"Evangelio" significa "buena noticia". Cuando participamos en la misión de Dios, estamos compartiendo la buena nueva de Cristo. En la evangelización, lo que comunicamos es Jesucristo: su amor hacia la humanidad, lo que ha realizado por todos los hombres y la vida transformada que da a las personas, tanto ahora como en la eternidad. Dios llama a cada creyente a participar en la misión de Dios para ver a todas las personas redimidas y reunidas para adorar a Dios.
Antes de que Jesucristo resucitado se alejara de sus discípulos para ascender a Dios Padre, dio estas instrucciones a sus discípulos: "'Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación'" (Marcos 16:15). O quizá le resulte más familiar la Gran Comisión, según Mateo: "Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones" (Mateo 28:19). En estos pasajes, el significado de la palabra "id" no responde explícitamente a una pregunta de "dónde", sino de "cuándo". La palabra "id" significa "mientras vais" o "en vuestro ir". La evangelización no es una tarea o un deber, sino un estilo de vida.
El Mensaje Central del Evangelio
El mensaje único del Evangelio es una invitación a todas las personas a creer y confiar en lo que Dios hizo para salvar a la humanidad. Dios envió a Jesucristo a morir, luego resucitó de entre los muertos para establecer a Cristo como el único camino de salvación. Cristo aborda tanto el problema de la culpa como el del pecado perdonándonos y limpiándonos del pecado a través de la cruz. Aborda nuestro miedo experimentando la muerte y resucitando para ofrecernos una nueva vida.
Jesús dice: «Id proclamando que el Reino de los cielos está cerca» (v. 7). Esto es lo que hay que decir, ante todo y siempre: Dios está cerca. Nunca olvidemos esto: Dios siempre está cerca del pueblo. Él mismo lo dijo al pueblo: “Mirad, ¿qué Dios está cerca de las Naciones como yo estoy cerca de vosotros?”. La cercanía es una de las cosas más importantes de Dios. Son tres cosas importantes: cercanía, misericordia y ternura. Esta es la realidad de Dios.
La Pasión de Evangelizar: Una Llamada Universal
El Nuevo Testamento define el evangelismo como un don y un mandamiento. Dios nos ha dejado en la tierra con el propósito de proclamar el evangelio y dar testimonio de nuestra salvación. Todos tenemos la obligación de evangelizar, porque Cristo nos ha hecho sus testigos (Hch 1:8). La motivación para anunciar está en cinco palabras de Jesús que nos hará bien recordar: «Gratis lo recibisteis; dadlo gratis» (v. 8).
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El anuncio no parte de nosotros, sino de la belleza de lo que hemos recibido gratis, sin mérito: encontrar a Jesús, conocerlo, descubrir que somos amados y salvados. Es un don tan grande que no podemos guardarlo para nosotros, sentimos la necesidad de difundirlo; pero con el mismo estilo, es decir con gratuidad. En otras palabras: tenemos un don, por eso estamos llamados a hacernos don; hemos recibido un don y nuestra vocación es hacernos nosotros don para los otros; está en nosotros la alegría de ser hijos de Dios, ¡debe ser compartida con los hermanos y las hermanas que todavía no lo saben! Este es el porqué del anuncio: ir y llevar la alegría de lo que nosotros hemos recibido.
El anuncio nace del encuentro con el Señor; toda actividad cristiana, sobre todo la misión, empieza ahí. Testimoniarlo, de hecho, significa irradiarlo; pero, si no recibimos su luz, estaremos apagados. Por tanto, puede llevar el Evangelio de Jesús solo la persona que está con Él. Sin anuncio, sin servicio, sin misión la relación con Jesús no crece. La experiencia de la misión forma parte de la formación cristiana.
Fundamentos y Estrategias para una Evangelización Efectiva
La Oración como Fundamento
Debemos poner un fundamento de oración. Colosenses 4:2-3 nos dice: "Dedicaos a la oración... para que Dios nos abra puerta para la palabra, a fin de que anunciemos el misterio de Cristo". Un mensaje similar se encuentra en 2 Tesalonicenses 3:1: "Orad por nosotros, para que la palabra del Señor se extienda rápidamente y sea glorificada en todas partes, así como lo es entre vosotros." La oración es la fuente de nuestro valor y discernimiento. "Ora por cada conversación que tengas para que esté centrada en Dios." Una de las características de la piedad es la oración ferviente por los perdidos (Rom 10:1). Cuanto más oro y pido a Dios que abra las puertas de la evangelización, más oportunidades tengo de evangelizar.
El Testimonio de Vida Coherente
Podemos compartir el evangelio en nuestra vida diaria siguiendo a Jesús de maneras que involucren a otros y les permitan ver a Cristo en nosotros y a través de nosotros. Mientras vivimos y encontramos oportunidades para compartir el Evangelio, también reconocemos que es Dios quien obra a través de nosotros para transmitir el mensaje de Cristo. El mejor sermón evangelístico rápidamente se apaga si su vida no refleja la verdad del mensaje que predica. Lo más santo y apartado sea nuestro caminar con Cristo, más poderosa será nuestra evangelización. De hecho, el testimonio coherente de una vida transformada es una de las pruebas más convincentes de la verdad del evangelio (Rom 12:1). Debemos vivir «de una manera digna del evangelio de Cristo» (Fil 1:27). Cuanto más te acerques al Padre Celestial, Su luz y gozo resplandecerán desde tu interior.
Construcción de Relaciones, Escucha y Empatía
La confianza también es clave para compartir el Evangelio. Santiago 1:19 nos proporciona una gran sabiduría para construir relaciones basadas en la confianza: "Que cada uno sea pronto para escuchar, lento para hablar, lento para la ira". De hecho, en la evangelización, una de las habilidades más importantes que he descubierto es la de escuchar. Cuando escuchamos, comprendemos a los demás y empatizamos con ellos.
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Busque desarrollar una relación de amistad con sus vecinos y compañeros de trabajo basada en amor y compasión hacia ellos. Pregunte por sus nombres, intereses, alegrías y ocupaciones. Hágales preguntas y escuche las respuestas. Inicie conversaciones con ellos, y verá la mano de Dios al desarrollar relaciones que pueden llevar a la presentación del evangelio. Escucha más de lo que hablas. Permite a la otra persona la libertad de expresar sus sentimientos, incluso si es enojo o resentimiento hacia Dios. En el momento en que comienzas a decirles cómo deben sentirse, o a sermonearlos, es el momento en que la conversación morirá.
Seguimos el ejemplo del apóstol Pablo: "A los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. Me he hecho todo para todos, a fin de salvar a toda costa a algunos" (1 Corintios 9:22). Y, en Romanos 12:15, Pablo nos llama de nuevo a ser una presencia empática con las personas que viven en un mundo roto y han sido afectadas por el quebrantamiento y el pecado: "Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran". Cristo, la persona más digna de confianza de todas, vino a un mundo roto y sin esperanza para estar con nosotros y compartir un mensaje de gran esperanza.
Comunicación Verbal Clara del Mensaje
Hable de asuntos espirituales durante el transcurso de sus relaciones con amigos y vecinos. Haga preguntas de una manera amorosa y esté preparado para explicar lo que usted cree y por qué es diferente a sus creencias. Busque estar preparado para articular la razón de su esperanza eterna (cp. 1 Pedro 3:15), para explicar quién es Dios, que él es santo y el creador, y para explicar por qué el hombre, siendo pecador, necesita un salvador. Identifique a Cristo como Señor y Salvador y explique cómo su muerte y resurrección nos restauran a una relación con Dios. Y finalmente explique que es lo que una persona debe hacer para ser salva, exhortándoles a que se niegan a sí mismos y se conviertan en seguidores de Cristo.
En el evangelismo siempre es necesario utilizar palabras (Ro 10:17). Por definición, no hay evangelismo sin el uso de palabras. Explicar lo que nos motiva a amar es lo que nos distingue de otros servicios humanitarios.
El Amor como Motivación y Método
Por último, el mensaje de Cristo también debe compartirse con amor. "Si hablo en lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, soy un gong ruidoso o un címbalo que retiñe." Y si tengo poderes proféticos y entiendo todos los misterios y todo el conocimiento y si tengo toda la fe como para remover montañas pero no tengo amor, no soy nada. Esfuérzate por emular el amor de Cristo y tener compasión por otras personas. La Biblia dice en Juan 13:35: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros". Al acoger a las personas para que consideren y experimenten el Evangelio, lo hacemos encarnando relaciones de amor como seguidores de Cristo. El amor por nuestros hermanos y hermanas, unido al deseo de compartir el amor de Dios, debe ser nuestra motivación para compartir el Evangelio. Tu función es amar a Dios y amar a tu prójimo.
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La Importancia de la Comunidad
La cultura tailandesa es muy comunitaria y relacional, lo que me ayudó a ver con más claridad cómo se difundía el Evangelio en la Iglesia primitiva. El dicho popular de que la gente debe "pertenecer antes de creer" es muy cierto en Asia. La Iglesia apostólica es enteramente misionera y en la misión encuentra su unidad. El Señor envía a todos los discípulos, pero nadie va solo.
Humildad y Dependencia Divina
Nos pide que seamos así, mansos y con las ganas de ser inocentes, estar dispuestos al sacrificio; de hecho, el cordero representa esto: mansedumbre, inocencia, entrega, ternura. Y Él, el Pastor, reconocerá a sus corderos y les protegerá de los lobos. En cambio, los corderos disfrazados de lobos son desenmascarados y devorados. No debemos apoyarnos en las certezas materiales, ir al mundo sin mundanidad. Así se anuncia: mostrando a Jesús más que hablando de Jesús. No es tu trabajo convertir a las personas; esa es la función del Espíritu Santo.
Superando los Obstáculos en la Evangelización
Para muchos creyentes, evangelizar se ve como algo difícil, incómodo, que consume mucho tiempo y que puede dar lugar a sentimientos de humillación y fracaso, pues el punto es proclamar un mensaje de "locura" (1 Cor 1:23) el cual es intolerante para el mundo. Sin embargo, esto es exactamente lo que Dios quiere que hagamos.
El Temor como Barrera
El temor es el obstáculo más común a la hora de compartir el evangelio.
- Temor a nuestra ignorancia: A veces tememos que no conocemos suficiente teología como para compartir el evangelio o para responder a las preguntas que puedan surgir. Por un lado, este temor debe llevarte a estudiar más profundamente. ¡No seas perezoso! Dedícate a crecer en tu conocimiento bíblico. Por otro lado, no permitas que tu orgullo obstaculice tu evangelismo. Al evangelizar te encontrarás con preguntas que no podrás responder, pero esto no te debe impedir hablar de quien Jesús es y lo que Jesús ha hecho. Si recibes alguna pregunta difícil, reconoce humildemente que no tienes la respuesta y presenta lo que sí sabes. ¡Recuerda que conoces las buenas nuevas de Jesús porque has sido salvo por ellas!
- Temor al rechazo: Evangelizar involucra declarar la condición perdida de los seres humanos, la provisión de Dios en Cristo y el mandato de Dios a arrepentirse y creer (Mr 1:15). Las respuestas a este mensaje pueden ir desde la aceptación o la indiferencia hasta el rechazo. El rechazo se siente personal y hiere. Por naturaleza anhelamos ser aceptados y eso nos hace evangelistas renuentes. Pero ser rechazados es parte de nuestra participación con Cristo en sus propósitos redentores (Lc 6:22; Col 1:24). El éxito del evangelismo no tiene nada que ver con la respuesta del destinatario. Somos responsables de compartir el evangelio y Dios es responsable de los resultados (1 Co 3:6-7).
- Temor a la persecución: La persecución es una preocupación legítima en varios contextos. Pero la persecución no es una excusa válida para no predicar el evangelio. Luego del apedreamiento de Esteban, una gran persecución surgió en Jerusalén contra la iglesia temprana y se dispersaron (Hch 8:4). Sin embargo, esto no detuvo su evangelismo, más bien, lo impulsó.
La Duda sobre el Poder del Evangelio
Jamás admitiremos públicamente que dudamos del poder del evangelio, pero nuestra falta de acción lo comprueba. ¿Por qué pensamos que nosotros creeríamos el evangelio y otros no? ¡Todos estamos igualmente perdidos! Toda conversión es un resultado del poder soberano del evangelio trayendo a pecadores de muerte a vida en Cristo (Ef 2:1-7).
Confundir Evangelismo con Obras Sociales
Los frutos del evangelio deben estar presente en cada aspecto de la vida cristiana. Amar a nuestro prójimo, erradicar la pobreza y la trata de humanos, o aliviar la hambruna mundial son cosas buenas que los cristianos deben hacer. Pero esto no es evangelismo. Este obstáculo se resume en la frase popular: «Predica el evangelio siempre, y si es necesario, utiliza palabras». Permítame ser muy claro: en el evangelismo siempre es necesario utilizar palabras (Ro 10:17). Por definición, no hay evangelismo sin el uso de palabras. Explicar lo que nos motiva a amar es lo que nos distingue de otros servicios humanitarios.
El Evangelismo como Disciplina, no Solo Don
Otro factor que obstaculiza el evangelismo es la idea errónea de que el evangelismo es solo un don espiritual. Pero el evangelismo también es una disciplina espiritual, no solo un don. Todos tenemos la obligación de evangelizar, porque Cristo nos ha hecho sus testigos (Hch 1:8). Por lo tanto, disciplínate a compartir «de día en día las buenas nuevas de su salvación» (Sal 96:2).
Planificación para el Discipulado
Es importante en el cristianismo construir en orden. Primero la base y luego lo demás. Frecuentemente encontramos también en la Iglesia un montón de cursos “avanzados” sobre espiritualidad, retiros, charlas… sin que esté bien construida la base. Si resulta que no tienes tiempo ni recursos para poder atender a esos cinco conversos, quizá no deberías ponerte a evangelizar. No vale decir eso de “nosotros sembramos y luego ya Dios sabe”. No, Jesús no actuaba así. Los primeros cristianos no actuaban así. Esa mentalidad, disfrazada de “providencialismo”, realmente es falta de planificación, pereza y no querer ir al fondo de la cuestión.
Consideraciones Especiales en la Evangelización
Al Testificar a Católicos
Los católicos son adoctrinados desde una edad temprana y se erige cuidadosamente una barrera para la verdad bíblica en sus mentes. Atacar directamente la apostasía de la enseñanza católica es el camino equivocado; los católicos han sido informados que deben esperar esto por parte de los “protestantes”, por lo que la mayoría de ellos están preparados para la confrontación o simplemente cortan la comunicación. Por lo tanto, en términos generales, confrontar a un amigo católico con las doctrinas no bíblicas de su iglesia es autodestructivo. Usualmente es mejor señalarle suavemente las Escrituras y su autoridad como Palabra de Dios.
La simplicidad del evangelio es lo que más les hablará a los católicos. Esa es la "clave" para dar testimonio a ellos. La Biblia nos enseña “la simplicidad y pureza de devoción a Cristo” (2 Corintios 11:3). Jesús extiende la invitación a todos: “El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). “El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Juan 5:12).
Llegar al corazón de un católico es un proceso gradual. La armadura que lleva debe ser quitada, pieza por pieza, a medida que surgen dudas en su mente sobre lo que se le ha enseñado. La idea es "sacarlo" y hacerle preguntarse sobre su propia fe. Cuando surgen sus preguntas, queremos estar en una posición para responderlas desde la Biblia. Debemos ser compasivos, no antagonistas, y debemos dejar que el Espíritu Santo nos guíe. Un testimonio de un ex católico menciona: “Recuerdo que lo que me ministró fue primero escuchar la Palabra varias veces y luego la asombrosa realización de que podía conocer al Señor personalmente."
El evangelismo es una actividad que satisface nuestra alma. Nuestro gozo en Dios aumenta cuando Él nos utiliza para traer a alguien al arrepentimiento y la fe en Cristo (Lc 15:9-10). La próxima vez que percibas que Dios te está persuadiendo a compartir el evangelio, considera primero lo digno que es Él. Después, reflexiona en la desesperanza de aquellas criaturas creadas a imagen de Dios que no están en Cristo.
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