Descubre cómo la Clasificación Socioeconómica por Ingreso impacta Monterrey: ¡Lo que nadie te ha contado!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La regla AMAI 2018 comienza un nuevo modelo de evaluación y ratificación de la regla de Nivel socioeconómico. A partir de esta iteración, el Comité se compromete a realizar revisiones regulares de la regla conforme nuevas ediciones de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares sean publicadas. Esto no implica que la regla cambie con mayor frecuencia, simplemente indica que el Comité tendrá ya fechas preestablecidas para validar si los cambios sociales, económicos y culturales del país han alterado el estilo de vida de los hogares mexicanos al grado de que la regla vigente deje de ser válida. En esta ocasión, en sintonía con este compromiso y con la publicación de resultados de la encuesta ENIGH 2022, el Comité procedió a evaluar la pertinencia de la Regla de nivel socioeconómico AMAI 2020, de acuerdo con una serie de evaluaciones de consistencia y criterio.

Desde hace algunos años se ha venido incrementando en América Latina el interés por el estudio de la segregación residencial socioeconómica (SRS). Como se sabe, la desigualdad social y la pobreza son fenómenos endémicos en las ciudades latinoamericanas. Sin embargo preocupa el que las transformaciones estructurales de los últimos 25 años hayan modificado los patrones espaciales de la pobreza urbana, creando zonas de alta y permanente segregación residencial. El interés por la SRS se apoya en la hipótesis de que las consecuencias negativas de las privaciones socioeconómicas aumentan cuando las personas se encuentran en una doble situación de desventaja, esto es, cuando no sólo sufren de carencias en el hogar sino que también residen en áreas de la ciudad en donde hay una alta concentración de población con similares condiciones socioeconómicas. La investigación a este respecto, desarrollada principalmente en Estados Unidos, sugiere que estos “efectos vecindario” podrían tener importancia como determinantes de una amplia gama de resultados adversos, entre los que se han mencionado el abandono temprano de la escuela, las conductas delictivas, e incluso el deterioro en las condiciones de salud.

El propósito del presente trabajo es avanzar en esta dirección mediante un análisis de los efectos de la composición social de las áreas de residencia en el proceso de estratificación social. El estudio se sitúa en Monterrey, la tercera ciudad más poblada de México y el polo económico más importante del norte del país. En comparación con las otras dos grandes metrópolis del país (Ciudad de México y Guadalajara), Monterrey presenta menores niveles de precariedad en el empleo y mejores salarios, lo cual sugiere que es la metrópoli que mejor se ha adaptado al proceso de liberalización económica que ha experimentado el país desde finales de los ochenta. Además, al menos hasta finales del siglo pasado, Monterrey mantuvo altas tasas de movilidad ocupacional ascendente absoluta, debido a la transformación de su estructura laboral de la industria a los servicios. No obstante, también reproduce algunos de los rasgos típicos de la fuerte desigualdad social que se vive en México. La desigualdad de oportunidades educativas y ocupacionales es alta, y parece haber aumentado todavía más en los últimos años. En lo que respecta a la segregación residencial socioeconómica, el análisis comparativo con las otras dos grandes metrópolis sugiere que Monterrey presenta mayores niveles de SRS en una variedad de indicadores socioeconómicos como son los ingresos, la ocupación, la condición migratoria y la escolaridad.

Marco Analítico y Pregunta de Investigación

La pregunta principal de este trabajo es la siguiente: ¿En qué medida el nivel socioeconómico de la zona de residencia afecta los resultados educativos y ocupacionales a lo largo del curso de vida? Para responderla utilizamos una versión ligeramente modificada del modelo clásico del proceso de logro de estatus planteado por Blau y Duncan. Proponemos “descomponer” cada una de las fases de este proceso para así clarificar cómo en cada una de ellas intervendrían las variables residenciales, y al mismo tiempo identificar otros factores que deben introducirse como variables de control.

Este modelo básico es útil para reflexionar sobre la forma en que la composición socioeconómica de las áreas de residencia podría afectar los resultados educativos y ocupacionales. Para ello, conviene en primer lugar separar las tres fases del proceso ya referidas (logro educativo, inicios de la vida laboral, y logro ocupacional), pues los efectos podrían ser de distinta índole -y por supuesto tendrían una temporalidad distinta- en cada una de las fases. En segundo lugar, es importante definir con claridad qué aspectos de la composición socioeconómica de la zona de residencia son de nuestro interés.

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En el cuadro 1 se presentan algunos mecanismos mediante los cuales el nivel socioeconómico del la zona de residencia (NSR) afectaría el proceso de estratificación social en sus tres fases. Respecto al logro educativo, se esperaría que el NSR tuviera un efecto positivo por su impacto en un conjunto de factores que se han identificado entre los principales determinantes del nivel y la calidad de los resultados escolares. En las dos siguientes fases (inicios de la vida laboral y logro ocupacional) se pueden identificar cuatro mecanismos. El primero es la generación de normas sociales comunitarias en relación con la edad apropiada para iniciar la vida laboral, así como expectativas en torno al logro ocupacional a edades tempranas. El segundo es el desajuste espacial entre las zonas de bajo nivel socioeconómico y las zonas en donde se sitúan los empleos que podrían otorgar oportunidades de movilidad social ascendente. En tercer lugar, el NSR puede tener un impacto positivo sobre el logro ocupacional al ampliar el acceso al capital social, que es una fuente de recursos importante para obtener oportunidades ocupacionales.

Metodología para la Clasificación Socioeconómica en Monterrey

Para aproximarnos empíricamente a los efectos de la zona de residencia en cada uno de los resultados individuales, recurrimos a información longitudinal de corte retrospectivo de la Encuesta sobre Movilidad Social y Curso de Vida en Monterrey (EMOS-MTY) que se levantó en el año 2000, así como a datos socioeconómicos de la zona de residencia provenientes del Censo de Población y Vivienda de 1990. Es poco frecuente en América Latina disponer simultáneamente de dos fuentes de información de esta naturaleza. Las variables independientes son de dos tipos. Por un lado están las variables que miden atributos individuales. Aparte se encuentra la variable que utilizaremos para medir el nivel socioeconómico de la zona de residencia. Respecto a las historias residenciales, un rasgo particular es que registra todos los barrios o colonias de la ciudad en los que vivió el entrevistado, así como las fechas en que cambió su residencia.

Construcción del Índice de Nivel Socioeconómico (NSR)

Para medir el NSR construimos un índice socioeconómico a partir de los datos censales de las unidades censales básicas (AGEB) de 1990. Agrupamos las 750 AGEB de la ciudad en 35 zonas, en función de su contigüidad geográfica y su homogeneidad en condiciones socioeconómicas. Luego calculamos cinco indicadores:

  • el porcentaje de individuos ocupados que tenían un ingreso laboral inferior a dos salarios mínimos;
  • el porcentaje de individuos con 15 años de edad o más que tenían una escolaridad inferior a secundaria completa (8 o menos años de escolaridad);
  • el porcentaje de viviendas que no disponían de agua entubada;
  • el porcentaje de viviendas que tenían piso de tierra;
  • y el porcentaje de viviendas que carecían de un cuarto exclusivo para cocinar.

Finalmente, con estos indicadores realizamos un análisis factorial por componentes principales, a partir del cual obtuvimos el índice de nivel socioeconómico para cada zona de la ciudad.

Resultados de la Clasificación por Zonas en Monterrey

En la zona de la ciudad con un menor NSR (zona 35, NSR=0), 77.9% de la pea ocupada ganaba menos de 2 salarios mínimos y 58.1% de la población mayor de 15 años de edad tenía escolaridad por debajo de la secundaria completa; 22.1% de las viviendas tenía piso de tierra, 70.6% no tenía acceso a agua entubada, y 37.2% no tenía cocina exclusiva para cocinar.

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La siguiente tabla ilustra los indicadores clave para la zona con el menor Nivel Socioeconómico (NSR=0):

Indicador Zona 35 (NSR=0)
% Ocupados con ingreso < 2 salarios mínimos 77.9%
% Población +15 años con escolaridad < secundaria completa 58.1%
% Viviendas sin agua entubada 70.6%
% Viviendas con piso de tierra 22.1%
% Viviendas sin cuarto exclusivo para cocinar 37.2%

Las zonas con mayor nivel socioeconómico pertenecen a un conglomerado ubicado al centro-poniente de la ciudad (zonas 2, 3, 4, 7, 25 y 36). Este conglomerado corresponde a los sectores conocidos como Valle, Cumbres y San Jerónimo, todos ellos conformados por colonias de los estratos socioeconómicos medio-alto y alto. Fuera de este conglomerado sólo existen otras tres zonas en el primer cuartil, que corresponden a los sectores Contry (18), Anáhuac (29) y Linda Vista (23).

En contraste, las zonas de menor nivel socioeconómico (último cuartil) se sitúan en la periferia oriente de la ciudad (zonas 20, 21, 24 y 26), correspondientes a los municipios de Apodaca y Guadalupe; en los sectores San Bernabé y Topo Chico al noroeste (zonas 31, 32 y 35); en la periferia sur (zona 16) y en el bolsón de viviendas de alta marginación que forman las colonias situadas en las partes altas de la Loma Larga, como la Sierra Ventana, La Boquilla, La Campana y La Risca, junto con el área de la colonia Independencia (zona 15). El lector familiarizado con la ciudad podrá corroborar que este agrupamiento efectivamente coincide con la distribución espacial de la población por estrato socioeconómico.

Estadísticas Socioeconómicas de la Zona Metropolitana de Monterrey

En 2020, la población en Monterrey fue de 1,142,994 habitantes (49.4% hombres y 50.6% mujeres). En comparación a 2010, la población en Monterrey creció un 0.66%.

Empleo y Salarios en Nuevo León

La tasa de participación laboral en Nuevo León fue 60.1% en el primer trimestre de 2025, lo que implicó una disminución de 2.28 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior (62.3%). La tasa de desocupación fue de 2.75% (80.6k personas), lo que implicó un aumento de 0.15 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior (2.61%).

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La población ocupada en Nuevo León en el primer trimestre de 2025 fue 2.85M personas, siendo inferior en 3.38% al trimestre anterior (2.95M ocupados). El salario promedio mensual en el primer trimestre de 2025 fue de $9.33k MX siendo inferior en $136 MX respecto al trimestre anterior ($9.47k MX).

  • Población ocupada formal: 67.5%
  • Población ocupada informal: 32.5%
  • Salario promedio mensual formal: $10.2k MX
  • Salario promedio mensual informal: $7.57k MX
  • Salario promedio mensual total: $9.33k MX

Desigualdad y Pobreza en Monterrey

En 2020, el coeficiente GINI en Monterrey fue de 0.38. El coeficiente o índice de Gini, es una medida estadística diseñada para representar la distribución de los ingresos de los habitantes, en concreto, la inequidad entre estos. Índices más cercanos a 0, representan más equidad entre sus habitantes, mientras que valores cercanos a 1, expresan máxima inequidad entre su población.

En 2020, 17.5% de la población se encontraba en situación de pobreza moderada y 1.77% en situación de pobreza extrema. La población vulnerable por carencias sociales alcanzó un 35.2%, mientras que la población vulnerable por ingresos fue de 4.89%. Las principales carencias sociales de Monterrey en 2020 fueron carencia por acceso a la seguridad social, carencia por acceso a los servicios de salud y carencia por acceso a la alimentación.

Estratificación Socioeconómica en México

Aunque el debate sobre clases sociales suele ser intuitivo -todos tenemos una idea de dónde nos ubicamos-, la clasificación formal no es tan simple. Una categorización retomada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) divide a la población en distintos niveles socioeconómicos según ingresos, ocupación y estabilidad financiera:

  • Baja-Alta: Se estima que sea aproximadamente 25% de la población nacional y está conformada principalmente por obreros y campesinos (agricultores).
  • Media-Baja: Formada por oficinistas, técnicos, supervisores y artesanos calificados.
  • Media-Alta: Incluye a la mayoría de hombres de negocios y profesionales que han triunfado y que por lo general constan de buenos y estables ingresos económicos.
  • Alta-Baja: La integran familias que son ricas de pocas generaciones atrás. Sus ingresos económicos son cuantiosos y muy estables.
  • Alta-Alta: La componen antiguas familias ricas que durante varias generaciones han sido prominentes y cuya fortuna es tan añeja que se ha olvidado cuándo y cómo la obtuvieron. Se estima que sea aproximadamente 1% de la población nacional.

Detrás de ese promedio nacional aparecen diferencias importantes. Aunque la ENIGH no clasifica oficialmente a los hogares mexicanos en clase baja, media o alta, la distribución por deciles permite aproximar en qué nivel económico se ubica cada familia. Reducir la desigualdad económica ha sido uno de los principales cambios reflejados por la ENIGH 2024. Durante 2016, el coeficiente se ubicó en 0.449. Parte de esa reducción está relacionada con transferencias y apoyos sociales. Pese a la mejora, las diferencias entre hogares continúan siendo profundas, especialmente entre los sectores ubicados en los extremos de ingreso. Actividades laborales continúan siendo el principal sostén económico de los hogares mexicanos. Transferencias y apoyos sociales aportaron 17.7% del ingreso total. Para la mayoría de las familias mexicanas, trabajar sigue siendo la principal vía para sostener el gasto cotidiano.

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