Hubo una época en México donde los capos no le declaraban la guerra al Estado; se sentaban a comer con él. Pablo Acosta Villarreal, el "Zorro de Ojinaga", encarnaba esa psicología de la "Vieja Escuela": el entendimiento de que el narcotraficante era un gestor, no un soberano. En los años ochenta, Ojinaga no era solo un punto en el mapa. Era una puerta. Un susurro.
El narcotraficante mexicano Pablo Acosta Villarreal fue durante muchos años quien controlaba el manejo de las drogas en el municipio fronterizo de Ojinaga, esto en Chihuahua, situado a orillas del río Bravo, donde a la edad de 21 años se inició en el negocio hasta su deceso el 24 de abril de 1987. "El Zorro de Ojinaga” nació el 26 de enero de 1937 en el poblado de Ojinaga en el estado de Chihuahua. El padre de Pablo fue asesinado cuando estaba en una cantina por la venganza de una rencilla familiar. El homicidio de su padre coincidió con su inicio en el mundo del narcotráfico en México con la organización de Pedro Avilés. Pablo Acosta entró al narco de la mano de Manuel Carrasco quien trabajaba directamente para “El León de la Sierra”.
Orígenes y Ascenso de "El Zorro de Ojinaga"
‘El Zorro de Ojinaga’ como mayormente se le conocía fue aprehendido en 1968 y fue enviado a una prisión de Pecos, luego de ser sorprendido por elementos de la Policía Estadounidense, por lo que posteriormente fue sentenciado a ocho años de cárcel, tiempo en el que estuvo inactivo en el negocio. Sin embargo, al cumplir con su condena volvió a reanudar acciones, pero se percató que la zona en la que laboraba ya estaba ocupada por Pedro Avilés, un capo originario de Durango que se caracterizó de ser uno de los más sanguinarios, quien asesinó a su encargado de plaza Domingo Arana tras enterarse que le robaba, quedando a cargo Manuel Carrasco, con quien comenzó a trabajar Pablo.
Sin embargo, vio su suerte tres años más tarde luego de que su entonces jefe directo cometió el error de ultimar a Heraclio Rodríguez Avilés, sobrino de Pedro, tras una pelea de cantina, es por ello que de inmediato emprendió la huida, dejando la plaza a cargo de ‘El Zorro de Ojinaga’ en 1976. Para 1980, Pablo Acosta tenía toda una base de operaciones en Chihuahua. "El Zorro de Ojinaga” ganó fama por ser un sagaz y poderoso narco que estuvo en el negocio por casi 30 años.
Ojinaga era estratégica: desierto, río, brechas, comunidad pequeña. Se conoce una historia de Pablo Acosta Villarreal que aún se cuenta en la frontera, dicen que en el Cañón de Santa Elena, donde el lado mexicano se eleva más que el estadounidense, existía un sistema de cables con canastillas tendidos de un extremo a otro del desfiladero. Aprovechando la altura y la geografía abrupta, las canastillas descendían hacia Estados Unidos cargadas con droga y regresaban vacías, sin necesidad de cruzar el río ni exponerse a patrullajes. Algo que siempre lo caracterizaba era que garantizaba la seguridad del resguardo y transporte varias toneladas de droga que iban hacia Estados Unidos, esto a través del aeropuerto municipal y en otras ocasiones en pistas de aterrizaje de tierra en ranchos río arriba de su demarcación de origen.
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Ya durante ese nuevo logró traficar con 60 toneladas de cocaína proveniente de cárteles colombianos, al ser mentor y jefe de negocios de Amado Carrillo Fuentes, mejor conocido como ‘El Señor de los Cielos’, mismo que se convirtió años más tarde en su sucesor tras su deceso.
La "Psicología de la Vieja Escuela": El Modelo Acosta
Para hombres como Acosta o Don Neto, la violencia era un error de cálculo. No vestía como capo de película ni se escondía en mansiones extravagantes. Caminaba el pueblo, saludaba, ayudaba. Para muchos era un benefactor; para otros, un hombre al que no convenía mirar demasiado tiempo a los ojos. El modelo de "paz pactada" de Pablo Acosta mantuvo la frontera relativamente tranquila por años. Respeto a la Jerarquía: Acosta entendía que el Gobierno siempre sería más fuerte. Su rol era "administrar" la plaza. El Negocio es Primero: La prioridad era mover la mercancía. Añoramos la "tranquilidad" de los tiempos de Acosta no porque fueran buenos hombres, sino porque tenían reglas. Había líneas que no se cruzaban.
Contrastando con la Doctrina del Operador Moderno
Hoy, esa lógica de la "Vieja Escuela" ha muerto. El operador moderno no busca negociar; busca el enfrentamiento (el "topón"). A partir de los 2000, y consolidándose hoy, el perfil psicológico cambió radicalmente.
| Característica | Psicología de la Vieja Escuela (Modelo Acosta) | Psicología del Operador Moderno (Doctrina Z*ta) |
|---|---|---|
| Relación con el Estado | Negociación, sentarse a comer | Enfrentamiento, reto a la autoridad |
| Rol del Narcotraficante | Gestor, administrador de la plaza | Soberano, busca el sometimiento |
| Uso de la Violencia | Error de cálculo | Como marca, el terror es publicidad |
| Visión a Largo Plazo | El negocio es primero, mover mercancía | Inmediatez y Nihilismo ("vivir 5 años como rey") |
| Respeto a la Jerarquía | Entendimiento de que el Gobierno es más fuerte | No se busca permiso, se busca sometimiento |
La Vio-lencia como Marca: Ahora, el terror es publicidad. Inmediatez y Nihilismo: El operador moderno (a menudo muy joven) no planea retirarse de viejo. Vive bajo la filosofía del "Más vale vivir 5 años como rey que 50 como buey". El Reto a la Autoridad: Ya no se busca el permiso; se busca el sometimiento. Este contenido es un análisis sociológico y criminológico sobre la evolución de la violencia.
La Vida Personal de Pablo Acosta: El Romance con Mimi Webb Miller
Una mujer estadounidense que fue pareja sentimental del narcotraficante Pablo Acosta Villarreal, alias ‘El Zorro de Ojinaga’, recuerda en una entrevista con Univision Noticias los días en que conoció a los capos que crearon un imperio de drogas en México en los años 80 y los traumas que aún la persiguen. Webb Miller nació en Texas hace 71 años. Su familia solía convivir con esos migrantes comiendo tamales y así nació su amor por México, relata. De ese interés por conocer el país al sur del Río Grande, Webb Miller, quien estudió una licenciatura en arte de la Southern Methodist University, aceptó emprender un programa de residencia de artistas en Lajitas, México. Cuando visitó por primera vez el lado mexicano en enero de 1976 conoció al mafioso que le cambiaría la vida. “Crucé el río y conocí a Pablo esa noche”, recuerda.
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Tenía 27 años. Decidió quedarse en México y compró un terreno de 3,000 acres en un lugar remoto a 11 millas de la frontera. Lo llamó ´Rancho El Milagro’. Allí criaba ganado, sembraba maíz y guiaba recorridos a caballo. Acosta, a quien no catalogaba en ese tiempo como un mafioso de alto perfil, le ayudó a tramitar los permisos. “Yo vivía en un pequeño poblado, en medio de un parque nacional. No sabía cómo era la conexión entre mafias. Recuerdo haberle preguntado a Pablo qué era y el me dijo que significaba ‘hermandad’”, dice.
Nueve años después de haber conocido al ‘Zorro de Ojinaga’, Webb Miller comenzó una relación sentimental que duró un año, hasta abril de 1987, cuando el narcotraficante murió abatido en un enfrentamiento con policías federales en el poblado Santa Elena, México. Una noche antes lo visitó, cenaron y se despidieron la mañana siguiente. Jamás lo volvió a ver. Por miedo no fue al funeral. Lo recuerda como un hombre fuerte y con mucho carisma. Era bilingüe y hablaban sobre todo en inglés. Le enseñó “lo más lindo” de un lugar donde la gente la llamaba afectuosamente ‘La gringa’. “Creo que me sentía más cómoda en México. Pablo me amaba porque yo amaba a México”, comenta.
Mimi Webb Miller recuerda muy bien el día que conoció a Amado Carillo Fuentes, entonces un narco de bajo nivel que estaba lejos de ser apodado ‘El Señor de los Cielos’ por la flotilla de aviones que usó para traficar cocaína hacia Estados Unidos. Ella aún tiene grabada su mirada retadora, su apatía. “No le caía bien. Era bastante astuto. Yo estaba en el lugar incorrecto, era una rubia de ojos azules (en un pueblo mexicano) y él pensaría: ‘¿qué carajos hace ella aquí? Lo podías ver en su cara cada vez que me veía”, recuerda Webb Miller en una entrevista con Univision Noticias. Aquel encuentro ocurrió a finales de la década de 1980. Carrillo Fuentes visitó Ojinaga, en la frontera entre Chihuahua (México) y Texas, para aprender más sobre el narcotráfico. Su mentor era la pareja sentimental de Webb Miller, Pablo Acosta Villarreal, ‘El Zorro de Ojinaga’, un criminal con cara de pocos amigos que controlaba esa región. Eran los inicios de lo que se convirtió en el Cartel de Juárez. “Lo que te puedo decir es que no le caía bien”, continúa su relato sobre Carrillo Fuentes.
Quizás temía que ella fuese informante del gobierno de Estados Unidos, que tenía en la mira a varios traficantes mexicanos por el secuestro, tortura y asesinato del agente de la DEA Enrique ‘Kiki’ Camarena en 1985. “Nunca me dirigió la palabra. Sabía que estaba relacionado con el cartel en Baja California (…) Pablo me dijo: ‘él vino para aprender sobre el negocio’. Tiempo después supe que Amado pagó un millón de dólares para que asesinaran a Pablo”, contó ella. Paralelo a ese romance que duró poco, Pablo Acosta y sus socios robustecían una poderosa organización criminal que terminó envolviendo a México en el sangriento negocio de la droga. Webb Miller supo que en los 80´s estaban alimentando a un monstruo y asegura que policías texanos estuvieron en la nómina de su novio. “En aquella época Amado traía grandes cantidades de cocaína”, afirma. “Pablo me dijo: ‘él me va a matar un día, solo que no sé cuándo’”.
Hay discrepancias entre ‘La Gringa’ real y la que personificó la actriz Sosie Bacon en ‘Narcos: México’. Dice que jamás vio a Acosta en Texas, que nunca le disparó a Carrillo Fuentes en aquel primer encuentro y desmiente que tenga un hijo del capo (asegura que sí estuvo embarazada de él, pero abortó después de que un niño de un rancho vecino en México le disparó con un rifle). También es falso que Acosta cooperó con las autoridades estadounidenses buscando ser testigo protegido, subraya. “Le ofrecieron un acuerdo, pero en el último minuto dijo que no lo necesitaba”, afirma. “No me arrepiento de lo que hice, ni me avergüenza”, sentencia añorando esa época en el desierto de Chihuahua. “Recordar a Pablo me hace mantenerlo vivo”.
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El Ocaso de un Zorro: Muerte y Legado
El operativo terminó con su muerte en un enfrentamiento que marcó a Ojinaga para siempre. Su final ocurrió el 24 de abril de 1987, tras casi 11 años de tener un auge Cartel de Juárez, luego de verse rodeado por elementos de la Policía Federal bajo el mando de Guillermo González Calderoni, decidió terminar con su existencia al darse un tiro, esto para evitar una segunda aprehensión. “Calderoni, de aquí no me llevas vivo! ¡Tendrás que venir por mí!”, dijo Pablo Acosta antes de quitarse la vida, debido a que unos días antes el funcionario había tenido una plática con él para solicitarle que se fuera de ahí, según datos de José García, vecino del capo que se negó a irse. La cacería contra Pablo Acosta se volvió internacional. Fuerzas mexicanas y estadounidenses cerraron el cerco. "El Zorro de Ojinaga” quien siempre fue escurridizo para las autoridades mexicanas, decidió ser él mismo quien pusiera fin a su historia para convertirse en leyenda tras ser traicionado.
Pablo Acosta murió porque rompió sus propias reglas (habló con la prensa y se volvió inestable por las sustancias), pero su modelo de "paz pactada" mantuvo la frontera relativamente tranquila por años. Cuando ese modelo colapsó, entramos en la era de la fragmentación.
Después de Acosta: Un Legado de Violencia Fragmentada
Tras la muerte de Acosta, Webb Miller estuvo en la mira de los narcos temiendo que supiera mucho sobre sus operaciones. Recibió amenazas de muerte y huyó de México con la ayuda del Buró Federal de Investigaciones (FBI). Pero los tentáculos de la mafia la alcanzaron hasta Texas, según su relato. “Me siguieron en una camioneta del Sheriff todo el camino por la interestatal 10 hasta que llegué a El Paso. Llamé aterrada al FBI y me dijeron: ‘Ellos no se levantan todos los días pensando en ti, pero si te ven eso no será algo bueno’”, cuenta. Llevaba un año intentando pasar desapercibida como mesera, cuando la reconoció un policía corrupto en el restaurante de El Paso donde trabajaba, dice. “Seguí huyendo hasta que llegué a Los Ángeles”. Su vida cambió en el sur de California, donde comenzó a trabajar como directora de casting en 1989. Encontró un refugio en Hollywood y para 1991 ya tenía su propio negocio: Mimi Webb Miller Casting. “Hice muchas cosas de Michael Jackson, Britney Spears y Madonna. Hice muchos comerciales para el Súper Bowl. Tuve que comenzar de nuevo, tuve una vida muy distinta”, describe.
En 2005 decidió volver a la frontera. En Terlingua (Texas), a unas 12 millas del lugar donde conoció al ‘Zorro de Ojinaga', ella abrió un pequeño hotel llamado ‘Pensión La Posada Milagro’ y la cafetería ‘Espresso y Poco Más’. Ahora cuenta los días que faltan para reactivar su vieja ocupación: los recorridos a caballo por los áridos caminos del parque Big Bend. Reconoce que el lado mexicano se tornó muy peligroso para sus clientes por las batallas entre carteles. Disputan la lucrativa actividad ilícita que dejaron Pablo Acosta y otros narcos. “Comencé los recorridos en 1978 y aún los hago. Pero hay problemas con el Cartel de Sinaloa, La Línea y Los Zetas, que están en el área de Coahuila.
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