Descubre los Conflictos Clave del Régimen de Díaz que Desataron el Impulso al Cambiopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Porfirio Díaz y el Porfiriato marcaron la historia de la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX en México. Este periodo, que comienza en 1876 y concluye en 1911, si bien tuvo sus aciertos en el desarrollo de la nación, estuvo plagado de problemas políticos y sociales que gestaron el descontento y, finalmente, la revolución.

Declive Económico y su Impacto Social

Al iniciarse el siglo XX el desarrollo económico del porfirismo perdió impulso, la tasa de crecimiento de la producción industrial disminuyó. Los productos agrícolas como el maíz y el frijol aumentaron de precio, lo que redujo el consumo interno de la mayoría de la población hasta en un 57%. Esta situación económica se agravó con medidas gubernamentales y factores externos.

Para 1905, el gobierno realizó una reforma monetaria, adoptando como respaldo de la moneda mexicana el patrón oro, antes había sido la plata, fijando la paridad en dos pesos plata por dólar, lo que equivalía a una devaluación del 50%. Esta medida provocó inflación, deterioro de los salarios y aumento de la deuda externa.

Periodo Equivalencia Peso Mexicano / Dólar
Inicio del gobierno de Díaz 1 peso = 1 dólar
Final del gobierno de Díaz 2 pesos = 1 dólar

Sin embargo, fue la crisis económica mundial de 1907 la que frenó el desarrollo del país. Iniciada en Nueva York, Estados Unidos, fue la primera crisis financiera del capitalismo moderno. Las causas que la originaron fueron la ambición de los capitalistas, la especulación con las acciones de bancos, minas y ferrocarriles y la falta de regulación financiera, situación que provocó la reducción de los precios internacionales de las materias primas impactando las economías de los países menos desarrollados como México.

La situación económica afectó a las clases altas y medias (hacendados, comerciantes, rancheros e industriales), pero principalmente a las clases bajas, que como siempre, resistieron la crisis, agravándose los problemas sociales y políticos. Hacia 1907 muchas minas y fábricas textiles cerraron y despidieron a sus trabajadores.

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En el campo los conflictos se generaron por el deslinde de terrenos baldíos, la colonización, la desamortización de las tierras y el sistema de peonaje. En las zonas urbanas, aumentó el desempleo, la prolongación forzada de la jornada de trabajo, los despidos injustificados y la represión de los capataces.

Surgimiento de la Oposición Política Organizada

Como respuesta a las difíciles condiciones laborales, al igual que en los países industrializados, surgió en México una lucha obrera con diversas demandas:

  • salarios dignos
  • descanso dominical
  • jornada de 8 horas
  • reglamentación del trabajo infantil y de la mujer
  • pago de indemnizaciones por accidentes laborales, entre otras.

Así, ferrocarrileros, mineros, tabaqueros, panaderos, transportistas y trabajadores textiles formaron los primeros sindicatos desafiando la prohibición establecida por el gobierno.

La oposición más sistemática y radical desde 1900, se dio a partir del surgimiento del Partido Liberal Mexicano (PLM) y sus órganos de difusión como Regeneración. El magonismo, como también se le conoce, contó con la participación de los hermanos Jesús, Enrique y Ricardo Flores Magón, Librado Rivera, Antonio Díaz Soto y Gama, y un gran número de maestros, médicos, estudiantes, periodistas, obreros y rancheros. En 1906, el PLM publicó el Programa del Partido Liberal Mexicano, cuya plataforma de reivindicaciones constituyó el contenido social de la lucha revolucionaria y los principios fundamentales de la constitución de 1917.

Dentro del propio grupo dominante se dieron importantes fracturas. La crisis económica y la falta de oportunidades políticas provocaron la ruptura entre el grupo financiero de la Ciudad de México, encabezado por el ministro de Hacienda, José Ives Limantour, y el grupo de hacendados e industriales norteños que se aglutinaron en torno al general Bernardo Reyes, dando origen al grupo político mejor conocido como “reyista”, quienes buscaban el predominio en el gobierno de Díaz y preparar el ascenso del general Bernardo Reyes a la presidencia de México.

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En 1907, el presidente Díaz concedió una entrevista al periodista norteamericano James Creelman, donde manifestó su intención de retirarse del poder y afirmó que el país estaba preparado para la democracia. Por lo cual vería con agrado la formación de partidos políticos para participar en las elecciones de 1910. Esto llenó de optimismo y esperanza a mucha gente, que de inmediato comenzó a organizarse para participar en dichas elecciones.

Uno de los movimientos importantes, fue dirigido por el rico empresario y terrateniente coahuilense Francisco I. Madero, quien se convirtió en el representante de los intereses políticos de la burguesía terrateniente norteña y de la pequeña burguesía urbana. La formación del Partido Antirreleccionista con Madero a la cabeza, estableció un programa liberal democrático cuyos puntos fundamentales fueron la no reelección y el respeto al sufragio efectivo, con los cuales logró conjuntar amplios sectores de la población.

La Caricatura Política como Espejo de la Crítica al Régimen

La caricatura política constituye una vía de acceso al conocimiento histórico en tanto se ocupa de los temas candentes y personajes relevantes del momento en que fue generada. Si bien las imágenes atienden asuntos o temas que están en el ambiente y toman elementos de los sucesos y acontecimientos cotidianos para elaborar sus críticas, también subliman, exageran, deforman, adecúan el tratamiento a conveniencia de quienes las producen.

A lo largo de la vida pública de Porfirio Díaz, y en especial durante el régimen que encabezó en su calidad de presidente de la República, se produjeron diversos periódicos satíricos e ilustrados, entre ellos algunos que incluían el uso de la caricatura como parte de su estrategia de apoyo o de crítica. El análisis de esas representaciones posibilita entender la forma en que sus contemporáneos percibieron a Díaz o, para ser más precisos, la manera en que trataron que fuera percibido.

Pese a lo que mostraban e intentaban grabar en el imaginario colectivo las representaciones apologéticas, existió una prensa satírica que fue dura detractora de Díaz. Como contraparte de la figura heroica, y recurriendo a los mismos referentes y elementos usados para construirla, también se publicaron gran cantidad de caricaturas producidas por sus opositores, en las cuales la crítica se hacía de manera frontal y violenta; eran caricaturas profundamente invectivas.

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En estas caricaturas, en particular en las publicadas a partir de 1876, se acusaban y denunciaban los supuestos métodos y resultados de las acciones de Díaz y de sus aliados, quienes habían accedido al poder y se mantendrían en él con altos costos para el país. Así, desde su primera administración, los periódicos satíricos contrarios a Porfirio señalaban que el general se había impuesto por medio de la fuerza. Frente al propósito de los correligionarios de Díaz de mostrarlo como héroe de la patria y amigo del pueblo, los opositores se dieron a la tarea de construir otra imagen muy diferente y contrastante.

En opinión de sus detractores, el militar representaba una amenaza para México y para sus habitantes. Lo que pronosticaban era el principio de una etapa de gobierno que cancelaba toda esperanza de paz, de desarrollo, de progreso, de independencia. Principios constitucionales, derechos legales e individuales, libertad de pensamiento y de acción, honor, moral y un largo etcétera, parecían haber sido hollados por un régimen que sólo conoce el poder de la fuerza armada y por unos hombres que son capaces de cometer las peores acciones si ello les permite lograr sus objetivos y concretar sus ambiciones. Incluso se le presentaba como un pecador que había traicionado al pueblo y a la patria.

Las imágenes contrarias a Díaz buscaban presentarlo como una especie de villano cuya presencia supondría grandes males y calamidades para el país. En efecto, publicadas en 1877, a tan sólo un año de distancia de las que aparecieran en El Ahuizote, varias caricaturas exhiben al militar como un caudillo temible para México. Entre otras connotaciones negativas del régimen de Díaz, una que se explotó de manera constante en las caricaturas fue la del riesgo de la imposición de un régimen dictatorial.

La acusación de dictador recayó sobre Díaz desde muy temprano en las páginas de los periódicos de humor. En 1877 estuvo motivada por un rumor sobre la pretensión de Díaz y sus allegados de promulgar un régimen de ese tipo. Hay algunas imágenes en las que la palabra dictadura aparece directamente sobre la espada que porta Díaz entre las manos. Esta percepción se sostenía en el hecho de que Porfirio Díaz prácticamente no permitió a los gobernadores ni a las autoridades locales ejercer libremente su poder; él tomaba todas las decisiones, lo que confirmaba un control centralizado y autoritario.

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