Mauricio Macri advirtió que el equilibrio fiscal logrado por el gobierno de Javier Milei es de mala calidad, señalando que el Estado no puede invertir en infraestructura y corre el riesgo de descapitalizarse. Durante su participación en la Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), el expresidente destacó que el país enfrenta tres déficits estructurales que explican décadas de estancamiento: la debilidad institucional, la falta de infraestructura y el cierre de la economía.
Sobre el plano fiscal, reconoció que este gobierno ha hecho algo muy importante y en muy poco tiempo, que es lograr un equilibrio fiscal. Sin embargo, marcó el límite de ese logro al afirmar que el equilibrio fiscal es de mala calidad, porque un país que no puede ni siquiera reinvertir para cuidar la infraestructura que tiene se está descapitalizando. Al respecto, sostuvo que con este nivel de presupuesto, con este nivel de gasto fijo y rígido, no se ve en ningún lado el espacio para la inversión que garantice el crecimiento.
La importancia de la infraestructura y el sector privado
En relación con el desarrollo productivo, el exmandatario fue contundente al señalar que sin conectividad física y ahora virtual, no hay desarrollo. Si los productos no pueden llegar a un puerto porque no hay trenes, porque no hay hidrovías, ese país no se puede desarrollar. En ese sentido, resaltó que los presupuestos públicos en la región se ajustan sistemáticamente por la inversión, no por el gasto corriente, recordando que el gasto es algo perdido, mientras que la inversión trae futuro.
Macri también apuntó contra dos trabas que, a su juicio, frenan la inversión privada:
- El cepo: Aún hoy, por distintas razones, no nos podemos sacar de encima el cepo, porque para el mundo empresario sigue existiendo.
- Retenciones: No seguir aceptando eternamente retenciones a la exportación que no funcionan y no funcionan en ninguna parte del mundo.
Propuestas para una reforma de mayor profundidad
El expresidente planteó la necesidad de avanzar hacia una reforma de segundo orden que permita al país crecer y reducir la pobreza. Argumentó que la estabilidad de un programa económico no puede depender de una figura personal, enfatizando que un caudillo está hoy y no está mañana, y menos en un sistema democrático tan pendular como el que tenemos en la región. Según su visión, la inteligencia artificial ofrece una oportunidad inédita para que los Estados hagan una reingeniería profunda y achiquen el gasto público.
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Para garantizar el éxito de este nuevo ciclo, Macri subrayó tres pilares fundamentales:
- Justicia independiente: La garantía, la confianza, el primer actor a la hora de despertar confianza no es un presidente, no es un congreso, no son los empresarios, son los jueces.
- Apertura comercial: En vez de distribuir la riqueza, destruimos nuestra capacidad de crear riqueza, porque nos cerramos y decidimos nunca más competir.
- Transparencia en recursos: Advirtió sobre el riesgo de despilfarro de los recursos que llegarán por la explotación de Vaca Muerta, la minería y el litio, recordando que si esas regalías van a la camioneta del intendente o del gobernador, no vamos a tener un mejor futuro.
Finalmente, el líder del PRO buscó desmitificar la relación entre obra pública y corrupción, asegurando que no se puede uno quedar con que la construcción o la obra pública es sinónimo de corrupción. Concluyó instando al sector privado a construir nuevas capacidades y a mantener la confianza en el largo plazo, advirtiendo que lo que los trajo hasta acá, que es demoler lo que estaba mal, no significa construir lo que necesitamos.
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