Descubre Cómo Curar la Inflación Según Milton Friedman y Transforma Tu Economíapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Los países industrializados occidentales ricos parecen estar atrapados en un ciclo temporal, con una inflación inesperadamente más alta que trae de vuelta no solo recuerdos de la década de 1970, sino también el debate político de esa era y las inseguridades políticas. ¿Es la inflación siempre y en todas partes un fenómeno monetario, como insistía Milton Friedman? ¿O es una consecuencia de la sobreextensión fiscal, o simplemente un síntoma de un mal funcionamiento democrático más general?

Y ahora que muchos de los mismos viejos problemas políticos y geopolíticos se están volviendo a calentar, la inflación es un termómetro. A medida que más dinero persigue menos bienes, los precios aumentan: la economía se vuelve febril.

Uno de los más importantes economistas de la segunda mitad del siglo XX, Milton Friedman fue un monetarista. Propuso resolver los problemas de inflación limitando el crecimiento de la oferta monetaria a una tasa constante y moderada. Premio Nobel de Economía en 1976 "por sus resultados en los campos del análisis del consumo, historia y teoría monetaria y por su demostración de la complejidad de la política de estabilización". Economista empírico, era especialista en estadística y econometría.

Defensor de la libertad individual, propugnó medidas de corte liberal. Una de ellas fue el establecimiento del bono educativo, en la idea de incentivar la demanda educativa según las preferencias de los padres. Propuso la flexibilización de precios, desregulaciones y privatizaciones, sistemas de pensiones individualizadas, la legalización del consumo de drogas y de la prostitución. Defendió la abolición del servicio militar obligatorio, de los salarios mínimos y del seguro social. En el terrero fiscal ideó el impuesto sobre la renta negativo, de tal modo que se subvencionara a las rentas más bajas.

Friedman despreciaba a todos los votantes y políticos conservadores que pensaban que la política fiscal era la culpable de la inflación. Pero su desdén estaba fuera de lugar, porque efectivamente había una conexión entre la política fiscal y la política monetaria: los altos déficits gubernamentales se habían financiado a través del banco central. Tanto en los Estados Unidos como en el Reino Unido, la tesorería y el banco central habían llegado a ser vistos como un “ejecutivo macroeconómico” unificado.

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Al final, Estados Unidos y el Reino Unido terminaron con una inflación más alta en comparación con la mayoría de los demás países industrializados. EU y Gran Bretaña tienen las tasas de inflación más altas del G7, y ambos también promulgaron medidas masivas paquetes de estímulo fiscal asistidos por el banco central en respuesta al impacto del Covid-19.

El Reino Unido es un ejemplo particularmente dramático de esto. En el primer año fiscal del Covid-19, el Banco de Inglaterra compró el 99.5% de la deuda pública y más del 100% el año siguiente. Bajo estas circunstancias, no es creíble argumentar que el banco central es independiente.

La misma lógica se aplica en los Estados Unidos, donde el mayor error de los políticos fue cifrar sus esperanzas en que una inflación más alta fuera “transitoria”. Esto duró hasta noviembre de 2021, cuando la administración de Biden presionó a la Reserva Federal estadounidense para que mantuviera las políticas monetarias relajadas al retrasar la nominación o renovación de los funcionarios de la Fed. Esta intervención política fue tan obvia como los esfuerzos de Richard Nixon en la década de 1970 para presionar a Arthur Burns, a la sazón presidente de la Fed.

El resultado es que los bancos centrales no son tan independientes como pretenden ser. Tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, los gobiernos y los bancos centrales han estado respondiendo a las presiones políticas creadas por divisiones sociales aparentemente intratables.

El Banco Central Europeo ha sido incluso más lento que la Fed o el BOE a la hora de subir los tipos de interés. Esto se debe en parte a que el carácter de la inflación es diferente y a que la invasión de Rusia a Ucrania ha elevado los costos de la energía. Los mercados laborales europeos también tienen algo más de holgura (aunque algunas economías europeas están sufriendo la misma escasez dramática de mano de obra calificada que se observa en Estados Unidos y el Reino Unido).

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Pero la principal razón del BCE para dudar es su temor de que los mercados interpreten los mayores costos de endeudamiento como una amenaza para el gobierno y la estabilidad bancaria en los países del sur de la eurozona más endeudados. Un aumento en los costos de endeudamiento del gobierno podría provocar el doble golpe (o el “bucle fatal”) que muchos temían durante la crisis de la deuda europea hace una década. Si los gobiernos endeudados deben pagar primas de riesgo más altas y se ven amenazados con la insolvencia, el valor de sus bonos caerá, socavando los balances de los bancos que los tienen.

La historia está repleta de ejemplos de rupturas sistémicas provocadas por una alta inflación. Al tratar de unir a las sociedades con dinero, los bancos centrales han sembrado repetidamente las semillas de una disolución política y social más amplia. En los estados federales, como Alemania a principios de la década de 1920 o la Unión Soviética y Yugoslavia a fines de la década de 1980, la inflación alimentó una dinámica centrífuga y separatista.

Otra gran aportación de Friedman es la revisión de curva de Phillips, de inspiración keynesiana, que relaciona inversamente niveles de paro e inflación. Considera Friedman que el paro sería voluntario de no ser por la existencia de una tasa de paro natural, la NAIRU (non accelerating inflation rate of unemployment), consecuencia de las limitaciones impuestas por gobiernos y otras instituciones públicas. Cuando un gobierno intenta disminuir el paro por debajo de esa tasa natural mediante políticas monetarias muy expansivas, a corto plazo puede conseguirlo. Pero los agentes económicos se acaban dando cuenta de que, si con iguales salarios hay inflación, ven menguada su capacidad de adquisición de bienes y servicios.

Con este análisis Friedman consiguió tres importantes logros. El primero de ellos, dar una explicación anticipada a lo que después sucedería con las crisis del petróleo. El segundo, demostrar que la política monetaria tiene efectos reales (sobre el empleo) a corto plazo, pero a largo plazo sólo tiene efectos nominales (sobre los precios). El tercero, sentar las bases de posteriores desarrollos basados en la hipótesis de expectativas racionales, y no adaptativas como hasta entonces.

Friedman consideraba que, al igual que una política monetaria expansiva puede crear crisis económicas, una política restrictiva también puede ser perjudicial, mediante una deflación de precios. Así lo puso de manifiesto en 1963 cuando publicó, junto a Anna Schwartz, un voluminoso tomo llamado "A Monetary History of the United States, 1897-1958".

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Friedman nació en el barrio neoyorquino de Brooklyn el 31 de julio de 1912. Fue el cuarto y último hijo de una familia humilde formada por Sarah Ethel y Jeno Saul Friedman, inmigrantes judíos procedentes del centro de Europa, aunque nunca les faltó para comer. Su padre murió teniendo Friedman 15 años. A pesar de ello, y debido al gran esfuerzo económico realizado por su familia y él mismo costeándose sus estudios, Friedman cursó Economía en la Universidad Rutgers (New Jersey) y obtuvo el doctorado en la Universidad de Columbia en 1946. Fue alumno de SimonKuznetzs y Arthur Burns. Profesor de la Universidad de Chicago desde 1946 a 1976. También dio clases en las universidades de Wisconsin, Princeton, Columbia y Stanford.

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