Descubre Todo Sobre las Declaraciones y el Alcance de los Derechos Culturales que Debes Conocerpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El derecho a la cultura abarca el derecho de toda persona a acceder a la cultura, crearla, participar en ella y disfrutarla. Los derechos culturales se reconocen como individuales y colectivos, y abarcan todos los ámbitos de la cultura, desde el patrimonio cultural hasta los sectores culturales y creativos, incluido el entorno digital. Estos derechos son esenciales para la dignidad, la realización personal y la cohesión social. El ejercicio de estos derechos fomenta la diversidad y la equidad, al tiempo que reduce las desigualdades. Por ello, garantizar el derecho a la cultura es un imperativo ético, social y económico.

Los derechos culturales incluyen el derecho a cuestionar los parámetros existentes en torno a la “cultura”, el derecho a adoptar o abandonar determinadas comunidades culturales y a crear continuamente nueva cultura. Las personas tienen identidades plurales múltiples y viven en sociedades que son también plurales. Reconocer, por ejemplo, que los derechos culturales acogen tanto el derecho de la identidad cultural y patrimonial como el derecho a la libertad creadora permite iniciar una conversación con reflexiones más amplias en torno a las estrategias realizadas para garantizarlos.

La Relación Indivisible entre Derechos Humanos y Diversidad Cultural

La cultura, como derecho humano, quedó asentada en 1948 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre. La diversidad cultural, manifestada en las diversas maneras en que se expresan las personas, los grupos y las sociedades, se encuentra en el núcleo de los actuales debates sobre la identidad y la cohesión social. No obstante, la diversidad cultural sólo puede desarrollarse en un entorno que proteja las libertades fundamentales y los derechos humanos, que son universales, indivisibles, interrelacionados e interdependientes.

Los derechos humanos y la diversidad cultural están vinculados entre sí. El pleno respeto de los derechos humanos crea un entorno que favorece y garantiza la diversidad cultural. Del mismo modo, los entornos favorecedores de la diversidad cultural contribuyen notablemente al pleno respeto de los derechos humanos. El respeto de los derechos humanos promueve la diversidad cultural, al ofrecer a las personas y los grupos la posibilidad de expresar y desarrollar libremente su identidad cultural; acceder a la herencia cultural y religiosa y la información de su propia comunidad y de otros grupos, así como a los beneficios del progreso científico; y participar en la interpretación, elaboración y desarrollo de la herencia cultural y en la reformulación de los contenidos y contornos de su identidad cultural. Es importante destacar que la diversidad cultural no se da únicamente entre los distintos grupos y sociedades, sino también en el seno de cada uno de ellos.

Para fomentar este ambiente, es preciso el diálogo intercultural e interreligioso en todos los niveles, desde el comunitario al internacional. En el marco de las comunidades, el intercambio cultural debe incluir a las familias, los intelectuales y los dirigentes locales. En el ámbito nacional, la implementación de la ley y el funcionamiento de las instituciones democráticas son requisitos previos para el establecimiento de un clima favorable al auténtico diálogo y la comprensión. Es preciso que las personas tengan confianza en el sistema, y la diversidad en el seno de las instituciones puede contribuir a crear este marco.

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Los Estados deben adoptar medidas que favorezcan la creación y la conservación de espacios abiertos necesarios para el ejercicio de las libertades culturales y que permitan a las personas y los grupos realizar y gestionar los cambios culturales de forma participativa y conservar, desarrollar y transmitir su herencia cultural. A este respecto, las instituciones educativas desempeñan un papel esencial, por su capacidad de inculcar un espíritu de tolerancia o bien promover las tensiones desde una temprana edad.

Marcos Jurídicos y Declaraciones Clave

Para defender los derechos culturales, necesitamos marcos jurídicos y políticas públicas que protejan la identidad cultural y el patrimonio de los pueblos y las comunidades. Esto incluye el fortalecimiento de los derechos socioeconómicos de los profesionales de la cultura, el refuerzo de la propiedad intelectual, la promoción de la libertad artística y la defensa de la diversidad de contenidos y lenguas.

La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH)

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento que marca un hito en la historia de los derechos humanos. Elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales, la Declaración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948 en su (Resolución 217 A (III)) como un ideal común para todos los pueblos y naciones. Proclama la presente Declaración Universal de los Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

La DUDH es un documento que sirve de plan de acción global para la libertad y la igualdad protegiendo los derechos de todas las personas en todos los lugares. Fue adoptada por las Naciones Unidas (ONU), que acababa de establecerse, el 10 de diciembre de 1948 como respuesta a los “actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad” cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. El trabajo sobre la DUDH comenzó en 1946, con un comité de redacción integrado por representantes de una gran diversidad de países, entre ellos Estados Unidos, Líbano y China. El comité de redacción se amplió posteriormente para incluir a representantes de Australia, Chile, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética, lo que permitió que el documento se beneficiara de aportaciones de Estados de todas las regiones y de su diversidad de contextos religiosos, políticos y culturales.

La Declaración contiene 30 derechos y libertades que pertenecen a todas las personas y que nadie nos puede arrebatar. Los derechos que se incluyeron siguen siendo la base del derecho internacional de los derechos humanos. Actualmente, la Declaración sigue siendo un documento vivo. El legado de la Declaración Universal nos reta a pasar a la ofensiva y exige que resistamos los ataques globalizados, transnacionales y localizados contra los derechos. La DUDH marca un hito. Los 30 derechos y libertades contenidos en la DUDH incluyen el derecho a no ser sometido a tortura, el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la educación y el derecho a buscar asilo. La Declaración incluye derechos civiles y políticos, como los derechos a la vida, a la libertad y a la vida privada.

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Todos los derechos humanos tienen la misma importancia y todos los gobiernos deben tratarlos de un modo justo y equitativo, en los mismos términos y con el mismo énfasis. Así, no importa las distinciones que hagan las personas, hay un solo principio básico que subyace en todos los derechos contenidos en la DUDH: que todos los seres humanos tienen los mismos derechos inalienables. No puede haber distinción de ninguna clase, como raza, color, sexo, orientación sexual o identidad de género, idioma, religión, opinión política o de cualquier otro tipo, origen nacional o social, fortuna, nacimiento y cualquier otra situación. La DUDH también nos muestra que los derechos humanos son interdependientes e indivisibles. Los 30 artículos de la Declaración tienen la misma importancia. Nadie puede decidir que unos son más importantes que otros.

Entre los derechos fundamentales proclamados, se establece que toda persona tiene todos los derechos y libertades sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Además, nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional, y nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Finalmente, toda persona tiene derecho a la educación; la educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental, y la instrucción elemental será obligatoria.

Momentos Clave en la Historia de la DUDH y su Promoción

La siguiente tabla resume algunos eventos significativos relacionados con la Declaración Universal de Derechos Humanos y su impacto:

Año Evento Relevante
1946 Comienzan los trabajos para la redacción de la DUDH con un comité diverso de representantes de Estados Unidos, Líbano, China, Australia, Chile, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética. Eleanor Roosevelt participa como representante ante las Naciones Unidas.
1948 La Declaración Universal de Derechos Humanos es proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre en París. Eleanor Roosevelt, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, y el Dr. Charles Malik, presidente de la Tercera Comisión, ofrecen una conferencia de prensa tras su finalización.
1950 Un grupo de mujeres japonesas visita la sede temporal de la ONU en Lake Success para ver la Declaración Universal de Derechos Humanos.
1997-1998 Amnistía Internacional lleva a cabo una campaña para conmemorar el 50º aniversario de la DUDH, en la que figuras como Su Santidad el Dalai Lama y el boxeador Muhammad Ali firman un compromiso de apoyo. Un grupo de niños y niñas firma el compromiso en el Parlamento noruego.
2008 Amnistía Internacional organiza una concentración en París el 10 de diciembre para conmemorar el 60º aniversario de la aprobación de la Declaración, donde personas escriben en un muro que expone los artículos.

La DUDH es la piedra angular de los derechos por los que Amnistía Internacional y sus simpatizantes luchan día a día, investigando y denunciando abusos contra los derechos humanos. Cada mes de diciembre, simpatizantes de Amnistía de todo el planeta escriben millones de cartas y actúan en favor de personas cuyos derechos humanos fundamentales han sido atacados. Amnistía Internacional es un movimiento global de más de 7 millones de personas que se toman la injusticia como algo personal.

La Declaración de Friburgo

En 2007, un grupo de investigadores internacionales recogió en un documento llamado La Declaración de Friburgo los derechos culturales descritos en diversas normativas. Esto permitió que, a pesar de la fuerte interrelación entre derechos humanos y derechos culturales, estos últimos pudieran ser definidos y diferenciados de manera puntual.

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Promoción de los Derechos Culturales desde una Perspectiva Comunitaria

A pesar de los esfuerzos que existen para subrayar que las artes y la cultura no son actividades reservadas solo para un sector de la sociedad, la idea de que es así aún persiste. En años recientes, uno de los caminos que se han recorrido para repensar la democratización cultural y artística ha sido la promoción y el cumplimiento de los derechos culturales. Organizaciones como Cultura Comunitaria promueven y ejercen estos derechos en regiones que históricamente han sido marginadas.

El compromiso es emprender su implementación a partir del diálogo con y desde las comunidades. Al abordar los derechos culturales desde una perspectiva de base comunitaria, se implica entender lo cultural como un fenómeno amplio que necesita un proceso distinto de acuerdo a los múltiples contextos.

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