El planeta Tierra es un entramado de vida fascinante donde cada organismo, por pequeño que sea, desempeña una función vital. Esta red compleja, interconectada y dinámica se conoce como ecosistema. Un ecosistema es un sistema natural que está formado por un conjunto de organismos vivos (biocenosis) y el medio físico donde se relacionan (biotopo). Es un sistema complejo en el que interactúan los seres vivos entre sí y con el conjunto de factores no vivos que forman el ambiente; temperatura, sustancias químicas presentes, clima, características geológicas, etc. Un ecosistema es una unidad compuesta de organismos interdependientes que comparten el mismo hábitat. Para Krebs (2001) la definición de ecosistema reviste especial significado en cuanto a la ecología humana. Como sistema complejo que es, cualquier variación en un componente del sistema repercutirá en todos los demás componentes. El concepto ecosistema ofrece una de las claves de la ciencia de la ecología: todo se relaciona con todo.
El Concepto de Ecosistema y sus Fuentes de Energía
Para Odum (1998) la definición de ecosistema deviene necesaria porque permite discernir los tipos de energía de los que dependen los ecosistemas. Odum explica que «los ecosistemas dependen de dos tipos principales de energía: la solar y la producida por combustibles químicos (o nucleares), de tal modo que es posible distinguir de sistemas impulsados por el Sol e impulsados por combustibles…». Estos dos tipos de energía son básicos para entender la interacción entre el ser humano y los ecosistemas. El Ecosistema es la unidad de trabajo, estudio e investigación de la ecología.
Intrínseco a este funcionamiento existe, además, un movimiento continuo de los materiales. De una u otra manera los diferentes elementos químicos pasan del suelo, el agua o el aire a los organismos, y de unos seres vivos a otros, hasta que vuelvan al suelo, al agua o al aire para cerrar el ciclo. La identificación de un ecosistema se hace con el propósito de descubrir las relaciones entre los elementos, más por el interés de explorar cómo son éstos.
Clasificación de los Ecosistemas según su Energía y la Intervención Humana
Basándose en las fuentes de energía y la intervención humana, Odum distingue claramente cuatro categorías de ecosistemas, lo que nos ayuda a comprender mejor el concepto de ecosistema humano subsidiado:
- Ecosistema Natural no subsidiado impulsado por energía solar.
- Ecosistema Natural subsidiado impulsado por energía solar.
- Ecosistemas Humanos subsidiados impulsados por energía solar.
- Sistemas Urbanos-Industriales impulsados por combustibles.
En los ecosistemas subsidiados, la intervención humana añade energía o recursos adicionales para potenciar su funcionamiento, más allá de la energía solar directa. Esto es especialmente evidente en los ecosistemas humanos y urbano-industriales, donde nuestra especie moldea y controla los flujos de energía y materiales.
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Ecosistemas Artificiales y Urbanos: La Manifestación del Ecosistema Humano Subsidiado
Los ecosistemas artificiales son aquellos creados o significativamente modificados por el ser humano. Son ambientes donde intervienen los humanos, y podemos considerar que hay diferentes niveles donde la acción humana es más intensa o menos. Los grandes cambios comenzaron con la época de la agricultura. La domesticación de animales y plantas silvestres comenzó hace cien mil años, según estimaciones. Las nuevas prácticas agrícolas demandaron asentamientos poblacionales permanentes, y una división de tareas. A partir de ese punto, resultó necesario modificar el suelo para la agricultura, explotar la naturaleza para sustentar una población creciente, e identificar enemigos naturales.
Con el advenimiento de la Revolución Industrial, el ser humano hizo aún más distante su relación con la naturaleza. Dio inicio una explotación masiva de los recursos naturales, y la construcción de grandes urbes. Un ejemplo de ecosistema humanizado o artificial sería una presa. Y por supuesto, el ejemplo de ecosistema artificial por excelencia sería la ciudad.
Las Ciudades como Ecosistemas Subsidiados
Pese a que los seres humanos nos sentimos ajenos a la naturaleza, la realidad es que formamos parte de ella. Las ciudades, nuestro hogar, son un ecosistema, poseen un régimen hídrico característico, así como estructuras particulares y condiciones climáticas propias. Las ciudades son el epítome de los sistemas abiertos, sus flujos se alejan enormemente de sus fronteras, ya sean de naturaleza política o biofísica. Cuentan con una entrada y salida de materia y energía, están pobladas por una comunidad de seres vivos, humanos incluidos, quienes interactúan con el medio.
Los ecosistemas urbanos son aquellos en los que hay una densidad poblacional alta o en los que la infraestructura humana cubre una gran proporción del terreno. Desde el punto de vista ecológico, los sistemas urbanos deberían incluir áreas con menos densidad poblacional, debido al flujo recíproco entre zonas de alta densidad y baja densidad. El aumento poblacional y el de las áreas urbanas son fenómenos dignos de ser estudiados por sí mismos. Los ecólogos tienen que comprenderlos para brindar herramientas al personal encargado de planear ciudades y a los expertos en conservación. Sin embargo, este ambiente no es óptimo para la salud humana, y también es perjudicial para el resto de la biodiversidad. Claramente hay un conflicto, ya que la mayoría de las poblaciones tienden hacia la urbanización.
Impactos de la Urbanización en el Ecosistema Subsidiado
Cuando se cubre un suelo, ya sea con pavimento, cemento o mezclas asfálticas, éste queda sellado; el agua no puede penetrar en el área cubierta y la transferencia de energía se ralentiza en esta zona. El sellado de suelos tiene su mayor impacto en el ciclo del agua. El agua azul es toda aquella que está disponible en estado líquido a campo abierto. Cuando sellamos el suelo y removemos la vegetación, el agua verde se convierte en agua azul. Ésta se evapora más rápidamente y fluye con fuerza, lo que causa estragos como inundaciones y erosión. Además, el ambiente se vuelve más seco, ya que disminuye la transpiración por parte de las plantas. En consecuencia, las lluvias se vuelven menos frecuentes.
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Las islas de calor están bien documentadas y son un fenómeno que consiste en una diferencia considerable entre la temperatura al centro de una urbe respecto a sus alrededores no urbanos. La diferencia de temperaturas generalmente es mayor durante la noche. Tres mecanismos clave dan lugar a las islas de calor: el sellado de suelos, el calor liberado de automóviles y todo tipo de máquinas, y, por último, la radiación. Al existir más partículas en la atmósfera urbana, se presentan mayores precipitaciones en el entorno urbano respecto a sus alrededores. Esto no es conveniente, ya que el agua que se precipita en la ciudad está contaminada por las sustancias acumuladas en carreteras y otras estructuras. Todo estrés e impacto ambiental que sufra nuestra piel (léase por ejemplo la enorme contaminación del aire de las megaurbes) pueden incidir en una plétora prácticamente desconocida de disfunciones e infecciones entre los ciudadanos.
Ecosistemas Agrícolas
Los ecosistemas agrícolas también son un claro ejemplo de ecosistemas humanos subsidiados, cuya función principal es la de abastecer al hombre de alimentos para su consumo. Pueden distinguirse dos tipos en base a la gestión del cultivo; gestión ecológica o gestión convencional. Los campos de cultivo son entornos donde se producen plantas para consumo humano y animal mediante técnicas agrícolas, a menudo con un aporte considerable de energía y recursos externos.
El Cuerpo Humano como Ecosistema: El Microbioma y su Dependencia
Ya hace años que defendimos que los Individuos son ecosistemas. El cuerpo de los organismos complejos no deja de ser más que un conjunto de ecosistemas anidados. El análisis de nuestros microbiomas (bacterias que atesoramos en nuestros cuerpos) comienza a poner en tela de juicio muchas filosofías, emergiendo una diametralmente opuesta de cómo funciona un organismo: el holismo. Todos los organismos complejos atesoran una plétora de microorganismos en nuestro interior, y sin ellos no podríamos sobrevivir, ni las plantas ni los animales, ni los más animales de los animales, es decir nosotros.
Cada cuerpo humano atesora más de 100 trillones de microbios. Estos habitan en distintos hábitats (piel, orificios corporales, tracto digestivo, etc.), cada uno de los cuales puede considerarse como un ecosistema distinto o subsistemas de otro global, según proceda, siendo nuestras «tripas» uno de los más repleto de bichitos. Más aún, si hablamos en términos de genes, en su conjunto, es decir el denominado microbioma de estos bichitos, al parecer resulta ser 150 veces mayor que el genoma humano. En el ámbito de la ecología nadie discute que los seres vivos que comparten un hábitat interaccionan entre sí de múltiples formas. ¿Debería ser el cuerpo humano diferente en este sentido? ¡Obviamente no!
Posiblemente, muchos microorganismos bacterianos que habitan en nuestro interior, pueden considerarse especies clave en el funcionamiento del cuerpo-ecosistema, por lo que cuando desaparecen o no cumplen «de algún modo» su papel, nuestro organismo sufre disfunciones y enfermedades. Las alteraciones que se producen en esta población de microorganismos tienen serias consecuencias para la salud; de hecho influyen hasta tal punto en el cuerpo que pueden llegar a modificar la conducta y el desarrollo cerebral. Y es que una flora intestinal adecuada no sólo genera vitaminas y aminoácidos esenciales para la supervivencia del cuerpo humano, sino que también estimula el sistema inmunitario. Todos nuestros nutrientes pasan por esa inmensa comunidad de microorganismos en mutua interacción con las células humanas.
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Si el ser humano es un ecosistema, se requiere una medicina ecológica, o mejor dicho una ecología médica. La investigación biomédica debe cambiar imperativamente de perspectiva. La visión neodarwiniana de la evolución queda muy mal parada si uno contempla en profundidad este tipo de estudios. Los organismos complejos no somos, en sí, ningún éxito evolutivo, por cuanto necesitamos de las comunidades bacterianas para poder sobrevivir en la biosfera. La evolución sigue su curso sobreponiendo estructuras más complejas a las ya existentes, que no reemplazándolas. Empero sin las primeras todo se colapsaría.
Impacto Socioeconómico de la Degradación de los Ecosistemas
Los servicios de los ecosistemas, y en particular la producción de alimentos, madera y caladeros marinos, contribuyen de forma significativa al empleo y a la actividad económica mundial. La reducción y la degradación de muchos servicios de los ecosistemas representan la pérdida de un capital natural que, sin embargo, no aparece bien reflejada en los indicadores económicos de bienestar habituales como el PIB. La degradación de servicios de los ecosistemas causa muchas veces un daño significativo al bienestar humano. Los costes económicos y de sanidad pública asociados a daños causados a los servicios de los ecosistemas pueden ser elevados.
La degradación de los servicios de los ecosistemas está dañando a mucha de la gente más pobre del mundo y en ocasiones es el principal causante de pobreza. Los efectos de la degradación de los servicios de los ecosistemas en poblaciones ricas a menudo son amortizados porque disponen de instituciones y recursos económicos. Sin embargo, los impactos físicos o sociales de la degradación de esos servicios pueden cruzar límites. Así, agudiza la pobreza en países en vías de desarrollo, lo que puede afectar a los países industrializados vecinos frenando el crecimiento económico regional y contribuyendo al desencadenamiento de conflictos o al desplazamiento de refugiados.
Los desarrollos urbanísticos tienen fuertes impactos en los servicios de los ecosistemas, sean estos cercanos o lejanos, por ejemplo cuando generan residuos o afectan a la calidad del aire o del agua. La riqueza puede salvaguardar a las poblaciones de algunos de los efectos de la degradación de los ecosistemas, pero no de todos. Por ejemplo, no suelen encontrarse sustitutos a los bienes culturales perdidos. Para muchas comunidades locales, los aspectos espirituales y culturales de los ecosistemas son tan importantes como los demás servicios. Las personas se benefician de los servicios culturales de los ecosistemas de muchas formas, como el disfrute estético, el recreo, la satisfacción artística y espiritual o el desarrollo intelectual.
Para evitar que los futuros habitantes de las ciudades tengan una muy baja calidad de vida, será esencial construir ciudades más sustentables en las que tengan una vida digna tanto los seres humanos como animales, plantas y otros organismos. La conservación de la biodiversidad y el uso responsable de los recursos se convierten en pilares fundamentales para garantizar el desarrollo sustentable. Cada decisión cuenta.
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