La política económica representa las normas y lineamientos con que el Estado regula y orienta la dinámica económica del país, estableciendo criterios que engloban el comportamiento de diversos ámbitos de la vida nacional y los instrumentos correspondientes para su operación a través de políticas como la fiscal, monetaria y exterior (Torres y Rojas, 2015, p. 44). La política fiscal, apoyada por la monetaria, ha sido la principal línea de defensa contra los estragos que las crisis han causado en la economía. Las políticas monetaria y fiscal funcionan de maneras distintas, pero también interactúan entre sí, ya que la estabilidad de precios y el equilibrio económico son dos caras de la misma moneda. Este vínculo es particularmente estrecho en tiempos de crisis, como se ha visto durante la pandemia. Este enfoque conjunto ayudó a muchas personas y empresas a superar la crisis.
La política fiscal consiste en modificar las tasas fiscales y los programas de gasto del gobierno, usando la política para tratar de estimular el crecimiento a largo plazo, creando incentivos que estimulen el ahorro, la inversión y el cambio tecnológico (Parkin, 2010, p. 271). A través de la política fiscal, los gobiernos influyen en la economía del país mediante variables como los ingresos que recauda el Estado vía impuestos, o el gasto público que realiza. Mediante estas decisiones, el Gobierno influye en la producción y el empleo.
La Política Fiscal y su Interacción con la Política Monetaria
La política monetaria tiene su efecto en el medio circulante, en la creación de crédito del sistema bancario y en los instrumentos financieros que modifican la preferencia por la liquidez (Parkin, 2010, p. 271). La política fiscal, por otro lado, tiene influencia sobre los ingresos, el consumo y la propensión a invertir, utilizando como un medio las modificaciones en los impuestos y el gasto público, lo que a su vez influye también en la preferencia por la liquidez, es decir, los instrumentos financieros.
Las políticas monetaria y fiscal deben ir de la mano para que la economía funcione sin problemas. Cuando la economía no va bien y los tipos de interés son ya muy bajos, tiene sentido que las políticas monetaria y fiscal trabajen juntas para reactivarla. Cuando la economía va bien, no es tan necesario que vayan de la mano. Los cambios en la oferta monetaria se hacen por medio de operaciones de mercado abierto, es decir, compra-venta de activos financieros que hace el banco central. Si el banco quiere reducir la oferta monetaria, vende bonos, ocasionando que se vaya de las manos del público el dinero que tenían y prefieren comprar bonos, ya que ahora es más conveniente porque no tienen dinero líquido para invertir. Como se reduce la cantidad de dinero en circulación, aumenta la tasa de interés, porque el valor del dinero se incrementa, los inversionistas deciden dejar de gastar y comienzan a ahorrar, por consecuencia, bajan los precios de las acciones porque se están vendiendo bonos y son más rentables (Blanchard, Amighini y Giavazzi, 2012, p. 72).
Impacto de la Política Fiscal y Variables Macroeconómicas en el Mercado Accionario
El mercado accionario lo constituyen las acciones de empresas inversionistas mediante la colocación de títulos representativos de su capital (acciones) a través de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). Es importante ver el efecto que existe en el mercado accionario, contemplando los instrumentos de la política monetaria y fiscal, es decir, las variables macroeconómicas consultadas con datos históricos mensuales de México y Estados Unidos, ya que estas, a lo largo del tiempo, sufren cambios por diversas razones y estos cambios pueden provocar volatilidad en los precios de las acciones mexicanas. Si se esperan resultados negativos para las empresas, los inversionistas venderán sus acciones, lo cual inducirá a una reducción de los precios de las acciones de las empresas afectadas y por el contrario, cuando se esperan resultados positivos se empiezan a comprar acciones, lo cual aumenta el precio de las acciones de las empresas beneficiadas.
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Efecto del desempleo en el mercado accionario
De Jesús y Suárez (2017) establecen que el desempleo tiene un costo muy importante referente a la producción que deja de obtenerse debido al menor número de personas con empleo productivo, por lo que el costo recae en los trabajadores desempleados que ven disminuido su ingreso por la pérdida de trabajo y por lo tanto hay una caída en la demanda. Es decir, cuando hay un alto crecimiento en la tasa de desempleo, el ingreso de los empleados disminuye y de igual manera lo hace su capacidad de consumo, lo que provoca una disminución en las ventas de las empresas, así como en sus ingresos. Al suceder esto, los precios de las acciones bajan, por lo que obtenemos que un nivel de desempleo mayor del esperado está relacionado a un impacto negativo en los mercados accionarios (p. 86). De manera particular en los periodos de recesión, se espera que el efecto de incrementos en el PIB o en la balanza comercial tenga un efecto positivo sobre las acciones y negativo sobre estas cuando se trate de un incremento en los niveles de desempleo (Agudelo y Gutiérrez, 2011, p. 50).
Efecto del crecimiento económico en el mercado accionario
Cuando existe un periodo de crecimiento económico, es decir, una expansión de las posibilidades de producción de la economía (Parkin, 2010, p. 257), implica que se tienen mayores recursos para producir. Al hacer esto, hay una mayor ganancia para las empresas y por lo tanto, para las familias porque su capacidad adquisitiva incrementa. Esto beneficia a las empresas que cotizan en bolsa ya que al aumentar sus ventas lo hacen también sus ingresos, de manera que el impacto en el mercado accionario provoca un alza en el precio de sus acciones.
Efecto de la inflación en el mercado accionario
Así como existe una relación directa entre el crecimiento económico y el mercado accionario, se tiene una indirecta entre este último y la inflación. La definición de inflación es “…el aumento generalizado y constante del nivel promedio de precios durante un tiempo determinado, se calcula como la variación de un índice de precios y en México se identifica a través del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC)” (Díaz y Vázquez, 2010, p. 235). Cuando existe un incremento en el nivel inflacionario, se tiene una pérdida de valor en el dinero, con un desequilibrio entre los sueldos y el incremento en el precio de los productos, la capacidad adquisitiva de las familias disminuye y por consiguiente su consumo. Consecuentemente las ventas y por tanto, los ingresos de las empresas, disminuyen y así mismo los precios de sus acciones. El aumento de la inflación hace que disminuya la tasa real (tasa en términos de bienes) provocando un impacto negativo en ahorros y aumentando la incertidumbre que relaciona a los precios futuros. Cuando hay mayor volatilidad en la inflación, existe incertidumbre en toda la economía, hay inseguridad en el dinero que tenemos, por lo tanto, hay un mayor riesgo sistemático (Malkiel, 1999, p. 27).
En general, “...la relación de la bolsa y la inflación se da por que los inversionistas deben obtener una rentabilidad mayor, si no, perderían su poder adquisitivo, en ese caso para no perder inversiones se deberá aumentar la rentabilidad de los títulos-valores” (Macián, 2017, p. 26).
Efecto de las tasas de interés y la oferta monetaria en el mercado accionario
Existe una relación entre el mercado de bonos y el mercado accionario cuando hay un cambio en la tasa de interés, debido a la relación que hay entre esta y la oferta monetaria. Los aumentos de las tasas de interés provocados por una reducción de oferta monetaria hacen más atractivos los bonos y disminuyen la demanda por acciones, por lo que el valor de mercado de las empresas disminuye. Ante esto, las empresas presentan dificultades para obtener financiamiento y no hay nuevos proyectos de inversión, lo que provoca una reducción en el precio de sus acciones (Schwartz y Torres, 2000, p. 8-9).
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Los efectos de la oferta monetaria directamente en el mercado accionario son mayormente influidos por la tasa de interés, porque si la cantidad de dinero en la economía disminuye, se eleva la tasa de interés provocando una reducción de los gastos sensibles a la evolución de esta. Es evidente que disminuirá el precio de las acciones debido a que disminuirán las ventas y los ingresos de las empresas. Ahora, un aumento en la oferta monetaria causa básicamente una situación contraria al efecto pasado: se disminuye la tasa de interés y genera un aumento en la inversión provocando un aumento del consumo y las empresas obtienen más ganancias. Como hay más dinero en la economía, hay más dinero para invertir en acciones y así el precio de las acciones se eleva.
El gasto público y su impacto
El gasto público es un instrumento de política fiscal que representa el costo de las actividades realizadas en el sector público que comprenden en la producción y el suministro de bienes y servicios, así como las transferencias de ingresos (Hernández, 2008, p. 80). En la implementación de la política económica se procura influir en los gastos de inversión de las empresas privadas y en los gastos de consumo de la población mediante movimientos en las variables como el gasto público y los impuestos.
Los impuestos y su influencia
La ley tributaria forma parte de las ganancias de la empresa; el impuesto sobre los beneficios de las sociedades es una norma tributaria que tiene un efecto sobre la inversión y se refiere a que las ganancias de invertir en capital o en este caso en activos financieros, como las acciones, tiene un costo fiscal. El inversionista deberá restar el costo fiscal de sus ganancias de inversión. Cuando las ganancias sean mayores a este, es posible decir que para los inversionistas es conveniente seguir invirtiendo y quizá, el precio de sus acciones sea constante o se pueda elevar, pero cuando el costo fiscal es mayor a sus ganancias será mejor dejar de invertir, ya que al elevarse el impuesto, invertir se vuelve menos viable por el poco incentivo que queda y esto puede bajar el precio de las acciones (Mankiw, 2014, p. 686).
El tipo de cambio como factor influyente
El tipo de cambio es un factor importante que influye en el precio de las acciones debido a su impacto en la estabilidad de precios en el comercio internacional. Si se aumentan las tasas de interés con el fin de reducir la inflación, hay escasez de crédito, menor riqueza y un tipo de cambio elevado, lo cual tiende a reducir la inversión, el consumo y las exportaciones. Bajo este escenario las empresas reducen sus planes de inversión. Además, en una economía abierta, como es aplicada en México, un tipo de cambio peso/dólar donde el dólar se vuelve más caro provoca que se depriman las exportaciones netas, por tanto, la escasez de dinero reduce el gasto (Nordhaus y Samuelson, 2010, p. 595-59...).
La Perspectiva Keynesiana y la Política Fiscal
Keynes dedicó gran parte de su obra a explicar las características monetarias del sistema capitalista y su análisis se concentró en la política monetaria, volviendo explícitos sus mecanismos, sin obviar sus limitaciones en la dinamización de la actividad económica bajo determinadas circunstancias. Se advierte que en la Teoría General no hay muchas referencias sobre la política fiscal, resumiéndose sus planteamientos en los siguientes temas: primero, la intervención gubernamental directa en la economía debe estar dirigida a potenciar las actividades privadas; segundo, aboga por una intervención gubernamental prolongada en la economía y otorga particular importancia al gasto de capital fijo, por consiguiente la política fiscal debe promover el gasto de inversión pública, la cual, a su vez dinamiza el gasto privado de la acumulación. El argumento fundamental para avalar la intervención estatal directa en la economía es que el gasto privado no puede garantizar el pleno empleo de las fuerzas productivas, porque los mecanismos de mercados no son funcionales para emplear el conjunto de los factores productivos disponibles en la economía. Con base en ello se argumenta que los equilibrios económicos generalmente están acompañados con subempleo y, sólo por casualidad, el gasto privado logra el pleno empleo.
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La intervención pública, especialmente en los países en desarrollo de la región latinoamericana (particularmente en México) no siguieron estas políticas; solo estabilizaron el gasto de la inversión, sin lograr potenciar el volumen de la formación bruta de capital fijo privado en el último periodo de industrialización por sustitución de importaciones; modificándose radicalmente el objetivo del gasto público en el periodo neoliberal. El volumen del gasto público continuó siendo alto como proporción del producto, el cual, sin embargo, impactó de manera indirecta e ineficiente en la economía, porque las tasas de crecimiento económicas fueron muy reducidas y no estuvieron atadas a ninguna exigencia de estabilizar el empleo. Nuestra hipótesis es que el gasto público debe mantener el espíritu de Keynes, o sea debe dirigirse a fortalecer el sector de acumulación, el cual, empero, para ser exitoso debe ir acompañado de consensos políticos con el sector privado para que potenciar el gasto privado y el crecimiento económico.
Keynes, plantea tres diferentes formas de intervención gubernamental directa en la economía donde señala que la intervención pública se debe a faltas de coordinación del sector privado y la generación de ganancias financieras por operaciones del mercado de valores. Dichas propuestas se condensan, primero, en la "socialización de la inversión" en combinación con la "eutanasia de los rentistas"; segundo en el 'fondo nacional de la inversión' (national investment board); y, finalmente argumenta que el gasto público debe operar con constantes déficit en la cuenta de capital y superávit en la cuenta corriente del sector público, en tanto la mayor inversión genera un crecimiento más que proporcional del ingreso y suficientes recursos para equilibrar el gasto público. De esa manera se garantiza intervenciones gubernamentales de largo plazo que aseguran el incremento sostenido del ingreso y el empleo.
La Política Fiscal en América Latina y la Inflación
La política fiscal puede tener un impacto significativo en la tasa de inflación de los países latinoamericanos. Históricamente, los gobiernos de la región han implementado políticas fiscales procíclicas, aumentando el gasto y el endeudamiento durante los períodos de crecimiento económico y endureciendo las políticas durante las recesiones. Este enfoque ha contribuido a la volatilidad de las tasas de inflación y a la inestabilidad económica. La literatura ha documentado cómo la tendencia de los gobiernos de los países en desarrollo, incluidos los de América Latina, a aplicar políticas fiscales expansivas durante períodos de prosperidad económica y dolorosas consolidaciones fiscales cuando las condiciones externas se deterioran, ha sido un importante impulsor de las crisis de deuda y la volatilidad macroeconómica en estas regiones (Kaminsky et al., 2004).
Uno de los factores clave que impulsan este comportamiento procíclico es el limitado espacio fiscal disponible para las autoridades en los países de bajos ingresos y en desarrollo. Cuando los tiempos son favorables y el capital internacional está fácilmente disponible, los gobiernos tienden a incurrir en un alto gasto y endeudamiento, lo que puede provocar presiones inflacionarias. Durante las recesiones económicas, estos gobiernos a menudo se ven obligados a implementar medidas de austeridad y políticas fiscales contractivas, lo que exacerba aún más el impacto negativo sobre el crecimiento económico (Kaminsky et al., 2004). Este patrón de gestión fiscal ha sido un tema recurrente en la historia económica de América Latina, contribuyendo a la “década perdida” de la región debido a niveles insostenibles de deuda pública (Lemaire, 2020).
El reciente aumento de la inflación tras la crisis del COVID-19 llama la atención para entender el impacto de la política fiscal en la dinámica de precios en América Latina. Durante la pandemia de COVID-19, varios países latinoamericanos aumentaron su gasto público financiado con déficit. En general, se consideró que este aumento de las intervenciones fiscales no estaba respaldado por aumentos inmediatos de impuestos o futuros recortes del gasto, lo que, según la Teoría Fiscal del Nivel de Precios (FTPL), puede resultar en un aumento de las tasas de inflación. Nuestro análisis indica que la respuesta fiscal a la crisis impactó la inflación en algunos países de la región, especialmente en países con vulnerabilidades fiscales existentes. Sin embargo, el impacto de la política fiscal sobre la inflación en América Latina podría extenderse más allá de la crisis del COVID-19. Esto podría deberse a la dinámica única de la política fiscal en la región.
La teoría fiscal del nivel de precios proporciona un marco valioso para comprender la relación entre la política fiscal y la inflación en los países latinoamericanos, aunque los mecanismos específicos y la magnitud de esta relación pueden variar con el tiempo. Además, destaca la importancia de la disciplina fiscal y la necesidad de políticas fiscales contracíclicas para mitigar el impacto inflacionario del gasto público y el endeudamiento. Si bien los niveles de inflación en América Latina están convergiendo hacia los niveles meta, siguen siendo elevados, lo que requiere esfuerzos continuos para fortalecer los marcos fiscales y adoptar políticas fiscales prudentes. Se requieren esfuerzos de consolidación fiscal para enfrentar los desafíos fiscales de larga data y lograr la convergencia de la inflación hacia las metas establecidas por los bancos centrales de la región. Una combinación coherente de políticas que armonice prudencia fiscal y consolidación monetaria podría ser crucial para enfrentar la inflación y garantizar un crecimiento económico sostenible en los países de América Latina en el futuro cercano. Las autoridades de la región deben equilibrar cuidadosamente la disciplina fiscal con la necesidad de respaldar el crecimiento económico y hacer frente a las presiones inflacionarias. Deben comprender la importancia de la estabilidad financiera y de unas finanzas públicas sólidas para lograr la estabilidad macroeconómica y reducir el impacto de las crisis.
