El fascismo surgió en Italia, la patria de Antonio Gramsci, y se convirtió en el principal adversario del movimiento comunista italiano inicialmente, y rápidamente del movimiento comunista europeo y de la propia Unión Soviética. El fascismo logró derrotar a la revolución en Italia y tomar el poder en 1922, constituyendo un fenómeno que necesariamente preocupó y ocupó al movimiento comunista. No es algo fácil de analizar, porque se ha difundido una imagen muy superficial y caricaturesca del mismo; el fascismo fue algo mucho más complejo que la implantación permanente del Estado de excepción y la utilización ilimitada de la represión física.
La evolución política de Italia en el cuatrienio 1919-1923 proporcionó razones para ello, pues en 1919 el triunfo de la revolución obrera parecía inminente. Ante las vacilaciones del sector más conservador del Partido Socialista Italiano, su ala izquierda se desgajó y en enero de 1921 fundó el Partido Comunista de Italia. Sin embargo, para 1922 la situación había cambiado radical y dramáticamente. El 23 de marzo de 1919, en un acto convocado por Benito Mussolini en la plaza de San Sepolcro, en Milán, se fundaron los fasci italiani di combattimento.
Evolución y base social del fascismo
La membresía del movimiento fascista creció rápidamente. Inicialmente su composición fue muy heterogénea, conformada por hombres vinculados a asociaciones de ex-combatientes, al sindicalismo revolucionario y al futurismo. Utilizando un vocabulario insólito para la derecha y formas de actuación política nunca antes vistas, que incluían la formación de grupos paramilitares para combatir con extrema violencia las actividades revolucionarias, el fascismo logró rápidamente construirse una base de masas.
Crecimiento de los afiliados al fascismo
- Julio de 1920: 30.000 afiliados (108 fascios locales).
- Fines de 1921: 250.000 afiliados (830 fascios locales).
- 1927: 938.000 afiliados.
- 1939: 2.633.000 afiliados.
Inicialmente atrajo a la mayoría de sectores tales como la pequeña burguesía urbana, desempleados, lumpenproletariado y empleados del gobierno. Se trataba de grupos sociales explotados y excluidos por el sistema existente, pero que se incorporaron con fervor a una “revolución fascista” cuyo signo retrógrado y precapitalista era indudable. La monarquía, el ejército y el gran capital italianos comprendieron desde un inicio el apoyo que representaba el fascismo y le prestaron todo su apoyo.
El fascismo como respuesta al marxismo
El fascismo constituyó una respuesta que la burguesía en el poder avanzó para implementar su “revolución desde arriba” y estructurar una nueva armazón político-estatal que le permitiera encarar los desafíos que la obsolescencia del modelo liberal y la insurgencia revolucionaria le plantearon. Mussolini, quien había sido expulsado del Partido Socialista Italiano por difundir ideas contrarias a los principios revolucionarios, funda el movimiento fascista creando milicias nacionalistas antimarxistas.
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Hitler se inspiró en el fascismo italiano e igualmente llegó al poder con un discurso en primera instancia más antimarxista que antisemita. Cuando asume el poder, en un montaje donde culpa al partido comunista de un atentado, sus primeras víctimas fueron los líderes de izquierda y sus adherentes. El fascismo pretendía oponerse al capitalismo liberal, pero también al socialismo internacional, de ahí el concepto de “tercera vía”. Esta oposición al socialismo internacional y al comunismo es precisamente lo que ha provocado tanta confusión en la ubicación ideológica del fascismo.
Giovanni Gentile, un filósofo neohegeliano, fue el autor intelectual de la “doctrina del fascismo”, que escribió junto con Benito Mussolini. Gentile creía que toda la acción privada debía estar orientada a servir a la sociedad; defendía la “verdadera democracia” en la que el individuo debía estar subordinado al Estado. El objetivo era crear un Estado corporativo donde los propietarios de las industrias podían “conservar” sus negocios, siempre que sirvieran a las directrices del Estado y fueran supervisados por funcionarios públicos.
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