Descubre los Impactantes Cargos y el Proceso Judicial de Pablo de Tarso que Cambiaron la Historiapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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San Pablo es una figura histórica esencial. Es el fundador del cristianismo. Es poco conocido el proceso judicial que se siguió contra él aunque figura en la Biblia. De los juicios contra Pablo de Tarso (antes Saulo) tenemos mucha más información. La narración del caso contra San Pablo la encontramos en el capítulo 25 de Los hechos de los apóstoles, libro contenido en el Nuevo Testamento. Pablo, que era judío pero ciudadano romano, no aceptó ser juzgado por los judíos. El proceso contra Pablo fue complejo y tuvo diversas fases con aplazamientos constantes por cuestiones de competencia. Acusado por los sumos sacerdotes y por los principales judíos de Jerusalén de violar la ley, Pablo de Tarso, ya siendo seguidor de Jesucristo, acometió su propia defensa ante Festo, procurador de Judea del año 59 al 62 d.C., apelando a ser juzgado por el tribunal que -aun siendo judío- como ciudadano romano le correspondía.

Primeras acusaciones y defensa en Jerusalén

El segundo arresto registrado de Pablo, que tuvo lugar en Jerusalén, fue profetizado de antemano (Hechos 21:11); incluso con la advertencia, Pablo eligió continuar hacia la capital. En este contexto, fue acusado en Jerusalén de violar la ley y haber profanado la santidad del Templo introduciendo en él a gentiles. Algunos judíos no creyentes de Asia reconocieron a Pablo en el templo y agitaron a la multitud contra él, gritando: "¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar" (Hechos 21:28).

Defensa ante el Sanedrín y protección romana

Conducido ante el Sanedrín, Pablo se defendió. Al día siguiente, Pablo hizo su defensa ante el Sanedrín, diciendo que estaba siendo juzgado por su esperanza en la resurrección de los muertos. Los fariseos sostenían la doctrina de la resurrección, pero los saduceos no; por tanto, Pablo aprovechó los desacuerdos dentro del Sanedrín para defender su creencia en el evangelio (Hechos 23:6-8). Algunos de los fariseos salieron en defensa de Pablo, y la disputa que siguió dentro del Sanedrín se volvió tan violenta que el comandante romano ordenó que Pablo fuera llevado de vuelta a los cuarteles por su propia seguridad.

Pablo fue arrestado rápidamente por los romanos y encarcelado. El comandante romano envió a Pablo a las barracas con órdenes de que fuera azotado e interrogado (Hechos 22:24). Sin que el comandante lo supiera, Pablo era ciudadano romano y, por tanto, era ilegal que le azotaran sin haber sido declarado culpable. En esta ocasión, Pablo se ahorró los azotes al poner en conocimiento de un centurión el hecho de que era ciudadano romano. Mientras Pablo estaba en prisión en Jerusalén, algunos judíos conspiraron para asesinarlo, pero el complot fue descubierto por el sobrino de Pablo, que avisó al comandante romano.

El proceso ante los procuradores romanos: Félix y Festo

Como ciudadano romano, Pablo solicitó ser juzgado por los jueces romanos. Fue enviado por el tribuno al procurador de la provincia de Judea, Marco Antonio Félix, que residía en Cesarea Marítima, ante quien tuvo lugar una audiencia. Pablo fue conducido de noche a Cesarea bajo una fuerte vigilancia, donde continuó su encarcelamiento. Pronto fue juzgado por el gobernador Félix. Al parecer, el mensaje del evangelio convenció a Félix, pero éste respondió con miedo en lugar de arrepentimiento (Hechos 24:25). El procurador postergó el juicio y dejó a Pablo en prisión preventiva durante dos años. Félix mantuvo a Pablo en prisión durante dos años más, esperando que Pablo ofreciera un soborno (Hechos 24:26). Como favor a los judíos, Félix dejó a Pablo en prisión cuando fue reemplazado por Porcio Festo hacia el año 59 d.C.

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Apelación a César y el juicio con Festo y Agripa

En Jerusalén, los jefes de los sacerdotes y los líderes judíos, que seguían odiando a Pablo, presentaron su caso contra él ante Festo y pidieron que Pablo fuera trasladado a Jerusalén. Siguió otro juicio, pero no se pudo probar ninguno de los cargos. Festo quería conceder un favor a los judíos, así que preguntó si Pablo iría a Jerusalén para ser juzgado allí.

Pablo se negó y apeló al César. Dada su calidad de ciudadano, Pablo requirió a Festo estar ante la presencia del primero entre los romanos, el César, para ser juzgado, a pesar de la intención del gobernante de congraciarse con las masas. Así está narrado este pasaje en Los hechos: “Entonces Festo, que quería ganarse la amistad de los judíos, preguntó a Pablo: ‘Si soy yo el que te va a juzgar, ¿quieres subir a Jerusalén?’ Pablo contestó: ‘Estoy ante el tribunal del César; ahí debo ser juzgado. No he hecho ningún mal a los judíos, como tú muy bien sabes. Si he cometido algún delito que merezca la muerte, acepto morir. Pero si no he hecho nada de lo que me acusan, nadie tiene derecho a entregarme a ellos."

Antes de que Pablo pudiera ser enviado a Roma, el rey Agripa llegó a Cesarea. Festo pidió consejo a Agripa, y Pablo compareció ante Agripa -otra oportunidad para compartir el evangelio (Hechos 26). Festo solicitó al Rey Herodes Agripa II que juzgara a Pablo. Al juicio asistió también Berenice, hermana del rey. Pablo solicitó formalmente a Agripa y Berenice ser juzgado directamente por el emperador en Roma. En ese momento el augusto era Nerón.

Encarcelamiento en Roma

Como Pablo había apelado al César, fue enviado a Roma alrededor del año 60 d.C. Los Hechos de los Apóstoles explican que Pablo fue detenido en Jerusalén y, después de diversas peripecias, llegó como prisionero a Roma, donde vivía en un régimen de libertad condicional esperando a ser juzgado por el emperador. En Roma fue encerrado en prisión. Permaneció dos años en la cárcel. Aunque estaba prisionero en Roma, a Pablo se le permitió vivir en una casa y recibir cuidados y provisiones de amigos y familiares (Hechos 28:30-31). Estuvo bajo arresto domiciliario durante dos años. Pablo "recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento" (Hechos 28:30-31). Fue durante este arresto domiciliario cuando Pablo escribió los libros de Efesios, Filemón, Colosenses y Filipenses.

El final de la vida de Pablo: Martirio

El relato de los Hechos de los Apóstoles acaba en Roma, donde el santo esperaba su juicio. Hay distintos relatos sobre su muerte y no hay detalles sobre si tuvo lugar el juicio. La Biblia no dice nada sobre la muerte de Pablo. El último arresto de Pablo, que no se detalla en los Hechos, ocurrió alrededor del año 66 d.C.. Una vez mas, fue detenido bajo guardia romana, pero esta vez fue confinado a una celda de la carcel. Al final de su tercer encarcelamiento, Pablo fue martirizado por el Imperio Romano. Según una antiquísima tradición Pedro y Pablo fueron martirizados en Roma el mismo día, hacia el año 64: Pedro sufrió crucifixión en tanto que Pablo, por ser ciudadano romano, fue decapitado; sus sentencias fueron dictadas por el emperador Nerón, implacable y feroz perseguidor de los cristianos. Fue llevado sano y salvo junto al Señor (Filipenses 1:21-23; 2 Corintios 5:8).

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