El sesenta aniversario de la Revolución cubana ha coincidido con un entorno regional adverso y la crisis venezolana, que obligará al régimen a modificar sus alianzas y su proyecto político y económico. El presente texto plantea la dimensión de estos desafíos y analiza las posibles salidas a las trabas de la política exterior cubana durante el gobierno de Miguel Díaz-Canel, el primer presidente que no pertenece a la “generación histórica” y cuya legitimidad depende de la velocidad y del grado de apertura que deseen y exijan los ciudadanos.
El fin de un ciclo político y la crisis de alianzas
El bienio 2018-2019 cerró un ciclo en la política exterior cubana, que en los últimos veinte años se había centrado en su relación estratégica con el régimen chavista de Venezuela, que actualmente afronta una crisis política y económica existencial con un desenlace incierto. El conflicto político, nuevas sanciones de EEUU a los ingresos petroleros y un colapso inminente de la economía venezolana obligaron al Gobierno cubano a buscar alternativas o nuevos aliados para sustituir la alianza estratégica con Caracas. Todo ello aconteció en un entorno político regional mucho más adverso que en el período 2003-2015, cuando Cuba contó con el apoyo de los demás miembros del Grupo ALBA.
Sin su principal aliado, Venezuela, Cuba estaría no solo más aislada en la región sino que también se aceleraría el declive económico. La Revolución cubana ha sobrevivido sesenta años gracias a socios externos fuertes capaces de compensar la ausencia de relaciones con Estados Unidos y la presión que ejerce Washington contra La Habana. En el ámbito doméstico, esta alianza bilateral, políticamente arriesgada pero económicamente beneficiosa, permitió al régimen cubano controlar el sector privado emergente, ralentizar las reformas y evitar un retorno al capitalismo, un postulado que se ha recogido en la nueva Constitución de 2019.
Factores internos y la crisis multisistémica
La derrota en la aprobación del nuevo Código de las Familias es la prueba más palpable de que el pueblo no cree en la cúpula al mando y lo que desea es un cambio de sistema. Esta situación ocurre en el peor momento de la crisis que tiene al país ahogado en la bancarrota, con la industria del turismo estancada, con el declive de las exportaciones, la escasez de alimentos y medicamentos, y una inflación galopante. Existen factores críticos que definen la situación actual:
- Inoperancia económica: No existe voluntad del régimen por hacer una reestructuración profunda del sistema ni abrir la economía a un libre mercado real.
- Colapso energético: El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) está colapsado y el país no tiene recursos financieros para sustituir sus termoeléctricas obsoletas.
- Descapitalización humana: El país ha sufrido una fuerte descapitalización debido a la emigración masiva, que desangra los recursos humanos de la nación.
- Vacío de poder: Se percibe una desconexión total entre el Partido Comunista de Cuba (PCC) y el pueblo; los dirigentes han perdido la empatía y la conexión con las masas.
Escenarios futuros ante la inestabilidad
Analizando los factores internos y externos, es comprensible que al régimen cubano no le quedan muchas opciones sobre la mesa. Si el régimen no estabiliza la generación de energía, la falta de alimentos y de medicamentos, los posibles escenarios incluyen:
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- Un levantamiento popular generalizado ante la represión de protestas pacíficas, lo que podría generar un quiebre del sistema por parte de fuerzas militares que no deseen mantener la represión.
- La apertura de fronteras para permitir un éxodo masivo, lo que obligaría a una intervención humanitaria internacional.
- La deposición de figuras clave del régimen, ya sea por una lucha interna de poder o por la necesidad de negociar una salida ante la presión de la crisis.
En conclusión, la crisis multisistémica que vive el país no se resolverá bajo las circunstancias actuales a menos que Cuba avance hacia una transición real. La Administración Biden tiene una oportunidad histórica de acelerar el proceso de cambio o de alargar aún más la agonía de millones de cubanos, condicionando cualquier ayuda a un escenario de apertura democrática y separación de poderes.
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