En el año 399 a.C. el filósofo Sócrates, ya septuagenario, fue llevado a juicio en Atenas. Fue condenado a muerte y ejecutado por los atenienses. Este evento trascendental ha sido objeto de estudio y debate a lo largo de los siglos, con sus consecuencias considerándose uno de los momentos estelares de la humanidad. El juicio de Sócrates se refiere al juicio y posterior ejecución del filósofo ateniense Sócrates en 399 a. C.
Sócrates era una figura conocida en Atenas, cuya celebridad se debía tanto a las denostaciones de sus detractores (pensemos en las referencias de Las Nubes de Aristófanes) como a los elogios de sus pupilos, en los primeros textos platónicos. Su juicio se realizó ante un tribunal popular compuesto por 500 o 501 ciudadanos. Este debía dar su sentencia tras escuchar al acusador y al acusado.
Los Acusadores de Sócrates
La acusación formal fue impulsada por tres personas: Meleto, Ánito y Licón. Meleto, un joven poeta o un trágico de poca valía, fue el acusador principal. Se ocupaba de la poesía trágica y erótica, pero no se lo recuerda como autor de alguna obra célebre, sino por su argumentación contra Sócrates, habiendo sustanciado la acusación de impiedad y de corromper a la juventud. Acusó al filósofo siendo muy joven, seguía las órdenes de Ánito, mostraba odio porque el filósofo criticó en distintas ocasiones a los poetas, pero también era un fanático religioso de deplorable oratoria.
Ánito era un líder político prominente y democrático, bien conocido por otras fuentes. Él era un acérrimo adversario de los sofistas y también fue enemigo personal de Sócrates. Impugnaba que el filósofo ateniense habría criticado a su hijo por continuar sus negocios. Licón, siendo orador, figuraba en el bando acusador como syngoroi (co-acusador) y varias veces fue objeto de burla evidenciada en poesías cómicas. Como parte del círculo de Ánito, le apoyaba en reuniones, en procesos judiciales y en otras actividades.
Las Tres Acusaciones Imputadas
El texto de la acusación formal contra Sócrates, que fue presentado bajo juramento por Meleto, decía así:
Lea también: ¿Cuáles son los Elementos Contables?
«Presenta denuncia bajo juramento Meleto, hijo de Meleto, del demo de Pitto, acusando a Sócrates, hijo de Sofronisco, del demo de Alópece: Sócrates comete el delito de no reconocer a los dioses en que cree la ciudad, e introduce nuevas divinidades. También delinque corrompiendo a los jóvenes. Pena solicitada: la muerte».
Aunque esta declaración menciona dos cargos principales, el contexto histórico y otras fuentes como la Memorabilia de Jenofonte revelan una tercera dimensión política crucial en el juicio.
1. Impiedad (Asebeia)
La primera acusación formal contra Sócrates fue la impiedad (asébeia). Se le acusaba de «no reconocer a los dioses en que cree la ciudad, e introduce nuevas divinidades». El delito de impiedad se había introducido en la legislación ateniense hacía unas décadas. Un tal Diopites lo había propuesto durante la guerra del Peloponeso, y desde entonces ya se había aplicado en otros casos, casi siempre con intención de perseguir a un rival político. En el caso de Sócrates, su accionar fue interpretado de esta manera.
Sócrates mantenía una visión particular en cuanto a la religión. Decía escuchar una voz interior, un oráculo privado cuya desobediencia podía ocasionarle consecuencias peligrosas e indeseables. Realizó varias referencias a su espíritu personal, o daimon, aunque afirmó explícitamente que nunca se le había impuesto, sino que le advertía sobre varios acontecimientos posibles. Muchos de sus contemporáneos sospechaban del daimon de Sócrates, considerándolo un rechazo a la religión del Estado.
Respecto de los espíritus extraños a los dioses, el filósofo constriñó intelectualmente a Meleto a afirmar que aquellos provendrían de estos; así, que Sócrates rindiera tributo a los espíritus implicaría también adorar a los dioses. En su defensa, Sócrates negó y refutó tener cualquier interés serio en la filosofía natural.
Lea también: Por qué auditar es importante
2. Corromper a la Juventud
La segunda acusación principal fue la de «corromper a los jóvenes». El propósito último de la acusación era claro: querían silenciar para siempre a un individuo demasiado molesto como crítico de las tradiciones y al que muchos identificaban como un sofista más, es decir, como uno de aquellos falsos sabios que habían introducido el despego a la religión e ideas perturbadoras entre la juventud. En su obra Las nubes, Aristófanes ya argumentó que el filósofo atentaba contra la educación de los jóvenes; al grado que puso en su boca, expresiones de impiedad introduciendo dioses distintos a los de Atenas.
El método socrático era imitado con frecuencia por los jóvenes atenienses, trastornando en gran medida el orden social y los valores morales ya establecidos. Sócrates se definió a sí mismo como una víctima perpetua del dios Eros y como un maestro en el arte de amar.
3. Socavar la Constitución Democrática y Asociaciones Políticas Problemáticas
Aunque la acusación formal de Meleto no contenía cargos explícitamente políticos, las fuentes como la Memorabilia de Jenofonte registran acusaciones que apuntan a la subversión democrática. Los atenienses odiaban a los Treinta Tiranos por sus tropelías. El pueblo no veía como coincidencia el hecho de que Critias, el líder de los Tiranos, hubiera sido uno de los discípulos de Sócrates.
Los dos cargos contra Sócrates registrados por la Memorabilia (1.2.9) de Jenofonte, que pueden considerarse de índole política, son los siguientes:
- Sócrates inducía a aquellos con los que conversaba a desdeñar las leyes, calificando de locura el sorteo para escoger a los magistrados. Argumentaba que nadie estaría dispuesto a elegir un timonel, un arquitecto o incluso un profesor de música de la misma forma, puesto que las equivocaciones en estos asuntos serían mucho menos fatales que los errores que conciernen a la polis. En los jóvenes, estos argumentos suscitaban desdén y los hacían ponerse violentos.
- Sócrates fue asociado a Critias y Alcibíades, quienes ocasionaron los desastres más grandes de la ciudad. Critias, tío de Platón, fue discípulo de Sócrates, al igual que Alcibíades, conocido como uno de los grandes traidores de la polis. Estas relaciones volvieron a Sócrates sospechoso a ojos de los demócratas. El hecho de que sus discípulos Critias y Alcibíades fueran enemigos de la democracia, sumado a sus críticas a la elección por sorteo, aumentó la suspicacia de los demócratas.
La amnistía general concedida en el 403 a.C. por todos los crímenes políticos cometidos antes de esa fecha hacía complicado imputar cargos políticos directos. Sin embargo, la amnistía no impedía mencionar relaciones previas con personajes siniestros ni argumentar que Sócrates continuaba diciendo y pensando que era una estupidez elegir a los magistrados por sorteo, lo que socavaba la democracia incluso después del 403 a.C.
Lea también: Entendiendo los Conceptos Contables
Fuentes Históricas del Juicio
Del suceso del juicio de Sócrates, solo se cuenta con los relatos de Platón y Jenofonte. La Apología de Platón es una fuente contemporánea con el suceso, probablemente escrita una década después del juicio, y es el reporte de un testigo ocular, pues Platón alega haber asistido al juicio de Sócrates. Sin embargo, Platón no es imparcial, ya que defiende a Sócrates en lugar de narrar simplemente los acontecimientos, y es un poeta, lo que sugiere la posibilidad de que la Apología sea una ficción. La Apología de Jenofonte no es ficción como la de Platón; solamente la parte central (11-21) pretende ser la defensa de Sócrates y es un resumen narrado en estilo indirecto. En la Memorabilia de Jenofonte no hay un recuento de lo que Sócrates dijo en su defensa, sino una apología de Jenofonte a favor de Sócrates, que incluye un resumen de algunos de los cargos presentados contra él.
Al comparar las narraciones de Platón y Jenofonte, se encuentran similitudes sorprendentes, lo que lleva a inferir que ambos provienen de una fuente común o al menos relatan eventos de manera concordante en ciertos puntos. Por ejemplo, ambos mencionan el Daimonion de Sócrates y su negación de interés serio en la filosofía natural.
El Verdedicto y la Ejecución
El tribunal, tras escuchar al acusador y al acusado, lo declaró culpable, aunque tan solo por una pequeña diferencia de votos. En la primera votación, Sócrates fue declarado culpable. Los condenados en Atenas tenían el derecho de proponer una pena alternativa a la solicitada por la acusación, que en el caso de Sócrates era la muerte.
Sócrates expuso la conducta que había mantenido toda su vida, insistiendo en presentarse como un benefactor de todos sus conciudadanos. Propuso a los jurados que se le mantuviera en el Pritaneo, subvencionado por la ciudad como si fuese un héroe. Tras este alegato, se celebró la segunda votación, en la que el jurado lo condenó a muerte por una mayoría de 280 frente a 220 votos, bastante más holgada que la anterior. Fue declarado culpable por 281 votos de los miembros de dicho jurado. Después de una inescrutable negociación, que parecía más una burla de Sócrates en contra de sus detractores, el arconte propuso la pena de muerte. El jurado estuvo de acuerdo en la condena impuesta, según Platón, por el tono de burla y provocación que el filósofo mostró durante el juicio.
Aunque sus amigos organizaron su huida de Atenas, él se negó, pues quería obedecer las leyes de la ciudad en la que siempre había vivido. Finalmente, llevó a cabo su propia ejecución bebiendo la cicuta, convirtiéndose en uno de los primeros de los escasos «mártires» intelectuales.
