La Biblia declara la gran importancia y el poder transformador de la sangre de Jesucristo para todos los creyentes. Aunque figuras como el filósofo francés Voltaire y el presidente estadounidense John Adams criticaron el cristianismo señalando la mención de la sangre y la muerte de Jesucristo, los cristianos celebran la sangre de su Fundador.
Entonces, ¿por qué los cristianos celebran la sangre de su Fundador cuando la sangre se suele considerar grotesca? La respuesta radica en los profundos beneficios espirituales que esta sangre preciosa ha otorgado a la humanidad.
La Sangre de Cristo y el Nuevo Pacto
La sangre de Cristo tiene un poder inmenso. Porque por medio del Espíritu, que vive para siempre, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio sin mancha ni pecado. Así, por medio de Jesucristo, entramos en un nuevo pacto con Dios. Porque Jesucristo murió para que Dios nos perdonara todo lo malo que hicimos cuando servíamos al primer pacto. Su sangre nos purifica, para que estemos seguros de que hemos sido perdonados, y para que podamos servir a Dios, que vive para siempre. La sangre del Señor, habiendo satisfecho la justicia de Dios, estableció el nuevo pacto.
En este nuevo pacto Dios nos da perdón, vida, salvación y todas las bendiciones espirituales, celestiales y divinas. Cuando este nuevo pacto nos es dado, es una copa, una porción para nosotros. El Señor derramó Su sangre, Dios estableció el pacto y nosotros disfrutamos la copa, en la cual Dios y todo lo Suyo son nuestra porción. Hoy la sangre de Cristo también habla de que el nuevo pacto ha sido promulgado. La justicia de Dios ha sido completamente satisfecha por la sangre de Jesús, y nosotros somos los beneficiarios. ¡La sangre maravillosa de Cristo hace tanto por nosotros!
Beneficios Fundamentales de la Sangre de Jesús
La Biblia revela muchos aspectos maravillosos de lo que la sangre de Cristo hace por nosotros. Estos gloriosos beneficios están disponibles para aquellos que se humillan y claman a Jesucristo por perdón.
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1. Perdón y Limpieza de Pecados
La Biblia deja claro que cada persona está separada de Dios debido a su pecado (Romanos 3:23; Colosenses 1:21). Pero gracias a la sangre derramada de Cristo, Dios puede perdonar nuestros pecados porque Él tomó nuestro castigo. Efesios 1:7 dice: «En Él tenemos redención mediante Su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de Su gracia».
Cristo explicó el perdón que ofrece a sus discípulos en la Última Cena: «Porque esto es Mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados» (Mateo 26:28). Al igual que la sangre del cordero pascual liberó al pueblo israelita de la noche de terror en Egipto, la propia sangre de Cristo liberaría del juicio de Dios. Cuando primero creímos en Jesús como nuestro Salvador, Dios nos perdonó y nos lavó de nuestros pecados.
La sangre de Jesucristo tiene un doble poder de purificación:
- Limpieza del pecado cometido: La primera parte consiste en ser limpiados de los pecados que hemos cometido. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos. Esta es una limpieza y/o purificación que ocurre en un instante. Cuando pecamos, nuestra conciencia está agobiada por la culpa, lo que afecta negativamente nuestra fe. Cuando nuestra conciencia nos alerta de que hemos hecho algo malo, simplemente podemos decir algo como: “Sí, Señor, he pecado de esa manera. Perdóname”. Así que cuando confesamos nuestros pecados a Dios, somos perdonados de nuestros pecados y limpiados de ellos por la sangre de Jesús. La sangre de Jesús es poderosa y eficaz para limpiarnos de nuestros pecados cuando confesamos.
- Limpieza del pecado que mora en nosotros: Esta limpieza ocurre cuando andamos en la luz. Si andamos en la luz y al mismo tiempo somos humildes y amamos realmente la verdad, veremos, con el paso del tiempo, mucho pecado en nosotros que antes no veíamos y del cual la sangre de Jesús también nos limpiará. La sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado, de esta manera poco a poco llegamos a ver una luz cada vez mayor, esto debido a que aceptamos el juicio que la luz nos da y hacemos morir las obras del cuerpo de pecado por medio del Espíritu.
La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Lo que nos esta diciendo Juan es que la sangre de Cristo limpia al creyente de todo pecado. Cristo llevó nuestros pecados sobre su hombro, los tomó para que ya no los cargara el creyente.
2. Acceso a la Presencia de Dios
La Biblia deja claro que cada persona está separada de Dios debido a su pecado. Eso significa que incluso los mejores de nosotros somos incapaces de acercarnos a Dios y ofrecerle adoración o una oración. Pero debido a la muerte de Jesús en la cruz, los cristianos pueden acercarse con confianza a la presencia de Dios. «Tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús» (Hebreos 10:19).
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El Lugar Santísimo era el lugar del Tabernáculo construido por Moisés, en donde estaba el Arca del Pacto, que representa la presencia de Dios; pero ahora por la Sangre de Cristo tenemos entrada al verdadero Lugar Santísimo, para conocer al Señor más de cerca y gozarnos en Él.
3. Purificación de Conciencia
La sangre de Cristo no solo ofrece el perdón de los pecados, sino que también purifica nuestra conciencia. Hebreos 9:14 pregunta: «¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?». Esta es una promesa asombrosa, ¡Cristo limpia nuestras conciencias de los actos que conducen a la muerte!
La conciencia se refiere, a “aquella facultad mediante la cual se llega a saber la voluntad de Dios, como aquello que está dispuesto a gobernar la vida”. La sangre de Cristo es suficiente para limpiar el pensamiento del creyente, fortaleciéndole la conciencia para que distinga claramente, entre lo que proviene de Dios y no dejarse influenciar por lo que proviene del enemigo.
4. Santificación
Hebreos 13:12 nos dice que, «Jesús también sufrió… para santificar al pueblo mediante su propia sangre». Tiene sentido que Dios quiera que tengamos una nueva relación con el pecado que antes nos condenaba. Santificación se deriva del griego «jagiazo» que significa: Apartado del mal, poner aparte para Dios. La sangre de Cristo sobre la vida del creyente santifica y regenera, por ello no debemos menospreciarla, ni tenerla en poco.
5. Victoria sobre el Enemigo
Gracias al sacrificio de Cristo, podemos confiar en la justicia de Cristo y no en nuestra propia justicia cuando somos acusados por nuestro enemigo. Apocalipsis 12:11 dice: «Ellos [los santos] lo han vencido [a Satanás] por medio de la sangre del Cordero y por el testimonio que dieron». Como creyentes, sabemos que no podemos mantenernos en pie por nuestros propios méritos o por nuestras propias obras.
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Si el diablo te dirá: «¡Eres un pecador!», dile que sabes que lo eres, pero que a pesar de ello estás justificado. Él te hablará de la grandeza de tu pecado. Háblale de la grandeza de la justicia de Cristo. Él te hablará de todos tus contratiempos y tus recaídas, de tus ofensas y tus extravíos. Por medio de la sangre de Cristo, hemos sido liberados del poder de las tinieblas.
6. Redención y Liberación
«Ustedes saben que no fueron redimidos de su vana manera de vivir heredada de sus padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo» (1 Pedro 1:18-19). Ser rescatados de caminos vanos es otro beneficio que los cristianos tienen a través de la sangre de Jesús. Somos rescatados de una vida sin sentido, llevados a una relación con Dios y a la capacidad de vivir en Su voluntad y con propósito.
La sangre de Jesús es una sangre liberadora. El sacrificio de Jesús hace libre al creyente de herencias de maldición familiar, puesto que la genética de maldición en el creyente es cambiada a la genética bendita del Hijo de Dios.
7. Comunión, Paz y Vida Eterna
La sangre de Cristo nos proporciona comunión con Él. “Comunión” se deriva del griego «koinonia», que significa: Tener en común, participación, compañerismo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo?
El Señor trae la paz a la vida del creyente por medio de su sangre, con el propósito de reconciliarlo con su Padre Dios, y presentarlo ante Él, santo, sin mancha e irreprensible. Por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
Cuando participamos de su carne y de su sangre, tenemos vida. Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. La palabra “vida” se deriva del griego «zoe», que significa: Vida como la tiene Dios.
8. Habilidad para Servir y Ser Apto
La sangre de Cristo nos hace aptos. La sangre de Cristo hace apto al creyente para hacer Su voluntad, quitando o agregando aspectos en su vida que le permitirán crecer y ser edificado. El Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad.
La Verdad sobre "Invocar la Sangre de Jesús"
La frase "la sangre de Cristo" en el Nuevo Testamento se utiliza a menudo como una metonimia que significa "la muerte de Cristo". La sangre/muerte de Cristo perdona nuestros pecados, nos reconcilia con Dios, garantiza nuestra herencia en el cielo, etc. ¿Debe un cristiano ser consciente de todo lo que la sangre/muerte de Cristo ha logrado por nosotros? Por supuesto. ¿Debe un creyente estar agradecido por la sangre/muerte de Cristo? Por supuesto, y expresar ese agradecimiento es bueno.
Sin embargo, "Invocar la sangre de Jesús" en la oración es una enseñanza común en algunos círculos, pero no tiene una base clara en las Escrituras. Nadie en la Biblia "invoca la sangre" de Cristo en el sentido de una fórmula mágica. Los que "invoca la sangre" a menudo lo hacen como si hubiera algo mágico en esas palabras o como si al usarlas su oración fuera de alguna manera más poderosa. Esta enseñanza nace de una visión errónea de la oración, según la cual la oración es una forma de manipular a Dios para conseguir lo que queremos, en lugar de orar para que se haga Su voluntad.
¿Las palabras "invoqué la sangre de Jesús" dan a nuestras oraciones un empujón extra? No, eso es más superstición que oración bíblica. No es necesario invocar la sangre de Cristo para derrotar a Satanás. Él ya ha sido derrotado y, si hemos nacido de nuevo, Satanás no tiene poder sobre nosotros más que el que Dios permite para Su propósito y gloria.
Hemos sido purificados por la sangre de Cristo, y ahora Él es nuestro Sumo Sacerdote y mediador que "siempre vive para interceder" por nosotros (Hebreos 7:25). En lugar de "implorar la sangre" de Cristo para obtener protección o poder, los cristianos deben obedecer el mandato de Santiago 4:7: "sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes". La Biblia nos da numerosas instrucciones para vivir victoriosamente en Cristo, e implorar la sangre de Jesús no es una de ellas.
Cuando confesamos nuestros pecados, deberíamos creer en la Palabra de Dios y poner nuestra confianza en ella, no en nuestros pensamientos o sentimientos poco fiables. Dios quiere que vengamos a Él todo el tiempo para disfrutarlo como nuestra vida y todo, y la sangre de Cristo es nuestra manera de hacerlo. Su Palabra es inmutable y confiable y nos dice que la sangre de Cristo nos limpia, purifica nuestra conciencia, habla por nosotros y nos libera. En lugar de estar llenos de temor y duda, permanezcamos en la Palabra de Dios y declaremos los hechos en ella.
