que fuera la Casa Grande y el Templo Católico, actualmente en proceso de restauración a cargo de un comité formado por vecinos de la misma comunidad. Hay algunas mejoras, desafortunadamente no se está cuidando lo que tanto se presume de parte de las autoridades de Turismo del Estado como es el caso de la conservación de la originalidad de esos históricos lugares.
Pudimos ver como de los techos originales del templo, ya solo una parte se conserva, otra ya fue totalmente cambiada.
Testimonio de un Habitante
Don Jesús, de 86 años de edad, nos platicó que vivió al lado de sus padres gran parte de la vida plena de la Hacienda en sus mejores tiempos, pero también desafortunadamente Don Chuy fue testigo de cómo al paso de los años la vida de la Hacienda se fue trasformando hasta convertirse en una comunidad Ejidal rica solo por algunos años porque en el año de 1933 cuando la fundación del Ejido todavía existían las Huertas y el gran río los veneros y otras de las riquezas que desafortunadamente poco a poco fueron desapareciendo.
El Asesinato de Don Manuel Godoy
Dijo Don Chuy que la vida de la Hacienda empezó su transformación a partir de la fecha del vil asesinato de su patrón Manuel Godoy. Dice que lo recuerda como si fuera hoy mismo porque fue testigo presencial de los hechos, ocurridos en el año de 1940 a eso de las ocho de la noche. Don Manuel Godoy salía del templo de rezar el Santo Rosario como lo hacía todos los días, ya se dirigía a su domicilio cuando le salieron al paso tres encapuchados que lo amagaron de muerte con armas largas o sea rifles se lo llevaron a su casa lo metieron y ahí lo mataron de varios balazos pegándole el de gracia en la frente.
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Se dice que don Manuel ofrecía dinero a los delincuentes para que lo dejaran con vida sin embargo demostraron que la misión era privarlo de la vida porque el dinero que les ofrecía fue encontrado tirado a un lado del cuerpo y se trataba de varios costales con monedas de diferentes denominaciones.
El Legado de la Hacienda
Al final llegamos con unos niños que totalmente ajenos a la historia de su comunidad jugaban muy entretenidos a la canica o al caico como ahora se le dicen.
Un Personaje Religioso Ligado a la Hacienda
Un personaje religioso ligado a la Hacienda fue un Caballero de Colón del Consejo 2140 Zacatecas, México. Nació en Tepechitlán, Zac., el 23 de julio de 1866. Carente de recursos económicos, gracias a la generosidad de algunos bienhechores inició los estudios de primaria en Jerez, Zac., y los concluyó en Guadalajara, Jal., en 1879. Dejó la capital de Jalisco en enero de 1881 para ingresar al seminario conciliar de Zacatecas.
Ordenado presbítero el 20 de agosto de 1893, tuvo muchos destinos la Hacienda de Mezquíte; la Hacienda de Trujillo; la capellanía de San Miguel, en Valparaíso, Zac.; vicario cooperador de este mismo lugar y capellán de Mazapil, Zac. Párroco en Concepción del Oro, Zac., Colotlán, Jal Noria de los Angeles, Zac., Huejúcar, Jal., Guadalupe, Zac., Tlaltenango, Zac. En 1923 regresó a Colotlán donde además fue vicerrector del seminario conciliar.
Párroco insigne, se entregó con entusiasmo a su ministerio. Notable predicador, sus palabras movieron a muchos a la reconciliación; a su entusiasmo se debe el crecimiento progresivo de comités de la A.C.J.M. en aquella región.
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Abrumado por el trabajo y necesitado de un refugio, en diciembre de 1926 aceptó hospedarse en una casa de campo. El 30 de enero siguiente, una partida de soldados del ejército federal, a las órdenes del mayor José Contreras, atendiendo la denuncia de José Encarnación Salas, arrestaron al párroco. Conducido a Fresnillo, Zac., se le recluyó en la inspección de policía, y, posteriormente, en la cárcel municipal. Cuatro días después, fue remitido a Durango.
El 5 de febrero fue internado en la sede del seminario conciliar, convertida en jefatura militar. Horas más tarde compareció ante el general Eulogio Ortiz, quien, sin más, le ordenó: Primera va usted a confesar a esos bandidos rebeldes que ve allí, y que van a ser fusilados; después ya veremos qué hacemos con usted. El párroco aceptó de buen grado asistir a los condenados, a quienes alentó a bien morir. Cumplida su misión, el general Ortiz le dijo: Ahora va usted a decirme lo que esos bandidos le han dicho en confesión. -Jamas lo haré, fue la respuesta. ¿Como que jamas?. Voy a mandar que lo fusilen inmediatamente. -Puede hacerlo, pero no ignora usted, general, que un sacerdote debe guardar el secreto de la confesión. Estoy dispuesto a morir.
La madrugada del día siguiente, 6 de febrero, un grupo de soldados lo trasladó al panteón oriente. Antes de llegar, en un paraje solitario y cubierto de hierba, le quitaron la vida y abandonaron el cadáver, el cual permaneció insepulto tres días.
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